Por un movimientos de trabajadorxs psicoanalistas

I.

Obertura

¿Por qué lxs psicoanalistas no podemos reconocernos como trabajadorxs? ¿Qué obstaculiza tal autopercepción? ¿Qué identificaciones nos habilita el “campo psi” en su actual configuración institucional? ¿Cómo ofician en esa dinámica quienes ocupan un lugar de poder? ¿Nos ilusionamos con ser algún día quienes ocupemos ese lugar? ¿Es posible componer colectivamente una red alternativa de trabajadorxs psicoanalistas?

II.

La pandemia de COVID-19 que sufre el mundo en general y nuestro país en particular, en el marco de la situación del aislamiento social, preventivo y obligatorio decretado por el gobierno argentino, ha puesto de relieve gran parte de las disociaciones y denegaciones que hacen a los límites históricos y políticos de nuestro trabajo como practicantes psicoanalistas dentro del más vasto campo de la Salud Mental. Sinceramente, no sabemos cómo será la situación en otros países. En nuestro país, los límites que se han puesto de manifiesto en la actual coyuntura no son nuevos, ni singulares. Tampoco responden a un supuesto estado de excepcionalidad producto del aislamiento y/o la pandemia. No obstante el hecho de manifestarse en estos momentos de manera evidente e incluso sumamente dramática, por ejemplo, en relación a nuestra realidad compleja y precarizada en tanto trabajadorxs psicoanalistas. Son límites que tienen larga data y responden más bien a la configuración que ha asumido nuestro campo, es decir el denominado “campo psi” de las grandes urbanizaciones del país hegemonizado político e institucionalmente por el freudolacanismo milleriano, a partir de los efectos históricos del terror genocida de la última dictadura cívico-militar.

Ante el retorno de tales límites históricos, habitualmente política e institucionalmente reprimidos por el millerianismo (¿Dónde quedó el importante debate sobre la política argentina entre Miller y Aleman?), es indispensable entonces contribuir a producir instancias colectivas desde las cuales lxs trabajadorxs psicoanalistas podamos escrutar críticamente la forma concreta de ese psicoanálisis hegemónico. Entendemos que, de no ser así, sin ese trabajo cooperativo desde diferentes frentes de la práctica, lejos estaremos de poder elaborar y superar los obstáculos que el contexto actual puso en evidencia respecto del trabajo que realizamos a diario. No se trata de salir en la defensa de intereses corporativos; tampoco la cuestión radica en aggiornar un poquito, y nunca mucho, nuestros recursos (técnicos, de método y teóricos) para que todo siga más o menos “igual que antes”. Por el contrario, lo que pretendemos es destacar que nos vemos ante la necesidad histórica (y ante la oportunidad política) de poner en cuestión la totalidad de los agentes y relaciones sociales de producción, reproducción, intercambio, consumo y circulación que hacen a la realidad institucional del psicoanálisis hegemónico de nuestro país en particular y de la Asociación Mundial del Psicoanálisis en general, al cual el primero rinde mayoritariamente tributo. Es momento, pues, para decir basta a los poderes instituidos sobre los que se funda, los mecanismos ideológicos con los que nos persuade, las desigualdades y opresiones que nos induce a reproducir, el sesgo burgués, patriarcal, heterocisnormativo, racista, colonialista, etc., en el que se dispone subjetivarnos, y la connivencia con la dominación capitalista a la que conlleva.

En la coyuntura actual es indispensable contribuir a producir colectivamente una red alternativa de composición entre trabajadorxs. Un movimiento que supere los obstáculos que el psicoanálisis dominante introduce. Una política alternativa que haga frente a todo lo que el psicoanálisis hegemónico aporta para obstaculizar las posibilidades de movilizar una implicación política decidida y radical, de nuestra parte, trabajadorxs psicoanalistas, con las necesidades de los sectores populares y trabajadorxs en su conjunto. Un movimiento auto-organizado capaz de hacer frente a los esfuerzos que el millerianismo dispensa tras las bambalinas de una supuesta sofisticación teórica (que lejos está de ser tal), para obturar el ejercicio deliberado de la solidaridad de clase por parte de lxs psicoanalistas practicantes (por solidaridad de clase nos referimos, entre otras cosas, a una implicación deliberada en “lo social” que logre superar las formas capitalistas de la beneficencia, la caridad y/o la filantropía). Pero, como decíamos en el apartado anterior, existen obstáculos efectivos entre el estado actual del campo y la posibilidad de la mayoría de autopercibirse trabajadorxs, aunque lo seamos de hecho. Hay, sin embargo, antecedentes que nos ayudan a continuar un camino que no se inicia hoy.

