El paradigma de la vida pos Covid-19: otra ciencia necesaria

El paradigma de la vida pos Covid-19: otra ciencia necesaria

Resumen

La nueva pandemia de Covid-19 nos obliga a un debate de naturaleza compleja, multi-dimensional y con factores en permanentes incertidumbres, que conduce a auto-reflexiones y redimensiones de nuestro papel, acciones y corresponsabilidades para con la sociedad y el futuro. Este ensayo aspira elevar, revalorar y configurar las reflexiones relevantes para el debate y las soluciones; considera tanto las condiciones históricas en las elaboraciones teóricas, como las razones paradigmáticas que nos ayudan a aproximarnos a los problemas y sus respuestas; reconoce el encuentro de los paradigmas de salud que el gobierno bolivariano impulsa y las estrategias, dinámicas, investigaciones, gestiones y logros al combatir y frenar la pandemia del Covid-19, que refuerza con lo que aquí denominamos ”Paradigma de Salud y Ambiente para la Vida”. Mediante estrategias descriptivo-reflexivas, y con gran alcance hacia el despliegue de la conceptualización y aplicación de los diez factores básicos integradores del paradigma referido, avanza en las ideas, propuestas y sueños necesarios para la consolidación de un Sistema Nacional de Salud Universal para Venezuela, al tiempo que apuntilla los requerimientos necesarios para el tránsito y la consolidación del mismo, y apuesta a propuestas concretas para el desarrollo del paradigma en sí.

Palabras clave

Ciencia; Ecosistema; Paradigma; Vida; Salud. 

Introducción

    Comenzamos el ensayo en mención, partiendo de un análisis descriptivo-crítico, por no decir alarmante, del estado socioambiental que está confrontando el planeta Tierra. Se valoran veinticuatro indicadores globales donde se confirman las formas y maneras de cómo el ser humano y sus relaciones socio-económicas con los sistemas naturales se han venido manifestando en las tensiones sociales ambientales que hoy día se han producido. Se repara en las profundas desigualdades sociales que cada día crecen excepcionalmente. Las cuales resultan inaceptables e inapropiadas para la preservación del planeta Tierra y conducente a la extinción de la especie humana, cuestión que se demuestra adjudicada al “Paradigma Hegemónico de la Muerte”, el cual globalmente se ha instaurado por la imposición de los modelos económicos neoliberales, los cuales radicalmente se fundaron sobre el credo del “crecimiento y desarrollo económico ilimitado” bajo la pretensión de la utilización infinita de los recursos y los servicios de la naturaleza. 

    Se insiste que este panorama de complicaciones viene agravarse, por no decir a deteriorarse, con el arribo del Covid-19, por cuanto además de la cruel enfermedad que se nos incuba, también desnuda la crisis de ineficiencia, cobertura, de dependencia tecnológica y de costos que los sistemas de salud en gran parte de la mayoría de los países del mundo están confrontando. De esta manera, críticamente se resignifica el “Encuentro de los Paradigmas Tradicionales Socio-Médico y Contemporáneo Bio-Médico” que modestamente se construye en Venezuela, fortaleciéndose con la racionalidad ambiental, la cual transversaliza todas las prácticas médicas que el encuentro paradigmático está anunciando. 

    De allí emerge el “Paradigma de Salud Ambiente para la Vida”, con la correspondiente conceptualización de los diez factores que invitan a ser reconocidos y aplicado en las variadas iniciativas que requieren las otras ciencias posibles para la salud, de cara a la consolidación del Sistema Nacional de Salud Universal que se construye en Venezuela.

Desarrollo

     En la bienvenida al Covid-19: las evidencias que clarifica.

    Décadas antes que arribara la pandemia del Covid-19, la sentida preocupación de varios sectores sociales, personalidades, políticos, profesionales y científicos diversos, entre ellos biólogos, ecólogos, químicos, geólogos, antropólogos, cosmólogos, entre otros tantos, compartían el criterio según el cual nuestra relación con los servicios de la naturaleza había llegado a sobrepasar los límites biofísicos de nuestro planeta Tierra.

    Para aquel entonces se argumentaba que para la post-modernidad o modernidad, sea socialista, progresista, sea liberal burguesa o de otros estilos de denominaciones, siempre siendo direccionadas por los modelos económicos del crecimiento ilimitado y por la ilimitada expansión de las fuerzas productivas. Hoy día, se nos sigue exigiendo que cada país, cada año, debiese demostrar su crecimiento económico respecto del año anterior. Premisa que se extendió por todo el mejor sentido mundial-globalizador, sin apreciar y darnos cuenta que caímos en el mito del crecimiento y/o desarrollo ilimitado.

