El ajedrez del Papa Francisco

El encuentro del Papa Francisco con referentes sociales de Argentina, el discurso de un representante del catolicismo cuestionado hasta hace poco y la disyuntiva que se abre ante el avance acelerado de la derecha en el continente.

 

1- Señalar la creciente injerencia del papa Francisco –o antes de su unción, Jorge Bergoglio– y de la Iglesia Católica en la política argentina puede sonar a lugar común en estos días, pero una serie de elementos dan cuenta de un proceso que se sigue profundizando. En este caso, lo novedoso no es el habitual (y patético) pasillo de personajes de la derecha vernácula, o ese largo listado de referentes de los gobiernos de turno que gastan fortunas para alcanzar su objetivo: besarle el anillo a Su Santidad o –los más privilegiados– reunirse con él por algunos minutos. En este caso, la singularidad es la intervención de organizaciones populares, de izquierda o progresistas, en esa misma senda: el Tercer Encuentro Mundial de Movimientos Populares, organizado por el Vaticano, contó con la participación –en calidad de veedores– de referentes del Movimiento Evita, Patria Grande, Ciudad Futura y de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP).

2- “El discurso de ayer (de Francisco) fue la prédica contra el capitalismo con mayor resonancia en todo el mundo en estos momentos. Eso es muy bueno”, sintetizó el dirigente de Patria Grande, Itai Hagman, poco después de reconocer diferencias con respecto a determinadas líneas defendidas desde la Iglesia, pero aclarando a los lectores de su página de Facebook: “Juzguen ustedes mismos qué papel juega ese discurso en el actual contexto mundial”.

Varias preguntas surgen, entonces, a partir de esa invitación al debate: ¿qué expresa esta recurrente decisión de algunos sectores (populares, progresistas o de izquierda), de buscar cobijo bajo la sombra de la corporación vaticana, hoy representada en la jefatura de Jorge Bergoglio? ¿Cómo es posible establecer una línea de coherencia entre organizaciones políticas que cumplían –hasta hace un par de semanas atrás– un rol protagónico en el debate durante el Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario (donde se defendió –por mencionar apenas un ejemplo– la urgente decisión de legislar por un aborto seguro y gratuito en hospitales públicos), con la táctica de acercarse ahora a la Iglesia en busca de quién sabe qué destino estratégico? ¿Qué es lo que se busca en realidad? ¿Cómo explicar semejante decisión en fuerzas que, en algunos casos, han llegado al extremo de levantar como banderas de pertenencia identitaria a figuras del santoral cristiano (San Cayetano, por caso) mezclándolas –sin mucho conflicto, al parecer– con siluetas del Che, de Fidel o de Eva, revolviendo a todos en una ensalada simbólica difícil de comprender? ¿Se trata de una simple maniobra que pretende capitalizar la simpatía de un sector de la población hacia la figura del Papa argentino y del santoral criollo, o bien de una decisión conciente y debatida en profundidad, marcada por la decisión de adoptar las líneas esenciales de la ideología católica? ¿Hará falta mencionar que estas líneas esenciales de matriz cristiana (resignación y fe) conforman el discurso más desmovilizador y más retrógrado de la historia de la humanidad, un discurso en el que las soluciones dependen siempre de la intervención divina, de la gestión oscurantista, y no de la acción determinante del hombre y la mujer? ¿Algún referente de estas organizaciones propondrá el día de mañana debatir con su numerosa militancia de base acerca de las fuentes de financiamiento de la Iglesia Católica, de su extraordinario poder lobbysta para frenar cualquier proyecto vinculado a legislaciones progresivas de género, de su función como aparato de control social a través de la lógica del pecado, la culpa y la penitencia? ¿No hace ningún ruido esa dualidad entre debatir la necesidad de ponerle un freno a la muerte de miles de mujeres cada año en abortos clandestinos (la principal causa de muerte materna en el país), con la sumisión a los planes desplegados por Bergoglio y su Iglesia en la región, última valla contra la cada día más imprescindible legislación por un Aborto legal, seguro y gratuito en el país?

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3- Habrá que admitir que debatir este tipo de cuestiones ya representa un retroceso impensable para los movimientos populares en Argentina. Volver a defender la importancia del pensamiento científico por encima de los dogmas de la fe en pleno siglo XXI, parece un absurdo… Pero nunca se sabe. Destacar el contenido “progresista” de un discurso papal donde –siempre de forma genérica– se condena al “dinero”, a la “riqueza” y a los “mercados” y se hacen pronunciamientos a favor de la “austeridad” a los pies de la riqueza fastuosa que desborda el Vaticano, donde se siguen manejando en las sombras las cuentas del poderoso Banco Ambrosiano o recibiendo dádivas millonarias de los principales gigantes corporativos del planeta, puede resultar una ingenuidad. Pero confundir la retórica de una corporación en crisis como la Iglesia, preocupada por la “competencia” religiosa que se disputa sus fieles en toda la región, con una doctrina de acción social a la que seguir desde una organización que pretende generar políticas en Argentina, es algo más serio que inocente. ¿Alcanza con repetir antiguas encíclicas para aplastar el argumento falaz que busca destacar estos “señalamientos críticos” sobre el capitalismo como una novedad de la gestión Bergoglio, e insistir en que forman parte del discurso de propaganda del Vaticano desde hace décadas? ¿No fue Juan Pablo II, quizá el Papa que más cabalmente supo cumplir su función de punta de lanza del capitalismo en tiempos del derrumbe del mundo bipolar, el mismo que cuestionaba en sus mensajes al capitalismo por ser “tan ateo y materialista” como el comunismo?

