Carta abierta a la comunidad: Educación en tiempos de pandemia, una mirada desde abajo.

Andrea Barriga

(docente en IFDC – Río Negro)

Silvio Seoane

 (docente en CPEM N° 75 e ISFD N° 1 –Neuquén)

Ya llevamos más 60 días de confinamiento obligatorio a causa de la Pandemia que estamos viviendo a nivel global y las políticas que, en consecuencia, se han llevado adelante en el país. Consideramos que es tiempo suficiente para poder hacer un balance en lo que refiere específicamente a las políticas aplicadas en la educación, y es lo que proponemos en esta carta abierta. 

Hoy, tras meses de habernos sumido en una vorágine esquizofrénica por tratar de “llegar” a nuestras y nuestros estudiantes, creemos necesario sentar una posición política y pedagógica, como protagonistas y eslabones fundamentales del sistema educativo que somos. Porque, en definitiva, a quienes habitamos y sostenemos cotidianamente la escuela: ¿Alguien nos preguntó? ¿Es realmente la escuela una isla inmune al mundo en crisis? 

¿Podemos enseñar y aprender sin vernos la cara? ¿Sólo con darle clic a la pantalla o repartir cuadernillos de actividades podemos hablar de un derecho a la educación garantizado? 

¿Somos parte las, los y les docentes de la construcción de las políticas educativas o meros ejecutores de normativas? 

Nos negamos a seguir siendo meras y meros aplicadores de propuestas que se nos imponen desde lugares en los que no hemos participado. Nos negamos a aplicar las normativas que contradicen y violan la Ley de Educación Nacional 26.206 en numerosos artículos. Queremos recuperar el siempre negado protagonismo de las, los y les docentes como intelectuales, constructores de conocimiento, con márgenes de autonomía, que reflexionan y accionan colectiva, crítica y responsablemente en el desarrollo de propuestas situadas. Queremos que se comprenda de una vez que ser docente no es “dar contenido”, sino que implica mucho más que eso. 

Un poco de contexto 

La crisis mundial que estamos atravesando arrasa en todas direcciones. Hace ya más de tres meses que la Organización Mundial de la Salud declaró al Covid 19 como pandemia. Esto ha llevado a que muchos gobiernos tomaran medidas drásticas como ha sido la imposición del confinamiento obligatorio, con más o menos restricciones, en la mayoría de los países. En el caso de Argentina, las políticas fueron de las más radicales: el confinamiento obligatorio comenzó cuando aún no había circulación comunitaria del virus. 

Más allá de las discusiones que pueden generarse respecto a la mortandad del virus y a la eficacia o ineficacia de las políticas tomadas por diferentes estados[1], lo cierto es que nunca en la historia de la humanidad, una afectación de la salud ha sido tan televisada como esta pandemia. Día a día, en cualquier canal de televisión se contabilizan, como si estuviéramos en una guerra, los muertos e infectados de cada país. 

Otra cuestión indiscutible, ha sido la flaqueza de los sistemas de salud a nivel mundial, que han llevado al colapso de los mismos en especial en los países desarrollados. A esta altura podemos afirmar que estamos viviendo una crisis social, sanitaria, cultural y económica que está resintiendo fuertemente las ya precarias condiciones de vida de la gran mayoría de la población de todo el globo, en especial de las, los y les trabajadores[2], tanto formales como informales[3]. 

El futuro se nos aparece como algo borroso. Si esto llevará a un cambio radical de la humanidad o si no afectará demasiado al funcionamiento del mundo como venía siendo antes de esta pandemia, es algo que cuesta vislumbrar. Lo que sí es seguro, es que el confinamiento social, la imposibilidad de llevar adelante nuestras actividades cotidianas con 

normalidad, la imposibilidad de estar con nuestros afectos, es decir, la deshumanización que conlleva este confinamiento, sumado a que muchas personas, muchas familias se han quedado sin la posibilidad de tener un plato de comida por no poder trabajar, y sumado a la imposibilidad de circular libremente fuera de nuestros hogares, más allá si es o no en nombre de un bien supremo, ha afectado el estado psicológico y emocional de todas las personas que vivimos en este presente de la humanidad. Esto no podemos dejar de tenerlo en cuenta si no queremos ser parte de la deshumanización que en la actualidad está imperando. 

