Reforma jubilatoria, descuentos e imputaciones: Schiaretti contra la memoria del Cordobazo

Todos los dirigentes involucrados en la denominada “filosofía del participacionismo y del dialoguismo”, si fueron resultado auténtico de la expresión de las bases, las traicionaron para siempre. Y si no surgieron por la voluntad de los trabajadores, son los hijos del fraude, de la delación, de las impugnaciones falseadas, de las intervenciones, todo bajo el paternalismo o el amparo de los usufructuarios del poder estatal y patronal. Agustín Tosco,  22 de mayo de 1971, Revista “Extra”, Instituto de Detención U2. Villa Devoto.

Especial para Cotrahegemonía.

Este viernes 29 de mayo se cumple el 51 aniversario del Cordobazo, como diría el Gringo Tosco la expresión militante del más alto nivel cuantitativo y cualitativo de la toma de conciencia de un pueblo, en relación a que se encuentra oprimido y a que quiere liberarse para construir una vida mejor, porque sabe que puede vivirla y se lo impiden quienes especulan y se benefician con su postergación y su frustración de todos los días. Pero es otro el Gringo que gobierna la Córdoba de hoy. Es el Gringo antítesis, el Gringo caricatura, el Gringo de la delación, de las impugnaciones falseadas, de las intervenciones; usufructuario del poder estatal y patronal.

Aún resuenan las memorias y con ella los debates y disputas sobre la forma y el sentido del Cordobazo. Sin dudas la sociedad era otra: arriba el poder militar, brazo armado de todos los poderes, controlaba el Estado esta vez sin fronteras de tiempo ni objetivo concreto, planteándose reconfigurarlo todo desde el bastón y sin intermediarios. Abajo, las resistencias obreras de una sociedad en el pico histórico de su industrialización, no solo buscaba libertades o anhelaba el fin de la represión militar, sino que aquel pico económico (mediado sí por el paquete ajustador de Krieger Vasena) coincidiría en tiempo y espacio con el pico de su conciencia. Que el Cordobazo, y todos los “azos” que lo precedieron y sucedieron, pusieron freno a aquel tiempo sin tiempo propuesto por Onganía es bien sabido. Mas también de las entrañas de los barrios obreros y de las comisiones internas de las fábricas, de las discusiones y movilizaciones estudiantiles, de la acción barrial comunitaria, y de un sentido común general que hizo del Cordobazo una pueblada masiva y de apoyo heterogéneo, nacerían las concepciones más avanzadas del clasismo. Y con ellas los sueños más despiertos de un mundo donde el hombre no sea lobo del hombre, si no su compañero.

Y es que, como con los y las militantes que nos arrebataron en la última dictadura militar, cuando la administración del poder no puede ya mantener el estigma absurdo de volverlos demonios, lo que busca es neutralizarlos, quitar su componente peligroso, activo, vivo, de transformación, resinificarlo vaciando su contenido. Ni el Cordobazo ni la resistencia a la última dictadura militar fueron solo eso, resistencias, movimientos anti. Porque los objetivos eran ambiciosos, las ideas -disímiles y en debate- osadas y contundentes: las intenciones de transformación a una sociedad justa, socialista, de iguales, eran el núcleo desde el que se irradiaba toda acción de quienes accionaban.

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Hoy nadie puede negar el Cordobazo, pero además nadie puede ponerse en su contra sin pagar un precio alto a su figura. El macrismo habló así de Cordobazo para expresar su contundente triunfo en esta sociedad que es otra a la de aquel tiempo, pero no totalmente. Y así, en esta operación de vaciamiento de toda memoria y significante que cuestione el status quo, en los últimos años asistimos a romper botellas de inauguración con el nombre de Agustín Tosco en avenidas, rutas, edificios, a la colocación de bustos y homenajes, a sentidas palabras de papel en su honor y en el de nuestra gesta.

