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El Paro surgió hace semanas del Encuentro Nacional de Emergencia del movimiento social y sindical integrado por el Comando Nacional Unitario (CUT, CGT, CTC, CPC) y con la participación de la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular y más de 100 organizaciones sociales, estudiantiles y sindicales. El objetivo es confrontar el "paquetazo" del Gobierno contra los derechos de los trabajadores y repudiar la violencia política sistemática contra el movimiento popular. “Derrotemos con unidad y movilización las políticas de Duque que destruyen la nación y la paz”, puntualiza el manifiesto.

Hubo masivas movilizaciones en Medellín (80.000), Cali (60.000), Bogotá, Popayán, Barranquilla y demás ciudades;

El gobierno respondió con represión, detenciones y por la noche toque de Queda en Cali, Popayán, Facatativá (Cundinamarca), y violencia desmedida para evitar que se permanezca más allá del día, lo que incluyó gaseadas en Plaza de Bolívar;

En respuesta, por la noche hubo Cacerolazos en todo el país, a nivel barriadas populares, algo bastante inédito en Colombia.

El presidente Duque dio un discurso a última hora reconociendo la legitimidad de las movilizaciones y buscando dar por cerradas las protestas. La estrategia es contener desde un discurso conciliador desde los medios (que la mayoría le son funcionales en esta coyuntura), y un fuerte despliegue represivo para causar terror en las calles.

Video de Ciudad en Movimiento, Congreso de los Pueblos

La militancia seguirá insistiendo con mantener las protestas, aunque no está fácil que se mantengan masivas. Como se ve en el video, grabado anoche después de un largo día de andar esquivando y desafiando la represión, para hoy se harán convocatorias a nuevos cacerolazos y concentraciones por la tarde. Será importante que, lo que se haga y se vaya sabiendo, se difunda.

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El viernes, segundo día de Paro Cívico, la forma principal que tomaron las protestas fueron concentraciones masivas con cacerolazos en diversas ciudades y pueblos; tras la represión, en ciudades como Bogotá se replicaron los cacerolazos en algunos barrios por la noche; eso es un termómetro de adhesión social muy importante.

El gobierno reconoció oficialmente 3 muertos durante la represión del primer día en el Valle del Cauca, dos en Buenaventura en presuntos saqueos; también se denunció un supuesto ataque a una sede policial en Santander de Quilichao, Cauca, con dos policías muertos; en cambio, no hay mayor información sobre denuncias de estudiantes desaparecidos o presuntamente asesinados en la represión en universidades, hechos gravísimos aún por confirmar. La estrategia del caos y la deslegitimación de las protestas empezó el jueves por la noche en Cali, claramente dirigida desde el Gobierno, y estalló anoche en Bogotá, pero eso merece un capítulo aparte.

Tras reprimir el masivo cacerolazo que había colmado nuevamente Plaza Bolívar en Bogotá anoche, el gobierno decretó toque de queda y lanzó una clara estrategia que fue inmediatamente identificada y denunciada como de "pánico moral", consistente en: * Grupos vandálicos que asaltan conjuntos residenciales, no viviendas individuales, generando pánico colectivo, en clara connivencia con la policía (en algunos casos hay videos donde se ve camiones policiales de donde parecen ir y venir los saqueadores); disparos no necesariamente contra personas, sino para aumentar el terror; funcionarios gubernamentales, policiales y militares alertando a la población contra "los violentos", "venezolanos", "quienes quieren alterar la calma de los colombianos", etc, mismo lenguaje que vienen utilizando para deslegitimar a los manifestantes; pedidos de intervención y legitimación del Ejército para restaurar el orden en las calles. Vale decir que dirigentes de izquierda y militancia identifica y repudia esas maniobras, pero en sectores sociales la confusión surte cierto efecto y se instala el repliegue a las casas y el temor.

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CONTINUIDAD DEL PARO Y LAS PROTESTAS: La mayoría de los sindicatos se sentían más cómodos en mantener una huelga de solo 24 hs (el jueves), por lo que las protestas en las ciudades están en manos centralmente del activismo juvenil (organizado) y el descontento social de la población en general (más espontáneo). Es incierto definir cuánto más podrá sostenerse la pulseada con el gobierno, habrá que ir viendo día a día. La bronca social sigue siendo grande y decidida, el gobierno sigue demostrando que la mejor carta que tiene es el terror y la represión.

Si el estado de movilización llega al lunes (serían ya 5 días) habría que ver qué pasa con sectores de mucho peso que en esta coyuntura aún no se han hecho notar, como el movimiento indígena (entender por qué en algunos momentos empalman muy bien con el conjunto de la dinámica de los demás sectores populares, y en otros no tanto, es más complejo de lo que entra en estas líneas); algo similar sucede con el movimiento campesino, que no salió esta vez masivamente a las carreteras como en otros paros, pero si se mantienen las protestas, como sucedió en paros años anteriores, quién dice lo que puede el efecto contagio).

El panorama está abierto, la crisis económica y política es el hecho de fondo, y acá hay una sentencia bien clarita que este pueblo sabe y predica con simpleza y sabiduría: la pelea es peleando.

 

Pablo Solana es editor de la Revista Lanzas y Letras y La Fogata Editorial (Colombia).

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