Tapar el sol con el dedo

“Pies para qué los quiero si tengo alas para volar”
Frida Kahlo, pintora mexicana / 1953

Desde los feminismos populares callejeros, desde los movimientos populares, territoriales, sindicales, de DDHH, de defensa de los territorios, de los pueblos originarios, desde las disidencias sexuales, desde tantos lugares, sentimos en estos días, que estas reclusiones sanitarias, esta “distancia social”, nos has cortado nuestro cuerpo movilizado, alegre, articulado, abrazado, con brillos, con besos, con pasiones. Estas desarticulaciones con nuestros proyectos de vida, nos han angustiado pero hurgamos en nuestra historia y rescatamos la hermosa frase de Frida Kahlo. Será uno de los motores para seguirla….

Muchos buenos artículos, profundos, sensatos, hemos leído en estos días. Rescato lo que leí y compartí con amigues, amigas como son los de Paúl B. Preciado, Claudia Korol, Giorgi Agamben, David Harvey, Judith Butler, Mariano Feliz, comunicados colectivos de Campaña contra la violencia machista ( con muchas organizaciones populares adhiriendo), investigaciones de la CORREPI , comunicados diversos s de las izquierdas, de los movimientos de DDHH, de los movimientos territoriales, sindicales de base, entrevistas a biólogos, estudiosos sobre el tema, llamamientos de pueblos originarios, afrodescendientes y organizaciones populares internacionalistas, artículos publicados en Izquierda Diario, en Anred, Contrahegemonia, Rebelión y otras páginas, entrevistas y opiniones en radios. Seguramente en esta vorágine informativa, se nos han pasado otras opiniones, investigaciones.

Fueron aportes para entender, compartir, socializar, hacer diagnósticos y generar propuestas en relación con lo que nos pasa con la pandemia, analizándola desde el ahora, desde esta cuarentena social, pero contextualizándola en la depredación histórica del sistema capitalista, patriarcal, heteronormativo, colonial…

Todo esto nos ha permitido entender , situarnos, poder escapar de la paranoia periodística de los medios hegemónicos ( salvo algunas excepciones y sobre todo los medios alternativos), que repiten, repiten, apuntando al miedo, al buchoneo, a la negación de todas las construcciones previas de movimientos sociales, en nuestro país y más allá. Pensar que hace menos de un mes que hicimos el paro internacional de mujeres, lesbianas, bisexuales, travestis, trans, no binaries, con miles de movilizaciones en las calles. Parece que fue hace un siglo.

Por todo lo escrito, leído, compartido, este aporte no necesita repetir lo ya dicho, tan bien por los, las, les citadxs. Gran alivio para la que escribe y para les amigues, compañerxs que leen.

Por esto voy a tomar solamente dos temas: El tema de “todos somos iguales” y el de “la vuelta a la normalidad”, citando a dos personas.
Andan diciendo por ahí, que ante la pandemia somos todos iguales. No nos equivoquemos. No, la pandemia no nos iguala, profundiza la desigualdad”. Esta es una parte de un texto que publicó en el face, el docente, artista, activista sindical de izquierda Sergio Barrera, desde el Oeste de Buenos Aires.

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Todos estos días, de tantas escuchas e intercambio, no soportaba más oir que “todos”, todos somos responsables, todos tenemos que vigilar al vecinx irresponsable, todos debemos quedarnos en nuestras casas, tener alcohol en gel, lavarnos las manos, etc. etc… Pensaba inicialmente: ¿me jode tanto por el uso indiscriminado del masculino, invisibilizando a todas y todes? Eso también, pero es más…

Ayer mientras iba por la avenida 19 al cajero, aprovechando para hacer un poco de caminata, empecé hacer un listado tentativo de contradicciones que aparecían en mi mente… Medias binarias me salían las ideas, pero no es tan fácil mover las estructuras, pensé mientras me reía sola, suerte que no me escucho nadie.

En este “todos”……¿Es lo mismo un dirigente sindical enriquecido y adulado por el poder, que un basurero, o el señor del carrito con el viejo caballo?; ¿una persona que tiene 70 años y vive en Puerto Madero, que una muchacha de 20 de la villa del Gran Rosario?; ¿es lo mismo una piba del conurbano que labura en el chino que el pibe de la facu que está estudiando en su casa?; ¿es lo mismo la señora que escucha todo el día la radio y mira c5n que los pibes que tienen que caminar algunas cuadras para ir a buscar el morfi al comedor?; ¿es lo mismo la joven bancaria que come brócoli, palta, jugo de naranja para estar sanita y en línea, que las doñas que cocinan tortas fritas y guisos, casi sin pollo, para que alcance para todes?; ¿es lo mismo la intelectual que hace teoría hablando por la TV, diciendo cualquiera, que las travas que no pueden hacer la calle y están sufriendo hambre y más discriminaciones?, ¿es lo mismo los pibes y las pibas que tienen Internet y pueden hacer con comodidad las tareas , para luego jugar con la Play o pelotear en patios verdes; que las que viven hacinadas en casas o departamentos de dos habitaciones para 5 nenxs, abuelas, y mascotas?; ¿es lo mismo las mujeres migrantes que se han quedado sin laburos informales, que las funcionarixs de los ministerios, que repitan viejas recetas, más de lo mismo sobre políticas públicas insuficientes?; ¿es lo mismo activistas sociales que pelean y gozan con lo colectivo, con proyectos de cambios, que individualistas asustadxs?; ¿es lo mismo la yuta que reprime con balas de goma a quienes salen a pedir justicia por femicidios, o que se juntan para armar redes de solidaridades de la forma que se pueda?

