Epidemias y arte: una relación muy próxima

Especial para Contrahegemonia

Una epidemia siempre pone en tensión el ejercicio del poder y la dominación por las acuciantes demandas que presenta: la visibilización y acceso a los recursos de salud existentes, la previsibilidad para enfrentarla y la aceptación de la sociedad de las indicaciones que se den por parte de las élites políticas y científicas, o religiosas en ciertos momentos históricos. Y también porque esas élites ofrecen la interpretación, la comprensión de la enfermedad y la epidemia, una cierta manera de entenderla y aceptarla, y su credibilidad como dadoras de orientación para superarla.

Cada vez que ha aparecido una epidemia aparece también una moral que la construye en términos de culpables/inocentes, algo que se puede ver con claridad en la que estamos viviendo: los culpables son los chinos. También los que vuelan por el mundo diseminando el coronavirus de país en país. Cada vez que la sociedad se ve amenazada por una epidemia se repiten las actitudes de terror por el contagio y muchas veces de egoísmo, como el desborde de compras en supermercados durante el primer fin de semana en prevención, todavía no en cuarentena. Pero también brotan actitudes diferentes: valentía para encarar las tareas de cuidado y mitigación, altruismo en la ayuda a les otres y construcción de compañía para ayudarse mutuamente. También reclamos por los más desfavorecidos, como los Sin Techo, y necesarias denuncias de actitudes autoritarias por parte de la policía y de segregación de los barrios más pobres en diferentes ciudades. Los sentimientos y actitudes no quedan fuera de la lucha de clases y la disputa de sentidos.

En o con aquel marco interpretativo la enfermedad y las epidemias se han presentado en conjunción con el arte desde la antigüedad. En el teatro, la danza, la literatura, la pintura, las epidemias se han mostrado con toda la carga social que significan. Y en los últimos tiempos de gripe porcina, gripe aviar, vaca loca, Ébola, y ahora coronavirus, aparecen con mucha frecuencia en series y en las expresiones por internet, como videos, audios y memes. Aquí se presentan brevemente cinco epidemias y sus pinturas o dibujos, películas y fotos, y un par de videos muy representativos.

LA PESTE NEGRA

La Peste Negra, o peste bubónica, padecida por una década en parte de Asia, norte de África y Europa, aniquiló a la población europea en aproximadamente un cuarto de su número, tal vez unos 25 millones de personas sobre los 80 millones que se calculan habitaban entonces el continente. Fue especialmente feroz entre 1347 y 1350. Según los investigadores lo más probable fue que se tratara de una zoonosis transmisible de las ratas al hombre por picaduras de pulgas. Se manifestaba con fiebre alta e inflamación de los ganglios linfáticos que se abultaban (bubas) dolorosamente y se oscurecían, dándole su nombre de negra a la enfermedad.

La época medieval tenía tres explicaciones principales para el sufrimiento y mortandad ocasionados: en primer lugar el castigo divino, que se descargaba sobre la humanidad por sus culpas, por la desobediencia a los mandatos de Dios, por lo cual se imponía pedir perdón y expiarlas para detener el castigo multiplicando las rogativas, los autoflagelamientos, las procesiones, misas y donaciones. Luego, una teoría cuasi científica y errónea que explicaba la epidemia por medio de los miasmas, emanaciones de las putrefacciones que provocaban una corrupción del aire, una fuerza tóxica que adquiría entidad propia. Y finalmente que se debiera a las intenciones de un grupo social conspirador que atentaba contra la vida de la cristiandad.

Por esta última idea los europeos culparon durante esta epidemia, y durante otras, a los judíos. Los judíos serían quienes envenenaban las fuentes de agua y expandían así la peste, por lo que cayeron sobre ellos las persecuciones, expulsiones y ejecuciones atroces, como las hogueras masivas en variados puntos del continente.
La Peste Negra derivó en profundos cambios demográficos, sociales y económicos porque la violenta reducción de la población produjo novedades de muchas consecuencias en el campo y la ciudad; por otro lado, al continente le llevó dos siglos recuperar la población que tenía antes de la epidemia. Y de acuerdo con los historiadores de la cultura también derivó en cambios religiosos y artísticos porque un gran trauma necesitaba manifestarse y lo hizo en la pintura, la poesía, la música y las representaciones, como en las Danzas de la Muerte , que desde entonces ocuparon un lugar central en la expresividad artística. Así, de aquella sensibilidad afectada por la cruenta epidemia, derivaría la pintura de Brueghel, de perdurable memoria mucho tiempo después.

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COCOLIZTLI

El dibujo (en el Códice, una gran obra de recopilación realizada entre 1540 a 1585) muestra a indígenas mexicas enfermos de viruela, una de las enfermedades que durante el S. XVI los devastaba. Con su continente aislado de los otros la población americana no había sufrido antes de la llegada de los españoles enfermedades que afectaban a Eurasia como la gripe, viruela, tifus o sarampión, y no tenía ninguna defensa contra ellas.