III.

De nuestros antecedentes

No quisiéramos dejar de mencionar las tradiciones que nos preexisten y los antecedes de la iniciativa que ahora mismo estamos dinamizando. Lxs trabajadorxs psicoanalistas y militantes nucleados en el grupo Plataforma. Particularmente en la Argentina de la “democracia castrada” por la dictadura cívico-militar, al decir del filósofo León Rozitchner, destacamos a lxs psicoanalistas, intelectuales y militantes de izquierda reunidos en torno a la publicación Lo grupal que se dispusieron a renovar los términos desde los cuales relanzar el vínculo entre la práctica del psicoanálisis y la transformación radical de la sociedad. La Editorial y Revista Topia que ha logrado mantener vivo el legado histórico del psicoanálisis comprometido con la revolución social. La militancia de Ático. Cooperativa de Trabajo en Salud Mental, que ha sostenido la referencia en la institución de formas de asociación de prefiguración comunista (no liberales) entre trabajadorxs psicoanalistas. Y por último, expresamos nuestras afinidades con aquellos trabajadorxs psicoanalistas que se auto-perciben como “lacanianxs” que pese a la correlación de fuerzas desfavorables y los embates del movimiento político-institucional milleriano, no han claudicado en los intentos por señalar críticamente el carácter problemático involucrado en el establecimiento de su propia orientación como psicoanálisis hegemónico.

IV.

OSDE y sus “juegos del hambre”

Queremos solidarizarnos con el reclamo que realizaron algunxs trabajadorxs del “campo psi” días atrás respecto del pago de las sesiones virtuales por parte de las empresas de salud (puntualmente OSDE), ante la negativa de las mismas de continuar garantizando los tratamientos psicoterapéuticos a distancia. Lo importante del reclamo es sin dudas destacable y atendible, no obstante el hecho de haber sido planteado en términos altruistas (“por los pacientes”), escotomizándose con esto a lxs trabajadorxs psicoanalistas del drama social histórico que esta crisis conlleva. Decíamos que nos solidarizábamos con su reclamo, incluso cuando consideramos necesario recordar que en nuestro país lxs trabajadorxs psicoanalistas, en términos generales, hemos optado desde “el retorno de la democracia” por formas de auto-organización liberales carentes de la más mínima consideración clasista , de resistencia y de orgánica sindical; o en su defecto, hemos optado por delegar/degradar las luchas por nuestras condiciones laborales a diferentes entidades que nos “representan” en tanto que psicólogos, sin saber (al menos la mayoría de lxs psicoanalistas) en qué medida nos representan, cómo lo hacen y cuáles serían las reivindicaciones gremiales específicas de nuestro sector.

A pesar de tener los límites de un campo profesionalizado en términos liberales, el reclamo pone en evidencia la condición de trabajadorxs de lxs psicoanalistas. Es decir, pone de relieve que “el análisis”, “la terapia” o la denominación que se adopte, designa una actividad productiva, una relación social: el trabajo del analista. El reclamo en torno a OSDE, puso en evidencia que lxs psicoanalistas, en muchísimos “casos singulares”, somos trabajadorxs del precariado. Trabajadorxs precarizados. Proletarias y proletarios que vivimos de nuestro trabajo, con desigualdades y privilegios según relaciones de género, etnia, “origen social”, nacionalidad, etc. Pero pertenecientes a la clase explotada. Estas cuestiones que podrían resultar verdades de Perogrullo en otros lados, encuentran en nuestro gremio persistentes obstáculos y resistencias -que aquí intentaremos ubicar-, resultando, como mencionamos, poco habitual que nos auto-percibamos trabajadorxs.