 

La Iglesia no es una estructura aislada de ese capitalismo que dice cuestionar desde el punto de vista retórico. La Iglesia es la raíz del capitalismo, el instrumento clave para comprender su expansión como sistema a escala planetaria; nada menos que el engranaje originario del actual sistema económico que explota y oprime a millones de cristianos. Negar el rol de la Iglesia en este sentido, pretender separar algunas líneas discursivas “progresistas” de ocasión pero eludir el debate sobre la matriz de la institución, es una estafa moral. Tan grave acaso como depositar la esperanza de un cambio social en la misma estructura que, durante los últimos siglos, se sustenta en la opresión de los más pobres por parte de los poderosos.

4- ¿Hace falta redundar en el rol activo de la Iglesia Católica durante la represión del terrorismo de Estado en la última dictadura militar? La sola ausencia, después de varias décadas, siquiera de un atisbo de autocrítica respecto a su rol criminal ya cerraría cualquier chance de estrechar alianzas con esta institución. ¿Es necesario insistir entonces con el controversial papel de Bergoglio en el secuestro de los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics, en 1976, o en su participación en el grupo Guardia de Hierro que, después del golpe de Estado, se posicionó bajo la protección del almirante Eduardo Massera? ¿Sería ocioso preguntar la opinión de esos referentes sociales, de viaje por Roma, ante dichos como los de Estela de la Cuadra, hija de la primera presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo y tía de Ana Libertad (nieta recuperada en 2014), quien aseguró: “El rol de Bergoglio fue proteger a los ejecutores de la dictadura… Yo no tengo nada que pedirle (a Bergoglio). Él aportó a oscurecer todo. Se encargó de ocultar sistemáticamente y de ser parte de ese manto que intentaron poner los militares”? ¿Tendrá alguna utilidad puntualizar las críticas históricas de Bergoglio contra los curas que integraron el verdaderamente progresista Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo, aniquilado por la misma jerarquía eclesiástica que hoy despierta esperanzas en algunos sectores progresistas? ¿Será necesario repetir, una vez más, el papel de Bergoglio como confesor y arquitecto de la defensa del cura Julio Grassi, condenado a 15 años de prisión por abuso sexual de menores; el mismo Grassi que, el 26 de mayo de 2009, afirmó: “Bergoglio nunca me soltó la mano”? ¿Alguien requirió de la máxima jefatura del Vaticano alguna decisión concreta –no retórica, sino concreta– en referencia a los miles de casos de pedofilia vinculados con sacerdotes en América Latina, o alguna respuesta con respecto al pedido que le envió en marzo de 2013 la organización católica estadounidense Bishop Accountability, que exigió de Bergoglio una disculpa pública por la supuesta protección de la Iglesia hacia los religiosos Grassi y Napoleón Sasso, acusados y condenados de abuso sexual? ¿Hace falta mencionar su mirada reaccionaria y retrógrada sobre cuestiones ya superadas por la modernidad en nuestro siglo (o al menos, eso pensábamos), como el matrimonio igualitario (“No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios… No se trata de un mero proyecto legislativo –éste es sólo el instrumento– sino de una ‘movida’ del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”, sentenció el entonces cardenal de Buenos Aires, el 8 de julio de 2010) o la cuestión de género, cada vez más presente en el debate cotidiano (“Me pregunto si la así llamada ‘ideología de género’ no sea expresión de una frustración y de una resignación, que mira a cancelar la diferencia sexual porque no sabe confrontarse con ella… Corremos el riesgo de dar un paso atrás”, afirmó el 15 de abril de 2015)? ¿Vale la pena transcribir aquí citas textuales como las que siguen: “Ha mencionado usted un gran enemigo del matrimonio, la teoría de género”, respondió Francisco el 1 de octubre pasado, ante una pregunta periodística, para después extenderse: “Existe una guerra global para acabar con el matrimonio… Hoy no se destruye con armas, se destruye con ideas. Es la colonización ideológica la que destruye”? ¿O mejor borramos declaraciones similares, como cuando comparó el poder de destrucción de las armas nucleares con la capacidad de influencia de la diabólica teoría de género: “Pensemos en las armas nucleares, en su capacidad de aniquilar en unos pocos instantes un alto número de vidas humanas. Pensemos en la manipulación genética, en la manipulación de la vida, o en la teoría de género, que no reconocen el orden de la creación. Con esta actitud, el hombre comete un nuevo pecado contra Dios el Creador”, el 22 de febrero de 2015?

