La Educación en tiempos de AISLAMIENTO

Se suspendieron las clases, hay que mandar tareas para que lxs chicxs hagan en casa, intentá comunicarte con las familias por mail, no, por teléfono, no, usemos el blog… Tienen que venir a buscar la vianda, avisales.

Sólo a lxs que tienen beca, no, a todxs. ¿Ya te comunicaste? Van a mandar cuadernillos, pero sólo para algunxs, fijate qué se puede hacer con el resto. ¿Te mandan algo para corregir? Deciles. ¿Sabés quiénes tienen computadora? Tenemos que pensar qué hacemos con la mitad que no tiene conexión ¿Imprimimos los cuadernillos? No hay con qué. El bolsón de comida es insuficiente. Hay que llenar los formularios de devoluciones, no se olviden de las derivaciones al EOE…”

En este texto nos proponemos reflexionar sobre la educación y la pedagogía en tiempos de una pandemia mundial sin antecedentes. Intentamos sistematizar qué pensamos acerca de cómo la escuela está interviniendo en este escenario complejo.

La suspensión de clases presenciales puso sobre el tapete diversas expectativas sobre qué debe hacer la escuela. Las redes sociales y los medios de comunicación habilitaron múltiples exigencias sobre el lugar de la educación en contexto de cuarentena.

Las siguientes líneas, en cambio, las escribimos docentes de carne y hueso. Maestrxs que, habitando distintos niveles del sistema educativo, buscamos aportar a la construcción de una voz propia, colectiva. Una voz que reconozca la labor que nos toca en estos días.

Nos detenemos a reflexionar sobre pedagogía, con cierto nudo en la garganta, preocupadxs ante la angustiante situación que están atravesando nuestrxs estudiantes y sus familias. Nos detenemos a reflexionar sobre pedagogía reconociendo impostergable la denuncia de los múltiples conflictos educativos que tienen a Larreta y a su Ministerio de Educación como responsables directos: la Ley de Emergencia educativa, la falta de vacantes en todos los niveles y la humillación a las familias en esas largas “colas” nocturnas, el ajuste y despidos en escuelas privadas, los cientxs de colegas imposibilitadxs de acceder a cargos por la falta de actos públicos, la precarización de docentes de Jornada Extendida, la paralelización de Programas en Socioeducativa, el negociado de los comedores escolares y la mentirosa “Canasta Nutritiva”. Y podríamos seguir.

La tarea docente en pandemia

Lxs docentes estamos trabajando muchísimo. Nuestra rutina de trabajo cambió rotundamente. Nos ocupamos de enviar tarea, pensar nuevas formas para estar conectadxs, respondemos consultas, nos filmamos, exploramos infinitas formas para llegar con intervenciones más precisas. Estamos dando lugar a valiosas propuestas didácticas: intercambios entre lectores en un grupo de whatsapp, desafíos matemáticos por Edmodo, videos y audios explicativos, y hasta actos escolares desde el hogar. Sin duda la docencia está explorando posibilidades dando lugar a un novedoso conocimiento didáctico, ensayando cuál es la mejor vía para que nuestrxs alumnxs puedan enfrentarse a consignas que les permitan pensar, crear, jugar y adentrarse en un mundo que trascienda las paredes de su hogar.

En ese titánico esfuerzo que venimos desenvolviendo, terminamos trabajando incluso más horas de las que pasábamos en la escuela. Sin contar ni con una política educativa clara que facilite nuestra labor, ni con una formación virtual específica previa, la docencia está haciendo “imposibles” para poder llegar a todxs nuestrxs alumnxs y que nadie quede relegadx. Esto implica, en muchas ocasiones, pasar demasiadas horas del día frente a una pantalla. El agobio de lxs docentes, la atomización por la cantidad de horas del trabajo remoto y la sobre-explotación a los Equipos Directivos, son consecuencias de políticas educativas no preparadas para enfrentar esta educación no presencial.

