¡Ni Una Menos! ¡Vivas, libres, plurinacionales nos queremos! ¡Ramona vive en nuestras rebeldías feministas!

Pasaron ya cinco años del primer “Ni Una Menos”. Las razones para sostener ese grito en todo el Abya Yala siguen presentes. Porque siguen y se multiplican los feminicidios, los travesticidios, y todos los modos de violencia patriarcal, colonial, capitalista. Porque hoy más que nunca atravesamos juntas las fronteras de los estados nacionales, a través de las luchas feministas contra todas las violencias. Porque la pandemia social desencadenada por el sistema capitalista, en diversos territorios y en todo el mundo, ha agudizado la precarización de la vida –especialmente de las mujeres a las que la división sexual del trabajo, acentúa y profundiza el rol de cuidadoras-. Porque los sistemas patriarcales, coloniales, racistas, carentes de políticas públicas que consideren la diversidad de pueblos que componen un territorio, agravan las consecuencias de estos regímenes de muerte. Porque en Bolivia el golpe de estado fue precedido y continuado por los golpes de los grupos fascistas contra las mujeres de pollera. Porque se las sigue persiguiendo y pretendiendo colocar como servidoras de las oligarquías blancas, coloniales, racistas. Según los datos registrados, el total de feminicidios en Bolivia durante el 2020 es superior a 47, y solo en la cuarentena se sabe de 17 feminicidios, y 94 violaciones a niñas, niños y adolescentes. Porque en Guatemala siguen desapareciendo, violentando, desterrando a las mujeres defensoras de la tierra y de la vida. ¡Basta de crímenes contra las mujeres que cuidan los territorios frente a las transnacionales de la muerte! Porque en Chile las mujeres, lesbianas, travestis, trans, que fueron protagonistas de la revuelta con la que concluyó el 2019 y se inició el 2020, están perseguidas, criminalizadas, han sido mutiladas, violadas, abusadas por las fuerzas represivas. Porque en Colombia las lideresas sociales siguen siendo perseguidas y asesinadas, y hoy están sufriendo la amenaza de una intervención norteamericana. Porque en Venezuela las mujeres y disidencias defienden los derechos conquistados por la revolución bolivariana de la agresión permanente de los EE.UU., y sus títeres locales. Porque al tiempo que defienden las bases bolivarianas de la Revolución, están siendo golpeadas y asesinadas. Según el monitor de femicidios de Utopix, desde enero de este año hay un registro de 109 femicidios que siguen sin respuestas concretas. Porque en Brasil, las políticas misóginas, racistas, de odio de Bolsonaro y sus secuaces, están arrasando con los cuerpos y las vidas de las mujeres del Amazonia, de las mujeres y disidencias sexuales que habitan las favelas, los asentamientos y campamentos creados por campesinas y campesinos sin tierra, de las mujeres empobrecidas, y de las disidencias sexuales. Porque en México continúan cotidianamente los femicidios y la violencia machista. El gobierno, en medio de la máxima ola de contagio de la pandemia, declara la vía libre con consultas ilegítimas para avanzar en proyectos como el Tren Maya. Las comunidades -especialmente las mujeres- resisten contra el ecocidio y la devastación ambiental realizada por las transnacionales. Porque en Perú siguen saqueando territorios a través del extractivismo minero, y las mujeres siguen allí resistiendo y defendiendo los ecosistemas aún existentes. Porque en Estados Unidos las mujeres negras e indígenas son atacadas por la furia racista. Porque sus hijos e hijas se levantaron para incendiar los centros de exterminio, como las centrales policiales, y marcar los lugares que funcionan como depósitos de personas negras, afrodescendientes, originarias. ¡Las vidas de las personas negras importan! ¡Las vidas de las mujeres originarias, negras, latinas, migrantes importan! ¡En EEUU y en todos nuestros territorios! Porque las mujeres mapuche a ambos lados de la cordillera siguen siendo desplazadas de sus territorios, represaliadas y criminalizadas cuando los recuperan, maltratadas cuando defienden las posibilidades de que sus hijas e hijos crezcan con respeto a su cultura y a sus modos de vida. Porque en Chaco y Formosa las mujeres wichi y qom, sus pueblos, han estado enfrentando la falta de agua, la discriminación racista en las calles, en los centros de salud, en el destrato de las políticas públicas en la cuarentena y la falta de acompañamiento