El 31 de marzo de Jair Bolsonaro

Jair Bolsonaro realiza un “corte de manga” a periodistas en el “Palácio da Alvorada” (casa presidencial). Él eligió esa imagen para divulgar el desmentido de la información, noticiada incluso por John Roberts, de la insospechada agencia FoxNews (que citó a Eduardo Bolsonaro –hijo del presidente- como fuente), de que el test realizado había dado positivo para COVID-19, el viernes pasado (13/03/2020).

 

“Lo que Bolsonaro necesita es una guerra, o al menos algo que parezca a una guerra. Los venezolanos ya lo saben, Trump ya lo sabe… Los brasileños todavía no, pero lo sabrán a la brevedad.”

Traducción especial para Contrahegmeonía: Diego Ferrari

Él se comportaba como un genio no reconocido,

que todo el mundo tenía en la cuenta de un simplón.”
Karl Marx, El 18 de brumário de Luís Bonaparte

 

La verdadera meta del presidente miliciano1 es un golpe clásico que le permita la centralización política necesaria, bajo la espada militar, sin la molesta compañía del Congreso y el Supremo Tribunal Federal (STF). Él expresó varias veces tal intención, en entrevistas, declaraciones, posturas. Por lo tanto, todo el espanto manifestado ahora por los parlamentares y jueces frente a la convocatoria del Presidente para un acto a favor del cierre del Congreso y del STF, no pasa de un puro teatro, pura pantomima de indignación.

Lo que se esconde detrás de la maniobra de distracción es una compleja relación de fuerzas entre dos segmentos (la derecha y la extrema derecha) que miden fuerzas como pugilistas en el comienzo de una lucha. Hemos trabajado con la hipótesis de que existe un segmento de las clases dominantes que pensó en utilizar a Bolsonaro como alternativa para derrotar el petismo para implementar la agenda más dura del capital en crisis. Este segmento creía que podía controlar al miliciano, dejándolo con sus proezas bizarras mientras se ocupaba de lo esencial: las reformas contra la clase trabajadora.

El problema es que no se trata, como hemos afirmado, de un mero accionar bizarro. La profundidad de la crisis y las características de nuestra formación histórico-social actúan de manera que dan sustento al proyecto bolsonarista. En situación supuestamente normal, el rotundo fracaso de las medidas económicas del ultraliberalismo de Guedes2 apuntaría para la alternancia como forma del orden democrático mantenerse como tapa protectora del orden del capital sobre nueva forma (como Itamar reemplazado por Fernando Henrique Cardozo y este a su vez por Lula).

Las propias clases dominantes interrumpieron de forma casuística la llamada normalidad al destituir a la presidente bajo el pretexto de las “pedaleadas fiscales”. Como el fracaso de Temer señalaba para la vuelta de Lula, enseguida aparecieron mas casuísmos jurídicos para sacarlo de la carrera abriendo espacio para que el protofascista pueda ser vencedor en las elecciones.

Se trataba, por lo tanto, de un mero actor de reparto en un plan más grande, un auxiliar para distraer al público mientras el mago haría su arte, un payaso de rodeo. Mientras tanto, como diría Chico Buarque, “quien jugaba a la princesa se acostumbró con el disfraz”3. El miliciano se cree un mesías, un mito, un salvador, y a diferencia de la centro-izquierda, dispone de medios para resistir a los intentos de derribarlo.

¿Cuáles serían esos recursos de los que el miliciano dispone? Las aventuras de la gran burguesía monopolista lograron fracturar el país y forjaron la unidad de la extrema- derecha fundada en el irracionalismo y su personificación en el capitán. Tal hecho le confiere un apoyo de parte de las masas que supera la fidelidad momentánea del buen o mal desempeño de la economía, pues es precisamente este nexo que se pretendía destruir – no puede ser medido por encuestas de aceptación del gobierno, ya que se trata de pura ideología en funcionamiento: una cruzada contra la izquierda y los enemigos de la Patria y de la familia realizada por la gente de bien contra el mal. Es evidente que el fundamentalismo religioso opera aquí de manera decisiva.

El pragmatismo de la derecha, que siempre funcionó tan bien (al punto de llegar a ser copiado acríticamente por la centro-izquierda), ahora se enfrenta con algo que él desconoce y teme. En situaciones normales, bastaba un pretexto cualquiera (que en este caso ni siquiera debería ser inventado, pues existen en abundancia) una campaña mediática para aislar la figura y un desenlace institucional que alejara al miliciano desplazando el eje del poder para el Congreso con algún tipo de parlamentarismo de ocasión o algo por el estilo, por ejemplo con Mourão4.

