Belgrano; praxis, ideas y relatos

Varias son las facetas desde las que es posible recordar a Manuel Belgrano, quien integra junto a otros consagrados por el relato  liberal el rango de prócer de la patria.  Belgrano emerge como uno de los protagonistas de un momento clave de nuestra historia, el de la crisis y posterior rupturadel régimen colonial y la construcción de un nuevo orden político, un momento con profundas contradicciones y disputas; por lo cual es importante interrogarnos  que rol cumplió como actor de ese proceso político, como intelectual, y  como hombre de acción. Preguntarnos sobre sus relatos y la articulación de estos con su realidad; indagar sobre la profundidad del  proceso de ruptura cultural, económica y social con el periodo colonial que protagonizó. Es imperioso resolver estos  enigmas sin aceptar  los mecanismos de instrumentación que los sectores dominantes realizan desde el Estado. Sus instituciones, sus relatos   y acciones culturales tienen  el objetivo de imponer una determinada visión de nuestro pasado. Con ese propósito la memoriade Belgrano, ha sido manipulada por las necesidades políticas, ideológicas  y sociales de los grupos dominantes.

Su praxis.

La formación intelectual de Belgrano transcurre en Europa, donde obtuvo en 1789 el diploma de bachiller en Leyes en Valladolid y el título de abogado unos años más tarde. Tras el impacto que provocó la revolución francesa y la caída de la monarquía, junto con  la consolidación política del orden burgués en Europa, Belgrano como muchos otros intelectuales abrazó como un político ilustrado  la lucha por la libertad contra las tiranías. Así lo cuenta en su autobiografía: “Como en la época de 1789 me hallaba en la España y la revolución de Francia hiciese también la variación de las ideas, y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad y solo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido”.

El Virreinato del Río de la Plata, fundado en 1776 con la anexión de las provincias del Alto Perú y Cuyo alcanzó una centralidad política y económica que potenció la riqueza de la ciudad de Buenos Aires y su puerto. Se clausuraba el ciclo de la economía minera de los siglos precedentes y se abría el nuevo orden comercial del mercado atlántico. Es en ese contexto que se organiza el Consulado de Comercio de Buenos Aires en 1794. Junto al virrey, el Cabildo, la Audiencia y las incipientes milicias urbanas constituirán el andamiaje político institucional que lleva a 1810.

Regresa a América  en 1793, fue designado Secretario perpetuo del Consulado de Buenos Aires, con el fin de fomentar el comercio a pedido de los comerciantes coloniales más influyentes y del propio virrey Nicolás Antonio de Arredondo; un organismo con funciones económicas y técnicas, relativas al comercio y la producción. En este rol y como representante de los intereses de la elite económica porteña, Belgrano desarrollará una ardua actividad en la promoción de la industria colonial, de la mejora de la producción agrícola y ganadera, y de las formas de comercio. Orienta su prédica a dotar al Virreinato de instituciones educativas, y en las  mejoras y promoción de infraestructuras, pero chocará con la desidia de las autoridades virreinales. No obstante, por su iniciativa nace en 1799 la Escuela de Geometría, Arquitectura, Perspectiva y Dibujo, que se fusionará poco después con la recién creada Escuela de Náutica. Además se dedica con mucha atención al periodismo colaborando con el Telégrafo Mercantil.

Fueron las invasiones inglesas, las que demostraron el poderío del comercio y la flota inglesa y la precariedad del dominio español en el Río de la Plata, producto del retraso económico y social de España respecto de Inglaterra y Francia, así como también el surgimiento de sectores locales que no tenían una identidad nacional pero sí compartían un interés que no coincidía con el del invasor inglés ni tampoco con el de los funcionarios coloniales españoles. Bajo las órdenes del general Beresfort las tropas inglesas, logran dominar Buenos Aires, que sin tener defensa quedó rápidamente rendida. Las mediadas de los ingleses eran imponer orden y manejar las entidades españolas, para eso obligó a todos los funcionarios oficiales a jurar en nombre del monarca inglés, sabiendo esto, Belgrano aborrecido de esa conducta, evadió el juramento. Desde el ángulo de la organización popular, las milicias conocidas como  los Patricios, pasarían a jugar un papel muy importante como expresión de un sector del pueblo en armas; esta militarización de la sociedad expresa una crisis del aparato colonial en suelo rioplatense, que es liberado de la invasión británica pero pierde una parte del monopolio de la fuerza pública.

La antesala de la Revolución de mayo nos muestra a un Belgrano dinámico, reconoce que España los había dejado solos durante las invasiones, pero además que su gobierno sobre las colonias había quedado caduco. La invasión napoleónica al reino español en 1808, que incluyó la prisión del rey Fernando VII, provocó en las colonias americanas una prolongada crisis con diferentes reacciones y salidas. Desde la instalación de Juntas soberanas, siguiendo el ejemplo español, a otras legitimistas como la del carlotismo que defendía la idea de una regencia de la hermana de Fernando VII, Carlota Joaquina de Borbón, que se encontraba en Brasil por ser la esposa del príncipe regente portugués. Su coronación se proponía como una salida para garantizar frente a la conquista francesa la continuidad de la dinastía borbónica, Belgrano será uno de sus defensores de esta idea, dado la importancia que atribuía a la política librecambista, expresando los intereses de un sector de la elite porteña.

Los sucesos europeos alentaron la revolución y Belgrano protagonizará el movimiento independentista. La llegada del Virrey Cisneros a Buenos Aires marca el principio del fin de la colonia, los revolucionarios se preparan para dar los primeros pasos, la caída de la Junta Central de Sevilla es el punto de inicio,  Belgrano es uno de los que reconoce la necesidad de la emancipación coincidente con el sector encabezado por Mariano Moreno; “¡Juro a la patria y a mis compañeros que si a las tres de la tarde del día de mañana el virrey no ha renunciado, lo arrojaremos por las ventanas de la fortaleza!”, exclamó sin metáforas, en una reunión en casa de Nicolás Rodríguez Peña, el 24 de mayo de 1810. El 25 de mayo, se decidió por votación establecer una Junta de Gobierno, en el cual Belgrano desempeñaría el cargo de Vocal, alineándose al grupo denominado por la historiografía como morenista. La presión de los diversos grupos de la elite  criolla opositores al virrey fue lo que impuso que se eligiera la Primera Junta con Cornelio Saavedra a la cabeza. Es importante destacar que el conjunto de la  Primera Junta no se proponía la independencia respecto de España sino que declaraba no reconocer a otro soberano que al Sr. D. Fernando VII y sus legítimos sucesores según el orden establecido por las Leyes,  se pretendía heredera de la legalidad colonial, frente a la capitulación de la monarquía española ante Napoleón; fue sólo el comienzo, por cierto vacilante, de un proceso mucho más amplio.