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Mucho se ha dicho sobre la manera en la que deberíamos estar trabajando desde nuestros hogares y lxs chicxs aprendiendo desde los suyos, pero poco se ha mencionado sobre la realidad concreta con la que nos encontramos. Lxs docentes estamos desarrollando múltiples tareas, pero sobre todo, hoy estamos siendo una contención social, convidando a nuestrxs estudiantes propuestas educativas interesantes mientras mantenemos a la par un vínculo fraterno con las familias. Familias que, aun con los obstáculos que generan la escasa conectividad a internet o la falta de dispositivos electrónicos en el hogar, intentan acompañar de la mejor forma posible las propuestas escolares. Familias que, como dijimos, se encuentran cada vez más ahogadas por la situación económica y la triste preocupación por llenar la olla y pagar el alquiler.

Pensar hoy qué proponerles a lxs pibxs, permitirse discusiones pedagógicas y didácticas entre colegas es discutir el derecho a la educación. Es la escuela y somos sus docentes quienes, pese a la incertidumbre y la angustia que genera la crisis sanitaria y económica, seguimos promoviendo una distribución lo más democrática posible del conocimiento. Los esfuerzos empeñados en garantizar actividades interesantes e innovadoras se caen por la borda cuando una familia nos dice que no tiene ni pc ni wifi, o que el vídeo le consume los pocos datos con los que cuenta en el celular. En este contexto de crisis y visibilización de las injusticias, recae sobre nuestras espaldas el peso de que ningún estudiante quede por fuera de la escuela. Los derechos de nuestrxs pibxs no son atendidos con políticas públicas a la altura del contexto. Es la docencia quien garantiza el acceso al aprendizaje.

El discurso oficial

En cuanto “medio” puede, el GCBA afirma que “estamos preparados para la “educación virtual” y que en esta cuarentena está ocurriendo una “educación a distancia”. Esto es sumamente cuestionable. Tanto la educación a distancia como la virtual necesitan un nivel de planificación, capacitación e inversión que el GCBA no ha hecho. En ese sentido, afirmar que “la escuela sigue enseñando y las clases siguen en la virtualidad” resulta engañoso en tanto construye un falso imaginario sobre la eficacia de sus políticas educativas y muestra un Ministerio de Educación supuestamente preparado para la educación digital. Esto esconde los innumerables conflictos que a diario enfrentamos lxs docentes en la virtualidad, degrada la potencialidad del acto pedagógico presencial y lo vuelve posible de ser suplido por estas “innovadoras modalidades”. Además, frente a esta educación devenida en virtual comienzan a circular discursos que nos proponen evaluar los aprendizajes. Nos preguntamos si es momento de evaluar. En tiempos en los que se potencian las desigualdades materiales y simbólicas, evaluar es profundizar la brecha entre quienes tuvieron los medios para acceder y quienes no. En estas condiciones, ¿podríamos asumir hoy que las propuestas que les enviamos a nuestrxs alumnxs son un contenido dado y, por tanto, acreditable? Creemos que estos discursos no hacen más que propiciar un clima de angustia y control. El nivel medio y el superior están muy atravesados por esta exigencia impuesta a las conducciones.

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Pensar en la acreditación o no de aprendizajes durante este período es reafirmar y agudizar la desigualdad. Como docentes creemos que, más que evaluar a nuestrxs estudiantes, es momento de evaluar las políticas de marketing del Gobierno de la Ciudad. La innovación tecnológica e inclusiva del Gobierno de la Ciudad demostró ser una gran farsa en esta pandemia. Hasta hoy el Ministerio de Educación continúa sin abrir la conexión a las familias para acceder a los espacios de intercambio y de trabajo necesarios para la tarea escolar, para hacer trámites básicos on-line, para lo recreativo. Recordamos que fue el Macrismo quien decretó el cierre del Programa “Conectar Igualdad” y el que dispuso que les niñes del primer ciclo de las escuelas primarias no puedan llevarse las computadoras a sus hogares.

Y entonces… ¿qué?

Hoy más que nunca vemos cómo la escuela refleja la sociedad y cómo la desigualdad social se traduce en desigualdad educativa. Son miles las familias que están quedando por fuera y pocas las políticas públicas pensadas para borrar esa brecha. La pandemia echó a las claras que vivimos en un sistema donde la desigualdad es la norma.

