Villa 31 pandemia y memoria

“…encontramos en América latina

-incluso en nuestro país- una situación de violencia

institucionalizada. Es la violencia del hambre. […]

 Tenemos mucho miedo a la violencia por una actitud individualista.

pero no nos escandalizamos de que todos los días en las villas miserias o en el

interior del país mueran niños famélicos porque sus padres

ganan sueldos de archimiseria… “

Con el correr de los días, el centro de la pandemia, como era previsible, se fue trasladando desde las zonas de clase media y alta de la ciudad, donde moran los turistas que llegaron contagiados del exterior, hacia los territorios y espacios donde habitan los sectores más vulnerables. Las villas y asentamientos populares, al igual que los geriátricos pasaron a ser dramáticamente parte principal de las estadísticas de la pandemia.

Decíamos cuando llegó la pandemia en nuestro país “Es en nuestras ciudades, donde se registran altos índices de segregación social y fragmentación espacial, donde el abismo que separa el acceso a recursos y por ende a las diferentes calidades de hábitats se explicita abrumadoramente. En América latina, más de 100 millones de personas viven en asentamientos precarios, con déficits gravísimos de servicios y condiciones de habitabilidad agobiantes. La ayuda y contención deben concentrarse en el territorio más precario, el históricamente carenciado y desatendido por gobiernos indiferentes ante la miseria de los nadies, los más vulnerables a la pandemia y a otras patologías que los afectan y cuyas víctimas nunca figuran en los titulares. En nuestro país son 4 millones de personas que moran en 3.800 barrios y asentamientos, la mayoría se hallan en el Área Metropolitana de Buenos Aires, la megalópolis cuyo desbordado tamaño y densidad es el principal foco de atención. No alcanza con la consigna cuidate, quedate en casa, algo incómodo pero tolerable para quienes están dentro de las capas más favorecidas, los/as más castigados por el capitalismo salvaje necesitan de toda la solidaridad posible y más”.

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Es este universo siempre ocultado por ser la cara indeseable de la urbe exitosa, el eufemísticamente llamado territorio informal, que, en la CABA, la ciudad más rica del país, concentra a 300.000 personas en un hábitat precarizado donde hablar de salud no es solo medicina, debe ser servicios, nutrición y vivienda digna. Allí al día de hoy ya hay más de 600 contagiados, con el 10 % de población tienen el 30% de los casos de la ciudad. Se desconoce la situación detallada de las 1.250 villas y asentamientos del conurbano bonaerense donde se localiza el 55% de los pobres. Un mundo que por encima de los diferentes maquillajes que realizaron por décadas los sucesivos gobiernos sigue siendo la cara más cruel de la producción socio-espacial del capitalismo.

La villa 31 de Retiro, el barrio Padre Mujica y la 11-14 de Flores, Barrio Ricciardelli, por su tamaño y cantidad de habitantes concentran el mayor número de contagiados. En el caso de la 31 la situación se ve agravada por la falta de suministro de agua, que vuelve kafkiano la persistente consigna de lavarse las manos con agua y jabón.

Fue en este el barrio que surgió en los 40 y que lleva su nombre, donde desde los 60 desarrollo su principal actividad social y pastoral Carlos Mujica. Cura, peronista, tercermundista y villero, tal como él mismo se definía, quien se transformó en muy poco tiempo en una figura clave en la villa, una personalidad no exenta de contradicciones, que se destacó por su lucha junto a los villeros, que lo transformó en referente de protestas y reclamos por derechos vulnerados.

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Enfrentó a la dictadura de Onganía, su escalada de violencia y la política de erradicación, reclamando la concesión de los terrenos a los vecinos, con quienes además impulsaba demandas de mejores condiciones del hábitat y vivienda, junto a su lucha por cambios estructurales. Es muy relevante la incidencia del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo y la Teología de la Liberación en su pensamiento. Este movimiento que fue perseguido y atacado por el Józef Wojtyła desde su nombramiento como Papa en 1978 junto a quien fue su sucesor, Joseph Ratzinger, en ese momento el titular Congregación para la Doctrina de la Fe. Entre sus perseguidos estuvieron el teólogo de la liberación el brasilero Leonardo Boff y el poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal.

El 11 de mayo de 1974, después de las 8 de la noche, Mujica fue emboscado cuando se disponía a subir a su auto Renault 4 azul estacionado en la puerta de la iglesia de San Francisco Solano de la calle Zelada 4771 en el barrio porteño de Villa Luro donde acababa de celebrar misa. Mujica estaba acompañado de su amigo Ricardo Rubens Capelli. Fueron atacados con armas de fuego por varios hombres pertenecientes a la Triple A, Alianza Anticomunista Argentina, la creación de López Rega, ministro de quien aún era presidente Juan Domingo Perón. Ambos fueron trasladados al hospital Juan F. Salaberry, donde fueron operados por el doctor Marcelo Larcade quien declaro “había una banda de mafiosos de uniforme y de civil adentro del quirófano que lo único que buscaba era la certificación de la muerte de Mujica” Capelli fue trasladado al Rawson donde recibió la visita de Jorge Conti, yerno de José López Rega, acto que Capelli tomó como una amenaza de muerte. A partir de ese momento Capelli fue perseguido, amenazado e incluso mantenido como detenido-desaparecido en 1978

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Silvio Schachter , 11 de mayo 2020

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