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5- El 23 de octubre pasado y desde Página/12, Horacio Verbitsky aseguró que Bergoglio “gestionó (para) que la CGT desistiera del paro general dispuesto por su Congreso Central Confederal” contra las políticas económicas del macrismo. En el mismo artículo, el periodista da cuenta de un detalle sugestivo: a cambio de esa gestión, obtuvo del presidente Mauricio Macri la firma del decreto 1118/16, por el que se designó a Francisco Piñón como el representante del Poder Ejecutivo en la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria, el órgano regulador y de control de la enseñanza universitaria.

También se mencionó que hubo llamados desde el Vaticano poco antes de la realización de la multitudinaria marcha de mujeres contra la violencia machista, del 18 de octubre pasado. ¿La preocupación de la jefatura de la Iglesia tenía alguna relación con la creciente tasa de femicidios, con la profundización de la lógica patriarcal en Argentina, con la gravísima expansión de la violencia machista? No, nada de eso. La preocupación de Su Santidad estaba estrictamente limitada a un tema: preservar la fachada de la Catedral de Buenos Aires, ante el riesgo de recibir pintadas y graffitis de las manifestantes. 

6- Como aquellos que, varias décadas atrás, se entusiasmaban con Juan Perón por sus reuniones en el exilio madrileño por el tiempo que les dispensaba y las sonrisas que distribuía ocasionalmente a uno y otro extremo de su movimiento, hoy algunos observadores del gesto siguen construyendo líneas en las redes sociales a partir del semblante de Francisco en las fotos, de los cuadros que aparecen de fondo o del tiempo que dispensa a cada político en sus entrevistas personales. La titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, había declarado en junio de 2007: “La basura va junta, Macri, (Roberto) Bendini y Bergoglio. Son de la misma raza y de la misma ralea. Son fascismo, son la vuelta de la dictadura”. Pero con los años y la llegada de Bergoglio al sillón mayor del Vaticano, su mirada sobre el nuevo Papa se modificó de un modo sustancial, y al tiempo fue una más en la correntada de entusiasmo que generó el Santo Padre en el kirchnerismo en retirada, hasta el extremo de depositar en su divina figura la ilusión de un enfrentamiento durante la última visita oficial de Macri a Roma: “Estamos a la expectativa a ver qué le va a decir el Papa a Macri. Espero que el Papa, que sabe todo lo que pasa, le diga lo que le tiene que decir. Los que saben rezar, que recen. Los que le piden al Gauchito Gil, que le pidan”, dijo el 13 de octubre de 2016.

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La respuesta de Francisco no fue, evidentemente, la esperada. La supuestamente áspera entrevista Macri-Bergoglio terminó con la foto tradicional y la intervención papal para apaciguar los ánimos de los (ya apaciguados por naturaleza) burócratas de la CGT y su amenaza de paro. Otra ventana a lo negociado en el cónclave Macri-Bergoglio se abre con la difusión reciente en los medios del nuevo proyecto de “Libertad Religiosa” que el macrismo elevará al Congreso, y que contempla garantizar a todos los cultos una serie de derechos; entre ellos uno bastante sugestivo: el que otorga la opción de ampararse en la objeción de conciencia para, en el caso de los médicos, evitar practicar un aborto.

Es que si hay una cualidad que nadie puede negarle a Bergoglio, es su cintura a la hora de negociar.

7- Ahora bien, más allá de las movidas en el tablero político digitadas desde Roma, algo sigue haciendo ruido. La decisión de encolumnarse detrás de la estrategia de Bergoglio por parte de organizaciones populares y progresistas que pretenden generar un cambio real en la política argentina, muchas de las cuales cuentan con un serio y desarrollado trabajo de base, con fuerte presencia en el activo movimiento de mujeres que hoy emerge como el sector más dinámico de nuestra política, no puede pasar inadvertida: depositar confianza en una estructura como la del Vaticano, suponer que un cambio de conducción en esa institución religiosa significa un cambio estratégico, resulta tan absurdo como imaginar que las líneas de acción de la corporación ideológica más poderosa del mundo occidental dependen de ensayados gestos de humildad, de símbolos populares a la medida de las necesidades y de retórica de propaganda. En busca de una síntesis, hay caminos que parecen bifurcarse: o el pragmatismo se ha impuesto de un modo absoluto en estas fuerzas políticas, o van a resultar muy interesantes los debates puertas adentro entre sus conducciones (que saludaron fervorosas el discurso papal), y su militancia de base –particularmente la de género–, que parece dispuesta a pelear en las calles contra la nociva influencia de la Iglesia en la realidad de millones de mujeres.

 

Fuente: El Furgón, 8/11/16

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