Vemos con muchísima angustia que la situación sanitaria y junto a ella la económica y social empeoran. La pobreza y el hambre aumentan y golpean la puerta de la escuela. En nuestra ciudad, distrito más rico del país, son largas las colas en la puerta de la escuela los días de entrega de las miserables viandas y los desnutridos bolsones. Frente al hambre de nuestrxs pibxs vemos cómo miles de docentes de todas las escuelas se organizan, mandan mensajes, arman redes y hasta se acercan a las escuelas para colaborar en la entrega de mercadería. Somos lxs docentes quienes bregamos por el derecho al pan y al conocimiento de los sectores populares. Somos quienes organizamos la entrega de comida, al tiempo que intentamos que un cuento, un juego matemático o una adivinanza abran un desafiante portal de alegría en el aislamiento. La escuela, claro blanco de ataque de las políticas educativas neoliberales y sus voceros mediáticos, se constituye como un centro social poderosísimo.

Como dijimos, esta cuarentena puso sobre el tapete cómo las desigualdades estructurales de la sociedad impactan en el proceso de enseñanza aprendizaje. En este sentido, creemos que se torna necesario aclarar que las desigualdades precedían a la pandemia y que ésta no hizo más que evidenciarlas. Las políticas educativas que el macrismo viene impulsando en CABA están inspiradas en un modelo educativo de privilegio para unxs pocxs. El Macrismo buscó instalar el vaciamiento de la escuela pública y la degradación de sus contenidos. Las escuelas públicas reciben cada vez menos presupuesto y recursos, al tiempo que se ataca nuestra capacitación y nuestras condiciones laborales. Desde allí instalan una normalidad que busca atacar los derechos de los sectores populares.

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La pandemia hizo tambalear una “normalidad” a la que algunxs querían y quieren acostumbrarnos. Saltó a las claras que es necesario transformar la forma en que vivimos, en que nos relacionamos, en que enseñamos. En educación, superar la pandemia no es “que la cuarentena termine y las clases se restituyan”. Superaremos la pandemia si, al retornar a las escuelas, conseguimos que la pregunta por el acceso a una educación justa e igualitaria se vuelva la ordenadora de todo el sistema educativo.

Estas discusiones no nos parecen menores y creemos que como docentes no podemos darlas en soledad. Aun con las limitaciones evidentes, necesitamos instancias de encuentro y organización en la virtualidad que nos permitan posicionar ideas educativas construidas en las escuelas, en sus grupos y redes sociales. Queremos que la sociedad conozca todo lo que hacemos y escuche nuestra voz. En ese sentido, necesitamos que nuestro sindicato asuma mayor protagonismo en estas discusiones pedagógicas, sea más consistente en la denuncia de los problemas que enfrentamos a diario y se ponga al servicio de las necesidades que preocupan a nuestras comunidades educativas. 

La escuela que viene

El enorme sacrificio y el empeño que miles de docentes estamos realizando para que ningún pibx quede afuera no termina acá. La cuarentena nos permitió poner sobre la mesa una normalidad injusta. Ahora se trata de seguir pensando esta realidad para transformarla. Queremos una educación que verdaderamente esté al servicio de todo el pueblo. Una educación que no culpabilice a la docencia por los problemas del sistema educativo sino que reconozca los esfuerzos que realizamos a diario para que nuestrxs estudiantes sean protagonistas críticxs de un mundo más justo y solidario. Esa es la normalidad que queremos construir. El anhelo de esa normalidad es el que tiempo atrás nos llevó a elegir este trabajo y el que día a día nos encuentra reeligiendo la educación como ámbito de transformación. Extrañamos la escuela, sus ruidos y colores. Queremos sentir el polvo de la tiza y escuchar el bullicio de sus patios. Sabemos que cada sala, cada aula, es una oportunidad que tienen miles de niñxs y jóvenes para embarcarse y explorar universos que lxs vuelvan más curiosxs. Más felices y mejores compañerxs. Extrañar la escuela nos permite dimensionar lo valioso de nuestro trabajo. Terminamos estas líneas con emoción, orgullosxs de optar nuevamente por la escuela como trinchera de construcción. En estos tiempos de angustia y tristeza, la escuela sigue iluminando, habilitando mundos más justos donde todo pueda ser tal como lo soñamos.  

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