Uruguay: no nos cuida la policía, nos cuidamos entre nosotras

Las calles de Uruguay se sumaron en este octubre caliente de rebeliones. El martes 22 de octubre las hermanas uruguayas se movilizaron contra la reforma de la Constitución de la República que busca profundizar las medidas punitivistas con la excusa de cuidar al pueblo y avanzar contra la violencia de género. Las compañeras feministas levantan su voz.

“Vivir sin miedo” es la propuesta de reforma constitucional impulsada por el senador del Partido Nacional, Jorge Larrañaga, que se votará el 27 de octubre en las elecciones nacionales a través de un plebiscito. Propone cambios en la Constitución de Uruguay que implicarían la criminalización y la militarización, con medidas tales como autorizar allanamientos nocturnos con orden del juez, prácticas que se realizaban durante la dictadura militar. Además, con la excusa de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, prevee la creación de una Guardia Nacional con la incorporación de 2.000 efectivos pertenecientes a las Fuerzas Armadas. Propone también el cumplimiento efectivo de las penas de ciertos delitos como la violación, abuso sexual, homicidio agravado, secuestro, extorsión, copamiento, rapiña y narcotráfico, es decir, que no les serían aplicables los institutos de libertad anticipada ni ningún otro beneficio liberatorio. Finalmente se incluiría la reclusión permanente para los casos de violación o abuso sexual sobre une menor seguido de homicidio, así como homicidio muy especialmente agravado en caso de ser reincidente. Las sentencias sólo podrían ser revisadas por la Suprema Corte de Justicia luego de 30 años de penitenciaría. Claramente se trata de una profundización en materia de seguridad punitiva tal como sucede en toda la región.

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El martes 22 miles salieron a las calles para pronunciarse contra la reforma, con la consigna “¡marchemos, que el miedo no te coma!”. La Articulación Nacional No a la Reforma: el miedo no es la forma es un espacio que nuclea a personas, organizaciones y colectivos que vienen trabajando desde 2018 para concientizar sobre lo que implica esta reforma. Por su parte, las compañeras feministas de Uruguay alzaron un grito de alerta entendiendo que se utiliza la violencia sobre los cuerpos feminizados para legitimar una propuesta que está lejos de protegernos y generar cuidados, muy por el contrario abre la puerta a los abusos y atropellos por parte de las fuerzas armadas.

Feministas nucleadas en la organización Minervas se pronunciaron de manera contundente y en un comunicado público expresaron: “Queremos decir que no dejaremos que hagan campaña con nuestras muertas, no queremos más policías y no queremos que aumente el tutelaje sobre nosotras. Insistimos en que el miedo no es la forma y reafirmamos nuestra capacidad colectiva de cuidarnos”.

Así, rechazan de forma contundente la reforma y la militarización, desde una perspectiva feminista, “el cuerpo nos dice que los que nos dan miedo son los militares y los policías. A ellos tememos cuando los cruzamos por la calle o nos observan, por ahora desde lejos, en nuestras movilizaciones”. Se trata de un miedo histórico, desde su accionar en la última dictadura militar, pero también por denuncias en contextos democráticos, tanto en Uruguay como en el resto del mundo.

“La brutal represión desatada en Chile nos muestra lo que sucede cuando militares y policía militarizada desatan su furia contra un pueblo digno que lucha, como nosotras, contra la precarización de la vida. En Uruguay es alto el porcentaje de policías y militares que han cometido feminicidios, usando incluso su arma de reglamento. Sobre ellos recaen denuncias de acoso y violación”, expresan las Minervas, haciendo alusión a casos concretos de corta data.

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La militarización es un hecho en el país vecino, más allá de la reforma impulsada actualmente. En este sentido, las compañeras se preguntan “¿cómo hacemos para convencer de que no queremos más militares si ya se compraron suficientes balas y autos patrulla, se aumentó el gasto policial y militar y se postergó la reforma a la caja militar? ¿Cómo desandamos la lógica del miedo en una ciudad que se acostumbró a vivir con cámaras y software de vigilancia? ¿Cómo hacemos para retejer las redes de solidaridad barrial si ya se saturaron y estigmatizaron los barrios más pobres? ¿Cómo recobramos la esperanza si cada intento social de decir lo que no se quiere y lo que se necesita se criminaliza e incluso se reprime?”.

Con este tipo de políticas, recae sobre los cuerpos feminizados el ánimo de tutela, sin que se accione efectivamente para “remover la impunidad del agresor”. Además explican que con medidas de seguridad se “retoma el paradigma patologizante e individualista y desconoce las tramas rotas y las que se necesitan construir”.

Ante este contexto, las feministas uruguayas reafirman una postura dentro de un debate por demás actual: “Nombrar el problema del feminicidio no es lo mismo que pedir soluciones punitivas. Hay otras formas de cuidar y cuidarnos más allá de la policía. Lo hemos hecho en cada caso de violencia que hemos acompañado. Cuidarnos lleva tiempo, supone cuerpo y eso cuesta. Densificar las redes no es fácil, pero son las pistas que tenemos para vivir más libres y no más custodiadas”.

La propuesta de las compañeras es radicalmente transformadora, “cultivamos un feminismo popular para crear mundos nuevos (…) no alcanza solo negar, hay que ir creando lo que queremos. En ese camino no hay recetas ni soluciones mágicas, vengan en forma de reforma o de promesas electorales. En estos años fértiles de revuelta feminista hemos aprendido que no estamos solas y que estamos para nosotras”.

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(*) Imágenes: Rebelarte

Fuente: https://latinta.com.ar/2019/10/uruguay-no-nos-cuida-la-policia-nos-cuidamos-entre-nosotras/

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