Entre estxs trabajadorxs precarizadxs, quienes se han inscripto como prestadorxs de OSDE ocupan un lugar en la cima de la pirámide: AT, integraciones, Obras Sociales, Pre-pagas, tercerizadoras de salud, Centros de Día, Clínicas Privadas, y otras instituciones precarizadoras que nos tocan a la mayoría. De más está decir que estamos de acuerdo con el reclamo gremial, con la imprescindible exigencia de mejores condiciones labores. Apoyamos cualquier reivindicación que tenga por objetivo redistribuir la ganancia burguesa. Pero la pregunta que nos hacemos es: ¿ahí se agota nuestra iniciativa política? Nosotros, en cambio, consideramos necesario también generar las condiciones colectivas, políticas, sociales, ideológicas y subjetivas para dinamizar luchas por el reconocimiento del valor de nuestra fuerza de trabajo. Luchas por la redistribución de la plusvalía parasitaria de los organismos de salud privatizantes arriba señalados. Luchas, incluso, por la representación política democrática y la organización sectorial propia, afianzadas estas en una autopercepción consciente de nuestra condición de clase.

Mucho tiempo nos adoctrinaron para auto-organizarnos de manera liberal. Mucha ideología burguesa pasada por “abstinencia a-política” y “neutralidad” del/x analista”. Muchos años, en el mejor de los casos, bajo la égida jurisprudencial del ejercicio de la psicología (cuando incluso esa disciplina no nos representa). Mucho tiempo involucrados en un necesario y bienvenido combate contra las “pastillas de la felicidad” y sus terapias afines, pero redundando por lo general en un autocomplaciente corporativismo sin ningún tipo de proyección política. Ante esto, y tomando en consideración los reclamos que realizaron algunos compañerxs psicoanalistas respecto a OSDE, ¿seguiremos jugando “los juegos del hambre” que nos proponen las prepagas y obras sociales, e incluso por momentos el Estado? ¿Hasta cuándo con el “sálvese quien pueda”, el “fíjate qué contacto movés” para aterrizar en una prepaga “copada” o en el Estado”? ¿Hasta cuándo? De una buena vez por todas, ¿dejaremos la inercia liberal de la profesión, para auto-organizarnos en tanto trabajadores y trabajadoras y reconocernos precarizados en nuestra gran mayoría? ¿Podremos representarnos de forma clasista, feminista, combativa y autogestiva? ¿No será acaso el momento para componer colectivamente una Red Alternativa de Psicoanalistas? ¿Un movimiento democrático y contra-hegemónico de trabajadorxs del psicoanálisis? ¿Es la tarea del actual periodo histórico avanzar en un “sindicalismo de base” que articule al conjunto de lxs laburantes y reivindicaciones? ¿Sindicalizar redes de “derivación” desde abajo para sortear la mediación comercial de las prepagas y otras empresas que lucran alevosamente con nuestro trabajo de psicoanalistas y con las necesidades populares en general? Reclamos sin organización política y composición colectiva son incitativas tendencialmente ineficaces en sus posibilidades de materialización transformadora.

V.

Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad [y la objetividad] de su época”

Tal como se encuentra configurado nuestro campo en la actualidad, nos preguntamos: ¿qué tiene para aportar, ya no “El Psicoanálisis”, sino el trabajo que realizamos como psicoanalistas practicantes (lo que se suele decir: “nuestra práctica”), para superar conjuntamente en un sentido emancipador la crisis y el drama social pandémico que nos toca atravesar, como siempre, de manera desigual por razones de clase, género, raciales, heterocisnormativas, capacitistas, etc.? ¿Cuáles son los desafíos prácticos y debates teórico-políticos a los que “nos convoca” la actual coyuntura?

VI.

No busco, encuentro”.