    Para una gran mayoría, el credo sigue siendo “mayor será el desarrollo cuanto más minimicemos las inversiones y maximicemos los beneficios”. La otra sideral premisa común a la anterior ha tenido que ver con la expresión del crecimiento del Club de Roma en sus limites del crecimiento de 1972 y de todos los demás documentos posteriores (especialmente los anuales del Estado de la Tierra) afirmaban que la humanidad se mueve dentro dos infinitos concretos: “el infinito de los servicios y/o recursos naturales” y “el infinito del progreso en la dirección al futuro”.

    Dado que lo contrario ha quedado bien demostrado, el agobiante sistema socioeconómico mundial nos ha dejado un inusitado hiperconsumo e hipermovilidad global, proporcionando distintas distorsiones en la manera de cómo el ser humano se ha venido relacionándose con la naturaleza.

    Los veinticuatro gráficos que a continuación presentamos fueron elaborados por el equipo de investigadores del Programa Internacional de la Geosfera-Biosfera y el Centro de Resiliencia de Estocolmo en el año 2015. Estos gráficos nos muestran las distintas tendencias socio-económicas de la manera como nos hemos relacionado con la naturaleza y las permanentes tensiones socio-ambientales que verifican la crisis ecosistémica del planeta.

Fuente: (International Geosphere-Biosphere Programme, 2015) 

    En tales tendencias observamos que casi todas las gráficas nos demuestran un mismo patrón de comportamiento exponencial y nos muestran cómo ha sido la relación de la actividad humana con el planeta. Por ejemplo: desde 1750 hasta 1950, durante 200 años, la población del mundo se ha multiplicado por 9 veces e igual que el PIB; los gastos de energía se han multiplicado por 40 veces; muy contra, desde 1950 hasta 2010 por 9. Con el agua, el consumo se aumentado 30 y 10 veces en los años respectivos; con los fertilizantes se dispara por 7 veces.

    De esta manera, podemos ir detallando cada tendencia, las cuales desde los años de 1950 varios investigadores comenzaron a denominarla la “era de la gran aceleración” o “antropoceno” (todavía no es oficial pero tiene un alto consenso). En esta era, que profundiza el afán del modelo productivista, lo importante es el deber tener, el acumular un gran número de medios de vida, de riqueza material, de bienes y servicios, a fin de poder disfrutar del breve paso por este planeta, sólo que acompañados de inmensos problemas como consecuencias de este afán, cuestión claramente reflejada en los gráficos, que nos definen las tensiones más acuciantes en el sistema Tierra: los niveles de gases de efectos invernaderos; la acidificación de los océanos, la deforestación y el deterioro de la biodiversidad. En tanto que problemas relevantes de atención urgente por la misma razón constituyen impulsores indirectos y directos para mitigar cambios inmediatos.

    Estos veinticuatro indicadores globales, y sus distintas interrelaciones e interacciones, nos están indicando que también hemos sobrepasado la capacidad portadora biológica de nuestro planeta Tierra en más del 85%. Dicho de otra manera, ya hemos consumido lo que bien les corresponde a las generaciones futuras, condición que nos obliga a grandes replanteamientos e indica que la humanidad tiene una responsabilidad con el planeta. De lo contrario tendremos efectos irreversibles para la naturaleza y para la vida humana.

    Es de resaltar que este modelo de crecimiento económico ilimitado tiene otros demonios por dentro; y es que en efecto se ha levantado sobre la explotación de las clases trabajadoras, sobre el desarrollo de las naciones dependientes y sobre depredación de la naturaleza, tal como lo presentan los indicadores globales presentados.

    Los gráficos y cifras seguidamente analizadas nos permiten que, además del mal uso de los recursos, el hiperconsumo y hipermovilidad, también el modelo antropoceno nos afianza la enorme desigualdad social que existe hoy día entre las clases sociales.

    Es inconcebible que los 8 multimillonarios del mundo agrupan la mitad de la riqueza de la población mundial (Forbes, 2020), riqueza de más de 3500 millones de seres humanos. De esta forma, se afianzan las responsabilidades del consumo, que también son diferentes y desiguales. Por ejemplo: todavía existen en el mundo 1000 millones de seres humanos (13% de la población del mundo) que no tienen acceso a las energías y más de 3000 mil millones usan combustibles contaminantes para cocinar, lo que impacta su salud y productividad y calidad de vida (Barros, 2018). De la misma manera, 1200 millones de la población mundial vive en estrés de agua permanente y otros 1600 millones, alrededor de un cuarto de la población mundial, se enfrentan a situaciones de escasez económica de agua (ONU, 2015). Millones de personas en el mundo no tienen disponibilidades de tomar agua potable, previéndose que esta cifra aumente. Otros datos sobre el estado del hambre en el mundo son alarmantes: más de 820 millones de personas pasan hambre y unos 2000 mil millones sufren su amenaza (ONU, 2019). También son alarmantes los cálculos de la (FAO, 2016) cuando nos alerta de que 1300 millones de toneladas de alimentos preparados anualmente se desperdician: son desechos a la basura, pudiendo alimentar aproximadamente al 2/3 de la población del mundo.

