A 200 años de la muerte de Belgrano

El aniversario que nos convoca tiene una importancia que para quienes hacemos Contrahegemoníaweb va más allá de los festejos oficiales, de la apropiación de efemérides para legitimar políticas que poco tiene que ver con las que se recuerdan; de próceres transformados en bronce o en figura escolar vaciada de sentido.

Nos convoca el hecho revolucionario; la convicción de que tenemos que reconstruir los hitos que movilizaron a las clases subalternas para cepillar la historia a contrapelo, como lo sugería Walter Benjamín; la voluntad de querer cambiar nuestros destinos de opresión y explotación, voluntad en la que nos identificamos con los revolucionarios de la independencia.

En esas revoluciones, entre los múltiples dilemas que se les presentaron a sus impulsores estaba el debate sobre sí se trataba tan sólo de un cambio de sistema político que rompía las ataduras que nos unían a la metrópoli colonial española o, por el contrario, se transformaban profundamente los estructuras socioeconómicas coloniales. Ligado a eso la discusión acerca de hasta qué punto se convocaba a las clases populares a la guerra revolucionaria y que derechos políticos y sociales admitía el nuevo régimen. Hubo otros dilemas y desafíos. A nuestro entender los proyectos más radicales, como el que represento el artiguismo con su reforma agraria encarnada en el Reglamento de Tierras,  tras un largo proceso fueron derrotados. Eso determinó en muchos lugares –no en todos de manera inmediata- la continuidad y profundización del latifundio, de la colonialidad del poder basada en un racismo sostenido por las nuevas clases dominantes criollas. La permanencia y reforzamiento del patriarcado sacudido por el lugar que ocuparon muchas mujeres en la guerra revolucionaria. La consolidación de una estructura de poder sostenida por clases y grupos que sólo discutían su lugar en el esquema agroexportador sin cuestionar la naciente División Internacional del Trabajo bajo el predominio de Inglaterra.

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Antes de ese desenlace, Manuel Belgrano se encontró en más de una oportunidad decididamente del lado de quienes pretendían cambios profundos y se mostraron como independentistas acérrimos. Como se observa en los materiales que aquí ofrecemos lo hizo desde antes del 25 de Mayo y lo continúo impulsando aunque –como en la batalla de Tucumán- eso implicara desobedecer las órdenes de la dirigencia revolucionaria del momento. No estuvo sólo, compartió esos deseos y acciones con la denominada ala jacobina de la revolución liderada por Mariano Moreno, Juan José Castelli, Bernardo de Monteagudo, entre otros.

Los límites en las concepciones de ese sector no opacan –no deberían- su intento inicial de ligar la revolución a las clases más explotadas del sistema colonial.

Es cierto, el Belgrano que regreso tras una larga misión diplomática en Europa no volvió, quizás, con los mismos ímpetus revolucionarios. Su decisión final –poco antes de su muerte- de aceptar la orden del Directorio de regresar con el ejército del norte para reprimir a las montoneras contrasta con la desobediencia de San Martín y su ejército libertador  a la misma orden. Pero no hablamos de personajes impolutos, hablamos de revolucionarios de carne y hueso, de contradicciones, dudas, errores y enormes aciertos. Ese Belgrano queremos recuperar para nuestros sueños emancipatorios. Aquel que se atrevió a perder y entregar todo –posesiones, status, poder- para abrazar el fuego de la utopía. A la distancia desde Contrahegemoníaweb queremos continuar ese abrazo.

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