El jueves 26 de Marzo del corriente año, nos encontramos que Página 12 publicó un artículo titulado “El análisis en tiempos de cuarentena. Debate sobre las terapias vía internet”, en donde se entrevista a lxs psicoanalistas Silvia Ons, Osvaldo Delgado y Gabriel Lombardi. El artículo es una pieza de referencia ineludible para estos tiempos; antológica. Nada parecería indicar que se pueda encontrar por estos días algo mejor en materia de un posible analizador del conjunto de disociaciones, denegaciones y límites (objetivos y subjetivos) que configuran nuestro campo. En efecto, el artículo expone de manera condesada varios de los presupuestos implícitos que hacen a la orientación hegemónica de la práctica psicoanalítica que llevan adelante y enseñan los sectores dominantes de nuestro campo. Nos referimos a esos sectores que la lucidez crítica que un Oscar Masotta supo llamar “gigantes del sillón”. Y en cuyo persistente trabajo de “transmisión” y divulgación de la doctrina, y su reverso inconfesado: el de gestores locales de las empresas Multinacionales de Psicoanálisis (AMP u otras, lo mismo da), estriba en gran medida nuestras posibilidades y condiciones de incorporación en el “campo psi” y concomitantemente la imposibilidad que por momentos encontramos lxs trabajadorxs practicantes del psicoanálisis, una vez dentro, para hacer converger nuestro trabajo con las necesidades que atraviesan al conjunto de la clase trabajadora y sectores populares. Es necesario decirlo, una clase y sectores sociales a los que, al menos en nuestro país, pertenecemos objetivamente las más de las vecen lxs practicantes del psicoanálisis, en tanto que estamos instados como todo proletario y proletaria a vender nuestra fuerza de trabajo para sobrevivir y reproducirnos. Ya sea como cuentapropistas precarizadxs y/o precariado de lxs prepagas, obras sociales y el Estado; o como trabajadorxs asalariadxs en diferentes instituciones de asistencia estatal, movimientos populares, etc.

Es importante destacar que en el señalamiento que realizamos no se trata de poner de manifiesto una “cuestión personal” relativa, valga la redundancia, a las personas entrevistadas. Para que quede claro el punto, nos vamos a valer de una reformulación para la ocasión del título de una película argentina: “No sos vos, gigante del sillón. Son los compromisos teóricos, ideológicos, institucionales, comerciales y políticos, clasistas, patriarcales, heterocisnormativos, racistas, colonialistas, etc., del psicoanálisis hegemónico en el que nos adoctrinan en nuestro país”. En ese sentido, si es que decidimos atender a las declaraciones públicas antológicas que nos ofrecieron algunxs de lxs “gigantes del sillón” que ocupan lugares de poder en la gestión local de las empresas Multinacionales del psicoanálisis, es porque justamente el Saber se legitima en el Poder. Es por este motivo que las palabras de la conducción nacional y cuadros medios de “El Psicoanálisis” resultan un índice de “verdad” ineludible para escrutar la realidad ideológica del bloque hegemónico de nuestro campo y las determinaciones confesadas e inconfesadas que lo rigen. Precisamente, en tanto que estos “encumbradxs psicoanalistas”, ofician como referencia del micro-mundo de lxs practicantes psi en el que nos formamos y trabajamos; referencia tanto a nivel asistencial y formativo, teniendo a su vez, debido a su cargo como funcionarixs de alguna Multinacional psi, la propiedad privada (y pública, en muchos casos) de los medios de producción, distribución y circulación de la literatura de divulgación de la orientación dominante de la “doctrina lacaniana” (función de reclutamiento, adoctrinamiento y captura de potenciales consumidores; formadores “de opinión psi” y agentes de subjetivación).

VII.

¿Potencias y límites de “lo virtual”?

Es sabido que, en la coyuntura actual, las diversas prácticas de atención y cuidado de la salud mental que tienen lugar en nuestro país se han visto fuertemente alteradas en sus modalidades convencionales de realización. Sobre el fondo de las complicaciones e insuficiencias de un Sistema Público de Salud que ha suspendido sus tratamientos ambulatorios en Salud Mental, se agrega el cierre de diferentes instituciones privadas asistenciales con fines de lucro y la imposibilidad de concertar sesiones presenciales en el consultorio privado. En este marco, una de las respuestas corporativas que se elaboraron ha sido producir de manera masiva diferentes iniciativas tendientes a aggiornar las prácticas de “atención psi” a través de la utilización de medios digitales online (principalmente, las video llamadas). Nos interesa entonces demorarnos en esa respuesta, de la que también al parecer participan lxs “gigantes” entrevistados por Página 12. Y respecto de la cual, tal como el título del artículo sugiere, son convocados para hablar. Pues de hecho parecería más bien que esa convocatoria se justificaría no en mucho más que en el ejercicio de la función de policía o de guardianes de las directrices de la casa matriz, esto es: son convocadxs para legitimar/deslegitimar una tal respuesta de lxs trabajadorxs practicantes del psicoanálisis.

