“Algo va a pasar”

El 12 de diciembre, el Parlamento de Hungría aprobó una ley que permite a los empleadores exigir a sus trabajadores hasta 400 horas extraordinarias al año, y demorar su pago hasta tres años. La medida propuesta por el gobierno de  extrema derecha del primer ministro Viktor Orbán ha provocado protestas masivas sin precedentes desde que llegó al poder en 2010.

Ampliamente ridiculizado como la “ley de los esclavos”, la propuesta podría obligar a los húngaros a trabajar un día más a la semana, cuyo pago retrasado probable quedaría erosionado por la inflación. La manera en la que ha sido aprobada esta ley – gracias al rodillo parlamentario de un gobierno autoritario, independientemente de sutilezas constitucionales – la ha convertido en una batalla más amplia por la democracia húngara.

Durante la última semana, grandes manifestaciones se han extendido por todo el país. La más grande hasta el momento ha tenido lugar el pasado domingo en un Budapest congelado, con 15.000 participantes. Pero después de una serie de protestas y bloqueos, los sindicatos están pensando en convocar una huelga general en enero. Dirigido por los sindicatos y los estudiantes, el movimiento también incluye a todos los partidos opuestos al gobierno de Orbán .

David Broder habló para Jacobin con el escritor y filósofo húngaro G.M. Tamás, participante en las protestas, sobre la ‘ley de los esclavos’, los orígenes del movimiento, y la amenaza que supone para Orbán.

 

¿Por qué la ley de las horas extras se ha convertido en un catalizador del descontento? ¿Estas protestas tienen precedentes en otras movilizaciones antigubernamentales recientes? ¿Cómo están organizadas, y cómo han tratado de hacerse oír?

 

Estas protestas tienen lugar en medio de un creciente descontento en toda la región, con grandes manifestaciones en Rumania, Eslovaquia y Serbia (motivadas por varios factores, pero de alguna manera con un contenido anti-sistémico). Y también, en medio de una mayor inestabilidad en toda Europa, desde España a Gran Bretaña, Francia y Alemania. Sin embargo, las protestas en Hungría también han sido provocadas por una serie de factores más específicos, algunos de ellos fortuitos.

En Hungría, los hábitos constitucionales y las reglas parlamentarias exigen que leyes tan importantes como la de horas extras sean objeto de debate parlamentario profundo y extenso, con consulta a las partes interesadas, en este caso los sindicatos y los empleadores. El gobierno se ha ahorrado todo ello presentándolo como un “proyecto de ley de diputados independientes” pero utilizando la firma de dos parlamentarios de la mayoría, permitiendo que fuese aprobada sin mucho alboroto en un solo día.

La oposición intentó una maniobra obstruccionista proponiendo más de dos mil enmiendas, pero el presidente de la cámara decidió (ilegalmente) que podían ser rechazadas con un voto único conjunto. La oposición ocupó la presidencia de la cámara e impidió que continuase el orden del día con silbatos y trompetas, gritos y alborotos.

Todo esto fue transmitido en vivo por televisión e Internet. Por la noche, tuvo lugar una manifestación improvisada, espontánea, en la plaza del Parlamento de Budapest (Kossuth tér). Al día siguiente, los estudiantes de izquierda iniciaron otra concentración en el mismo lugar, donde tuve el honor de dar el primer discurso. Pero todo esto se inserta en la manifestación previa contra el cierre de la Universidad de Europa Central , que fue obligada a trasladarse a Viena y en contra de otras medidas de represión contra las universidades y los institutos de investigación, donde también he hablado, y donde ya había voces exigiendo una plataforma reivindicativa conjunta de los estudiantes y los trabajadores. “Solidaridad Estudiantes-Obreros”, ha sido la consigna más popular.

Te puede interesar:   Invernaderos del fascismo

Al día siguiente, los parlamentarios de la oposición trataron de que las reivindicaciones populares fueran leídas en la televisión estatal – de hecho, alrededor del 90 por ciento de todos los medios de comunicación se han subordinado a la extrema derecha en el poder, por diversos métodos, y no informan de las reivindicaciones populares – acompañados por varios miles de personas bajo la nieve. Los parlamentarios tienen derecho a entrar en cualquier institución del estado, así que pudieron entrar en el edificio, pero su solicitud de una entrevista fue rechazada.

Los diputados de la oposición pasaron la noche en el edificio de la televisión y durante la madrugada fueron brutalmente expulsados por fuerzas de seguridad de una empresa privada propiedad del Ministro del Interior, el general Pintér. Ello supuso un punto de inflexión, y las protestas se ha convertido en permanentes. Hay cortes de carreteras y manifestaciones por todas partes, iniciativas de Internet incesantes, folletos, chistes, canciones, videoclips, gifs, y memes. Hay un ambiente alegre de revuelta y la expresión masiva de desprecio con humor del régimen Orbán, en un país normalmente taciturno y apático.