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Basta de humillar la inteligencia, la experiencias, la historia de los pueblos con esos discursos de “todos”, tratando de tapar el sol con el dedo, las luchas de clases, de géneros, de raza, existían y no han desaparecidos con la pandemia, como bien dice el docente Barrera, se han profundizado las diferencias.

¿La vuelta a la normalidad?

La vuelta al normalidad. Lo normal es mortal. La normalidad era la crisis. Era normal que el Amazonas ardiera hace unos meses” dice Naomi Klein, periodista canadiense, autora de libros como la doctrina del Shock y No logo. Esta nota la leí en la Vaca el 1 de abril y recordé la frase escrita en las paredes de Chile, con la revuelta popular contra el régimen pinochetista, liberal, del actual gobierno… “A tu normalidad no vuelvo nunca más”.

Restituir la ‘normalidad’ es, justamente, aquello que las manifestaciones sociales buscan erradicar: una abusiva normalidad basada en los privilegios de pocos, en la represión estatal, en la desigualdad social, en la explotación de los territorios y de los cuerpos, en desigualdades abismales, que el capitalismo patriarcal, colonial ha desarrollado con saña.

La normalidad es lo que dicen las compas travestis, para poner un ejemplo, entre tantos sectores vulnerados por los sistemas “Nosotras vivimos siempre en aislamiento social, muchas migrantes trans no tenemos documentos, no tenemos obra social, no tenemos jubilación. Las que estábamos piloteando, retrocedimos varios escalones”. Frente a tantos dolores, gritamos con fuerza con la Susy Shock “No queremos mas ser esta Humanidad”.

Tengo la tentación de meterme con tantos temas, lugares comunes, que se han aparecido en estos discursos con fuerza; como el “todos” y la normalidad… Por ejemplo el tema del Estado, tema largo, difícil de tomar en estos días, con tantas aristas. Pero nos preguntamos ¿el Estado ha dejado de ser un “macho opresor y violador” como cantábamos en todo el mundo, acompañando y haciéndonos cargos de las luchas feministas chilenas?

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¿El hogar, las casas, han vuelto a ser “Espacios de cuidado” para mujeres, niñas, niños; maricas, tortas, travas? La respuesta es evidente, en esas casas, en estos días asesinaron a mujeres y niñas, enterrándolas en sus patios.

Recordaba cuando hacemos genealogía feministas, y analizamos qué paso luego de la segunda guerra mundial, cuando las necesidades sanitarias, económicas y de todo tipo, hicieron participar con fuerza mano de obra de mujeres. Pasado ese periodo excepcional de una guerra, los sistemas capitalistas, patriarcales empezaron con mucha sutileza a promover “la vuelta al hogar de las mujeres”, reforzando mitos como la “reina del hogar”, la que sabe usar los aparatos modernos como el lavarropas y otras, la que usa delantal, atiende a las niñas rubias, la que cocina con amor, y la que puede seguir siendo maestra para ser la segunda madre. La historia de luchas feministas nos cuenta como se pudieron dar vuelta todos estos bolazos, con paso de tiempo, con muchas luchas, con el Mayo Francés, y tantos levantamientos culturales, la separación de la reproducción y el placer, las grandes movilizaciones proletarias, culturales, feministas , de cuestionamiento para poner todo patas arribas.

Estos discursos conservadores y teóricos que se lanzan hoy, sin mucha fundamentación, de maternizar a los gobiernos, reforzando que la política tiene que venir desde arriba, -y encima tenemos que estar agradecidas-, quieren echar por tierra todas las grandes movilizaciones internacionalistas, plurinacionales como fueron los paros de mujeres y disidencias sexuales, las masivas marchas verdes, violentas, multicolores en el Abya Yala e internacionalistas, como las experiencias kurdas; con sus experiencias de construcción sin el estado opresor, las voces de las Ivanas, de Isabel, de las mapuches;  que cuestionan las construcciones de los estados nación, basados en genocidios.

Por eso la seguimos, con distanciamientos sociales necesarios y coyunturales, porque nosotres sabemos cuidarnos mientras resistimos y vamos creando nuevo sentido a las vidas colectivas, a las vidas con proyectos. Ya nos encontraremos abrazadas y besándonos en las calles, con nuestros pañuelos blancos, verdes y multicolores.

Celina Rodriguez Molina / feminista del Frente Popular Darío Santillán Corriente Nacional / Movimiento de los Pueblos y de la Cátedra Libre Virginia Bolten “Construyendo feminismos populares”.

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