Situación de exclusión social de la educación a distancia en tiempos de pandemia 

En este complejo contexto, es que debemos profundizar el análisis en lo que refiere a la educación. En Argentina parece ser que poco y nada hubiera sucedido. Se trataría de un territorio que se halla al margen de la crisis civilizatoria que vivenciamos en todo el planeta. En este sentido, al día siguiente de suspendidas las clases presenciales, todas, todos y todes las, los y les docentes estábamos tratando de adaptar nuestras propuestas de enseñanza (originalmente pensadas para el aula) a un entorno virtual o un cuadernillo de tareas para la casa. Desde el gobierno también rápidamente se intentó paliar el efecto de que no se pudiera concurrir a las aulas, generando contenido audiovisual, creando plataformas virtuales, imprimiendo cuadernillos para distribuir en aquellos lugares donde internet no llega, proponiendo mantener el vínculo pedagógico mediante plataformas digitales. Esto último sin ningún tipo de consulta a las, los y les docentes, por lo que no respeta la autonomía del sistema educativo. Los contenidos pasaron a ser bajados directamente del Estado. 

Siguiendo esta lógica es que se nos ha ordenado el seguir, el que “no dejemos de hacer”, el que “no podremos ir a la escuela, pero no por eso vamos a dejar de dar clases”, el COMO SI NADA PASARA. Tan sólo con cambiar las formas parece que podríamos “Seguir Educando”. 

Y sin embargo, nada de eso alcanzó, ni alcanza, ni alcanzará para evitar una desigualdad educativa estructural que, en este contexto y bajo estas formas, no hace más que ensancharse. Y esto es algo que asume hasta el propio Ministerio de Educación, como podemos ver en la Resolución 363/2020 del 15 de mayo: 

“La situación de pobreza que afectaba ya al 50% de los niños, niñas y adolescentes en la edad de la educación obligatoria, las desigualdades en el acceso a la conectividad y en la disponibilidad de dispositivos digitales, las diferencias en las condiciones del hábitat y en las posibilidades de las familias de acompañar la educación en los hogares, representan brechas que la pandemia, el aislamiento social y la suspensión de clases presenciales no pueden sino profundizar”

(Res. n.o 363/2020, Anexo I) 

La Constitución argentina plantea en su artículo 14 que uno de los derechos de todas, todos y todes las, los y les habitantes de la Nación es el de enseñar y aprender, y la Ley de Educación Nacional define a la educación y el conocimiento derechos personales y sociales, garantizados por el Estado, planteando que la educación es una “política de Estado para construir una sociedad justa” al tiempo que asigna a este Estado la “responsabilidad principal e indelegable de proveer una educación integral, permanente y de calidad para todos/as los/as habitantes de la Nación, garantizando la igualdad, gratuidad y equidad en el ejercicio de este derecho”. También plantea la Constitución Nacional en su artículo 28 que “Los principios, garantías y derechos reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por la leyes que reglamenten su ejercicio”, que es lo que entendemos que está pasando en la actualidad. 

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La pandemia ha desnudado al sistema. Ya no pueden ocultarse más todas las desigualdades sociales que repercuten en el sistema educativo de maneras terribles. Mientras la crisis económica se profundiza, las realidades quedan a la vista: estudiantes cuyas familias sin trabajo no tienen alimentos, que viven en espacios precarios cuando no hacinados en los que no hay condiciones para el estudio, estudiantes que conviven en situaciones de violencia familiar, estudiantes que deben hacerse cargo del cuidado de otros menores o de adultos mayores, estudiantes que no pueden ser ayudados por sus familias en la resolución de las tareas, sea porque quienes están a su cargo trabajan, sea porque no tienen las herramientas necesarias para acompañarles en esta tarea, estudiantes que carecen de las herramientas necesarias que en este momento se imponen, como computadoras y conectividad, plataformas educativas que colapsan. Los gastos de educación que corresponden al Estado han pasado estar a cargo de docentes y estudiantes. 