Antes de proseguir, unas preguntas a modo de pequeña digresión. Lxs tres “gigantes del sillón” son entrevistados en virtud de explayarse respecto al vínculo “psicoanális, cuarentena y terapia virtual”. ¿Para eso somos convocados a hablar lxs psicoanalistas en el contexto actual? ¿Ese sería nuestro “métier”? ¿Sobre eso aceptan o consienten hablar lxs “gigantes del sillón”? En el contexto actual, ¿ese es el desafío práctico y el debate teórico-político que se le presenta al psicoanálisis?

En este punto entramos en una especie de contradicción. Y la compartimos. Por momentos pensamos que sería conveniente que lxs “gigantes del sillón” dejen de hablar en nombre de “El Psicoanálisis” y nos subleva que lo sigan haciendo; las cosas que dicen en nombre del trabajo que hacemos lxs psicoanalistas (“El Psicoanálisis esto…”; “El Psicoanálisis aquello otro…”). Pero a veces, también, a decir verdad, disfrutamos bastante de que lo sigan haciendo “libremente”, para escucharlos atentamente, sacar las consecuencias de lo políticamente dicho en su decir y agudizar nuestros métodos de confrontación contra el psicoanálisis dominante; e incluso, por momentos nos da placer escucharlos porque nos causan risa las cosas “capusottescas” que llegan a decir, en su apelar continuo a esa mezcla inconfundible entre Poder, arrogancia, ignorancia y semblantes de Saber (¿feroz ignorancia del Amo?).

Compartido ese detalle, ahora sí, a continuación pasemos revista sucintamente a algunas de las disociaciones, denegaciones y límites que se patentizan en la entrevista. Prestaremos especial atención a dos pasajes de la misma, cuyos efectos de significancia, o si se prefiere de sentido ideológico y privilegios de clase, género y etnia, van realmente a contrapelo de la auto-complaciente percepción “crítica”, “subversiva” e incluso “anticapitalista” que suelen darle lxs “gigantes” a sus quehaceres. Y a partir de lo cual, podría comenzar a tornarse evidente el por qué del “desencuentro” entre la realidad y las necesidades del conjunto de lxs sectores populares y trabajadorxs, y los desafíos y problemas del psicoanálisis en los que buscan adoctrinarnos de manera dominante a lxs trabajadorxs psicoanalistas. ¿Qué se puede escuchar en la entrevista?

1.

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a) Disociación: entre la posición en el socius de “lxs gigantes del sillón” y la de lxs trabajadorxs psicoanalistas practicantes.

b) Denegación: que los primeros forman parte de la burguesía psicoanalítica local, de la dirigencia y/o gestión dominante de las Multinacionales del Psicoanálisis (patronal), siendo que los segundos somos trabajadorxs psicoanalistas, con otros intereses antagónicos en función de la clase a la cual pertenecemos. Cuando los primeros hablan en nombre de “El Psicoanálisis” no hacen sino reproducir una determinada correlación de fuerzas, a partir de lo cual presentan sus intereses y realidades particulares como los de todxs lxs psicoanalistas. ¿Cuál es esa realidad desde la que hablan como si fuera la nuestra sin serlo? Por caso, una realidad que objetivamente es para nada representativa de la del conjunto de lxs trabajadorxs psicoanalistas de la Argentina. Es decir, la realidad de los dirigentes y cuadros medios locales del freudolacanismo internacional. Una realidad que no es la nuestra. Definitivamente: su realidad no es la nuestra. Las bases trabajadorxs del psicoanálisis no gozamos de una condición social, económica y cultural de privilegio por el hecho de integrar la casta dirigencial de la filial local de alguna de la Empresas Multinacionales del Movimiento Internacional del Psicoanálisis (sea de la AMP o de las otras “que no es lo mismo pero es igual”); no gozamos de los privilegios que dispensa en nuestro campo el hacerse como botín de tales empresas, de alguna instancia de poder en el Sistema Público de Educación y/o de Salud (aunque tampoco quisiéramos ese modo de “goce”). Por si caben dudas del “real” de nuestra afirmación, se podría sin entrar en detalles remitir la imaginación a “la cuestión de los honorarios”. No nos referimos particularmente a los honorarios que cobran lxs gigantes entrevistados, sino más bien a una especie de media conjeturalmente calculable por información que circula de otrxs dirigentes y cuadros medios locales de las Multinacionales de lo inconsciente. A partir de las cuales se torna evidente que su tarifa diferencia: tan solo podría ser pagada por algún CEO de otra empresa Multinacional o Nacional (o pariente de); o por algún otrx “gigante del Sillón” en una jerarquía inmediatamente inferior, pero jamás podría ser asumida por los sectores populares y trabajadorxs entre los que cabe apuntar a la gran parte de lxs trabajadorxs psicoanalistas.