sanitario de acuerdo a sus necesidades y sus modos de organización comunitaria. Porque en Chaco una familia qom fue invadida por la policía, en medio de una persecución a jóvenes de la comunidad, fueron llevadas y llevados a la comisaría, las mujeres fueron abusadas sexualmente y violentadas por esa policía que se hizo dueña de las calles. La denuncia del racismo, la discriminación, del genocidio silencioso, hoy se vuelve grito y rabia en nuestro ¡Ni Una Menos!Porque en Kurdistán las mujeres siguen enfrentando a las políticas fascistas de estado, como el de Turquía comandado por Erdogan, padeciendo prisiones y persecución política. Porque son agredidas las poblaciones kurdas por la guerra de las potencias imperialistas. Porque se pretende aplastar la rebeldía y la vida digna con masacres, bombas y prisiones. Porque a pesar de ello el Movimiento de Mujeres de Kurdistán está de pie, revolucionando la historia con rostros, manos y corazones de mujeres insurrectas. Porque en este contexto en el que el patriarcado capitalista multiplica sus males, como consecuencia de las políticas extractivistas, del sistema de cría intensiva e industrial de animales, del agronegocio, de la contaminación de las tierras, los ríos, las lagunas, se multiplica el mal vivir, y el mal morir, por enfermedades que llevan y traen los virus, por el cáncer, por la depresión, por la desnutrición. Porque se multiplican las muertes en abortos clandestinos, y la agonía o muerte en vida en cárceles, en los mal llamados manicomios y en otros lugares de encierro para niñas, niños, adolescentes –incluidos los también mal llamados hogares-. Porque para las mujeres, en este contexto, se hace cada vez más difícil acceder a las ILE, porque se incrementa la violencia obstétrica, porque el racismo se exacerba en hospitales y salas de atención de la salud contra las mujeres migrantes y las mujeres originarias. En este contexto, que no es de “catástrofes naturales” sino de una crisis aguda en todas las dimensiones civilizatorias, las mujeres, las lesbianas, las trans, las travestis, somos sobre explotadas, al intensificarse las tareas de cuidado, tanto a nivel familiar como comunitario, al mismo tiempo que se incrementa la violencia machista en nuestros espacios de encierro cotidiano, nuestras casas. Ahora que nos reconocen en clave de trabajadoras esenciales, pero nos desconocen a la hora de la retribución de ese trabajo, gritamos ¡Ni Una Menos!, y nombramos a Ramona, para decir con ella que paren de matarnos de tantas maneras. Para exigir retribución adecuada al trabajo de cuidados. ¡Basta de Violencia machista! Según el Observatorio Lucia Pérez de Violencia patriarcal de Argentina, en lo que va del 2020 hay 133 femicidios. Desde que empezó la cuarentena, ya van 60. En lo que va del 2020, hay 29 travesticidios, 17 desde el comienzo de la cuarentena. Y éstos son los casos identificados, los denunciados, los que podemos conocer. Una buena parte de esos femicidios y travesticidios no llegan a registrarse como tales. Menos sabemos de las cifras de violencia, aunque en 2020 se registraron solo en Provincia de Buenos Aires 7000 llamadas a la línea 144, de las cuales el 40% es por violencia de género. Las redes de prostitución y trata siguen desapareciendo a mujeres, jóvenes, incluso niñas para la explotación sexual. Los prostituyentes violentan a mujeres, travestis, trans, usando las necesidades de todo tipo, la dependencia de las drogas, chantajes afectivos, para aumentar su vulnerabilidad y captarlas a bajo costo. Las mujeres, trans y travestis que se consideran en prostitución, y las que se consideran trabajadoras sexuales, sufren una total desprotección, vulneración de derechos, persecución policial, estigmatización, y criminalización. Exigimos respeto a los derechos de todas y todes, y que cese la persecución policial. Con el dolor de las violencias que vivimos y sufrimos, mujeres como Ramona, que estaba coordinando una Casa de la Mujer de la Poderosa en la Villa 31, tienen que sumar a sus propias dificultados la contención de las compañeras, de quienes sufren golpes, amenazas, desprecios, y agachan la cabeza para seguir con las tareas de cuidado de hijos, hijas, de sus familias. Quienes al terminar las tareas de la casa, salen al barrio a organizar merenderos, comedores, ollas. Las mujeres que cuidan, las que limpian, las que cocinan, las que sirven. Las que intentan