Una privatización de hecho. Esto en el ámbito socioeconómico. No se menciona siquiera las afecciones psicológicas, los aumentos en las tasas de suicidios, en la depresión infantil y adolescente, ni hablar de las, los y les adultes que padecen, ante esta realidad y además de depresión, ataques de pánico, ansiedad, trastornos de diferentes tipos, es decir, todo lo que hace a las subjetividades en tiempos de crisis social y confinamiento obligatorio[4]. 

Es por todo lo que venimos planteando que nos preguntamos: ¿Puede la educación a distancia y virtual garantizar el derecho a la educación? Nuestra respuesta es un contundente NO! El acceso a la educación no está garantizado y quienes quedan afuera pertenecen a los sectores económicamente más desfavorecidos. No acceden por falta de recursos, por lo tanto el derecho a la educación no se está garantizando por parte del Estado quien, como dice la ley, debería hacerlo. 

En cambio, nos están obligando a ser partes de una macabra simulación, de seguir “como si nada pasara” a toda costa, incluso cuando eso implica vulnerar los derechos que se debieran garantizar. Con el discurso de “justicia social” nos callan las voces de quienes denunciamos las políticas que nos obligan a llevar adelante y que entendemos vulnera derechos, a la vez que naturaliza y legitima la exclusión educativa, la flexibilización laboral e impone la educación virtual como una situación de hecho, sin ningún tipo de debate. Como ya no se puede ocultar semejante fracaso, los medios de comunicación comienzan a publicar los números, pero lejos de hacerse cargo que el fracaso es de las políticas emitidas, quieren disfrazarlo de decisiones individuales. Así se titula: “Los estudiantes abandonan las carreras”[5] cuando la realidad nos dice que no tienen la posibilidad real de seguir estudiando. 

No podemos pasar por alto en este punto que todas las cifras respecto a la educación virtual en tiempo de pandemia que maneja el Ministerio de Educación Nacional, se basa en encuestas realizadas telefónicamente, es decir, sólo participan de ellas hogares que tengan teléfonos fijos. Este dato nos parece muy importante ya que entendemos que deslegitima todo valor adquirido a partir de las mismas. Según los datos oficiales, para el último trimestre de 2019 sólo el 17% de la población argentina cuenta con una línea telefónica fija[6]. Las encuestas se realizan a un porcentaje de ese 17%, es decir, queda a simple vista que no tienen absolutamente nada de representatividad de la situación real que vivencia el 

país respecto al acceso de la educación. Nos preguntamos ¿Puede el estado argentino afirmar que el 80% de las, los y les estudiantes tiene acceso a internet cuando las encuestas sólo son telefónicas? 

El fracaso de la educación en tiempos de pandemia, comienza a ser visible por todos lados para quienes quieran verlo. No solo la voz de miles de docentes que de diferentes formas intentamos visibilizarlo comienza a ser cada vez más fuerte, sino que también se empiezan a escuchar las voces de las, los y les otres actores del sistema educativo, como queda ilustrado en una carta abierta que estudiantes de un terciario dieron a conocer la semana pasada en la cuál explican: 

