Parar la pelota. Trabajo en la universidad en tiempos de pandemia y cuarentena

Parar la pelota

Trabajo en la universidad en tiempos de pandemia y cuarentena

Estamos en pandemia. Enclaustrades.

A fines de Febrero estábamos cerrando los programas nuevos, para un 2020 como cualquier otro año, y nos dicen “alto”. Se para todo. Se posterga el inicio de clases y se suspenden las mesas de examen. Unos días después avisan “Retomamos… hay que hacerse virtual”. ¿Qué?

Nuestro curso hace unos años usa el campus virtual de la facultad pero solo de apoyo. Teníamos ahí el programa, el cronograma de clases, la bibliografía parcialmente digitalizada. No mucho más. La mayoría de los casi 2000 cursos de grado en la UNLP ni siquiera usan un Campus Virtual.

Ahora nos dicen que tenemos que garantizar que estén todes les estudiantes inscriptes en el Campus, que debemos garantizar el dictado virtual, y que debemos hacerlo ya. ¿Pero alguien se preguntó si todes les estudiantes tienen conectividad o si saben usar el campus? Si no saben usarlo o no tienen acceso, ¿cómo harán para aprender ahora?

¿No es tan complicado, no? Cuando se inscriben en la materia en el Departamento de Alumnos ya está. ¿Ah no? Les compañeres no docentes que gestionan el Campus (unxs pocxs) deben cagarlos a todos en cada aula virtual (claro, no hay un sistema de inscripción simultánea en la materia yen cada aula virtual). Pero también hay quienes son inscrirxs a destiempo a través de la SAE, y recién luego podrán sumarles al Campus. ¿Cuánto tarda? Varios días. Las áreas encargadas están saturadas porque de golpe y sin aviso, deben inscribir miles de estudiantes a las Aulas Virtuales.

Ah, pero las Aulas Virtuales no están creadas. La mayoría de las materias deben armar todo de cero. Todes debemos aprender las funcionalidades del Campus. ¿A quien le preguntamos? Ah, claro, a les mismos pocxs compañeres que están cargando a les miles de estudiantes, están activando las aulas virtuales y contestando todas las consultas. Todo junto, todo por el mismo sueldo.

Esto es inviable, pensamos.

Pero cómo vas a pensar eso, o peor decirlo. Hay que poner hombro ante la crisis, nos dicen. El Estado nos cuidará, luego nos aplaudirán desde algún balcón, no te preocupes.

¿Pero no les parece pensarlo mejor?

Son tiempos excepcionales. No podemos hacer como que todo esto es normal. Si yo estoy un tanto agobiado, desconcertado en el encierro, imagino que mis compañerxs docentes y no docentes, también lo están. ¿Y les estudiantes? ¿Aquellxs que vinieron del interior y están solxs? ¿Y quienes tiene niñes, adultes mayores, u otras personas a cargo?

¿Dar clase desde casa? ¿Cursar desde allí? ¿En qué condiciones materiales? ¿Tenemos internet de buena calidad? ¿Accedemos por nuestros teléfonos, o tenemos una computadora personal, que seguramente compartimos con el resto de les integrantes de la casa? ¿Tenemos lugar para trabajar y estudiar tranquilxs? Dudo que la mayoría.

¿Y cómo accedemos a los materiales? ¿La fotocopiadora está abierta? ¿Podemos ir hasta ella (no creo que aun haya sido considerado un “servicio esencial”)? ¿Y si no? ¿Leemos todo desde la computadora o del celular? ¿Está todo digitalizado? ¿Y los libros? Uff… Muchas preguntas, pocas respuestas tranquilizadoras.

