Silvia Adoue: “Lo que sustenta y permite la sobrevivencia son las redes de confianza, de solidaridad, de mutualidad”

Desde Contrahegemonia entrevistamos a Silvia Beatriz Adoue, activista social y profesora de la Escuela del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra y la Universidad Estadual Paulista, para hablar, entre otros, sobre la delicada situación institucional de Brasil, el avance autoritario de Bolsonaro sobre la universidad, los estragos del covid-19 y de como la auto organización y las redes de solidaridad pueden ser lo único que nos salve de las barbaries de nuestros tiempo. Fotos: Sebastião Salgado.

Contrahegemonía (CH): ¿Cuál es la situación en Brasil con respecto al impacto de la pandemia?

Silvia Beatriz Adoue (SBA): Es preocupante, en relación a las decisiones las políticas que el gobierno nacional está implementando. Ni siquiera hay cifras creíbles en relación a la cantidad de personas afectadas. A partir de la decisión del gobierno de Bolsonaro de informar en forma fragmentada y parcial los datos de infectados por Covid-19 y de los muertos, lo que impide a la población tener una real dimensión de la magnitud de esta pandemia, los grandes medios de comunicación se pusieron de acuerdo para hacer ellos mismos el cálculo para un boletín diario. Se unificaron para hacer un boletín reuniendo información de las secretarías de salud de los estados del Brasil y del municipio de la capital federal (Brasilia). A quien más le creemos es a este boletín que sale regularmente a las 20hs cada día.

Los últimos números ponen a Brasil como el segundo país en el mundo en contagios y el segundo también en óbitos, sólo atrás de Estados Unidos. Pero con un detalle: es el mayor en contagios y en óbitos diarios. Mucho más que Estados Unidos. Esto quiere decir que la aceleración de los contagios y la letalidad del Corona Virus es la mayor del mundo. Si esta tendencia continúa, alcanzaríamos y tal vez superaríamos a Estados Unidos.

Pero también, preocupan las acciones de grupos, no muy masivos por el momento, que alentados por el mismo presidente Bolsonaro, descalifican, desestiman y ponen en duda todo lo que la red sanitaria dice a propósito del Corona Virus. Con acciones peligrosas, como las de esas seis personas que ingresaron -sin protección alguna- a terapia intensiva del hospital de Sao Pablo, al grito de “mentira, mentira” o de las mismas autoridades de gobierno. Los miembros del poder ejecutivo salen a la calle a lugares públicos, en actos y aparecen sin máscaras, sin protección alguna, abrazando y besando a las personas, provocando aglomeraciones. Entonces, no es sólo lo que dicen o las medidas tomadas desde el poder ejecutivo nacional sino también el comportamiento de las figuras públicas.

CH: ¿Cuál es la credibilidad que tiene Bolsonaro? ¿Con qué apoyos cuenta?

SBA: Hay un 30% de la población que mantiene su apoyo al presidente en una forma prácticamente irracional, alimentada por las redes de WhassApp, con esas acciones “paralelas” de gobierno. Al mismo tiempo, Bolsonaro continúa diciendo que no lo dejan gobernar, que tanto el poder judicial como el poder legislativo obstaculizan su acción de gobierno. Y, además, que en el artículo 142 de la Constitución dice que “Las FFAA son un poder moderador”, lo cual es una mentira, no en el marco legal vigente. Pero esas afirmaciones apócrifas crean una afirmación muy grande en el gran público.

Exposição Sebastião Salgado – ES Brasil

El Poder Judicial responde, el Legislativo también. Y es allí donde el gobierno tiene una situación muy difícil para hacer valer sus medidas, que tendrían el status de “decretos de necesidad y urgencia”. Por ejemplo, a propósito de la supuesta intervención del Poder Ejecutivo de las Universidades Nacionales, violando la autonomía universitaria. No es exactamente eso, sino una medida provisoria del Poder Ejecutivo autorizando al Ministro de Educación –en este contexto de pandemia- para nombrar a los rectores cuyos mandatos finalicen dentro del marco de la pandamia. Pero eran nombramientos “provisorios”. El caso es que aquí nunca se sabe cuánto tiempo es “provisorio”, cuando acabarían estos mandatos.

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Bien, tanto el Poder Judicial como el Senado se pronunciaron en contra de esta resolución, señalaron que no aprobarían esta norma, que tiene el carácter de provisoria y cuya vigencia está condicionada por su confirmación en el Congreso, para darle continuidad y vigencia. Pero al anunciar que no la aprobarían, lo que hace el Poder Ejecutivo es no someterla al Parlamento con el riesgo de verla rechazada y que ello sea interpretado como una derrota. Entonces, al otro día, el mismo Bolsonaro derogó esa medida provisoria.

CH: En relación a la situación de las Universidades, ¿Qué busca Bolsonaro, qué rol ocupa la Universidad en su Gobierno?

SBA: El ministro de Educación no es un hombre de la Universidad, no es un académico. Tampoco tiene tradición dentro del ambiente de la educación en general. Consiguió un cargo, a través de un concurso en una universidad pública, para un curso de Ciencias Contables muy recientemente. No tiene publicaciones, no tiene un perfil académico.