“Hace un año, un grupo de estudiantes decidimos transitar el camino de la formación docente, asumiendo el compromiso y la responsabilidad que amerita esta profesión. La construcción de saberes, el trabajo colectivo, el comprometernos con le otre, marcaron los pasos de nuestra decisión (…) Este ciclo lectivo no fue para nosotres el mejor comienzo, ya que no hemos tenido ninguna clase presencial, lo que nos causó un poco de desilusión, y allí es el comienzo de clases virtuales directamente. Somos estudiantes de la carrera de Profesorado en Educación Secundaria de Historia, de segundo año. Con entusiasmo de todos modos, arrancamos dándonos fuerzas siempre entre nosotres y, sin embargo, eso no alcanzó. Nos dimos cuenta de que esta educación no era la misma que nos encantaba llevar adelante. Que la virtualidad no era justa. ¿La virtualidad no es justa? “Si estudian desde casa”, ¿no es más cómodo?… Pues, resultó ser, que no era más cómodo, ni más justo porque hizo notar mucho más la necesidad indispensable de herramientas como la computadora, el WI-FI, dinero para cargar crédito en caso de no tener internet en casa, alimentación. Y la alimentación, por más fundamental que sea, tristemente, en muchos hogares llega día a día, o semana a semana. Entonces, surgen los inconvenientes para poder estudiar: no tener internet, no poder salir a trabajar, cargar crédito o comprar los alimentos, internet proveniente de datos móviles es muy cara y dura muy poco, no tener computadora, no poder redactar un trabajo práctico, la dificultad para leer los textos, la dificultad para la comprensión de los mismos (entonces, se preguntan) ¿Estudiar es un derecho o un privilegio de clase?”[7] 

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Esta es la realidad de un gran porcentaje de las, los y les estudiantes. Es una realidad que también afecta sobremanera a las, los y les docentes, que en muchos casos viven en las mismas condiciones socioambientales que sus estudiantes, haciendo de maestras y maestros, de sostén de familia, con adultos mayores a cargo, encargándose del trabajo doméstico, todo dentro de las mismas cuatro paredes, de lunes a lunes las 24 hs. El famoso 24/7. 

La educación es formación y ejercicio de la ciudadanía y de pensamiento autónomo y crítico. 

Este contexto nos obligó a crear todas nuestras propuestas de enseñanza de cero. Propuestas y estrategias que fueron pensadas para hacer en el aula, con todas, todos y todes mirándonos a la cara. Estamos formándonos compulsivamente en el uso de tecnologías, estamos leyendo cuanto repositorio encontramos. Como se verá, el costo del tiempo libre y familiar es también altísimo. 

Las, los y les docentes nos hemos puesto al hombro desde el primer día, la inmensa tarea de sostener el vínculo con nuestras, nuestros y nuestres estudiantes, con sus familias, tratando de conocer las dificultades que están atravesando, haciendo muchas veces lo imposible para 

acercarles no sólo el material de estudio, en los casos en los que podemos, sino además comida, leña, ropa medicamentos, ya que por el confinamiento muchos no pueden acceder a nada de todo esto. Somos testigos impotentes de las condiciones en las que viven una gran mayoría, que justamente es la que queda afuera de esta propuesta educativa. 

Ante esta situación nos preguntamos, en este contexto de confinamiento obligatorio, pandemia, y crisis social ¿”Seguimos Educando”? ¿Es “educar” mandar actividades para que se resuelvan en casa sin que pueda haber un acompañamiento para la comprensión de las mismas? ¿Es educar sólo centrarnos en el contenido perdiendo todo lo que implica la escolaridad en las aulas? ¿Es viable educar transformando un proceso que es comunitario, grupal, en una trayectoria individual que depende de la posibilidad que cada estudiante y su familia tenga de poder comprender o seguir? ¿Es viable y preferible, por último, la educación virtual? Entendemos que NO. 

Todo hace parecer que en cuarentena y en contexto de pandemia “Seguimos Educando”. Ahora, ¿Quiénes Educan? ¿A quiénes se sigue educando? ¿Con sólo hacer clic en una pantalla, enviar un documento por internet, escuchar un programa de radio o distribuir cuadernillos de actividades seguimos educando? Nuevamente decimos NO! 

Y queremos dejar en claro que no rechazamos ni menospreciamos los esfuerzos tremendos, ya que también los estamos haciendo. Justamente porque somos parte de ese colectivo docente, queremos visibilizar que querer vestir todos estos esfuerzos bajo el “Seguimos Educando” sólo esconde una concepción “bancaria” de la educación. La educación deja de ser un derecho, como lo plantea la Ley de Educación Nacional 26.206, y pasa a ser de hecho un servicio. Y esto, en una escuela pública –que es la que defendemos y sostenemos- ya no es un error, sino algo bastante más grave. 