c) Corolario: Es paradigmático de la denegación y disociación que mencionamos recientemente, cuando en la entrevista a Página 12 unx de lxs “gigantes” se refiere, ¡en este contexto!, al “psicoanálisis for export”. Aludiendo, a la postre, ya trabajar mucho de manera virtual desde antes de la pandemia, en virtud de satisfacer la demanda del turismo psi. En este caso se refiere, palabras más o menos, a aquellxs que buscan de la Argentina “un buen psicoanálisis”, así como otrxs turistas buscan en estas tierras el buen vino, el buen fútbol (Hay que hacer la equivalencia: buen vino=buen futbol=buen psicoanálisis, en este contexto, ¿no? Lxs “gigantes” están en otra, evidentemente.)

d) Límite: la incorporación/“introyección” por parte de lxs trabajadorxs psicoanalistas de una realidad con intereses antagónicos a los nuestros objetivamente, por el lugar que ocupamos en el socius. Lxs intereses de los “gigantes del sillón” (la patronal) son antagónicos a los del conjunto de los trabajadorxs psicoanalistas, aunque los incorporemos como propios. La reproducción de este límite estriba en el hecho según el cual contribuimos, día a día, a orientar y organizar nuestro trabajo como psicoanalistas en un sentido que no nos conviene en términos personales, siendo antagónico con la clase y sector social al que pertenecemos.

e) Resistencias: En los 60 y 70 percibir esa diferencia ideológica y ese antagonismo irreconciliable entre clases sociales terminó, entre otras cosas, en la famosa ruptura con la APA de un número de psicoanalistas comprometidos con la transformación radical de la sociedad. Hoy en día, esas diferencias están dando lugar a heterogéneas experiencias y prácticas instituyentes por abajo que, al calor de las luchas feministas y de la diversidad sexual, comienzan a desestabilizar la inestable correlación de fuerzas del campo psicoanalítico post-dictatorial como resultado de la derrota de los proyectos revolucionarios de los setenta y la ofensiva neoliberal militarmente instaurada.

2.

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a) Disociación: entre el quehacer de lxs trabajadorxs psicoanalistas practicantes y su condición objetiva como pertenecientes al conjunto de la clase trabajadora.

b) Denegación: en el contexto actual, la necesidad de continuar tratamientos privados a distancia también responde a que lxs practicantes somos, en primer lugar, trabajadorxs. Es decir, necesitamos continuar vendiendo nuestra fuerza de trabajo para vivir.

c) Corolario: En lugar de referir las mediaciones tecnológicas de la práctica a nuestra necesidad objetiva de clase, es decir al hecho de que es necesario que continuemos vendiendo nuestra fuerza de trabajo para vivir, los dirigentes de El Psicoanálisis deniegan esa determinación objetiva y la suplantan por “razones” que gozan de todas las inconsistencias y fetichismos que porta la orientación dominante del psicoanálisis. En lugar de poner “en escena” la necesidad de reproducir la vida, se aducen razones teóricas, metodológicas y técnicas sumamente inverosímiles: 1) las razones estrictamente teóricas que suelen esgrimir lxs gigantes, sobre todo referidas a problemas de la metafísica de la presencia muy torpemente considerados; 2) razones técnicas referidas al problema de la “presencia del analista” que, en la versión que promueven lxs gigantes, es tributaria de un empirismo de lo más ingenuo en materia epistémica; 3) las razones teórico-políticas que dan en relación a un supuesto “real” inconmensurable, en la línea de “lo real del virus, o el virus real” que pone en un “estado de excepción” a las consideraciones del psicoanálisis. En esta última “razón” es que pretenden sortear la incoherencia de los planteos teóricos hegemónicos que sostienen la dominancia del freudolacanismo desde hace tiempo (el cuerpo 3D, la carne de lo real, la sustancia real del cuerpo y otros postulados absurdos “importados” desde los planteos de Jacques Allen Miller, el propietario de hecho de la obra de J. Lacan).