Si el capitán5 contase apenas con el apoyo de um segmento de masas, él ya habría caído. En este punto interviene otro factor: Las armas. Más allá de las relaciones con las milicias (que solamente no son evidentes para las instituciones establecidas y para el Ministro de la Justicia), tenemos el apoyo de las corporaciones militares (como se mostró en el motín de Ceará) y parte de las Fuerzas Armadas, evidenciado por la fuerte presencia militar en el gobierno. Este es un punto obscuro, es decir, hasta qué punto el capitán tendría como mover sectores de las Fuerzas Armadas en su defensa, inclusive para enfrentar otra parte que resistiría. Sin embargo, en este momento no se trata de tener o no apoyo efectivamente; parecer tener es suficiente para embaucar.

En el caso que interrumpiéramos el análisis en este punto tendríamos prácticamente un empate. Aquellos que quieren sacar al miliciano tendrían posiciones institucionales, aparatos mediáticos, un sector de masas y parte del aparato represivo. El capitán, por su vez, tendría a su favor (embaucando o no), parte de las masas, aparatos policiales y parte de las Fuerzas Armadas. Si tuviera que apostar, creo que en este escenario él ya habría caído. Por eso, sustento que aquí entra un factor diferencial, me parece que todavía se sustenta y sobrevive porque las clases dominantes se encuentran divididas.

Hay una fracción de las clases dominantes que, a pesar de percibir el inconveniente de la figura y sus riesgos, cree que él es un mal menor. Al final, lo fundamental son las reformas y la recuperación de las tasas de ganancias a niveles aceptables. Si el precio a pagar es la destrucción del país y una aventura fascista, estos señores están dispuestos a pagarlo – como ya lo hicieron en el pasado, puede digasé de pasada. Creo que aquí está l clave del enigma de la coyuntura: el miliciano todavía no cayó porque las clases dominantes están divididas acerca de la necesidad de sacarlo y a las consecuencias que eso traería. La “Rede Globo”6 no está siendo contradictoria al denunciar las artimañas y después elogiar la política económica, apenas expresa, con eso, la división interna de sus verdaderos mandantes.

No debemos menospreciar un hecho. No estamos hablando de clases dominantes clásicas, que proyectan, piensan, tienen sus intelectuales orgánicos, hacen cálculos y pesan riesgos y oportunidades. La adhesión de la burguesía brasileña al imperialismo y la aceptación de su existencia subordinada y dependiente produjo un subproducto que tiene un impacto no despreciable en la coyuntura – a saber, aquello que podríamos llamar de lumpen-burguesía. Se trata de una fracción de la burguesía que se beneficia directamente con la contravención y la corrupción (cuando no lo hace directamente con el crimen), desde pequeños esquemas hasta “mamatas”7 gigantescas. Ella abarca desde un parlamentar que aumentó su patrimonio en 450% durante 2 años y se destacó por recortar tierras indígenas en Roraima, pasando por parlamentares que, después de derrocar a la presidente electa en nombre de la familia y de las buenas costumbres, son presos por pedofilia, corrupción, asesinato y otros delitos; hasta llegar a grandes empresarios y sus relaciones perniciosas con el Estado, envolviendo grandes obras, voluminosos contratos, fondos públicos, licitaciones y otros expedientes por los cuales el recurso público es rapiñado por intereses privados.

En un cierto momento de la Revolución Cubana, el Che evaluó que una de las dificultades en el enfrentamiento con las fuerzas de Batista era que, a diferencia de los ejércitos tradicionales, ellos tendrían que enfrentar una corporación que había transformado desde el soldado hasta los comandantes en socios de las contravenciones, del tráfico, de los casinos, etc. En grado y forma diversa presenciamos este fenómeno en las fuerzas policiales y su desdoblamiento en las milicias. No se trata de desvío de conducta de uno u otro policía, sino de un sistema que envuelve desde el comando hasta la base de la corporación, incluyendo empresarios, políticos, jueces y gobernantes. Esta fracción está más preocupada en proteger sus negocios. No le importan los crímenes de Bolsonaro, tampoco para las disputas parlamentares, pero teme que al revelar los crímenes de uno acaben por exponer los suyos.