Se niegan así todos los avances en materia de teoría y práctica pedagógicas, para volver a caer en la reducción tecnocrática del aula, a evaluaciones de elección múltiple a contrarreloj, a ejercicios programados y asistencia individual, a un modelo conductista ya perimido, pero envuelto en los ropajes de la fascinación por la tecnología digital, que pasa de ser considerada como lo que es, un recurso valiosísimo, a ser entronizada, ayudando así consolidar una concepción comercial de la educación en la que nuestras, nuestros y nuestres estudiantes, cada uno frente a su propia pantalla y en mutua indiferencia, consumen software en lugar de compartir conocimientos. En la que el sujeto de la educación pierde carácter y subjetividad, para transformarse en un consumidor de un menú de opciones virtuales, siempre y cuando tenga los recursos materiales y simbólicos para ello. El resto sencillamente queda afuera. 

La escuela pública ha resistido sucesivamente los embates de políticas históricas de desfinanciación, precarización laboral y deslegitimación simbólica, porque sigue siendo el espacio de socialización y democratización más extendido en todo el territorio nacional, muchas veces el único que se ha sostenido en pie. Y eso no es ni por obra divina ni por casualidad: es así porque aún en condiciones de suma adversidad, ha logrado ser el tiempo y el lugar donde seres diversos se reúnen, se encuentran y trabajan en un plano de igualdad. 

La escuela es la que rompe, aunque sea por un momento cada día, con las desigualdades familiares y sociales, lo que permite acceder a la alteridad y generar las condiciones para aprender y construir conocimientos, social, científica y culturalmente válidos y pertinentes. 

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El valor y el significado de ese espacio y tiempo no pueden ser suplantados por la “educación en casa” ni por la “educación a distancia”– cuando se puede acceder a ella-. No puede sencillamente porque no tiene el mismo sentido ético, político o pedagógico. Para cumplir con los mandatos constitucionales de construir una sociedad justa y proveer una educación pública, integral, intercultural, con perspectiva de género y de derechos humanos, la escuela necesita del aprender juntes en un espacio y tiempo común entre educadores y educandes. En donde a través del diálogo entre el colectivo y el individuo, bajo la guía docente, se descubre lo que une a las, los y les estudiantes y la vez lo que las, los y les hace singulares. 

La construcción colectiva del conocimiento, el cambio de la subjetividad a través del aprendizaje común, el compartir las experiencias personales, el tiempo, la creación de vínculos, de amistades y enemistades, de amores y desamores, de compañerismo. En resumen, el compartir en ese espacio de enseñanza aprendizaje una gran parte de nuestras vidas, es lo que «hace a una escuela». 

Por todo esto, planteamos: 

· QUE NO ES VIABLE LA ACREDITACIÓN DEL AÑO LECTIVO EN LOS TÉRMINOS EN LOS CUALES ESTÁ SIENDO PLANTEADO: 

• porque se reduce aún más el universo de personas con posibilidad de acceder a la educación, sólo a aquellas con las posibilidades de acceso a esta modalidad;

• porque la abrumadora mayoría del sistema de enseñanza (de todos los niveles educativos) no está diseñado ni puede ser pensado como “carreras a distancia”;

• porque sin presencialidad no hay ejercicio del derecho a la educación y al conocimiento; y

• porque se corre el riesgo cierto de oficializar unas formas educativas sumamente excluyentes 

· EN ESTE SENTIDO PROPONEMOS LA READECUACIÓN Y REORGANIZACIÓN POR PARTE DEL MINISTERIO DE EDUCACIÓN Y LAS AUTORIDADES PERTINENTES DEL CALENDARIO ACADÉMICO EN TODOS LOS NIVELES. 