c) Límite: nuestra dificultad, la de lxs trabajadorxs psicoanalistas, de auto-percibirnos en función de la posición objetiva que ocupamos en el socius, al incorporar como verosímiles y metabolizar como propias las razones supuestamente teóricas, metodológicas y técnicas de lxs “gigantes del sillón”, introyectando con esto la realidad y lxs intereses de la clase dominante en el campo psi. Esto conlleva asimismo los siguientes obstáculos: 1) dificultad en lxs trabajadorxs psicoanalistas para participar de cualquiera forma deliberada de solidaridad de clase, la cual en última instancia iría en beneficio de nuestros propios intereses según la posición ocupada en el socius; 2) dificultad para identificarse con formas de asociación que no sean la de la clase dominante (asociación de profesionales liberales y su “sálvese quien y como pueda”)

VIII.

Ante todo lo suscitado en el campo psicoanalítico durante estos días de aislamiento, ¿cómo no imaginar un encuentro de trabajadorxs psicoanalistas lo más amplio posible para el día después de “la cuarentena”? ¿Cómo no sentir la tentación de convocar a una Asamblea de trabajadorxs del psicoanálisis, para los primeros momentos de cuando podamos volver a encontrarnos y reunirnos presencialmente, sin que ello implique renunciar a una política del cuidado? Una Asamblea que permita cartografiar los malestares que nos suscita el estado actual de nuestro campo. Una Asamblea en la cual socializar las violencias institucionales, desigualdades y relaciones de poder en las cuales estamos involucradxs a diario pero también nuestras prácticas creativas de resistencia. Una Asamblea que elabore como respuesta la necesaria producción colectiva de herramientas democráticas de organización de nuestro trabajo como psicoanalistas.

Si la gran mayoría de lxs psicoanalistas en nuestro país (en parte, debido a la “transmisión” que imparten lxs “gigantes del sillón”) insisten, salvo al momento de acceder a algún cargo y/o trabajo en particular y denegando desde el vamos los posibles efectos inconscientes de esa concesión a nivel de la práctica, en que no son psicólogxs y que tampoco hacen psicología: ¿por qué no, coherencia mediante, elaborar colectivamente una herramienta representativa de organización que atienda a la auto-percepción que tenemos del trabajo que hacemos (trabajo de análisis)? ¿No será momento de elaborar colectivamente una red alternativa de composición de trabajadorxs psicoanalistas tendiente a producir solidaridad, cooperación y auto-organización de clase, dinamizando las luchas por las reivindicaciones, renovaciones teórico-prácticas y reconocimientos que entendemos necesarias? No podemos seguir orientándonos en función de los intereses de la pequeña burguesía psicoanalítica. En la experiencia histórica de los 60 y 70 en nuestro país, tenemos un antecedente, una posible referencia para asumir la tarea de volver a filiar el trabajo de lxs practicantes del psicoanálisis con los intereses de lxs sectores populares y la clase trabajadora. Es decir, con nuestros propios intereses, los cuales no pueden ser reconocidos y percibidos sin que medie el logro de reconocernos como laburantes. Necesitamos componer experiencias de resistencia en nuestro campo dinamizadas por la auto-organización.

XIX.

Todo psicoanálisis es político.

¡”Gigantes del sillón”: su realidad no es la nuestra!

Ya lo hemos dicho, en otra oportunidad, junto a otrxs compañerxs psicoanalistas: ¡SU CAUSA NO ES LA NUESTRA!

Por un Frente Único contra El psicoanálisis hegemónico y dominante.

Por una red alternativa de prácticas contra-hegemónicas en psicoanálisis.

Por un movimiento organizado de trabajadorxs practicantes del psicoanálisis, que reconozca a los practicantes precarizadxs pertenecientes a la clase proletaria.

Y para cuando no haya aislamiento social… ¡¡¡Asamblea presencial de trabajadorxs del campo psicoanalítico!!!

¡Trabajadorxs psicoanalistas del mundo, uníos!

**Si te interesa sumarte al armado de una red alternativa por un movimiento de trabajadorxs psicoanalistas, o recibir más información de la iniciativa, podés contactarse a trabajadorxspsicoanalistas@gmail.com

MAPPA (Máquina de Agitación Política del Psicoanálisis Anticapitalista)

Departamento de Salud Mental y Análisis Militante

Cátedra Abierta Félix Guattari

Universidad de lxs Trabajadorxs-IMPA/MNER

 

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