Belgrano es convocado para dirigir una campaña militar al Paraguay, a fin de propagar la revolución, con una escasa experiencia militar, se las arregla para instituir la subordinación y el orden en las tropas, haciendo del respeto por la población civil la máxima premisa de la expedición.  La elite paraguaya no se sentía parte de este proceso; Belgrano  en esas tierras pudo observar las condiciones sociales de los pueblos de las  misiones e intentando aplicar las lecciones de los derechos  que  había aprehendido del proceso revolucionario francés, en un intento de reconocimiento de los mismos a los pueblos originarios, en el campamento de Tacuarí, el 30 de diciembre de 1810, redacta el Reglamento dirigido al Gobernador de Corrientes Don Elías Galván. De los dos principales frentes de batalla iniciales, el del Norte y la Banda Oriental, Belgrano en Paraguay junto a Castelli en el Alto Perú fueron facultados para ganar esas regiones  de la influencia realista, que incluía ciudades claves como Potosí para el financiamiento estatal. En parte por la falta de apoyo en la región y por la superioridad en recursos, Belgrano no logró obtener las victorias esperadas. A pesar de los resultados de estos combates, la audacia de decisiones como el éxodo jujeño en 1812, demostraran la importancia  de su figura como referente del nuevo orden político en construcción.

 Al Éxodo Jujeño,  hay que encuadrarlo dentro de  un plan continental, contra el poder colonial español. Las fuerzas realistas que defendían sus interese coloniales avanzarían hasta la actual provincia de Jujuy, y sus pobladores debieron retirarse hasta Tucumán, la orden de retirada por parte del Gral. Manuel Belgrano a través de la táctica militar de tierra arrasada, estaba circunscrita en la posibilidad de derrotar las fuerzas reaccionarias del imperio español.En primera instancia el Ejército del Norte pasó por Jujuy rumbo al Alto Perú (1810), y en esta zona fue derrotado por las fuerzas españolas en la batalla de Huaqui, una vez sucedido esto, los que sobrevivieron empezaron a retroceder hasta Jujuy, ya corría el año 1811 y a cargo del ejército estaba Juan Martín de Pueyrredón, que por motivos de salud solicita el relevo al Primer Triunvirato siendo reemplazado por Manuel Belgrano.

El objetivo de los dirigentes de la revolución de mayo era que las fuerzas realistas  no sigan progresando, él mandato era reorganizar el ejército y frenar las huestes realistas, debían retirarse hasta Córdoba o Tucumán, los revolucionarios habían perdido la ciudad de Cochabamba.  Frente a esta situación centenares de personas  bajaban de las ciudades altoperuanas, hacia Jujuy, y junto a los pobladores de la quebrada de Humahuaca y la ciudad de San Salvador y parte de Salta, conformaron lo que conoceremos como la gesta del Éxodo Jujeño. Manuel Belgrano, sabía que la tarea más urgente  era reorganizar las tropas, es así que  crea la oficina de enrolamiento  de campesinos, indígenas, mestizos y criollos, la mayoría labradores, jornaleros o peones de la campaña jujeña, es así  como junto a los artesanos que realizaban tareas de maestranza, las clases populares ingresan a conformar las legiones revolucionarias.

Todos estos sectores populares fueron parte de los que se replegaron junto a las tropas comandadas por Belgrano, también hay que mencionar a que algunos sectores de los pueblos originarios, partieron con el Éxodo, y una gran proporción huyeron hacia los cerros con sus familias, temiendo que el accionar represivo de los tropas realistas, como lo que había ocurrido en Cochabamba. Mientras tanto la elite  dominante, como ser los comerciantes y terratenientes de la zona, mostraron su papel cobarde,  muchos aprovechando su posición socio-económica huyeron  raudamente,  otros  se refugiaron en sus haciendas para proteger sus bienes, y una importante porción  eran abiertamente fidelistas.

Instalado a las orillas del rio Paraná en Rosario, y habiendo constituido las baterías llamadas Libertad e Independencia, a través de una misiva Belgrano planteará al Triunvirato la necesidad de una insignia a fin de distinguir en el campo de batalla las tropas revolucionarias de las realistas, en el mismo decía; “Excmo. Señor, Parece llegado el caso de que Vuestra Excelencia se sirva declarar la escarapela nacional que debemos usar, para que no se equivoque con la de nuestros enemigos, y no haya ocasiones que puedan sernos de perjuicio; y como por otra parte observo que hay cuerpos del ejército que la llevan diferente, de modo que casi sea una señal de división, cuyo nombre, si es posible, debe alejarse, como Vuestra Excelencia sabe, me tomo la libertad de exigir de Vuestra Excelencia la declaratoria que antes expuse. Dios guarde, etc.”. Belgrano izó por primera vez, con los colores celeste y blanco, la bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el 27 de febrero de 1812 y ordenó a las tropas un juramento de lealtad que decía: “Soldados de la patria. En este punto hemos tenido la gloria de vestir la escarapela nacional; en aquél (señalando la batería Independencia) nuestras armas aumentarán sus glorias. Juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores y la América del Sud será el templo de la Independencia y de la Libertad. En fe de que así lo juráis decid conmigo: ¡Viva la Patria!”. Y continuaba: “Señor capitán y tropa destinada por la primera vez a la batería Independencia: id, posesionaos de ella y cumplid el juramento que acabáis de hacer”.