la limpieza del barrio, donde no llega el estado, las enfermeras, las médicas. Todas desprotegidas, precarizadas, angustiadas, pero también fuertes, sosteniendo el mundo. Todas preocupadas porque las respuestas del Estado son la militarización de los barrios, la saturación de fuerzas represivas de las calles, y los crímenes que éstas realizan –como siempre lo hicieron-. Lo que llaman seguridad, es criminalización, es represión, y en muchos casos es muerte. Porque no hay diálogos imprescindibles desde el Estado con las diferentes comunidades y pueblos que habitan los territorios plurinacionales. Porque hay una respuesta monocorde, pensada desde la lógica hegemónica colonial, blanca, racista. Cuando recordamos a Ramona, nombramos en ella a todas las mujeres que ponen el cuerpo y paran la olla de modo comunitario. Estamos también recordando así a compañeras como Mercedes Delgado, la Mecha, mujer que animaba el comedor comunitario en el Barrio de Ludueña, en Rosario, asesinada años atrás, por la que seguimos reclamando Justicia, y que su asesino no sea beneficiado con prisión domiciliaria. El grito de Ni Una Menos, nos permite salir del lugar de víctimas, para acusar a los poderes locales y mundiales por sus necropolíticas, por la pedagogía de la crueldad, por los crímenes que cometen. El grito de Ni Una Menos expresa también que libres y desendeudadas nos queremos, que la deuda es con nosotras y nosotres, con los pueblos. Por eso como feministas del Abya Yala exigimos que se suspenda el pago de la deuda externa, que se investigue la deuda fraudulenta e ilegítima, para que la crisis la paguen los responsables del saqueo y del endeudamiento producido para sostener y financiar el capitalismo global. Nosotras decimos que “otra economía es posible”, una economía social, comunitaria que ponga la prioridad en la vida, en la producción de alimentos sanos, en la agroecología, en la generación de energía limpia y sustentable en manos del pueblo, en la búsqueda de producción fabricada sin destrucción de la naturaleza, realizando productos durables y realmente necesarios para una vida sana y un buen vivir. El grito de Ni Una Menos exige que la tierra y nuestros cuerpos dejen de ser propiedad privada, territorio de conquista. Que las semillas, el agua, el aire, la tierra no sean consideradas mercancía, sino bienes comunes. El grito de Ni Una Menos exige libertad para decidir sobre nuestros cuerpos, que se apruebe el proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo propuesto por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, que en estos días cumplió 15 años de actividad feminista. Exigimos que no se condene a las niñas, como sucede en Corrientes y en Santiago del Estero, que después de ser violadas, son obligadas a ser madres. ¡Niñas, no madres! gritamos fuerte. Y también exigimos que se implemente desde la perspectiva feminista la Educación Sexual Integral en las escuelas. Que se abran procesos de formación que aseguren el crecimiento de niñeces libres. Ahora más que nunca se ve claramente que los tejidos feministas desde Abya Yala, que le gritan al mundo ¡Ni Una Menos!, están dando luces para otros mundos posibles, con otros modelos de vida. El grito de Ni una Menos, pone en el centro la vida, la comunidad, el deseo, la libertad y la dignidad. El grito de Ni Una Menos nos recuerda que ¡¡Plurinacionales nos queremos!! Nos exige como Feministas de Abya Yala seguir haciendo camino en una lucha sin fronteras siempre, en la que nos encontramos desde distintos territorios y memorias para acuerparnos, para creernos, para cuestionarnos, y desde la pluralidad de cuerpos y la pluralidad de territorios seguir construyendo los feminismos que necesitamos, populares, comunitarios, villeros, antirracistas, antifascistas, anticoloniales, anticapitalistas y profundamente antipatriarcales. Por las Ramonas. Por las Mechas. Por las Ana María Acevedo. Por las Bertas. Por las Macarenas. Por las Marielles. Por las Niñas de Guatemala, decimos ¡Ni Una Menos! ¡Paren de matarnos! ¡Vivas y libres nos queremos! ¡Desendeudadas nos queremos!¡Ni golpes de estado, ni golpes a las mujeres!¡A seguir organizando desde abajo, en cada territorio, el feminismo que va a vencer!

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Feministas de Abya Yala, 3 de junio 2020

Fuente: muro de Feministas de Abya Yala

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