 

Parece que la oposición es muy diversa, desde la izquierda liberal a Jobbik, conocido internacionalmente como un partido de extrema derecha. ¿Qué reivindicaciones comunes tienen? ¿Ha cambiado Jobbik de curso? ¿Qué papel han desempeñado los sindicatos en la movilización, qué tipo de trabajadores están involucrados?

 

Los partidos son – después del comportamiento bastante valiente de los parlamentarios – aceptado por ahora por los manifestantes. Sin embargo, sus ideologías y las diferencias entre ellos son totalmente ignoradas. Lo único que importa es su grado de voluntad de resistir. Los partidos como tales no tienen reivindicaciones especiales en este momento, sólo se están haciendo eco de las peticiones de los manifestantes y de los sindicatos, que incluyen el rechazo de los nuevos tribunales administrativos (una ley aprobada el mismo día que la ley de horas extras, con métodos igualmente cuestionables), la reforma de los medios de comunicación públicos, y sumarse a la fiscalía europea. Esta última petición está motivada por la falta de voluntad de la fiscalía de Hungría, dirigida por uno de los principales aliados de Orbán, el Dr. Peter Polt, de investigar los muchos casos flagrantes de corrupción escandalosa en el país.

Jobbik es ahora más bien un partido conservador y parece que han abandonado los últimos vestigios de su pasado fascista y ahora son considerablemente más moderados que el Fidesz de Viktor Orbán (que no es un partido, sino una combinación del aparato estatal y una maquina de propaganda informal, pero altamente centralizada sin afiliados o vida interna). La “izquierda liberal” no aparece como una fuerza independiente: la oposición está unida detrás de los sindicatos y los estudiantes (por el momento), todo es borroso ideológicamente. Pero parece empujado por una dinámica de izquierdas que no se atreve a decir su nombre. Aún así, han aparecido por primera vez banderas rojas en las protestas. Esto ha indignado a los medios de comunicación oficiales, pero no ha habido oposición entre los manifestantes.

Los sindicatos apenas han movilizado; por el contrario, han sido movilizados por los manifestantes, y – hasta la fecha – han respondido muy bien. Han formado comités de huelga y están debatiendo sus opciones, ya que los derechos de los trabajadores a la protestar están terriblemente restringidos de todos modos, especialmente en los servicios públicos (por ejemplo, en los ferrocarriles). La dirección del sindicato había anunciado que si el dócil presidente de Hungría (János Áder) firma la ley (lo que es necesario para que entre en vigor) podría convocar una huelga general, y el jueves 20 de diciembre Áder firmó la ley.

Te puede interesar:   CONTROVERSIAS SOBRE LA SUPEREXPLOTACIÓN

Los sindicatos más fuertes son los de los trabajadores ferroviarios y químicos, los empleados públicos, los maestros y los trabajadores de la automoción, pero la clase obrera no está organizado: las cinco centrales sindicales nacionales cuentan en total con unos 100.000 miembros [en un país de 9 millones]. Para que haya una huelga verdaderamente importante tendrá que ser una huelga salvaje, que se extienda por medios no oficiales. Después de las amargas decepciones de los últimos quince años, la política electoral ha quedado en un segundo plano; nadie parece estar interesado en ella ya. Las diversas facciones de la clase dominante aparecen, de repente, irrelevantes: se trata de una cuestión de “ellos” y de “nosotros”.

 

¿Qué motivó la ley, y que fuerzas la apoyaron?

 

Hay escasez de mano de obra debido a la emigración en masa – de hecho, la fuga masiva – de Hungría [alrededor de 600.000 húngaros trabajan en el extranjero ; la población del país es menor de 10 millones, después de haber caído en 1 millón desde finales de 1980]. Es también una medida clásica de recorte salarial: los empleadores podrían de pagar las horas extras con un retraso de tres años, si así lo quieren, y con la tasa actual de inflación, esto les permitirá reducir sus gastos radicalmente. Curiosamente, las organizaciones empresariales – especialmente los fabricantes de automóviles alemanes – han dicho que no tenían ningún interés en la medida ni menor deseo de que se implemente. Piensan que crearía más problemas laborales que beneficios. Es una ley típicamente arrogante y anti-popular de una cuasi-dictadura que quiere resolverlo todo mediante resoluciones administrativas.

Tal es la característica de los regímenes fascistas y post-fascistas: la primacía de la política, el triunfo de la voluntad. En tales regímenes, el poder puede ser ejercido en el interés de la clase capitalista, pero no por la clase capitalista. Los edictos del líder supremo reemplazan la gestión gubernamental mediante el consenso de la burguesía. Hay un abierto desdén por la gente, por los plebe misera contribuens– el humilde populacho que paga impuestos.