Durante el S.XVI tres grandes epidemias cayeron sobre los indígenas de la actual Centroamérica: la primera en 1519-1520, a poco de empezada la conquista de México; la siguiente en 1545 a 1548, y la última en 1576-1578, ésta con terribles consecuencias porque ya a varias décadas de la Conquista la sociedad y forma de vida originaria estaban desarticuladas y los nativos empobrecidos, explotados por los nuevos regímenes, debilitados por hambrunas y seguramente aterrorizados, lo que facilitó la expansión de la cocoliztli (enfermedad, en náhuatl). Además, los nativos no accedían ya plenamente a su Ticiotl, su medicina, después de haber perdido a muchos de sus titici, sus respetados médicos, y desaparecieran una cantidad de sus conocimientos o debieran ocultarse. No todos, porque parte de ellos “americanizó” a parte de la medicina española que se aplicaría desde entonces como la hegemónica, pero mestizándola.

Estas cocoliztli significaron catástrofes demográficas que fueron una de las principales razones para la definitiva conquista española sobre la región. Los cálculos varían mucho pero hay estimaciones que evalúan una población de entre 7 y 11 millones de habitantes a la llegada de Hernán Cortés a México. Al finalizar el S. XVI habían sobrevivido unos dos millones de indígenas a las epidemias, las guerras, las hambrunas y la explotación.

Igualmente, algunas de esas enfermedades fueron aliadas de los españoles en la conquista del imperio incaico, con parecidos resultados de colapso demográfico sobre los originarios. Y así se repitió en todo el continente, de forma tal que una de las respuestas del colonialismo fue traer esclavos africanos porque la población nativa había sido tan diezmada que no había quedado número suficiente para sostener el trabajo en las haciendas, plantaciones y minería solo con ella. Y una consecuencia fue la transformación de la composición poblacional de América.

FIEBRE AMARILLA

La magistral pintura muestra una dramática escena de la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, durante 1871. Quienes observan el cuerpo, el médico Manuel Argerich y el abogado José Roque Pérez, ambos integrantes de la Comisión Popular de Salubridad y ellos mismos víctimas más tarde de la enfermedad, hacen un gesto de respeto al descubrirse frente a la joven madre muerta, en esa familia pobre, sin advertir todavía al padre yacente en la cama. El bebé aún busca alimento. Atrás, un acompañante se cubre la nariz.

Buenos Aires ya había sufrido varias epidemias desde tiempos coloniales pero ninguna tan grave como la de 1871, cuando murieron de fiebre amarilla casi 14 mil personas sobre un total de aproximadamente 178 mil habitantes. La enfermedad, transmitida por el mosquito Aedes aegypti, se propagaba con toda facilidad por la ausencia de agua potable, el hacinamiento de la población y la contaminación de las napas de agua y de los ríos y riachuelos por la falta de estructura de saneamiento. En esos años la inmigración ya llegaba masivamente y no había infraestructura para recibirla: no había agua corriente, ni sistema cloacal, ni viviendas suficientes. La enfermedad se ensañó con los pobres, en gran parte inmigrantes italianos, españoles y franceses, que vivían hacinados en los conventillos del Barrio Alto, hoy San Telmo; los pudientes abandonaron sus casonas en el sur para escapar hacia el norte de la ciudad.

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Por entonces se producía una confrontación entre la Iglesia y los sectores laicos y científicos acerca de cómo actuar frente a la epidemia: la Iglesia seguía proponiendo misas, procesiones y rogativas, y los sectores laicos higiene, espacios limpios, normas de conducta y de vida. El acatamiento a estas normas podía exigirse con violencia por medio de la policía que solía desalojar a la fuerza los conventillos, quemar el interior y las pertenencias de los afectados y dejarlos en el desamparo. Para la concepción higienista la culpa de la epidemia era sobre todo la conducta ignorante o indolente de los pobres y los inmigrantes, que los enfermaba y ponía en peligro a la sociedad entera, quedando asociadas así pobreza e inmoralidad. Junto a la progresiva implantación de una visión científica de las enfermedades y las epidemias se buscaba también disciplinar a los sectores populares, con el acatamiento a cierta matriz disciplinaria de corte moral.

Por otro lado, la epidemia de 1871 tuvo como consecuencia el fuerte impulso por obras de saneamiento de la ciudad, con la construcción de desagües y redes de aguas corrientes y cloacales por separado, y la disposición de lugares determinados como vaciaderos de residuos, entre otras medidas. También se fueron instalando el discurso de la salubridad pública, una higiene social y moral, y un lugar central para los médicos en la vida de la sociedad.

Aquella epidemia fue la última de esa magnitud, aunque no desaparecieran totalmente los casos, siendo posible hoy mismo que bajo ciertas condiciones la fiebre amarilla pudiera reemerger.

