De a poco, Massa y el kirchnerismo salen al rescate de un Arcioni desbordado y en su peor momento

Mariano Arcioni llegó a la cúspide del poder político-institucional de Chubut a partir de su amistad universitaria con Sergio Massa. El hombre de Tigre le permitió ganarse la confianza de Mario Das Neves y también desembarazarse más adelante de la familia del tri-gobernador mediante una operación que todavía no se ha hecho pública en todos sus detalles. Das Neves y Massa compartieron la paternidad política de quien hoy gobierna Chubut y ahora espera que asuma Alberto Fernández para recibir respaldo integral para sobrevivir hasta 2023. Un llamado de Wado De Pedro desactivó los intentos de alentar el juicio político al gobernador.

Todo indica que Alberto Fernández será electo presidente el próximo 27 de octubre. Tendrá ante sí un amplio abanico de problemas sociales y económicos. No serán menores, porque la destrucción causada por el macrismo fue casi total.

Uno de los focos incendiarios estará en Chubut, ya que el gobernador Mariano Arcioni acaba de admitir que seguirá incumpliendo el pago en tiempo y forma a los empleados públicos y jubilados. Eso implica que también se mantendrán los frentes de conflicto en temas tan variados como las prestaciones médicas y las seguridades en ámbitos laborales estatales.

La única solución que parece vislumbrar el mandatario pasa por el auxilio de Nación. En los últimos días acusó al gobierno de Macri de negarle lo que en la práctica son adelantos de coparticipación. El "domador de reposeras" anda con sus propios problemas y lo último que de él puede esperarse es que le tire una soga a quien cambió de caballo a mitad del río.

 

Algo que aprender

 

Arcioni asumió el 1 de noviembre de 2017, un día después de que falleciera Mario Das Neves, y desde entonces debió someterse a un curso acelerado de gestión. El trigobernador alcanzó a enseñarle cómo manejarse en política fuera de una escribanía, llevándolo a conocer las fiestas populares en los veranos previos a su muerte, pero no lo preparó para gobernar. Mal hecho, aunque justificado por la falta de tiempo.

La historia argentina es pródiga en casos como éste, cuando se elige como compañero de fórmula a alguien al que no se considera realmente como alguien que alguna vez pueda ocupar el propio lugar; en el momento menos conveniente.

Arcioni no solo fue elegido por Das Neves como su vice en 2015 por ser hincha de San Lorenzo como él, sino porque el empresario que era su plan "A" le dijo que no. Entonces apareció en acción su socio político de los últimos años, Sergio Massa, para recomendarle a su viejo amigo.

Con esa doble paternidad, el hombre que vio luz y subió se hizo presidente de la Legislatura. Luego ganó dos elecciones para ser electo diputado nacional, pocos días antes de que las circunstancias lo depositaran en Fontana 50.

Veintitrés meses después, Arcioni recibe airados cuestionamientos de la mayoría de los actores provinciales por tener literalmente congelada la actividad productiva, con los estatales en pie de guerra cortando rutas y con un récord de días sin clases en continuado.

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En ese contexto, desde su entorno desempolvaron un proyecto de aumento salarial para la plana política que él se vio obligado a defender para no exponer que en realidad se trató de una filtración. Admitir la filtración hubiera significado reconocer también que todavía no controla todos los resortes del poder.

Su opaca aparición pública luego de la muerte de las docentes tiene que ver con ese aspecto de inexperiencia en la gestión, donde su ministro Coordinador remite a aquellos generales de la antigua Roma que rendían sus victorias al emperador. Solo que aquí y ahora no hay nada para festejar.

 

Salir del mal paso

 

Arcioni concedió tres entrevistas radiales en las horas posteriores a la tragedia docente. En la última de ellas -con Radio 3 de Trelew- admitió que seguirá incumpliendo sus promesas de campaña de aumentos salariales, al menos hasta noviembre, justo un mes antes del cambio de autoridades nacionales.

El gobernador parece estar concentrado en conseguir la confianza de Alberto Fernández, quien por estas horas se muestra incómodo por lo que ocurre en Chubut. Necesita defender a alguien que nunca fue peronista y que incluso llegó a manifestar públicamente -igual que el cordobés Schiaretti- que le daba lo mismo quien fuera el próximo Presidente de Argentina.

Tampoco podría soltarle la mano ahora, porque sería un desaire para su aliado Sergio Massa pero también para el kirchnerismo; que considera que tácticamente es necesario bancar a Arcioni y ponerle condiciones después.

Massa -quien por cierto ha dicho poco públicamente sobre el gobierno de su amigo, que lo recibía con grandes asados cuando era vicegobernador y él apenas un potencial presidenciable dentro de un cuarteto de dirigentes que integraba lo que se denominaba Peronismo Federal- ha comenzado a dar señales de auxilio.

Massa ha vuelto al peronismo, mientras Juan Manuel Urtubey está con Roberto Lavagna en Consenso Federal, Pichetto es el mejor exégeta que tiene Macri y Juan Schiaretti se siente apurado por el propio Alberto; que le urge una definición para la elección presidencial.

En los dos meses y medio que faltan para que asuma un nuevo presidente pueden pasar muchas cosas. Hay pocas certezas. Una de ellas es que para llegar al 10 D Arcioni deberá contar con algo más que declaraciones de apoyo de dirigentes sindicales con poder y de políticos retirados que arrastran serios problemas en la Justicia.

 

La lógica Cambiemos

 

Cambiemos y sus medios corporativos buscaron sacarle el jugo a la crisis de Chubut y de la falta de cintura de quien hace apenas cuatro años está en política, motivado porque -según declaró más de una vez- se cansó de "criticar desde una mesa de café".