Y aparece entonces arriba del caballo desarticulador de memorias el otro Gringo, el Gringo gobernador, el Gringo también ex gobernador de una provincia sembrada de riqueza que lidera los ranking de pobreza, el Gringo de la fundación mediterránea cavallista, el Gringo interventor menemista en Santiago del Estero, el Gringo lobista de las automotrices, el Gringo exiliado en Brasil que rápidamente se reconvierte a CEO de Fiat, el Gringo que dicen que dijeron tal vez participó del Cordobazo como dirigente estudiantil de la Facultad de Ciencias Económicas, el Gringo caricatura, el Gringo falsedad. Este Gringo usó su Twitter el año pasado para recordarnos compungido: “Quiero rendir homenaje a los 50 años del Cordobazo. A aquella pueblada que hicimos los cordobeses, manifestando nuestro deseo de libertad, democracia y justicia social. Ese espíritu es lo que está presente en cada cordobés, 50 años después de aquella heroica gesta que protagonizáramos en nuestra ciudad.”

En nombre del Cordobazo y su memoria, con la inestimable ayuda del progresismo dirigencial que bajó su lista a último momento para no restar votos nacionales, centrado en la estrategia de no aparecer nunca ni dar discurso alguno, de ser pauta oficial en todos los medios de la provincia, con casi siete de cada diez votos cordobeses, y con mayoría absoluta en la legislatura; llegó el Gringo una vez más al sillón del Panal. Y allí no hizo más que ser él y apoyar cada medida de ajuste macrista en la fiesta neoliberal a la que fue invitado y asistió con gusto.

Pero el Gringo siempre pudo más. Con la aparición de la pandemia y el confinamiento, en un virtual Estado de Sitio (necesario quizás, es otro tema), Schiaretti logró superarse. En tándem con Martín Llaryora, intendente peronista de la ciudad de Córdoba tras la hegemonía radical, emprendieron una embestida sin tapujo contra la clase trabajadora cordobesa: descuentos salariales a los empleados municipales con las acostumbradas operaciones de prensa para legitimarlos, retrasos en el pago y descuentos a los choferes de la ciudad y de la provincia, terciarizaciones como estrategia de privatización encubierta, imputaciones a los sindicatos y trabajadores que protestaron –con medidas de distanciamiento social-, represión a los trabajadores y trabajadoras de plataformas de reparto, imputaciones y persecuciones a profesionales de la salud, hostigamiento policial y gatillo fácil en las barriadas populares, aval a los despidos del sector privado… y la lista está en plena elaboración. Schiaretti arremete contra todos aquellos que dice reivindicar en sus tiempos del Cordobazo.

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Más la frutilla del postre vendría con la nueva ley de jubilación. Haciendo evidente uso de la cuarentena, que había retrocedido a una “fase 4” de flexibilización, el Gringo gobernador ordenó volver a la fase 3 de aislamiento, envió un proyecto a la legislatura sin aviso ni tratamiento alguno, y la hizo “debatir” inmediatamente, de modo virtual, mientras los legisladores y legisladoras se enteraban por los medios en el desayuno. Llegando la tarde la provincia contaba ya con una ignominia más. Pocos días después, y sin que haya cambio alguno en la cantidad de contagios, se volvió a la fase 4 de la cuarentena. 

La nueva ley es quizás el ataque más profundo de una larga lista de recortes a las jubilaciones. Entre otras cosas cambia la fórmula de cálculo de los haberes al considerar solo el salario neto, que tiene como consecuencia -en la mayoría de los casos- un recorte del  6% en el cobro; eleva de 4 a 10 años el promedio salarial sobre el que se pagará la jubilación en un país inflacionario, elimina muchos de los ítems que componen el salario en el cálculo jubilatorio, y aplica una diferenciación de los aumentos jubilatorios de dos meses respecto de los activos. Todo ello en vistas de terminar un largo proceso de armonización con la caja nacional que desconoce que en nuestra provincia hemos aportado 18% de jubilación durante muchos años, 7 puntos más que ya nadie nos retribuirá. Desde el gobierno nacional Alberto Fernández, pocos días después de este avasallamiento podría decirse “al filo de la democracia”, mencionó tres veces a su amigo el Gringo en su conferencia de prensa, sin reparo alguno.