El golpe de 2016 fue perpetrado bajo el pretexto de mantener la estabilidad contra el desasosiego que impedía las reformas, pero el régimen parlamentar con el capitán al frente es de todo, menos estable. La burguesía estaba lista para un gran acuerdo, “con Supremo, con todo”, pero el capitán mueve piezas heterodoxas contra las cuales el parlamento puede poco. Derrotado el petismo (perdón a los optimistas, pero el petismo cayó de la mesa de juego, pues su única carta es una elección “limpia”, por eso permanece a la espera de 2022), el miliciano abre sus cañones contra sus aliados: El STF y el Congreso. Pero, ¿Por qué? Ahora bien, porque el genial plan económico no prosperó y la milagrosa recuperación del crecimiento no sucedió. Y alguien tendrá que ser responsabilizado. El capitán es rudimentario pero no es burro (bueno, tal vez lo sea, pero ciertamente sabe jugar) y sabe que él está apuntado para cumplir ese rol – y que las consecuencias de no cumplirlo no son apenas de salir y volver para la parrilla de su bella casa del condominio mal visitado en la barra8 sino ir a parar en la cárcel junto con sus hijos. Por eso, él va a reaccionar (o, peor, va a tomar iniciativa) y tiene recursos para hacerlo.

El enemigo es el mismo: ¡El socialismo! Marx, en su magistral “18 de brumario de Luis Bonaparte”, comenta el momento en que Luís Napoleão se choca con los intereses parlamentares, pasando a acusarlos de socialistas. En las palabras de él: “Se declara como socialista el liberalismo burgués, el iluminismo burgués y hasta la reforma financiera burguesa.” (p. 80) Entre nosotros, bajo el signo de farsa, ya hay gente que está diciendo que Regina Duarte9 es un plan de la izquierda para sabotear el gobierno Bolsonaro, que la “Rede Globo” es izquierdista, o que el STF es una institución al servicio del comunismo internacional comandado desde Venezuela.

El depósito está lleno de explosivos, pero falta la chispa que hará todo explotar. Para los dos lados, lo que falta es movilizar el pretexto. En el caso del parlamento y de la fracción que quiere la salida de la pieza molesta para seguir lo esencial del plan, pretexto ya existe (el presidente ya cometió, según analistas insospechados, por lo menos diez crímenes de responsabilidad), pero se deparan con una correlación de fuerzas que abre la posibilidad de enfrentamiento, y ellos son, fundamentalmente, cobardes. El miliciano, al convocar los actos, puso a las instituciones contra las cuerdas, ya que estas se vieron obligadas a responder o a aceptar su destino de vivir bajo la amenaza de un irresponsable. Ahora, por cuenta de la pandemia del coronavirus, los actos fueron cancelados. Queda la impresión de que el virus acabó siendo una salida honrosa para el golpista en el Congreso. Sin embargo, parece solamente retrasar el problema.

Sigue el plan de interrumpir el proceso con un acto de fuerza, pero, para eso, el capitán miliciano necesita una situación que justifique el acto de fuerza para cerrar el Congreso y establecer su dictadura. Y, evidentemente, el motivo no puede ser que las enmiendas parlamentarias enyesan el presupuesto, o profesores universitarios desnudos fumando marihuana y dando clase de marxismo en los cursos de ingeniería.

El viaje del miliciano a los Estados Unidos nos da una pista. Lo que Bolsonaro precisa es una guerra, o al menos algo que se parezca a una guerra. Los venezolanos ya lo saben, Trump ya lo sabe… Los brasileños todavía no, pero lo sabrán a la brevedad.

 

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1 NT: En referencia al vinculo entre el presidente y la organización clandestina armada y paraestatal que controla territorios periféricos en Rio de Janeiro y otras ciudades de Brasil. Milicianos son responsables por la imposición de un cotidiano de terror en las favelas que controlan y están involucrados con el asesinato de Marielle Franco, entre otros crímenes.

2 NT: Actual Ministro de Economía brasileño, adepto a las teorías económicas de la escuela de Chicago.

3 NT: Frase de la canción “Quem te viu, quem te vê”.

4 NT: Antônio Hamilton Martins Mourão es el actual Vice-presidente, General retirado del Ejército.

5 NT: En referencia al propio Bolsonaro: Capitán retirado del ejército.

6 NT: Principal conglomerado de multimédios de comunicación masiva con mayor poder e influencia en el país.

7 NT: El término “mamata” es una expresión popular que se refiere a una manera fácil de obtener lucros, sea a costa de otros, de privilegios, o robando. Bolsonaro anunció varias veces que en su gobierno se acabaría la “mamata”.

8 NT: Barra da Tijuca, barrio lujoso, de una nueva elite en Rio de Janeiro.

9 NT: Actualmente secretaria de cultura, famosa actriz de telenovelas que asumió en la cartera de cultura a partir de la renuncia de Roberto Alvim quien levantó una fuerte polémica por haber parafraseado un discurso de Joseph Goebbels ministro de cultura de la Alemania Nazi en uno de sus discursos.

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