Luego informará del acontecimiento al Triunvirato; “Siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola, la mandé a hacer celeste y blanca, conforme a los colores de la escarapela nacional. Espero que sea de la aprobación de vuestra excelencia”;  el pedido de Belgrano será descalificado por el gobierno central no aceptaba su creación por considerarlo un gesto apresurado, teniendo en cuenta que la decisión de la ruptura completa con la corona española aún en 1812 no había logrado el consenso necesario entre la dirigencia política criolla. Lejos de cualquier epopeya, de ser expresión y emblema de la nación naciente, la creación de la bandera respondía a fines más prácticos; no se podía seguir combatiendo con los enseñas de los contrincantes y oponentes.

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Sera reemplazado del mando del Ejército del Norte, que debió a entregar a San Martín en 1814, luego de los desastres de Vilcapugio y Ayohuma. A comienzos de 1815, Belgrano abandona completamente sus funciones militares y es enviado a Europa, junto a Rivadavia y Sarratea, en funciones diplomáticas. Se destacará como diplomático, desarrollando una importante labor propagandística, cuya finalidad es que la revolución sea reconocida en el Viejo Continente, expresando un importante sentimiento panamericano.  Manuel Belgrano, al igual que muchos de los hombres de la elite política e intelectual su época, defendía el sistema de gobierno monárquico. En 1815 realizó, junto con Rivadavia, una misión en Europa, a fin de conseguir un monarca para el Río de la Plata. Realizaron gestiones para conseguir que Carlos IV autorizara a Francisco de Paula, ser monarca de estas regiones, pero las mismas fracasaron frente a la firme posición de Fernando VII, quien esperaba recuperar sus antiguas colonias.

 A partir de 1814, con la instauración del Directorio se abre un momento conservador del ciclo de mayo, que se extenderá hasta 1820, período de descentralización y auge de las autonomías provinciales.  En ese plazo tendrá lugar el Congreso reunido en Tucumán que declara la Independencia, en julio de 1816, al que Belgrano será convocado con el propósito de informar la situación política de España a partir de su estadía en el exterior como representante de las Provincias Unidas. Ante el reflujo de los procesos americanos anticoloniales que llevaron al fusilamiento de Morelos en México, el exilio de Bolívar en Jamaica, la muerte de Miranda en la cárcel y en Chile el exilio de O´Higgins, el retorno a la corona de Fernando VII se vislumbraba seguro y perdurable y con ello el retroceso de las ideas republicanas.

Regresa al país en julio de 1816 y viaja a Tucumán para participar de los sucesos independentistas, donde tiene un alto protagonismo; tres días antes de la declaración de la Independencia, se pronuncia ante los congresistas e insta a declarar cuanto antes la independencia. Propone una idea que contaba con el apoyo de San Martín; la consagración de una monarquía encabezada por un descendiente inca a fin de contar con el apoyo de los pueblos del Alto Perú y el traslado de la capital a Cuzco, como una medida defensiva que permitiera preservar lo conquistado, en contraste a otros planes como el artiguista de carácter federal; “Ya nuestros padres del congreso han resuelto revivir y reivindicar la sangre de nuestros Incas para que nos gobierne. Yo, yo mismo he oído a los padres de nuestra patria reunidos, hablar y resolver rebosando de alegría, que pondrían de nuestro rey a los hijos de nuestros Incas.” Su propuesta era una monarquía atemperada, que tenía como modelo a la monarquía inglesa; “…sería la Casa de los Incas la que debería representar la Soberanía Nacional, única porque anhelo, tanto más cuanto se me ha hecho la atroz injuria de conceptuarme un traidor, que trataba de vender mi patria a otra dominación extranjera.‟ No obstante, la propuesta monárquica-indigenista de Belgrano no prospera.

Manuel Belgrano matizó la conducción militar del ejército contra los realistas, con la participación de las fuerzas con comandaba en los enfrentamientos entre porteños y federales, en cumplimiento de órdenes del Directorio. En la lucha de las provincias integrantes de la Liga Federal con el  gobierno centralista de Buenos Aires, Belgrano dejo el frente externo para reprimir en el Litoral levantamientos federalistas  que respondían a José Artigas, comandados entre otros por  Estanislao López primera ocurrió en marzo de 1816,  por orden del  Director Ignacio Álvarez Thomas y la segunda, a fines de 1818, respondiendo al mandato del Director Juan Martín de Pueyrredón.Arriesgando la defensa del norte, tomando  una decisión que lo diferenció del Gral. San Martín,  quien, desdeñó la orden del directorio. Belgrano miembro fiel  de la elite  porteña, con  una identidad política que consideraba que las grandes decisiones debían tomarse en Buenos Aires, la denominación institucional;Junta, Triunvirato, Congreso o Director Supremo, no interesaba, tampoco quien ejercía el cargo, su compromiso era de subordinación al mandato del gobierno de Buenos Aires;  asume obedecer a la autoridad. La autoridad de Buenos Aires y el mismo Belgrano dudaban de la voluntad independentista de los pueblos federales, acusándolos de connivencia con España y que sus caudillos fueran calificadas como bandidos.

Las fuerzas federales con Estanislao López, Mariano Vera y Cosme Maciel  aspiraban a recuperar la autonomía, con el apoyo de los orientales avanzaron sobre las fuerzas que defendían el gobierno provincial  impuesto desde Buenos Aires, logrando la rendición del mismo, así Mariano Vera asumió el gobierno de la provincia.  Belgrano cuando ocupó la conducción del ejército centralista, comprende que, el mayor riesgo, es el avance federal sobre Buenos Aires, frente a ello abre la negociación. El resultado es el convenio o armisticio de Santo Tomé que firman Díaz Vélez y Cosme Maciel.