El papel de este ministro es el de una “empresa de demolición” para construir nuevos marcos legales, nuevos procedimientos. Quieren construir otra cosa, pero primero necesitan destruir. Tenemos algunos indicios de lo que quieren hacer no sólo con el país sino en particular con la Universidad. Quieren integrar la investigación y la enseñanza superior a las cadenas de acumulación.

Recientemente, recibimos los nuevos parámetros para los programas de investigación y de posgraduación y percibimos que el énfasis de la evaluación está en el trabajo de innovación asociada a las empresas, a la industria, a las actividades económicas. La idea es transformar la investigación en una especie de mostrador de venta de servicios para las cadenas productivo-extractivas que funcionan en cada región. Ese es el estímulo y lo que se busca. Dentro de ello, claro, se privilegia y fomenta el desarrollo de las ingenierías, las tecnológicas, las investigaciones de carácter más técnico y tecnológico y las ciencias duras. Y la formación de fuerza de trabajo, calificada pero flexible. Lo que habitualmente se llama “precarizado”, pero a mí no me gusta este término porque confunde. Parece que hay un marco de “normalidad” y por fuera están los precarizados, cuando en realidad la norma son esas relaciones de trabajo flexibles. Esa es la tendencia general.

A principios de 2016 -estos son datos oficiales del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales- el 70% de la población trabajadora tenía trabajo flexible, sin ninguna esperanza de recuperar puestos de trabajo registrados. Eso para que entendamos una configuración particular de las clases trabajadoras de Brasil. Y si bien aquí es más pronunciada, es una tendencia mundial general.

CH: En las últimas semanas, las luchas del pueblo en Estados Unidos contra el racismo han estallado y se multiplicaron. En un país con una gran presencia de población afrodescendiente/negra ¿Qué impacto ha tenido el caso de George Floyd en Brasil?

SBA: Sin duda impactó porque ocurrieron, hacia el ascenso de las luchas en Estados Unidos, dos episodios que no son nuevos pero que fueron paradigmáticos. Una, la muerte de un chico de 14 años en su propia casa. La casa fue alcanzada por 72 tiros de la Policía. Él murió por un tiro en la cabeza y en el pecho. Estaba en casa y llamaba a familiares y vecinos, muy angustiado. Mandaba audios refiriendo a que había un tiroteo. La Policía había entrado al barrio supuestamente persiguiendo a narcotraficantes. Esta no era una casa narco, nadie disparaba desde esa casa… y esa casa recibió 72 impactos de bala, según la propia pericia policial.

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Estas son acciones muy comunes, sobre todo en barrios periféricos en los que habitan población que es mayoritariamente negra. De allí que existan movimientos análogos al que se conformó en Argentina contra el “gatillo fácil”. Hay movimientos de madres y familiares, en particular las “Mães de Maio” (constituido a partir de una masacre perpetrada por la policía en Sao Pablo en 2006, en la que asesinaron unas 300 personas, jóvenes negros de los barrios periféricos). Estos movimientos fueron accionados por la muerte de este niño, Joao Pedro, en el medio de una seguidilla de acciones violentas.

Pero 72 tiros contra una casa de familia es mucho. Y esto creó una tensión muy grande. Y las personas, viendo los noticieros que traían la información de Estados Unidos, rápidamente conectaban uno y otro acontecimiento. Pero hubo otro episodio que fue también paradigmático. En un contexto de Corona Virus, en la ciudad de Recife (Pernambuco, nordeste brasileño) una familia de clase alta tenía a la empleada -negra- haciendo las cosas de la casa. Esta señora no tenía con quién dejar su niño de cinco años porque las guarderías y el sistema público de cuidados están parados. Entonces ella iba con el niño a trabajar.

Que los patrones la hayan obligado a ir a trabajar ya es una cuestión… pero ella iba con el niño. Un día, la patrona estaba con su manicura y la empleada tuvo que salir a pasear al perro de la señora. Y no podía ir por la calle con un niño tan pequeño, exponiéndolo a riesgos propios de una pandemia. Entonces dejó al niño en el departamento de sus patrones. Habiendo salido, el niño, llorando, empezó a pedir por su madre y la patrona se irritó. Ella lo puso dentro de un ascensor, solo, y presionó un botón del ascensor, ordenándole al niño que fuera él a buscar a su mamá. El caso es que no se sabe qué dirección tomó el ascensor pero una vez que llegó a destino, el niño salió del ascensor pidiendo por su madre, se aproximó a una cornisa y cayó de un 9no piso y, por supuesto, murió.

Luego se descubre que el patrón es intendente de una ciudad cercana y esta empleada estaba registrada como trabajadora del municipio y, por tanto, su sueldo lo pagaba el municipio. Esto es algo que ella, por supuesto, no sabía.

Todo esto creó un grado de indignación en el país muy grande. Hay un ambiente de mucha indignación y donde ese nosotros y ellos está muy claro en esta situación. Pero eso no se organiza, no hay ningún tipo de articulación, más allá de las organizaciones ya existentes, relativamente pequeñas, territoriales, que luchan contra la violencia policial en los barrios o familiares de afectados, de víctimas de la violencia policial y del racismo. Pero no hay una articulación que permita grandes movilizaciones sostenidas en el tiempo.