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También se desmarcaron de Arcioni el inefable Blas Meza Evans ("Creo que debe estar evaluando su salida del gobierno, igual vive en una burbuja y ha perdido total credibilidad" y la senadora nacional kirhnerista Nancy González ("La provincia está en una crisis social institucional y económica producto de una mala administración del señor gobernador"

Ya nadie ignora a esta altura que fue Massa quien le recomendó a Mario Das Neves hace cuatro años que completara su boleta con Arcioni como compañero de fórmula, luego de que el plan "A" del malogrado trigobernador rechazara su propuesta.

"Acepté porque consideré que era hora de meter los pies en el barro, cansado de criticar desde un café", declaró quien desde hace 23 meses conduce en medio de penurias el gobierno de Chubut.

A través de su triunfo el 9 de junio incluso ayudó a Massa a subirse el precio antes de pactar su regreso al peronismo. Esa noche de alegría en el gimnasio de la CAI en Comodoro, ambos dialogaron con Alberto F., que se hallaba en el living de su segunda casa: los estudios de C5N.

Ese día Fernández y Massa quedaron en tomar un café en las horas posteriores luego de bromear con que Tigre había podido lo que no Argentinos Juniors en la Copa de la Superliga.

 

Asesores

 

Mariano Ezequiel Arcioni no parece tener quien lo asesore. O al menos alguien que lo haga bien, pese al contrato que mantiene con Illuminati, la consultora que llegó de la mano de los Cambareri y le factura una suma mensual cercana a los 30 mil dólares.

Su prensa, que parece moverse en tiempos analógicos tras la salida del multioperador Daniel Taito -ahora en el llamado "grupo Cardini" de Puerto Madryn- no informaba hasta hace una semana de las actividades de gobierno. Ahora que empezó a hacerlo, más de un periodista duda de la veracidad de algunas afirmaciones, por ejemplo aquellas que tienen que ver con concreciones de obras que difunde el Ministerio de Infraestructura que conduce Gustavo Aguilera, el hermano de la diputada electa Andrea, referente del macrismo en Chubut.

A Arcioni le ha faltado instinto político y sentido de la oportunidad, y cada día que pasa exhibe menor protección mediática a pesar de invertir el grueso de su pauta en un puñado de medios del Valle.

A veces cuesta esconder a un elefante en un bazar, como pasó con la histórica marcha del miércoles 4 de septiembre en Comodoro, tras los sucesos de esa madrugada en el cruce de las rutas 3 y 26.

Fueron más de 25.000 las personas que entonces marcharon para expresar su hartazgo con lo que se vive en la provincia desde el día después del triunfo de Arcioni en las urnas, cuando fue reelecto -junto a Ricardo Sastre- para gobernar la provincia entre diciembre de este año y el mismo mes de 2023.

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Fuera de control

 

Los sucesos del 16 de agosto y del 4 de septiembre -ambos en la rotonda de las rutas 3 y 26 de Comodoro que lleva a los yacimientos de petróleo- se salieron de control principalmente por el frenesí y la ansiedad que manifiesta en cada acción el ministro Coordinador de Gabinete, Federico Massoni. El hombre del chaleco bordado confunde eficacia con velocidad, y lleva a que los platos rotos los pague el gobernador; quien a pesar de todo lo sigue respaldando. En vez de fusibles, los ministros son líneas de alta tensión que pueden hacer estallar al gobernador.

Arcioni tenía más colaboradores y se mostraba mucho más receptivo cuando viajaba a Comodoro como un vicegobernador que se estaba preparando para asumir el principal cargo del Poder Ejecutivo Provincial en el momento menos pensado. Hacía bien en querer estar preparado.

Sin embargo, una vez que llegó su hora y comenzó a despegarse de todo lo que oliera a dasnevismo pero también a peronismo, su núcleo íntimo se fue estrechando y hoy puede decirse que apenas escucha a un par de "asesores".

Hoy trata de despegarse obsesivamente de las muertes de las docentes Jorgelina Ruiz Díaz y María Cristina Aguilar. Su breve aparición pública del miércoles a la mañana, para leer un comunicado en el que expresaba su dolor, no fue de los mejores recursos de marketing; sobre todo porque no aceptó preguntas de la prensa y posteriormente solo concedió dos entrevistas radiales con conductores de Comodoro de marcada afinidad.

 

Todos callan, uno habla

 

Ante los periodistas amigos, Arcioni aseguró estar "con más fuerza que nunca" y habló por primera vez de la posibilidad de una renuncia que no está en sus planes.

Ejecutivo.

Al mezclar todo, Arcioni y Massoni creen que pueden ganar algo, aunque sea tiempo. Como buena parte de los ciudadanos de a pie de este país, confían en que el cambio de gobierno nacional vendrá con una pócima mágica para quienes antes, después o más tarde explicitaron su respaldo al nestorismo que encarna Alberto Fernández.

Todo sugiere que leyeron poca historia contemporánea, porque ni Carlos Menem ni Fernando de la Rúa dudaron cuando tuvieron que adoptar drásticas decisiones en provincias gobernadas por aliados a los que se les habían descalabrado tanto las cuentas que ni con adelantos de coparticipación apaciguarían ánimos con estatales que no cobraban en tiempo y forma.

El riojano lo hizo con la Tucumán de José Domato, mientras que no hizo nada para evitar que en Chubut cayera Néstor Perl, recientemente autocrítico en una aparición mediática de la que dio cuenta El Extremo Sur.

 

 

Fuente: elextremosur

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