Tras la declaración de Independencia en Tucumán, el 9 de julio de 1816, por parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata, se decidió nombrar como Director Supremo a Martín Pueyrredón, con pretensiones nacionales, pero para ello se debía eliminar un obstáculo; José Gervasio de Artigas y sus influencias en el litoral, que ya había declarado la independencia en Arroyo de la China en 1815 este peleaba en dos frentes; contra los portugueses, con la ayuda de Andresito en las Misiones Orientales; y contra el gobierno porteño, que detestan su proyecto popular. Belgrano, era parte del gobierno porteño, que tenían alianzas con la burguesía comercial porteña, y veían como un estorbo y un debilitamiento las justas reinvindicaciones de Artigas.Mientras que San Martín se reusó a intervenir militarmente contra los caudillos federales, Belgrano, a cargo del Ejército del Norte, fue a Córdoba por pedido de Pueyrredón, dejando desguarecido Jujuy ante los realistas, con la orden de reprimir a Estanislao López y los caudillos del Litoral, seguidores de Artigas.

En 1817 Belgrano, por orden del Congreso de Tucumán, envió a sus tropas a aplastar la rebelión federal de Santiago del Estero, acaudillada por Juan Francisco Borges, quien fue fusilado.En 1818, en el marco de aquella disputa el Directorio dispuso una nueva intervención por el ejército de Operaciones, Viamonte que había asumido  la conducción esperaba el arribo de Belgrano. La espera se hizo larga, y se temió que la ciudad de Buenos Aires fuera invadida por las fuerzas federales, se decidió entonces buscar una negociación, y en el Convento de San Lorenzo  se acordó un armisticio y el retiro de tropas porteñas de los territorios santafesino y entrerriano.

Más tarde, seguirá desarrollando una ardua actividad político-diplomática; pero será por poco tiempo ya que por problemas de salud se vio obligado a volver definitivamente a Buenos Aires en 1820, hasta su muerte el 20 de junio de ese año. Así como ocurre con San Martín, y otros personajes, su trayectoria ha sido elaborada por la historiografía liberal como parte de la construcción de una conciencia nacional que reforzara la ideología que sostendrá al Estado-Nación, como uno de los fundadores de la Argentina.

Sus ideas

El siglo XVIII fue el de las grandes innovaciones en orden a las ideas en el mundo, tanto en lo intelectual como en lo económico e institucional. España y sus colonias, no podían escapar a ese proceso, ni tampoco evitar la entrada de libros pretendiendo poner cerrojos a la aduana. Belgrano se formó académicamente en la  universidadespañola, subsumida en la censura de la Inquisición y las fuertestradiciones del monopolio eclesiástico.En ese marco pudo estar al tanto de lo que acontecía, ilustrarse en los cenáculos a los que concurría, leer libros, nutrirse de  las nuevas ideas que se comentaban y  acceder a la lectura de los libros prohibidosde la Ilustración francesa. El caudal intelectual de Belgrano se nutrió de importantes pensadores comoMontesquieu, Rousseau, Condillac, Locke, Genovesi, Turgot, D’Alembert, los autores de la Enciclopedia, el mercantilismo de Genovesi y Galiano,  la fisiocracia de Quesnay y sus seguidores,  el liberalismo de Adam Smith;  algunas de estas  ideas se vieron reflejadas en sus escritos. Participó en Madrid de círculos motorizados en las ideas, iniciativasy escritos de Feijoó, Campomanes y Jovellanos, los pensadores más importantesdel siglo XVIII español. En todos ellos, el pueblo constituirá el objeto central de la política pero como sujeto pasivo, receptor de las reformas económicas y educativas. La Ilustración en el mundo hispánico-criollotenía una fuerte limitación política, el pueblo debe transformarse en un sujetoeconómico moderno sin perder su condición de minoridad política;  ser perfectocreyente y buen vasallo del rey.

Podría decirse que la formación  de Belgrano se sostuvo en la tradición aristotélica tomista, con una fuerte inclinación por el cultomariano de vida piadosa y austera;  un católicofilántropo y devocional; que por otro lado, sesumergió en los estudios modernos de su época, el aprendizaje de los idiomas, las ciencias de la experimentación, en los trabajos de Galileo y Newton. Lo tradicional, lo moderno y lo prohibido conformaron al intelectual, funcionariode la administración colonial y político-militar revolucionario que fue Belgrano alo largo de los diferentes períodos de su vida pública.Era un criollo ilustrado y católico, revolucionario y fiel vasallo o ciudadano, que para sostener la tensión de esa síntesis dolorosa y contradictoria, leyó el mundo de su tiempo y lo pudo conceptualizar porque no estaba totalmente sumergido en él, al menos hasta 1810, tensa las contradicciones de su época y hace estallar la zona de contacto entre la religión y la modernidad.

La Ilustración cambia la cultural y el sentido social de la época,  el trabajo manual recupera su centralidad como formador de sujetos emancipados. La Ilustración en el Río de la Plata tuvo con Manuel Belgrano un relato propio, una narrativa del tejido conceptual que se desplegará a lo largo del siglo XIX. El nuevo relato confronta elípticamente con la vida parasitaria de nobles y clérigos que consideraban impropio e incompatible con su honor y su dignidad el desempeño de trabajos manuales o artesanales.

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Tanto en Europa como en América, Belgrano vivirá y protagonizará tiemposde climas revolucionarios.Su generación coetánea; Moreno, Vieytes, Monteagudotuvieron que cambiar varias veces de influencias intelectuales y sostener el pensamiento de integraciónentre ellas como el arduo trabajo cultural de la época. Muchos criollos en toda nuestra América contribuyen a un cambio cultural del antiguo régimen monárquico, forman parte de la constelación de jóvenes ilustrados como Francisco José de Caldas y José Celestino Mutis en el Virreinato de Nueva Granada. Sus lecturas se combinaban y enriquecían en las experiencias de los campos de batalla, el escritorio delfuncionario, las tertulias y el periodismo. Para la Generación de Mayo las lecturas secretas o prohibidas, combinadas con los estímulos propios de la vida social en ciudades y regiones distintas, con distintas relaciones y trayectorias históricas, moldearon la personalidad de los sujetos. En ese periodo se producen los procesos de descolonización cultural, económica y política del sujeto social protagonista del proceso revolucionario.

Como buen ilustrado Belgrano, interroga a la realidad conceptualizándola como problema que ha de solucionarse. Su crítica a la sociedad estamental de la época es elíptica, metafórica y contundente,  percibe atraso producto del monopolio, el  mercantilismo y la privación educativa del pueblo; reivindica que la verdadera riqueza yace en el trabajo paciente de la tierra, en parcelas de propiedad legítima y aplicando conocimientos agrícolas modernos y accesibles. La obscenidad de la pobreza e indigencia que intuye en los sectores populares de la ciudad y la campaña no las considera un destino inexorable sino un momento reversible del proceso social de la dominación colonial.Su obra escrita  puede ser considerada comolainiciación del pensamiento y la acción política tendiente a la articulación entre formación, trabajo y mundo productivo. Intentaba  construir otro imaginario de lo públicocolectivo, que dejara atrás las prácticas laborales de la sociedad estamental hacia la individualización del hombre de trabajo por medio del conocimiento sistemático aplicado en técnicas agrarias, fabriles, artesanales, artísticas y comerciales. Era un cambio en la política conceptual de la lógica mercantilista que había prevalecido  en la vida económica colonial.

Belgrano se atreve a pensar a la población como riqueza, no solamente la tierra como los fisiócratas. Exalta el valor de la agricultura, pero le suma a los productos primarios el trabajo de hombres  que le añadan valor a los bienes agrícolas y así poder comerciarlos. Piensa simultáneamente la tierra como factor de riqueza y el mar como espacio de comunicación y soberanía.  Belgrano discute acerca de qué es la riqueza, quiénes y dónde la producen, para el ya no radica en el oro, en su acumulación y centralización en las arcas de gobiernos absolutistas o de sus prestamistas bancarios, reafirma el lugar central de la tierra y el trabajo.

El pueblo  pobre con los que convivirá Belgrano en la ciudad y en la campaña, en los ejércitos y en los pueblos y regiones del interior, estaba privado de la palabra y de la escritura; estudia las causas de la miseria y la indigencia y postula un discurso de integración del  trabajo manual con los usos de la razón y  la educación pública, diagnostica que  la clase productiva de la sociedad no puede vivir  en la más completa miseria y desnudez; los grandes monopolios y la ausencia de sentido social en las elites dirigentes determinan este estado, diagnostica con severidad.Belgrano reconociendo, que una burguesía propia no existía en la vida social, piensa sus escritos  como un intento  de sustanciar ideológicamente un horizonte de cambio en la mentalidad de los sujetos del poder económico y social, se atreve a postular una conciliación o armonía de las clases y grupos sociales. Belgrano va a ser actor y testigo del mundo de su tiempo;comprenderá que los británicos son los dueños del dominio marítimo y que los franceses se apropiaron por conquista del espacio continental europeo bajo la órbita napoleónica.

Belgrano no estaba solo en las propuestas e ideas renovadoras que postulaba, habíalenguajes comunes entre funcionarios criollos y miembros de las elites de distintas latitudes americanas, eran tanto la decadencia económica y social la que atraía los deseos de cambio, como el espíritu de progreso y libertad. Para los ilustrados, la decadencia de unos y el desamparo y abandono de otros, obedecía a una causa excluyente; la ignorancia inducida por el poder con que se mantuvo dominando al pueblo; una mirada política orientada hacia la construcción del bien común desde el trabajo informado por el conocimiento y el acceso a la propiedad de la tierra para producir riqueza. Creíaen una nueva agricultura fundada en el  aprendizaje de conocimientos útiles, observaciones informadas por la ciencia, propietarios y trabajadores alfabetizados; el tránsito de una actividad tradicional, sin estímulo al cambio o la innovación, transmitida por la cultura oral fragmentaria, a otra fundada en la previsión, el conocimiento y remover los obstáculos materiales y simbólicos.

El ala revolucionaria más activa en los planos social y económico que encarnaron hombres como Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Mariano Moreno, Bernardo de Monteagudo, etc., desearon convertir al originario en hombres verdaderamente iguales a los criollos, que era lo que indicaban las Leyes de Indias, pero en los términos  de la cultura occidental europea conformes a la Declaración de los Derechos del Hombre de la Revolución Francesa de 1789, olvidaron la multiculturalidad de estas tierras, se trataba de incluirlos en la civilización occidental pero continuar con su explotación. Hubo un proyecto político preestablecido, por lo menos en una parte de los revolucionarios de 1810, en referencia a los derechos y libertades de las que los originarios fueron privados durante casi 300 años; aunque esto fuera siguiendo cánones culturales y filosóficos propios de la cultura europea que atendiendo a las tradiciones ancestrales de las culturas originarias. Ser americano valía para criollos e indios pero transculturados al modo occidental y cristiano, aunque libre, igual y fraterno según el ideal revolucionario.

Las ideas económicas y el pensamiento filosófico de Belgrano eran contrarias a las concepciones de la mayoría de la elite, inspirados por despotismo mercantil verdaderamente asfixiante y totalmente contrario a los intereses de los pueblos. Un divulgador consciente y sistemático de la filosofía económica y política del siglo XVIII, en sus Memorias, escritos, notas o artículos periodísticos, se aprecia su pensamiento económico y sus ideas filosóficas, frente a los criterios que por entonces regían como provenientes de las viejas teorías económicas, en momentos de profundas transformaciones en las ideas que ya circulaban como aspiraciones en la Europa de su época y que más tarde América también adoptaría.

Su pensamientoeconómico y social y sus propuestas  esbozadas en sus escritos estaban orientadas a; fomentar de la agricultura, luchar contra el monocultivo, la rotación racional de cultivos para evitar el empobrecimiento de la tierra y realizar una economía próspera y sustentable, plantación de montes que retengan la humedad del suelo y evitar la tala indiscriminada,implementación de métodos de riego, entrega depréstamos, ejecución de una política forestal, impulso de la ganadería, incorporar  la cría de ganado lanar para diversificar la producción de lana, estimular la industria, la producción del lino para facilitar la industria textil, desarrollo y perfeccionamiento de la industria de la curtiembre para poder exportar cueros, impulso de la industria naval para la creación de una marina mercante para asegurar y acrecentar el comercioy de una marina de guerra para asegurar el comercio fluvial y marítimo y la soberanía, empujar el comercio luchando contra el monopolio español, criticaásperamente a los comerciantes porteños por la intermediación monopólica, ahogando la economía y provocando el contrabando,  incentivar el comercio exterior con un plan estructural para promocionar el intercambio y catapultar geopolíticamente de la región. Tenía a educación como centro neurálgico de todo su accionar, la idea de establecer premios para quienes propusieran adelantos técnicos o científicos, la creación de escuelas de dibujo, náutica y comercio.

Trataba de aplicar los principios de cada escuela o autor a los distintos problemas encarados de acuerdo con las circunstancias, el medio de actuación, en la búsqueda de las soluciones más favorables para  el aspecto particular tratado. Así responde al criterio de los mercantilistas cuando sostiene que la riqueza, es producto del intercambio que deriva del comercio y de la industria, es fisiocrático, al tratar de remediar la enorme degradación en que se encontraba la tierra en la región del Plata, proponiendo la libertad de producción y circulación, la abolición de los peajes y privilegios locales y personales, la mejora en las comunicaciones terrestres y fluviales y en las propuestas para  la recaudación de impuestos; lo vemos inspirado por el liberalismo; es pragmático, sustentado en un criterio flexible, aplicando las teorías o escuelas de los distintos autores de acuerdo con la materia por tratar, los momentos por encarar, los dineros disponibles y el medio en que debía operar, su horizonte está  orientado al bienestar de sus conciudadanos. No se encasillo en forma estricta en los principios de ninguna doctrina ni se aferró a escuela alguna ni adoptó el criterio de determinado autor. Belgrano pertenecía a la filosofía social y económica del siglo XVIII,  pudiendo considerárselo como racionalista moderado, pero sin abandonar  sus convicciones religiosas.

Su relato.

Frente a la situación de latifundio,  de grandes terratenientes por un lado y del otro  campesinos sin tierra, marginados en la miseria, propuso  una cierta  reforma  que le diera tierras a los que la trabajaban para que así pudieran salir de la pobreza; “Es de necesidad poner los medios para que puedan entrar al orden de la sociedad los que ahora casi se avergüenzan de presentarse a sus conciudadanos por su desnudez y miseria, y esto lo hemos de conseguir si se le dan propiedades (…) que se podría obligar a la venta de los terrenos que no se cultivan, al menos en una mitad, si en un tiempo dado no se hacían las plantaciones por los propietarios; y mucho más se les debería obligar a los que tienen sus tierras enteramente desocupadas, y están colinderas con nuestras poblaciones de campaña, cuyos habitadores están rodeados de grandes propietarios” (Correo de Comercio, 1810)

Ante la realidad social de su época  sostenía;  “Que no se oiga ya que los ricos devoran a los pobres, y que la justicia es sólo para ellos.” En forma permanenteconsideraba la educación como una vía de cambio de la realidad social; “Sin educación, en balde es cansarse, nunca seremos más que lo que desgraciadamente somos.”  “Esos miserables ranchos donde ve uno la multitud de criaturas que llegan a la edad de pubertad sin haber ejercido otra cosa que la ociosidad, deben ser atendidos hasta el último punto”.  (Memorias Consulares) “Los niños miran con fastidio las escuelas, es verdad, pero es porque en ellas no se varía jamás su ocupación; no se trata de otra cosa que de enseñarles a leer y escribir, pero con un tesón de seis o siete horas al día, que hacen a los niños detestable la memoria de la escuela, que a no ser alimentados por la esperanza del domingo, se les haría mucho más aborrecible este funesto teatro de la opresión de su espíritu inquieto y siempre amigo de la verdad. ¡Triste y lamentable estado el de nuestra pasada y presente educación!” (Escritos Económicos)

Entendía que la economía no podía basarse solo en la producción agropecuaria, que era necesario un correcto desarrollo industrial;  “Ni la agricultura ni el comercio serían casi en ningún caso suficientes a establecer la felicidad de un pueblo si no entrase a su socorro la oficiosa industria; porque ni todos los individuos de un país son a propósito para aquellas dos primeras profesiones, ni ellas pueden sólidamente establecerse, ni presentar ventajas conocidas, si este ramo vivificador no entra a dar valor a las rudas producciones de la una, y materia y pábulo a la perenne rotación del otro; cosas ambas que cuando se hallan regularmente combinadas, no dejarán jamás de acarrear la abundancia y la riqueza al pueblo que las desempeñe felizmente”. (Correo de Comercio). En otra oportunidad postula; “Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus Estados a manufacturarse y todo su empeño es conseguir no sólo darles nueva forma, sino aun extraer del extranjero productos para ejecutar los mismos y después venderlos. Nadie ignora que la transformación que se da a la  materia prima, le da un valor excedente al que tiene aquella en bruto, el cual puede quedar en poder de la Nación que la manufactura y mantener a las infinitas clases del Estado, lo que no se conseguirá si nos contentamos con vender, cambiar o permutar las materias primeras por las manufacturadas”.

Previó el perjuicio de importar productos cuando se podían fabricar en el país; “La importación de mercancías que impide el consumo de las del país, o que perjudican al progreso de sus manufacturas y de su cultivo lleva tras sí necesariamente la ruina de una nación”. Consciente del marco que le imponía la dependencia colonial, escribió: “Constituyéndonos labradores y que la Península sea la industriosa; pero no por esto se crea que debemos abandonar aquellas artes y fábricas que se hallan ya establecidas en los países que están bajo nuestro conocimiento, antes bien es forzoso dispensarles toda la protección posible, y que igualmente se las auxilie en todo y se les proporcione cuantos adelantamientos puedan tener, para animarlas y ponerlas en estado más floreciente”. Llegó condenar el endeudamiento; “Los rivales de un pueblo no tienen medio más cierto de arruinar su comercio, que el tomar interés en sus deudas públicas”.

En el camino hacia el Paraguay redactó  el Reglamento para el régimen Político y Administrativo y Reforma de los 30 pueblos de las Misiones, firmado el 30 de diciembre en el campamento de Tacuarí, en donde  intentó proponer políticas para los pueblos originarios, en la introducción de este extraordinario documento decía; “A consecuencia de la Proclama que expedí para hacer saber a los Naturales de los Pueblos de las Misiones, que venía a restituirlos a sus derechos de libertad, propiedad y seguridad de que por tantas generaciones han estado privados, sirviendo únicamente para las rapiñas de los que han gobernado, como está de manifiesto hasta la evidencia, no hallándose una sola familia que pueda decir: ‘estos son los bienes que he heredado de mis mayores’. Mis palabras no son las del engaño, ni alucinamiento, con que hasta ahora se ha tenido a los desgraciados naturales bajo el yugo de fierro, tratándolos peor que a las bestias de carga, hasta llevarlos al sepulcro entre los horrores de la miseria e infelicidad, que yo mismo estoy palpando con ver su desnudez, sus lívidos aspectos, y los ningunos recursos que les han dejado para subsistir”. 

En referencia a  la concentración de la propiedad en pocas manos; “He visto con dolor, sin salir de esta capital, una infinidad de hombres ociosos en quienes no se ve otra cosa que la miseria y desnudez; una infinidad de familias que sólo deben su subsistencia a la feracidad del país, que está por todas partes denotando la riqueza que encierra, esto es, la abundancia; y apenas se encuentra alguna familia que esté destinada a un oficio útil, que ejerza un arte o que se emplee de modo que tenga alguna más comodidad en su vida. Esos miserables ranchos donde ve uno la multitud de criaturas que llegan a la edad de pubertad sin haber ejercido otra cosa que la ociosidad, deben ser atendidos hasta el último punto”.

Al analizar las causas de la pobreza de los sectores populares rioplatenses, postulaba que el problema estaba en la propiedad de la tierra; “Es muy sabido que no ha habido quien piense en la felicidad del género humano, que no haya traído a consideración la importancia de que todo hombre sea un propietario, para que se valga a sí mismo y a la sociedad, por eso se ha declamado tan altamente a fin de que las propiedades no recaigan en pocas manos, y para evitar que sea infinito el número de propietarios: ésta ha sido materia de las meditaciones de los sabios economistas en todas las naciones ilustradas, y a cuyas reflexiones han atendido los gobiernos, conociendo que es uno de los fundamentos principales, sino el primero de la felicidad de los Estados”.

El 1º de setiembre de 1813, la Gaceta publicó un artículo que Belgrano había escrito 13 unos años antes y que no pudo pasar la censura del período colonial. Es un documento de un valor extraordinario donde aparece expresada una conciencia política de marcada influencia rousseauniana. Allí señalaba; “La indigencia en medio de las sociedades políticas deriva de las leyes de propiedad; leyes inherentes al orden público, leyes que fueron el origen de esas mismas sociedades, y que son hoy la causa fecunda del trabajo, y de los progresos de la industria. Pero de esas leyes resulta, que en medio del aumento y decadencia sucesiva de todas las propiedades, y de las variaciones continuas de fortuna, que han sido un efecto necesario de aquellas vicisitudes, se han elevado entre los hombres dos clases muy distintas; la una, dispone de los frutos de la tierra; la otra, es llamada solamente a ayudar por su trabajo la reproducción anual de estos frutos y riquezas, o a desplegar su industria para ofrecer a sus propietarios comodidades, y objetos de lujo en cambio de lo que les sobra. Estos contratos universales, estas transacciones de todos los instantes, componen el movimiento social, y las leyes de la justicia no lo dejan degenerar en enemistades, en guerra, y confusión. Una de las consecuencias inevitables de estas relaciones entre los diversos habitantes de la tierra es, que en medio de la circulación general de los trabajos, y las producciones de los bienes, y de los placeres, existe una lucha continua entre diversos contratantes: pero como ellos no son de una fuerza igual, los unos se someten invariablemente a las Leyes impuestas por los otros. Los socorros que la clase de Propietarios saca del trabajo de los hombres sin propiedad, le parecen tan necesarios como el suelo mismo que poseen; pero favorecida por su concurrencia, y por la urgencia de sus necesidades, viene a hacerse el árbitro del precio de sus salarios, y mientras que esta recompensa, es proporcionada a las necesidades diarias de una vida frugal, ninguna insurrección combinada viene a turbar el ejercicio de una semejante autoridad. El imperio pues de la propiedad es el que reduce a la mayor parte de los hombres a lo más estrechamente necesario. Esta ley de dependencia existe de una manera casi igual bajo los diversos géneros de autoridades políticas; y en todas partes el salario de las obras, que no exigen educación, está siempre sometido a unas mismas proporciones. El pequeño número de variaciones a que está sujeta esta regla, viene a ser una confirmación de ella; porque se derivan esencialmente del valor comercial de las subsistencias, o de la escala de las necesidades absolutas; graduación introducida por la diversidad de los climas, o de las habitudes”.

Pensaba que debían fomentarse las aptitudes y darle a la gente la posibilidad de elegir su ocupación, para lo cual insistía en incrementar los establecimientos educativos; “Aparte de ser una abominable tiranía el querer sujetar el talento de los hombres a la marcha tarda y perezosa que prescribirían unos reglamentos uniformes, siendo por otra parte tan diversas las circunstancias, ¿no es el colmo de la preocupación y de la costumbre envejecida el prescribir reglas, dictar fórmulas, establecer preceptos sobre la conveniencia universal, sobre el interés siempre activo y vivo del hombre de trabajar para su propio sustento y conservación? Pero en mí no puede la autoridad sino el raciocinio. ¿Se oponen semejantes reglamentos a la libertad del hombre en elegir el género de ocupación que sea más conforme a sus designios? ¿Se ataca directamente en él a la primera y más principal obligación de trabajar que le impuso el autor de la Naturaleza? Se contrarían sus benéficas miras en cohibir y estrechar la industria y el talento de los hombres por medio de unas trabas que le sofocan y adormecen. Sí, señores: todo esto sucede, naturalmente, cuando por el deseo de lo que se llama orden se pisa y atropella la primera y más sagrada obligación que se conoce: la de trabajar”.

Los relatos.

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La revisión del pasado argentino necesita ir más allá de los mitos y narrativas sustentadas por el Estado-Nación cuando aborda épocas y procesos cuyas figuras protagónicas son personajes como el de Belgrano, que terminó historiográficamente panteonizado como héroe militar, creador de la bandera. La historia oficial, liberal, escrita por las élites económicas de la Argentina, ha querido vaciar de contenido a Belgrano para transformarlo en un bronce a admirar por su entrega y su arrojo, pero ocultando su formación, sus valores, tanto ideológicos, filosóficos y religiosos y la relación de estos con sus acciones, sus principios, concepciones y sobre todo borrando sus contradicciones; intentaron empobrecer su memoria vaciándola de contenido.

Los relatos que las clases dirigentes realizan del pasado  tienen un objetivo propio, fortalecer el Estado-Nación y las ideologías de las clases dominantes, en detrimento de los  otros estados de nuestra América y la unidad de las clases populares, en particular los pueblos originarios, menoscabando  otros tipo de relatos e interpretación, y ocultando la participación de los sectores populares en el proceso iniciado en la Revolución de mayo. Por eso, es importante  ser críticos con la reconstrucción de estos hechos históricos, dado que desde el relato oficial intentan uniformar las mentalidades.Los relatos que desde el poder se transmiten sobre la vida y obra de Belgrano encubren las contradicciones entre aquello que pensaba y asumía convencido, y los márgenes que le ofrecen la realidad y los límites que le imponenlos intereses de la elite gobernante.Estas inconsistencias son las que mantienen a Manuel Belgrano en el panteón de los próceres argentinos, como parte de la formación de la ideología dominante.

La instalación de una determinada  idea de nación constituyouna poderosa motivación y necesidad;  Belgrano tiene una profunda vinculación con la formación de esa idea. Hay que reconocer lo dificultoso de encontrar un fundamento diferenciador en tiempos de la emancipación, basado en lo étnico, lo religioso o lo sociocultural, la mayor parte de las naciones hispanoamericanas fueron concebidas como proyecto político, partiendo de intereses económicos y sociales diferenciados de la metrópoli, pero a partir de identidades forjadas en el Viejo Régimen. Por ello, la formación de la identidad nacional se construye desde el proceso mismo de la lucha de liberación  y en adhesión a ideas liberales.Conviviendo con el horizonte colonial superviviente en la sociedad, se construye durante el proceso emancipatorio una visible identidad, demostrada en las ideas liberales de las primeras instituciones de gobierno criollo, en la adhesión de las clases propietarias y en la considerable movilización de clases populares que participaban en las guerras por la emancipación de manera directa o indirectamente; formando los ejércitos o asistiendo a los mismos.

En la idea de una nación con elementos socioculturales preexistentes y la de una nación-proyecto que es necesario construir, tiene importancia el relato histórico construido por las clases dominantes particularmente de la mano de Bartolomé Mitre, que  sienta las bases de un relato del origen, reafirmado y extendido luego por otros historiadores e instituciones; un relato constituido en fundamento simbólico de una nación aún débil en sus componentes aglutinantes, una épica emancipatoria que instala la noción de la singularidad argentina y, en una apelación no exenta de romanticismo.

En la imposición de este relato la difusión de los símbolos nacionales fueron esenciales, junto con la propagación de  las nociones  la argentinidad, la expansión de la escuela pública, en los monumentos y nombre de calles y el marco constitucional; esta pedagogía patriótica que sobrevive en el imaginario social enalteció la figura de Belgrano, solamente como creador de la bandera, militar y miembro de la Junta elevado.El Estado-Nación  requiere de una condición material, una burocracia racionalizada y un ejercicio concreto del poder; pero al mismo tiempo, para sostener su vigencia en la sociedad, apela al mito de la idealización histórica y propicia la adhesión a una determinada ideología  desde la emoción despertada por el objeto simbólico Manuel Belgrano. La memoria histórica sobre los protagonistas de nuestro pasados se ha transformado por la fuerza de la costumbre en un hecho “pintoresco”, desprovisto de interrogantes y contradicciones, como cuando desde niños de nos hizo  creer que Belgrano solamente  había creado la bandera y otras cosas por el estilo.

En el continuo accionar de Belgrano son un ejemplo de las contradicciones del proceso, cuando crea la bandera, cuando desobedece al gobierno central y enfrenta victoriosamente al enemigo en Tucumán salvando todo la región del  noroeste, pero también cuando opera como agente de los intereses de la elite porteña en la represión contra las montoneras federales,  en su influencia directa de los idearios de la revolución francesa con sus ideales de  libertad e igualdad, pero también en su ciega obediencia a las autoridades y en sus concepciones religiosas y culturales. Se enfrenta con las peores circunstancias; en tensión permanente con el mandato que la convulsiva realidad política le impondría pero nunca delegará sus responsabilidades y convicciones. Como general debe luchar contra las urgencias, contra las necesidades, contra la incomprensión. A pesar de ello no logrará romper  definitivamente con los vínculos ideológicos y sociales que lo unían a la elite porteña.

El proceso que tuvo a Belgrano como uno de sus mayores protagonistas  no fue una revolución social, dadas limitaciones y contradicciones personales, y de su grupo político y social; no modificó lo esencial de la estructura económico-social, salvo dar mayor impulso al comercio.Sus concepciones y su praxis  no nos permite limitar el proceso  a un mero deseo de  recambio por arriba en las élites gobernantes. Esa es una lectura reduccionista que olvida que fue el inicio de un proceso de lucha; personal,  de un importante sector de la elite y del pueblo por la independentista, la autodeterminación y el cambio de vida a nivel continental, que había sido precedido durante las últimas décadas del siglo XVIII por la independencia norteamericana, la rebelión de Túpac Amaru y la revolución en Haití. Sus iniciativas, actos y propuestas que compartía entre otros con Moreno, Artigas, Monteagudo y Castelli,  perseguían distintos aspectos de emancipación social, que resultaban indispensables para que hubiera un cambio en profundidad respecto de la dominación colonial.

Fuentes: Documentos para la historia del General Manuel Belgrano, Instituto Nacional Belgraniano manuelbelgrano.gov.ar

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