Para nosotras ¡siempre es 26!

Gritar un ¡ya basta! Alzarse desde la indignación y la rabia. Sentir y creer que es mejor no conciliar con un mundo donde los y las jóvenes, los y las pibas, los y las personas, estamos sobrando. Atreverse a abrir las alas, y con el impulso del aliento ancestral, volar.

Alfabetizarnos, con “REvOlUcIón”, como palabra generadora. Alfabetizarnos con la palabra “LibertAd”. Con “revolución” y con “libertad”, ya tenemos las cinco vocales. Y si necesitamos algunas imágenes para saber que es posible, la foto del cuartel Moncada vuelto escuela. Eso es Revolución.

Romper el conformismo, el quietismo, la comodidad del “no se puede”, la mala costumbre de beber cada mañana un desayuno de narcóticos para sobrevivir cada día sin que nos consuma la desesperación. Transformar la desesperación en esperanza, en rebeldía, en la aventura cotidiana de cambiar al mundo.

Alfabetizarnos una vez más con la Revolución y la Libertad, como sustantivos, que contienen todas las vocales de nuestro abecedario. Y buscar las consonantes en las acciones, en los verbos, que nombran la memoria insurgente, el presente en clave colectiva, el futuro nuestro. Revolucionar las revoluciones. Verbo y sustantivo en el mismo sueño.

Romper el tiempo de “lo posible”, sembrar semillas no transgénicas, hacer guisos con soberanía alimentaria en las ollas populares, compartir el pan en los comedores comunitarios, dejar de cocinarnos en nuestra propia salsa. Cultivar no soja sino alimentos, desmalezar la tierra, no sembrar agrotóxicos sino plantas que se cuiden unas a otras, cosechar los frutos de las pasiones clandestinas, para todas todos, para todes todo, para nosotras, la alegre rebeldía.

Alfabetizarnos una vez más en revolución y en libertad. Y si necesitamos imágenes que ilustren la sonrisa de Santiago, la mirada de Rafita, el poema de Lucía, “la Loba”, y la de todos los cuerpos negados por la necropolítica.

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Romper con las políticas de muerte. Escribir una nueva historia. Leer las lecciones y aprendizajes del 26 de julio, cuando un grupo de muchachos y muchachas se atrevieron a asaltar el cielo, tomar el cuartel de la dictadura, y gritar al mundo que había una generación dispuesta a no quedarse en la complacencia con las dictaduras, una generación que hace banderas con su dignidad.

Más de un siglo pasó en este Abya Yala desde aquel 26. Las heroínas del Moncada, Haydée, Melba, los héroes del Moncada, Abel y todxs los compañeros, nos siguen hablando al oído. Fidelísimos nos dicen: “para nosotros, para nosotras, siempre es 26”.

Alfabetizarnos con revolución y libertad, como contraseña de un tiempo que necesitamos reinventar, desde nuestros corazones. Sumar todas las generaciones que siguen cantando la canción del Moncada. Revitalizar la confianza en las fuerzas del pueblo, no sólo en clave electoral, sino en clave de calles y plazas desbordadas de ¡ya basta!, de nuestros ¡que se vayan todos! Como en el Cordobazo, como en el 2001. Dejar de temer al desborde. Desbordar los buenos modales, y saltar los corralitos que nos atrapan en la resignación y el miedo.

Romper el territorio de la política como especulación, como adaptación, como canto de sirena de la colonización patriarcal, racista, capitalista.

Tomar por asalto nuestras voluntades. Proclamar nuestros cuerpos como territorios libres de violencia. Saltar las fronteras y migrar, desencubriendo una nueva geografía de las y los de abajo.

Ensayar todos los días la rebeldía feminista, la furia travesti, la pasión piquetera, la afirmación de la identidad indígena, negra, comunitaria, de las mujeres, de las lesbianas, de las trans, que laburan en la invisibilidad de la casa día y noche.

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Cuidar y cuidarnos, sí, pero no como gesto de salvación individual, sino para tomar fuerzas en la aventura solidaria y colectiva, donde todas las banderas, se trencen de manera, que no haya soledad.

Vamos a andar entonces, alfabetizadas y sonrientes, revolucionadas y libres, porque para nosotras, pájaras de la madrugada, siempre, pero siempre, es 26. Y nuestro Moncada, es la alegría del pueblo.

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