El (otro) Estado presente

Especial para Contrahegemonía

Durante las últimas semanas se extendió la pandemia en lo que llamamos AMBA.

Hasta hace algunos días se hablaba de un virus… democrático, que ataca a todos por igual.

El contagio solo se volvía más grave para las personas de mayor edad, o con enfermedades previas.

Desde los primeros momentos nuestro trabajo puso en duda esta afirmación.

Fuera de las aulas, iniciamos una relación virtual con nuestras alumnas y alumnos.

Como todos sabemos, hubo dificultades para el trabajo, en particular,la comunicación con todes.

Surgieron imposibilidades: falta de conexión, falta de pc, lo que obligaba al uso del celular.  Las familias, a los pocos días, expresaron otro tipo de problemas, que ya no eran de carácter técnico.

Familias numerosas que mudaban sus hijos por diferentes razones; otras que pedían variadas ayudas, sanitarias, educativas, económicas.

Se multiplicaban las dificultades.

Pero el comienzo de la entrega personal de las bolsas de ayuda alimentaria, cambio nuestra mirada, profundizándola.

El encuentro cara a cara nos devolvió al contacto directo.

Les veíamos por primera vez sus caras. Escuchamos sus agradecimientos y algunas de sus necesidades más urgentes. Desocupación, precarización de los que conservaban sus empleos, hacinamiento, preocupación por los adultos mayores, violencia familiar; violencia institucional.

La realidad social que lleva décadas desintegrando, violentando a esas familias y su entorno, se volvió inocultable.

Durante las entregas, también se acercaron vecinos a las escuelas. No le sobra nada maestro…lo que tenga. Mujeres con chicos en brazos, adultos mayores…Hay hambre, cuesta sobrevivir.

Esta acumulación de experiencias, llevo a docentes y no docentes a debatir la situación, y así surgieron las primeras propuestas: colectas, pedir donaciones, comunicarse con más colegas, consultar sobre las necesidades más urgentes. Rápidamente se volvieron acciones, y para dar un solo ejemplo, una escuela secundaria en dos semanas reunieron $ 30000 y se organizaron los colegas que se ocuparían de los alimentos, etc.

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Todas las iniciativas llegaron hasta las reuniones formales con las autoridades.

En cada uno de estas, los grupos de trabajo docentes, dieron a conocer a las autoridades o a los coordinadores, las iniciativas iniciadas.

Hasta donde sabemos, estas fueron rechazadas. Nos resulta indispensable, enumerar algunos de los argumentos más comunes usados por les autoridades:

  • No nos corresponde, ese no es nuestro trabajo.
  • De eso se ocupa el Estado.
  • Es peligroso, pues no está ni en nuestro Estatuto ni en el Reglamento.
  • Consultaron a los Sindicatos?
  • No nos autoriza Supervisión.
  • Corremos el riesgo de repartir alimentos en mal estado.
  • No… ponen al descubierto las ayudas oficiales (sic).

No podemos dar cuenta si algunos grupos de colegas siguieron adelante, las comunicaciones son difíciles, y la mayoría trabaja muchas horas diarias frente a sus pc. Pero podemos afirmar, que la mayoría de las iniciativas se fueron diluyendo.

Hasta donde sabemos, las direcciones sindicales no se han pronunciado sobre el asunto públicamente.

Perdimos una oportunidad de ayudar a nuestros alumnos.

Perdimos la posibilidad de restablecer lazos extracurriculares con las familias de nuestros alumnos y alumnas.

Perdimos el acercamiento de los y las vecinos, vecinas. Integrar  a una escuela “viva” a sus barrios.

El hambre resultó ser una variable política más. Frente a la respuesta espontánea de

les docentes, se respondió con la lógica del interés… institucional.

No fuimos ni somos indiferentes al desborde de marginalidad y hambre, que castiga,

una vez más, a nuestras alumnas y alumnos, así como a sus familias. Chocamos

contra un sistema ciego y sordo, que se solo se ocupa de sí  mismo, levantó su fría

sombra, el otro Estado presente.

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