Orbán aparentemente cree que la propaganda racista (y la discriminación real contra el pueblo gitano) eclipsa todo lo demás. Tuvo éxito durante cinco años más o menos, pero no parece capaz de durar para siempre. Lo que he llamado “post-fascismo” y “etnicismo” no está dirigido directamente contra las actuales protestas (aunque los medios de comunicación del estado de extrema derecha las presentan como un movimiento “pro-inmigrante”). Pero parece ineficaz en la coyuntura actual.

 

Se informó el miércoles que la policía en el noreste del país habían pedido públicamente el pago inmediato de sus propias horas extra, pero que no se asociaron a las protestas. ¿Qué posibilidad existe de que este descontento se extienda a partes del propio aparato estatal? ¿Cuál es la reacción de los medios de comunicación estatales?

 

Se sabe que la policía está insatisfecha con sus condiciones sociales (tienen muchas horas extra y las nuevas regulaciones suponen una carga insoportable adicional). Se dice que muchos simpatizar en privado con los manifestantes, pero es una organización militar – es disciplinada y obediente.

El aparato estatal ha sido purgado varias veces, decenas de miles de funcionarios públicos han sido despedidos sin la menor explicación, y los técnicos están siendo en todas partes reemplazado por miembros de la extrema derecha escasamente cualificados (el gobierno también está tratando de extender esto a las universidades, institutos de investigación y las instituciones culturales). Sin embargo, los trabajadores más jóvenes se van al sector privado o emigran (no hay médicos y enfermeras en los hospitales, no hay maestros, especialmente en las provincias, y no hay ingenieros en las fábricas).

Te puede interesar:   La lucha de las mujeres kurdas. (La revolución socialista será feminista o no será)

En cuanto a los medios de comunicación del estado – y esto implica casi todos los medios de comunicación, abierta o encubiertamente – han sucumbido a la paranoia totalitaria: todo es resultado de una conspiración extranjera, que trata de socavar nuestra gentil virilidad blanca y cristiana. Las protestas están supuestamente causadas por “marxistas culturales”, “feminazis”, “globalizadores cosmopolitas,” y por el “lobby gay”, por no hablar de las fuerzas pro “mestizaje” que importan musulmanes para destripar la nación, para acabar con su esencia húngara.

 

Fuentes gubernamentales, como era de esperar, han descrito las manifestaciones como pequeñas y manipuladas por las élites y los George Soros de este mundo, y al mismo tiempo hacen hincapié en la falta de popularidad de los partidos de la oposición, aplastados en las elecciones de abril. ¿Cómo estima la profundidad del apoyo público a las protestas? ¿Qué actitud han tomado fuerzas liberales?

 

Es usted demasiado educado. En lugar de “élite” diga judios o la trama judeo-masónica-Illuminati. Los medios oficiales llaman a los trabajadores “siervos de Soros”: así es lamentable, realmente. Los partidos de la oposición, como he dicho antes, no cuentan en este momento. En cuanto a al apoyo público, las encuestas nos dicen que el 83 por ciento de la población está en contra de la Ley de horas extras, que es conocida como “la ley de los esclavos”. Las fuerzas liberales -, es decir, algunos periodistas – apoyan de todo corazón las protestas, así como los conservadores anti-Orbán.

 

Orbán no ha reaccionado públicamente a las protestas. ¿Cuál es su estrategia? ¿Es fuerte su posición dentro de su propio partido y el gobierno?

 

Orbán no ha dicho una sola palabra desde el comienzo de las protestas. No quiere estar asociado con algo que pudiera resultar demasiado impopular la próxima semana, aunque su instinto político es brutalmente represivo. Es el mejor enemigo del pueblo húngaro: astuto, inteligente, taimado, paciente, diligente y despiadados. Es respetado y odiado. En su “partido” – que no movimiento, sin afiliados, simplemente apparatchiks – es, por supuesto, inmensamente respetado, y también paga bien.

Orbán es uno de los hombres más ricos de Europa (a través de intermediarios y empresas ficticias; su de conglomerado de prensa suma 176 medios de comunicación en un pequeño país de 9 millones de personas). Es un adversario temible, pero su suerte parece estar abandonándole. Ha cometido grandes errores:  a la gente le importa un bledo el parlamento, pero su abierta y pública violación de la ley es un poco demasiado, como su alarde de la lujosa vida de su familia, y la compra de palacios ducales por sus lacayos. El traslado de su oficina al Castillo Real de Buda es una auténtica pasada.

Las calumnias contra los manifestantes y los frenéticos insultos de la propaganda del Abteilung [“departamento” en alemán] pueden haber sido un error. Todo el país considera que se le ha faltado el respeto. Algo va a pasar.

G. M. Tamás

Fuente Sin Permiso

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *