“Es estratégico que los movimientos sociales construyamos autonomía

 

En un intento por conocer y difundir la voz de algunas de las mujeres del campo popular de la izquierda argentina, esta vez, nos encontramos con Rosalía Pellegrini, integrante de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT); un movimiento social de pequeños y pequeñas productoras que producen la verdura que se come en todo el país.

Conocidas como “Las y los del verdurazo”, más de 15 mil familias, en 15 provincias de Argentina, se organizaron en el año 2011, en la UTT, para exigir derechos y políticas públicas específicas para el sector, y además, para proponer un modelo de producción alternativa, basado en la agroecología.

La UTT no es un sindicato “común” o “habitual”, como los que solemos conocer en la región sur de Nuestra América, sino que se trata, para sus constructor@s, de un “sindicato de nuevo tipo”, en el sentido de que practican internamente el tipo de sociedad que anhelan. Pelligrini nos explica: “La solidaridad y el cooperativismo son la base de las relaciones sociales de la UTT, con una perspectiva sostenida en la igualdad de género”.

Las y los pequeños agricultores se han visto particularmente afectados por la gestión neoliberal del presidente Mauricio Macri. La mayoría no tienen acceso a la tierra. Son arrendatarios y arrendatarias, y producen en condiciones de gran explotación, trabajando más de 12 horas por día. En La Plata, por ejemplo, muchas veces tienen que alquilar las tierras, alcanzando a pagar por una hectárea, hasta 15 mil pesos, por mes. Las singularidades de esta situación, nos las relató al detalle, Rosalía Pelligrini, coordinadora de la Secretaría Nacional de Género de la UTT, y nos advirtió que no sólo se trata de enfrentar un modelo económico sino también de plantarse ante las imposiciones culturales del patriarcado: “Nos han hecho creer que no podemos producir de otra manera, estamos demostrando en la práctica, lo contrario”.

-¿Cuándo surge la UTT como organización?

-En el 2011. Es una organización nacional que surge en Buenos Aires, en el cordón hortícola platense, que es el más grande de Argentina, y que luego se va expandiendo por todos los cinturones hortícolas y en distintos sectores de la producción. La integran productores de verduras, las y los criadores de cerdos, tamberos, apicultores que trabajan la tierra, trabajadores de la tierra que no son propietarios, y aquellos y aquellas que estamos en peligro de vida en el territorio.

-¿Por qué están en peligro sus vidas?

-Hay lugares, como Santiago del Estero, en los cuales la presión del agronegocio, de la sojización, avanza frente a la posibilidad de las comunidades de resistir en el territorio. Por un lado, tenés desposesión, o te sucede que la tierra de tus ancestros está en peligro porque la tenencia es precaria o no se reconoce, pero también ocurre que no se puede acceder a la tierra y así terminás viviendo en un modelo en el cual sos arrendatario o arrendataria eternamente. El modelo del agronegocio avanza, por un lado o por el otro.

-¿Las y los han expulsado de sus tierras, los persiguen?

-Sí, en Santiago del Estero, y también es una realidad de algunas de las provincias. Es la lógica del agronegocio en Argentina, que te expulsa o te hace esclavo de un paquete tecnológico. Yo estoy, por ejemplo, en el cinturón hortícola platense, y allí intentan convencerte de que tenés que producir de una determinada manera, en la que dependés de las multinacionales: éstas te imponen el tipo de semilla que tenés que utilizar, el agroquímico para curar las plantas, el fertilizante, es decir, te intentan imponer un modelo que no sólo es económico sino cultural, porque te quieren convencer de que no se puede producir de otra manera. Así, la mayoría de los que producimos la verdura, terminamos dependiendo de un paquete tecnológico del cual los propios agricultores y agricultoras somos esclavos. Todo un paquete que está a precio de dólar, en una economía, que hoy por hoy, está en inflación y en la cual ganás en pesos, y donde por lo general, te pagan muy poco por lo que producís. Las realidades de la Argentina son distintas, pero giran en torno a este enemigo común que es el agronegocio.

-¿Cómo les afectó particularmente la llegada de Macri?

-Obviamente, como el resto de la población, sufrimos el encarecimiento de la vida. Particularmente al sector de productores y productoras de alimentos, nos afectó la inflación, ya que todos los insumos son a precio dólar. Ahora no alcanza para poder comprar insumos, que subieron mucho, y que a veces te cuestan hasta 400 mil pesos. Y por otro lado, nos golpeó el tarifazo. Para regar necesitás luz y hay compañeros que están pagando 40 o 50 mil pesos, y para los tractores necesitás combustible, que también se incrementó mucho. Además, hoy tenemos un gobierno que retiró todas las políticas públicas, lo poco o bueno que había. Por ejemplo, no existe más la Secretaría de Agricultura Familiar, se desguazaron todas las estructuras que daban asistencia a nuestro sector. Éstas no eran la panacea, no habíamos hecho la Reforma Agraria y claramente esto es una deuda pendiente en Argentina, pero por lo menos había un ámbito con presupuesto en el cual se tenía derecho a un monotributo social agropecuario, que es un reconocimiento de que sos trabajador y que podes tener obra social y aporte jubilatorio gratuito, y eso el gobierno de Macri lo eliminó.

-Ante esta nueva situación, ustedes han realizado acciones como el “verdurazo”. ¿En qué consisten?

-El primer verdurazo lo hicimos en el 2016, que fue cuando se le da el cimbronazo a las economías regionales que abastecen el mercado interno, que dan de comer a la gente. Empiezan algunos productores de fruta a protestar en Plaza de Mayo, y ahí pensamos en hacer un verdurazo y llevar nuestra producción, nuestra verdura. Ya habíamos hecho iniciativas de ese estilo, no era la primera vez que regalábamos verdura, o hacíamos una protesta en la ciudad con tractores. Pero, esta vez, llevamos más verdura y también hubo un fenómeno que tuvo que ver con la crisis de las ciudades. Nos encontramos con un montón de gente que desesperadamente iba a llevarse dos paquetes de acelga y una lechuga, cosa que nosotros no esperábamos.¿Cómo íbamos a pensar que la gente se iba a tomar tres colectivos para ir a buscar un paquete de acelga? Evidentemente la situación estaba mucho peor de lo que creíamos. En ese momento, fue justo además, cuando se estaba realizando el mini Davos, una cumbre de supuestas inversiones que estaba organizando Macri, y presentamos una Ley de Acceso a la Tierra, diciendo que el problema no son solamente los precios sino que el productor no accede a la tierra y no hay ninguna política pública que dé respuesta a eso. Después, en el 2017, hicimos un acampe durante tres días enfrente al Congreso. Fue un “Verdurazo permanente”. Había gente que llegaba a las cuatro de la mañana a hacer fila. Así los “azos” se fueron transformando en un fenómeno, y en una herramienta de lucha del pueblo. Hace poco tiempo, en Corrientes, hicimos el primer verdurazo, en la plaza principal, y la gente ya sabía que había que hacer cola y llevarse bolsa, o sea, estaba instalada una dinámica popular, en la que la gente ya sabía como organizarse. Esta herramienta de lucha, tuvo algo muy acertado, y es que que nos conecta directamente con la gente, con el pueblo.
– ¿La lucha por la tierra, por la defensa del medioambiente y del agua forman parte de la agenda de la izquierda? ¿Hay una mayor preocupación ahora?

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-Ver lo que hace la izquierda hoy, qué es la izquierda en Argentina, me parece complejo poder definirlo. Lo que podría decir es que el hecho de que nuestro país no haya tenido una Reforma Agraria, habla también de una historia y de una forma de entender la tierra y la propiedad. Acá la propiedad de la tierra es totalmente ilegítima, se construyó en base al genocidio de los pueblos originarios y son las familias que fundaron este país las que siguen manteniendo un poder no solo económico sino simbólico en torno a lo que es el campo en Argentina. O sea, hay dos imaginarios populares. Uno es que somos un país urbano, que si bien somos un país muy urbanizado, en el cual la dinámica social pasa por la ciudad, hay un campo del cual necesitamos para comer, y ese campo no es el que nos quieren vender, eso de que “el campo somos todos”. Ese campo es de la Sociedad Rural, de los sojeros, es muy fuerte en el imaginario el poder simbólico que han construido alrededor de que ese es el campo que le trae progreso a los argentinos y argentinas, que les da trabajo. Eso es mentira. El campo de ellos es un campo sojizado, sin trabajadores y trabajadoras, sin gente, que enferma, que está dispuesto a fumigar en las escuelas. Nosotros lo que venimos a poner en discusión y a plantear, y creo que a través de esta herramienta del verdurazo, que es ni más ni menos que el alimento, es que hay otro campo, que es el de los y las trabajadoras, del pueblo, de campesinos y campesinas, que existe en Argentina y que estaba tapado.

-¿Esperan algún tipo de cambio con un nuevo gobierno, en el caso de que gané la dupla Fernández-Fernández de la coalición Frente de Todos?

-Más que esperar, nosotros nos consideramos parte del pueblo organizado, que va a demandar cambios estructurales en torno al agro y a la matriz productiva de este país. A principio de año, formamos parte de la organización de un Foro por un Programa Agrario Soberano y Popular, en la cancha de Ferro, en el cual participaron más de 200 organizaciones y 3500 personas, la mayoría campesinos y campesinas, y allí debatimos la necesidad de un modelo diferente. Creo que a ese modelo lo tenemos que plantear y defender con mucho protagonismo, con pueblo organizado, y también en los espacios públicos, en las calles, en los feriazos y actividades que hagamos. Creo de depende también de la presión que podamos generar y de cómo podamos plantear en la agenda la importancia de que haya un transformación del modelo productivo, orientada a la producción de alimentos más sanos, no solamente a los commodities, las divisas y el agronegocio. Tienen que haber políticas públicas enfocadas a la agroecología, y no es una cuestión “hippie”, realmente nosotros estamos garantizando alimentos más sanos. Muchos integrantes de la UTT se volcaron de la producción convencional, en base a agrotóxicos, hacia la agroecología. Y esto lo hacemos sin políticas públicas. La agroecología permite que se produzcan alimentos más sanos y a precios populares, productos que no son para una élite, sino que se venden en almacenes de la UTT en las ciudades.

En Argentina, hay un montón de tierra vacía, el Estado tiene un montón de tierra improductiva que podría socializar para experiencias de producción sana y de abastecimiento local. Creo que vamos hacia eso, y si no se logra hay organizaciones que estamos dispuestas a luchar para que se logre.

-¿Ustedes toman tierras, han hecho apropiaciones?

-La UTT nació al calor de la lucha por la tierra, principalmente. No somos una organización que surge por la agroecología. Durante el gobierno de Cristina Fernández ocupamos tierras. En el parque Parque Pereyra Iraola, hicimos una acampe al costado de la autopista, y estuvimos ocupando la tierra. Fueron acciones de lucha directa, que duraron todo un año, por las que entramos en un proceso de negociación con el Estado que tenía la voluntad de entregar determinadas tierras a las agricultores y agricultoras de nuestra organización. Pero esto se demoró, ya que como siempre, los tiempos de la política no son los tiempos del pueblo. Ahí fue que decidimos ocupar 80 hectáreas en Campana y 80 hectáreas en Luján, tierra abandonada del Estado. Fue en el año 2014. Estuvimos tres días acampando y finalmente ganamos estas tierras en Luján, donde hoy funciona la Colonia Agrícola 20 de Abril. Lo que proponemos está ahí: producción agroecológica, maquinaría colectiva, ferias, venta directa al consumidor.

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-¿Cómo abordan ustedes el feminismo internamente? ¿Apuestan por el feminismo popular en la lucha que llevan adelante por la tierra?

-Al principio, empezamos no hablando de feminismo, no poniéndole nombre sino poniéndole una acción. Desde el principio de la organización en 2011, empezamos las primeras reuniones de mujeres trabajadoras de la tierra, con mucha dificultad porque la realidad de la mujer trabajadora de la tierra es que trabaja 12 horas junto al varón en la producción, y el ritmo de producción en la verdura es de una intensidad muy grande, es un trabajo pesado, no es romántico ni mucho menos. Cuando la mujer entra al territorio del hogar, sigue trabajando, y es la que tiene que garantizar que el poco ingreso que llega a la casa, alcance para comer, para organizarse, para llevar a los chicos a la escuela, y todas las tareas de cuidado que se nos suelen atribuir a las mujeres. Entonces, siempre ha sido muy duro para las mujeres de la UTT organizarnos, por el poco tiempo que tenemos para nosotras mismas. Ésta era una de las discusiones: el uso del tiempo libre, porque los varones tienen derecho a tiempo libre y las mujeres no. Así, con mucho esfuerzo fuimos organizándonos. Primero, para discutir los roles en la quinta, en las fincas, y después también para ayudarnos en los casos de violencia. El machismo en el territorio rural es muy crudo, muchas veces está sin cuestionar, sin deconstruir. Son territorios en los cuales el Estado y las políticas públicas no llegan, y donde los espacios de socialización son escasos, la mujer estás más aislada. A veces había compañeras que estaban viviendo un infierno, y que no tenían ni parientes en el lugar, porque habían venido del norte y estaban muy solas. Así fuimos juntándonos, medio por el pavor, por las situaciones de violencia puntuales, y en ese camino, decidimos formar la Secretaría de género. Fue un momento en el cual una compañera del grupo de mujeres fue golpeada y maltratada, y ahí empezamos a cuestionar por dentro de la organización, si era necesario que nos metiéramos, si era algo privado, si “se lo merecía”, si “algo había hecho para que le pasara eso”. Y ahí, nos dimos cuenta de que era necesario que hubiera una secretaría de género que atravesara transversalmente todas las áreas de la organización: las asambleas entre varones y mujeres, el área de agroecología, de comercialización, de formación, las mesas nacionales. Tenía que ser central. Empezamos a ver que para luchar por una sociedad más justa, por acceso a la tierra, por derechos, teníamos que reconocer que teníamos que construir relaciones más igualitarias, más justas entre varones y mujeres, porque la opresión la teníamos adentro de nuestras propias casas. Así empezamos a organizarnos y generamos una red de promotoras de género rurales, porque el Estado no llega a los territorios rurales y tampoco los colectivos. Entonces, fuimos formándonos para ser nosotras mismas las que hacíamos el apoyo psicológico a las compañeras que piden ayuda. Después, nos dimos cuenta que teníamos que llevar estos debates a las asambleas, a los grupos de base, y hablar con los varones, mostrarles que había derechos que no se estaban cumpliendo, que naturalizaban un montón de cuestiones por ser formados con el esquema patriarcal, machista.
-¿Un feminismo comunitario?

-No sabemos que nombre ponerle, pero sí es un feminismo. Lo primero que vemos es que los varones son una parte fundamental. Necesitamos poder dialogar con ellos y que se den cuenta del rol de opresión que les tocó en esta sociedad, que entiendan cómo ésta está estructurada, y cómo ellos fueron criados. Los necesitamos para que puedan reflexionar y construirse de otra manera.

-¿Reaccionan los compañeros?

-Si, hay buena recepción, sobre todo en los referentes. Igual cuesta mucho. Las tareas de cuidado que tenemos al interior de la casa se reproducen en las organizaciones, y eso es una cuestión patriarcal, que no es que la asumen solamente los varones, lo hacemos las mujeres también. Por ejemplo, si vamos a hacer un Encuentro, tratemos de no adjudicarles las tareas de cocina a las compañeras que son voceras de la organización, porque no nos damos cuenta de esto, nos parece natural, y las compañeras lo asumen con felicidad, pero después nos quedamos que en la parte que había que presentar la organización no estábamos, porque estábamos cocinando o porque estábamos coordinando la palabra o yendo a visitar una compañera que se le quemó la casa o ayudándola en otra cosa. O sea, naturalmente en la organización se estructuran las tareas de cuidado en nosotras y vamos quedando afuera de las negociaciones políticas, de las tareas de voceras. Si nosotras no asumimos esa tarea, después no estamos capacitadas y hay un varón que ya las asumió diez veces. Las tareas de cuidado son muy positivas y que hay que revalorizarlas, pero si no democratizamos esas tareas, o no nos las cuestionamos, vamos a quedar siempre excluidas de la representación política.

 

– ¿El encuentro de mujeres que van a realizar es de toda la UTT?

-Si, es nacional. El 10 y 11 de octubre. Porque la idea es estar bien organizadas para después participar del Encuentro de Mujeres en La Plata. Va a ser en la sede de Olmos de la UTT, que es periurbano de La Plata.

-¿Cómo ven los debates que se están desarrollando en torno a la ampliación del Encuentro Nacional de Mujeres, de que sea plurinacional y de disidencias? ¿Habría que poner la agenda de otro temas y reivindicaciones?

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-Primero, tenemos que reconocer el gran acierto de los 42 Encuentros Nacionales de Mujeres que se han realizado hasta el momento. Partimos de la base de un gran movimiento plural y diverso. La construcción del movimiento de mujeres en Argentina, la hicimos en parte gracias a esos Encuentros, de manera dinámica, no estática, como en la historia de la lucha de clases. Entonces, no podemos exigir que sea lo que fue hace 30 años, bienvenidos los debates! Creo que la apuesta de las compañeras que están llevando adelante la campaña por un Encuentro Plurinacional, es muy buena. Es positivo el debate en cuanto a poder repensarnos, demuestra la capacidad que tenemos en el movimiento de mujeres de no estancarnos y cuestionarnos todo el tiempo, ese es un lugar acertado. Y eso no le tiene que restar a la unidad del movimiento de mujeres, jamás me pelearía con una compañera a muerte por este debate.

-¿En ese marco qué tiene la UTT para decir?

-Hace poco, participamos de una asamblea del Abya Yala, en este territorio plural que es Latinoamérica. Ahí entendíamos que somos mujeres trabajadoras de la tierra, plurinacionales, somos compañeras argentinas, del norte, bolivianas, paraguayas, de distintos puntos del país, distintas identidades, totalmente diversas, migrantas, marginadas. Somos las que le damos de comer al pueblo. Entonces, cómo no vamos a entendernos como plurinacionales, cómo no vamos a entender que las fronteras nacionales fueron impuestas por un modelo de Estado blanco, occidental, colonial y racista. Nosotras claramente nos sentimos reflejadas por estos debates, de hecho, vamos a hacer un verdurazo de las mujeres plurinacionales.

-Como UTT, ¿llaman a votar a algún candidato en las elecciones?

-No. Nosotros consideramos que es estratégico que los movimientos sociales construyamos autonomía, pero esto no es apoliticidad, al contrario, somos muy políticas. Articulamos con la CTEP, que es una organización más urbana, y por otro lado, construimos el primer Foro Agrario por un Programa Soberano y Popular.Éste reúne a organizaciones que hacía mas de 30 años que no se juntaban, desde representantes que venían de las Ligas Agrarias históricas en Argentina, de los 70s, perseguidos por la dictadura militar, hasta organizaciones más nuevas como nosotros, que somos las y los del verdurazo. Entonces, hacemos mucha política, pero entendemos que necesitamos construir autonomía para poder presionar o construir alianzas con los gobiernos que vengan, en función de que respondan a los intereses populares. Sí estamos debatiendo, llamar a no votar a Macri.

– Bueno, muchas gracias por la entrevista. Seguiremos informando, desde Resumen Latinoamericano, el primer y próximo Encuentro Nacional de Mujeres Trabajadoras de la Tierra que están organizando, y los verdurazos nacionales.

-Muchas gracias.

 

Encuentro Nacional de Mujeres Trabajadoras de la Tierra

Este año, tendremos el primer Encuentro Nacional de Mujeres Trabajadoras de la Tierra, donde no solamente estamos cuestionando las diferencias que hay en los roles en la casa, sino también el modelo productivo, porque empezamos a identificar que las mujeres terminábamos siendo mano de obra gratuita de un modelo de producción del agronegocio, basado en agrotóxicos y venenos, y basado en la dependencia y la esclavitud. En este modelo productivista, que tenés que producir y producir, porque tenés que sobrevivir de alguna manera, los varones fueron reproduciendo ese sistema de que tenés que producir en cantidad sin importar de qué manera. Además nos dimos cuento que nosotras no formábamos parte de las decisiones. La mujer campesina, agricultora, que antes, en un modelo de producción más tradicional, tenía un rol importante a la hora de trabajar con las semillas, en los tiempos de la siembra y en muchas tareas de la producción, ahora es relegada y no forma parte de la decisión de cómo producir. Muchas compañeras veían que lo que se estaba haciendo era nocivo, que el veneno estaba mal, pero era el varón el que se encargaba de las decisiones sobre la producción. Entonces, empezamos a darnos cuenta de que el modelo del agronegocio se llevaba muy bien, “tenía un mejor amigo”, como le decimos, en el patriarcado, en la cultura patriarcal. Comenzamos a hacer talleres de plantas medicinales, y sobre la intervención en la agroecología, y empezamos a ver que esa relación diferente con la tierra, de reciprocidad, de intercambio y de no agresión, tenía una perspectiva femenina, que implicaba no matar. Y los varones también comenzaron a darse cuenta de esto. De allí, surgieron encuentros para recuperar saberes ancestrales, valorizar el conocimiento que tenemos acerca de la naturaleza y la salud, la calidad de vida, la alimentación. Para nosotras, ese es el feminismo que construimos, que ahora le estamos poniendo nombre, aunque no sabemos como se llama. Es feminismo sí. Se alimenta de lo que las compañeras de las ciudades nos traen y nos intercambian, y también tiene nuestras propias reflexiones en base a lo que somos, mujeres trabajadoras de la tierra.

 

 

Ley de Acceso a la Tierra

“La presentamos en el 2016, en el 2017 y 2018. La Ley de Acceso a la Tierra es muy sencilla. Plantea que se genere un fondo público para generar créditos blandos para poder acceder a la tierra. Proponemos que en vez de tener que pagar un alquiler toda la vida, los agricultores puedan pagar la tierra propia con lo mismo que se paga el alquiler, sería como un Procrear rural. Desde que la presentamos hasta ahora hemos conseguido bastantes adhesiones, pero de todos modos que avance o no, depende de la voluntad de Cambiemos, es como toda ley. Sigue su proceso en el Congreso, pero no pasa la Comisión de Agricultura, que es una comisión del agronegocio, de los terratenientes, de los ricos del campo”.

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