· INSTAMOS A QUE DESDE EL MINISTERIO SE ESTABLEZCA LAS NORMATIVAS NECESARIAS A FIN DE SUSPENDER TODO INTENTO DE EVALUACIÓN Y ACREDITACIÓN DE LAS TRAYECTORIAS EDUCATIVAS EN CUALQUIERA DE LOS NIVELES QUE COMPONEN EL SISTEMA EDUCATIVO ARGENTINO: EL HACERLO, INDICARÍA NI MÁS NI MENOS QUE LA PRIVATIZACIÓN DE HECHO DE LA EDUCACIÓN 

· RECHAZAMOS LA MODIFICATORIA INCONSULTA APROBADA POR DIPUTADOS (NUESTROS SUPUESTOS REPRESENTANTES) DEL ARTÍCULO 109 DE LA LEY DE EDUCACIÓN NACIONAL 26.206 

· EXIGIMOS A NUESTRAS CONDUCCIONES SINDICALES EL LLAMADO A PARITARIAS ENTENDIENDO QUE ANTE LA IMPOSIBILIDAD DE REALIZAR TAREAS PRESENCIALES, EL TRABAJO EN EL DOMICILIO Y/O TRAVÉS DEL USO DE TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LA COMUNICACIÓN RESPECTO DE LAS/LOS/LES TRABAJADORAS/ES DE LA EDUCACIÓN REPRESENTADOS/AS/ES POR EL SINDICATO DEBE ESTAR REGULADO POR PARITARIA. ELLO, PORQUE NO SE PUEDEN MODIFICAR UNILATERALMENTE LAS CONDICIONES LABORALES (HORARIOS, LUGAR DE PRESTACIÓN LABORAL), NI LA MODALIDAD. 

· EXIGIMOS A NUESTRAS CONDUCCIONES SINDICALES QUE SE PONGAN AL FRENTE TAMBIÉN DE ESTOS RECLAMOS. NO PUEDEN SER CÓMPLICES DE LA NATURALIZACIÓN DE HECHO QUE SE ESTÁ HACIENDO DE LA PAUPERIZACIÓN Y PRIVATIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA, PUES SABEN QUE CON PEDIR MAYOR CONECTIVIDAD Y CONDICIONES SALARIALES NO SE RESUELVE ESTE PROBLEMA DE FONDO. 

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Para firmar y adherir: aquí

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Notas:

[1] Entre los más vulnerables en el mercado laboral, casi 1600 millones de trabajadores de la economía informal se ven muy afectados por las medidas de confinamiento y/o por trabajar en los sectores más afectados. 3er Informe Organización Internacional del Trabajo. https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—dgreports/–dcomm/documents/briefingnote/wcms_743154.pdf 

[2] Para una discusión sobre estos temas ver: Ariel Petruccelli, “Paradojas virales” en La izquierda Diario, http://www.laizquierdadiario.com/Paradojas-virales ; Ariel Petrucceli y Federico Mare, “Paranoia e hipocresía Global en tiempos de capitalismo tardío” en Rebelión, https://rebelion.org/paranoia-e-hipocresia-global-en-tiempos-de-capitalismo-tardio/ ; Andrea Barriga, “Que este virus no nos haga perder la cabeza” en La izquierda Diario: http://www.laizquierdadiario.com/Que-este-virus-no-nos-haga-perder-la-cabeza; AAVV, Sopa de Whuan: https://www.elextremosur.com/nota/23685-sopa-de-wuhan-el-libro-completo-y-gratis-para- leer-sobre-el-coronavirus/, Pablo Godmisch: “El pánico es injustificado” en http://www.primerafuente.com.ar/noticias/85186/pablo-goldschmidt-panico-injustificado, Luis Anastasía, “Basta de Psicosis colectiva. Reflexiones sobre el covid 19” en https://www.montevideo.com.uy/Columnistas/Opinion—Basta-de-sicosis-colectiva– Reflexiones-sobre-Covid-19-uc753068; Federico Mare y Ariel Petruccelli, “Covid-19: Estructura y coyuntura, ideología y política” en contrahegemoniaweb, https://contrahegemoniaweb.com.ar/2020/05/19/covid-19-estructura- y-coyuntura-ideologia-y-politica/fbclid=IwAR2h89j86EjjErLLb-nAbtqtcST-C-wdand7xh2XNHT8GRkZ0EHbs19v58k ; Naomi Klein, “Distopía de alta tecnología: la receta que se gesta en Nueva York para el post-coronavirus” en https://www.lavaca.org/notas/la-distopia-de-alta-tecnologia-post-coronavirus/