SIDA

La película norteamericana Philadephia (1993), de Jonathan Demme, retrató el miedo y la discriminación por el VIH y el SIDA. La película cuenta la historia del abogado Andrew Beckett, protagonizado por Tom Hanks, que pasa de ser el más brillante miembro de un estudio de Derecho a ser despedido mediante desleales maniobras cuando se descubre que padece SIDA. Se cuenta también que Beckett ha ocultado su homosexualidad en el ámbito laboral para no sufrir el desprecio y el prejuicio dominantes. Más adelante llevará a juicio al estudio que lo despidió y para ello contrata y traba amistad con un abogado que acepta defenderlo después de hablar con muchos que lo rechazan por la misma razón de su despido: el SIDA. Y ganará el juicio aunque su enfermedad avance y como consecuencia muera de ella.

 

Philadelphia blanqueó esos prejuicios contra los homosexuales y sensibilizó sobre la discriminación sufrida por ellos. Pero el SIDA hizo algo más: después de más de un siglo de extendido predominio de las teorías científicas para interpretar las enfermedades y epidemias, a fines del S.XX retornó el castigo divino como explicación y el estigma social sobre el enfermo. Los homosexuales eran culpables del SIDA con sus prácticas aberrantes y contrarias al mandamiento divino de la heterosexualidad, y por eso recibían el castigo de ese mal. Fue la peor manera de emergencia de los prejuicios generales de la sociedad. Además, el HIV se transmite también de madre a hijo y por vía sanguínea, “culpas” que quedaban sin explicación.

A causa del SIDA se inició una exigente demanda de investigaciones y terapias por parte de la fuerte y combativa comunidad gay de Estados Unidos, el primer activismo de tratamientos, que logró imponer la búsqueda rápida de test de diagnósticos y de antiretrovirales para contener la enfermedad. El contagio y muerte de celebridades como Freddy Mercury, y en Argentina de Federico Moura, líder de la banda Virus, entre otros, aceleraron la visibilidad de la pandemia y la urgencia de su tratamiento.

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Según datos de ONUSIDA el SIDA se ha reducido en un 40% en el mundo desde 1997 pero la reducción no es igualitaria: de los casi 38 millones de personas con VIH que actualmente hay en el mundo, cerca del 70% viven en África, unos 26 millones, en un contexto de pobreza, escasez o ausencia de recursos sanitarios, y en muchos países de la persistencia del estigma sobre el enfermo. Además, con otra arista de género porque ahora quienes más se enferman son las mujeres jóvenes.

CORONAVIRUS

Tan planetario como el mismo neoliberalismo el coronavirus recorre velozmente el mundo volando de aeropuerto en aeropuerto como antes navegaban las pestes de puerto en puerto. Las alteraciones que el capitalismo genera en el medio ambiente violentando la vida animal y en su interacción con los humanos, además de las poblaciones urbanas gigantescas, dan el marco a la aparición de estas epidemias.

Igual que en muchas de las anteriores ésta se ha prestado a diversas interpretaciones: la conspirativa, como un virus creado en laboratorio por Estados Unidos y diseminado en China para crearle problemas a su contrincante hegemónico; o la interpretación mediático-política: la de que los poderes construyen mediáticamente una epidemia como grave porque les conviene estresar a las sociedades generándoles miedo y ansiedad, y sacarlas de las calles para que dejen de luchar y resistir y acepten cualquier condición de vida que les impongan.

Los estudios de laboratorio han demostrado que no se trata de ningún “virus de diseño” y los estragos que la enfermedad causa en Italia y España que puede ser de mucha gravedad cuando confluye con otras condiciones, como los disminuidos e insuficientes sistemas de salud, mucha población anciana y respuesta tardía. También, como en otras situaciones parecidas, los prejuicios no se han hecho esperar. Como antes fueron culpables los judíos, los pobres, los inmigrantes o los homosexuales, ahora los responsables de la epidemia son los chinos. Y como si un virus tuviera nacionalidad el corona es el “virus chino”, pasaporte que no se han privado de otorgarle primeras figuras de la política mundial, como Trump. Además de esas menciones políticamente malintencionadas los prejuicios también corren en los medios y en la sociedad en forma de artículos y de memes, audios y videos que se burlan o que descalifican a los chinos para más o menos solapadamente endilgarle las “culpas” de esta epidemia.

La pandemia que estamos atravesando es una novedad histórica en cuanto a la velocidad de expansión y a la reclusión en cuarentena de unos tres mil millones de personas en este momento. Y como otras epidemias sufridas por la humanidad esta también dejará cambios y consecuencias económicas, sociales y culturales. Ya se debaten los cambios posibles, las reformulaciones que intentará el capitalismo, y los primeros debates giran en torno a si significará un paso atrás de su versión neoliberal o por el contrario reforzará las tendencias de la misma. También se debaten las oportunidades que para diversos sectores en lucha y para los imaginarios antineoliberales tal vez pueda abrir este increíble suceso de reclusión masiva que trajo al presente el futuro distópico de algunas series y películas, esas de calles vacías y desaparición humana por arteros ataques de virus, de zombis o de alienígenas.

 

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