De todas formas una hubo una bastante importante convocada por estos movimientos el pasado domingo 7 de junio. En ellas se replicaba la consigna de “La vida de los negros vale”, al igual que en Estados Unidos. En ese sentido, en sintonía, pero por motivos locales. No era solamente solidaridad con las luchas de Estados Unidos.

CH: En un contexto de fuerte crisis económica, con una perspectiva que asume el protagonismo de las clases populares en la Historia, ¿dónde deberíamos poner nuestra atención?

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SBA: Lo que a mí me parece más importante es que en el contexto de la pandemia han surgido redes de solidaridad, de autoorganización, para garantizar cuidados y alimentación. Porque la pandemia anticipó aquello que ya se anunciaba con la crisis del capital: la recesión. Que tiene consecuencias para las clases trabajadoras en un gran desempleo, no sólo de los asalariados registrados, formales, sino incluso de los trabajadores flexibilizados, que están integrados en las cadenas de acumulación, aunque en forma indirecta. Al haber recesión, los empleos perdidos no retornan. Para poner algunos ejemplos, las automotrices redujeron su actividad en un 82%; las textiles, en un 37%. Esos ramos de la industria, ya estaban reduciendo su personal, automatizando una parte de su proceso productivo y tercerizando algunos servicios y la producción de ciertas partes de su cadena de producción. Al caer la actividad de una empresa, cae -cual efecto dominó- la actividad de las empresas vinculadas en el proceso de producción.

Ello repercute de manera trágica. El acceso a recursos monetarios se ha reducido entre las clases trabajadoras enormemente. Y al mismo tiempo, ello produce una crisis alimentaria muy grande. Porque también la producción de alimentos en Brasil se reduce, al no haber demanda nacional. Pero también porque el destino de la tierra es el de la especulación o producción para la exportación. Esto se profundiza y se amplía. No hay ningún tipo de plan para la expansión de la producción de alimentos, al contrario.

En este contexto, lo que sustenta y permite la sobrevivencia son las redes de confianza, de solidaridad, de mutualidad y aún de comercio, pero de redes locales que vinculan directamente al productor con el consumidor. Esas redes necesariamente son vínculos que no son del mercado dominado por el capital, sino redes de confianza. No es completamente monetarizado.

Con los cuidados, lo mismo. En muchos barrios, donde la gente no podía salir ni entrar, quienes organizaban los cuidados fue la autoorganización. Muchas comunidades rurales, tanto indígenas como quilombolas (comunidades fundadas y autoorganizadas por aquella población negra esclavizada que huyó: campesinos, pequeños productores, ribereños, pescadores, asentamientos y campamentos que buscan la reforma agraria), muy en silencio venían construyendo esas redes locales. Estas redes se demostraron, en este momento, esenciales.

Esto es algo silencioso, no proyecta grandes héroes ni líderes, pero es fundamental para la vida en un momento como éste. Y es también una escuela que permite imaginar futuros en que la moneda no sea el único elemento de cambio, que no se monetarice todo. Crea una autoconfianza y una confianza mútua entre las personas. Que va más allá de Bolsonaro de Lula; corre en parelelo… porque tiene que ver con la vida, con lo más importante. Más que las grandes acciones, esto es lo más importante en este momento. Sino, las comunidades no sobreviven.

Sebastião Salgado, leyenda viva de la fotografía - The Citizen

CH: Las comunidades se repliegan sobre sí mismas…

SBA: Y esto es un gesto de inteligencia. No es sólo Bolsonaro, no podemos reducirlo todo a un gobierno. Pero es una dinámica del capital que nos trajo hasta aquí. Porque la pandemia es resultado de la aceleración de la productividad y una industrialización rápida que en China fue terrible. Y una acción destructiva, de un “desarrollo destructivo” o “desarrollo de la destrucción”, que determina que para desarrollarte tenés que destruir. Esto es lo que trajo la pandemia: el desmonte, la ruptura de los equilibrios de la naturaleza. Y vendrán otras si no paramos… y la idea es esa: parar. Paremos para mirar donde estamos. La nueva configuración del capital deja márgenes cada vez menores de decisión a los gobiernos. Entonces más allá del gobierno que haya, esto es sistémico.

Con lo que tenemos que acabar es con el sistema, que vive del racismo: sin racismo no hay este tipo de acumulación que permite la diferenciación de ingresos y que promueve la división entre las clases que viven de su trabajo. Un investigador brasileño, Silvio Luiz de Almeida, trabaja con el concepto de “racismo estructural” y demuestra cómo en todo el mundo -pero fundamentalmente en la periferia- sin racismo el capital no puede sobrevivir. Porque permite esa ruptura dentro de las clases trabajadoras. Es una idea más compleja que lo que aquí digo, pero lo menciono para quien lo quiera consultar.

Todas estas cuestiones deben ser mencionadas, nombradas, para que las podamos encarar y superar de una vez y para siempre: racismo, patriarcado y capitalismo.

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