¿Podemos revisar esto? Les docentes nos tenemos que adaptar, nos dicen. Poner el hombro. Claro, pero quién nos reclama eso ¿El Estado que hace unos días firmó con los sindicatos (en medio de la pandemia, vale recordar, sin asambleas, ni debate) una paritaria miserable, que además anuló la cláusula gatillo de la paritaria anterior? ¿El Estado que no tiene presupuesto aprobado para las Universidades, que no nos da los medios de trabajo necesarios para hacer nuestro trabajo (ahora, supuestamente online)? ¿Quién garantizar la calidad de mi acceso a internet? ¿Yo me tengo que pagar el servicio? ¿Y renovar la computadora que me compré con mi sueldo hace 5 o 6 años?

Es cierto, la Universidad nos apura pero trata de ayudarnos. ¿En serio? De golpe, hay actividades de formación para la docencia online a las apuradas. Nos llegan innumerables mails de los departamentos docentes, de las secretarías académicas, de la Universidad, de las áreas de educación a distancia. Tratamos de hacer, cada dos días, una clase virtual para aprender a dar una clase virtual, cómo si no tuviéramos ya una carga intensificada de trabajo. Ya se, tratan de ayudarnos y lo agradezco. Y no es culpa de les compañerxs de las áreas de educación a distancia (EAD). Ellxs hacen un trabajo excepcional. Pero no se puede así; así no se puede trabajar. Dar un curso online no es simplemente digitalizar todo, y no se puede inventar todo de cero. Hay prueba y error, se necesita tiempo!

Trabajamos online, ok. ¿Pero en qué horarios? ¿Con qué dedicaciones y salarios? ¿24×7, como dicen ahora? La pandemia parece ser la excusa para conculcar nuestros derechos laborales básicos. En fin, todo vuela por la ventana, también nuestro convenio colectivo de trabajo.

Pero claro, con eso garantizamos que los cursos se dicten y la calidad de los mismos no se deteriore. ¿En serio pensamos eso?

Seguramente, con tiempo y medios, las herramientas digitales pueden ayudar a un mejor proceso de enseñanza/aprendizaje. Pero no podemos simplemente asumir que es lo mismo eliminar por completo los espacios de encuentro, las clases. No se puede hacer una clase virtual igual que una clase “en vivo” (es más, eso nos lo explican los que más saben de esto, les compañerxs de las áreas de EAD). Además, aun si quisiéramos, no hay ancho de banda ni espacio en los servidores de la Universidad. Cuando entramos todes juntes, el sistema colapsa. Es decir, no se puede materialmente hacer. ¿Imaginan, clases con más de 50, 100, 200 estudiantes en vivo por la pantalla de una computadora? ¿Imaginan el trabajo en grupo sin hablarse primero, sin conocerse cara-a-cara? ¿Y si tenés que hacer prácticas, experimentos, salida de campo?

Parece que hemos re-descubierto que la ciencia y la tecnología es un componente esencial para la solución de muchos de los problemas que atravesamos. Hemos recuperado la idea de que se necesita un sistema de salud pública de alcance universal. Detrás de todo esto está la formación universitaria, estamos les docentes, no docentes y les estudiantes que serán futuros profesionales en tantas áreas claves.

Ahora bien, sin presupuesto no se puede trabajar. No podemos hacer magia. Estamos en una situación excepcional, de emergencia. Una situación que no sabemos cómo va a seguir, cuándo se va a resolver ni cómo.

¿Tan grave es parar la pelota y pensar colectivamente una respuesta consensuada y sensata, que tome en cuenta el punto de partida, que no se lleve puesta nuestros derechos, nuestra salud física y psíquica?

No hay que tener miedo de decir “tenemos que tomarnos el tiempo necesario para revisar las prácticas universitarias para adaptarlas a la emergencia”. Mientras tanto, suspendemos el dictado de los curso.

La democracia universitaria no puede salir por la ventana por la pandemia. Tranquilizarse y pensar, debiera ser el eje de una salida acordada colectivamente.

Mariano Féliz. Profesor UNLP. Investigador CONICET. La Plata, 5 de Abril de 2020.

Fuente: https://marianfeliz.wordpress.com/2020/04/06/parar-la-pelota-trabajo-en-la-universidad-en-tiempos-de-pandemia-y-cuarentena/

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