Pero Schiaretti no está solo, supo contar siempre con los otros usufructuarios del poder estatal y patronal. La mayoría de las conducciones gremiales locales apoyaron cada una de las medidas ajustadoras de Unión por Córdoba (alianza cordobesa del peronismo con la UCD) en las dos largas décadas de su gobierno, desoyendo tantas veces los rechazos a los “aumentos” salariales por debajo de la inflación. De hecho este mismo año y en esta misma pandemia, la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba, el gremio más grande de la provincia, homologó –con minúsculas modificaciones- un acuerdo salarial con Schiaretti que las asambleas habían rechazado aduciendo imposibilidad de consultar y apelando a la necesidad imperiosa de un aumento, por mínimo que éste sea. Decía el Gringo compañero, el Gringo Tosco:

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La burocracia sindical es el ejercicio de los cargos sindicales con el criterio de reducir todo el sindicalismo a la tarea de administrar desde posiciones del poder los beneficios sociales, de discutir los convenios colectivos de trabajo, del quedarse gobernando al movimiento obrero desde posiciones administrativas. Es decir, no asumir la lucha del movimiento obrero como factor de liberación nacional y social. Hay que distinguir entre aquellos que se quedan para repartir lo que hay en los sindicatos y los que luchan desde adentro del sindicato por las reivindicaciones inmediatas y, a su vez, levantan la lucha permanente por esas reivindicaciones nacionales, por esas otras reivindicaciones latinoamericanas que hacen al cambio fundamental en la lucha con los compañeros. Eso es ser representante sindical y no simplemente burócrata.
(Intervención durante el debate televisivo con José Rucci, 13 de febrero de 1973).

Mas esta vez Schiaretti y Llaryora parecen haber ido demasiado lejos, Córdoba es un polvorín. Las manifestaciones se multiplican: el paro de choferes se extendió por más de un mes, recién levantado provisoriamente hace pocos días. Una impactante caravana de médicos y trabajadoras de la salud sorprendió a la ciudad de Córdoba y a varias ciudades del interior este lunes. Desde Luz y Fuerza salieron a la calle y una veintena de ellos fueron imputados por el gobierno por violar la cuarentena, por lo que se declaró un paro de 24hs. Este jueves una movilización del SUOEM, gremio municipal, copó la Cañada con una inmensa columna que desafió imputaciones, recortes y policías. Y este viernes las maestras, docentes y trabajadores de la educación, en conjunto con otros sindicatos, realizan una enorme caravana en protesta por el recorte jubilatorio.

La pobreza en Córdoba es de las más alta del país, la policía, con el famoso escuadrón “CAP” creado por De La Sota, no deja derecho ni ley sin violar, el acatamiento de las medidas macristas pulverizaron los ya magros salarios, las imputaciones y persecuciones aumentan, y hoy, ante esta nueva avanzada en plena cuarentena que está haciendo actuar hasta a los sindicalistas más pro gubernamentales, la situación parece desbordarse. Así nos encuentran los 51 años del Cordobazo en esta otra Córdoba de hoy.

Con un ataque artero en plena pandemia, Schiaretti empujó los límites más allá de sus propias traiciones, nos acorraló en la necesidad de cuidarnos y de responder. Pero la memoria encuentra siempre sus recovecos de carne y hueso para mantenerse en pie, activa, con capacidad de incidir en las acciones. Las huellas del Cordobazo están allí en Ferreyra, en Barrio Clínicas, en Boulevard San Juan, en cada rincón de la ciudad; en los que quedan y en sus hijos e hijas. El contexto parece ser muy difícil, pero la victoria es una ínfima posibilidad que habita en la conjunción de la inventiva y la memoria, y esa esquina, aquí, se llama Cordobazo.  

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