[3] Para profundizar sobre el tema ver: “India. Hambrientos por la cuarentena: éxodo de cientos de miles de trabajadores migrantes” en https://insurgente.org/india-hambrientos-por-la-cuarentena-exodo-de-cientos-de-miles-de- trabajadores- migrantes/?fbclid=IwAR0DEuKXoDAXwCMQxdACCkx1j3gWDXSQVdOpRBaZIQw6MqRlsJU DGrHwLQg; Rosa Maria Coppolino, “Nuova esplosione sociale in Cile. Questa volta é la fame a prevalere” en https://contropiano.org/news/internazionale-news/2020/05/21/nuova-esplosione-sociale-in- cile-questa-volta-e-la-fame-a-prevalere-0128207 , Concejala Margarita Urra de El Bosque: “Les pido que resistan por favor, tenemos que aguantar” en https://radio.uchile.cl/2020/05/19/concejala-margarita-urra-de-el-bosque-les-pido-que- resistan-por-favor-tenemos-que-aguantar/; “Hambres en las comunidades. Abandonados en medio de la pandemia” en http://eltinterodesalta.com/index.php/2020/04/08/hambre-en-las-comunidades-abandonados -en-medio-de-la- pandemia/?fbclid=IwAR2Bu3KvCUBniJuclRlhzWW2grnTVB7tQdAh3BBpQA3XdsVM_IBUD zMu468; “Casi 40 millones de personas solicitaron seguros de desempleo en EEUU en los últimos meses” en https://www.telam.com.ar/notas/202005/466455-desempleo-estados-unidos-coronavirus.html; Unión Europea: “Sindicatos advierten que 20 millones de personas perdieron su empleo” en https://www.telam.com.ar/notas/202005/464832-sindicatos-advierten-millones-perdieron- empleo-ue-coronavirus.html 

[4] Ver Pedro Rivero, “Hay que parar la escuela”, en La Tinta, https://latinta.com.ar/2020/04/parar- escuela/?fbclid=IwAR1xevVjSDA_b3EVypy13SPQlYjLnzPeG3mfHZywY7N3DdaeO6rZhXzF XgI; Andrea Barriga, “Educación en tiempos de pandemia. La negación de la crisis” en El Tabano Digital y contrahegemoniaweb https://eltabanodigital.com/educacion-en-tiempos-de- pandemia-la-negacion-de-la-crisis/; Annie Gómez, “El derecho a la desconexión laboral, un tema más vigente que nunca” en El Tiempo, https://www.eltiempo.com/tecnosfera/novedades-tecnologia/desconexion-laboral-en-tiempos -de-teletrabajo-por-el-coronavirus- 491130?fbclid=IwAR2o4I9qycX7qpI_1H_tlooYvj9ypBSn4ECwJyd- 2GXBxkaYN0m8NEUalMg; Celina Rivero y Silvio Seoane, “Acaostraviesa por la educación. Reflexiones sobre el trabajo docente en contexto de aislamiento” en El Tabano Digital, https://eltabanodigital.com/a-caos-traviesa-por-la-educacion-reflexiones-sobre-el-trabajo- docente-en-contexto-de-aislamiento/ 

[5] https://www.rionegro.com.ar/mas-de-la-mitad-de-los-ingresantes-universitarios-abandonaron -en-la-cuarentena- 1344758/?fbclid=IwAR17AxortB_YenOeaMFvIyBYjFfNV8B8KXKuwRsrhl6txmtG64PJfcCS9 7Q

[6] datos obtenidos en https://datosabiertos.enacom.gob.ar/dataviews/241316/penetracion-total-nacional-de-la- telefonia-fija-por-trimestre/ 

[7] “Educación en tiempos de pandemia, crisis y aislamiento social. Cuando estudiar se volvió un privilegio y dejo de ser un derecho”. Valle Medio, 19 de Mayo de 2020, publicado en https://www.facebook.com/IFDCenlucha/posts/1417969311708362? tn=K-R)

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