    Todas estas desigualdades sociales, desaciertos científicos tecnológicos y agravios ambientales por doquier, nos permiten plantearnos las siguientes reflexiones: ¿es posible mantener esta lógica de acumulación, de desigualdad y de crecimiento ilimitado? ¿Y al mismo tiempo evitar el colapso definitivo de los sistemas ecológicos, la desaparición de las especies, degradación o depredación de los recursos naturales sobre los que también tienen derecho nuestras generaciones futuras? ¿Podemos responsablemente seguir esta conducta-aventura tal como ha sido concebida hasta hoy? ¿No entramos en contradicciones entre nuestro paradigma hegemónico existente y la preservación e integralidad de la comunidad terrestre y cósmica? Reflexionamos: con todos los progresos que las ciencias nos han proporcionado y elevado nuestra conciencia acerca de todas estas cuestiones socio-económicas, ¿no sería sumamente irresponsable, y por ello anti-ético, continuar con las mismas direcciones? ¿O es urgente cambiar de rumbos, en este oportuno momento que el Covid-19 nos visita para quedarse?   

    En la búsqueda de respuestas a tales interrogantes y reflexiones encontramos que, de manera oportuna y acertada, el Comandante Hugo Chávez nos deja un sustancioso legado a lo largo del contenido del 5to Objetivo Histórico en la Ley Plan de la Patria, muy ilustrativo para las interrogantes que nos planteamos, pues dicho objetivo, nos impele a avanzar acciones para: “preservar la vida en el planeta y salvar la especie humana”.

    Inédita propuesta, además de revolucionaria y de alto vuelo cognitivo, que convertida en Ley Suprema se encamina como una larga, compleja y comprometida transición del sistema petrolero rentista neoliberal-privatizador venezolano, hacia una nueva propuesta societaria, contemplando un modelo productivo ecosocialista en convivencia armónica con la naturaleza. Para ello, se protege y defiende la soberanía ambiental de Venezuela en las decisiones sobre la gestión, manejo y desenvolvimiento de nuestros recursos naturales y se procura proteger el patrimonio histórico y cultural de Venezuela.

    En esta iniciativa salta a la vista la necesidad de construir e impulsar un modelo económico productivo ecosocialista, basado en la relación armónica entre el hombre y la naturaleza que garantice el uso y aprovechamiento racional, óptimo y ambientalmente sustentable de los recursos, respetando los procesos y ciclos de la naturaleza.

    El Comandante Chávez había entendido que los problemas ambientales más acuciantes que actualmente tenemos son los cambios climáticos y la integralidad de la biosfera. La progresiva alteración de los dos podría encausar al sistema Tierra a un nuevo estado de la biosfera. Así mismo tenía claro, que para esa otra nueva civilización necesaria, requerida y llena de máxima felicidad posible, debían de emerger nuevos modelos económicos supeditados a las leyes supremas de la ecología.

    Debemos reconocer y valorar la validad de la solicitud de nuestro Comandante Chávez, tanto que aparece refrendada por la autoridad del Premio Nobel de Economía de 2001 Joseph Stiglitz, cuando demanda “necesitamos una ciencia no al servicio del mercado sino el mercado al servicio de la ciencia”. Reafirmamos que no estamos negando, ni negaremos, los distintos avances en las diferentes áreas del conocimiento científico y tecnológicos que nos han ayudado. No obstante, convencidos estamos que las nuevas re-configuraciones de nuestras ciencias, además de ayudarnos a reconstruir y organizar nuestra casa común posible, también incidirá en la construcción de algunos principios y normas para esas nuevas economías que nos sigue demandando nuestro modelo de transición ecosocialista.

    Mayor vigencia tiene la reflexión del Nobel cuando observamos, en las semanas que transitamos la pandemia Covid-19, el modo cómo varios gobiernos del mundo han asumido posiciones radicales, creándose múltiples conflictos adicionales por preferir darle mayor valor, supremacía y prioridad a sus dinámicas económicas frente a la protección, curación y prevención de la actual pandemia. Con razón, pues, no es casual que los gobiernos conducidos por que con sus modelos económicos neoliberales exhiban ostensiblemente las cifras más altas en mayor contagios y fallecidos. Adviértase de una vez que la referida pandemia, para su proyección e inoculación, no distingue clases sociales, muy a pesar que los más afectados, hay que decirlo, son las poblaciones más desasistidas, pobres y de bajos ingresos. Entre otras razones, por no disponer de los recursos para pagar los tratamientos y salvar sus vidas. Además de haber perdidos sus puestos de trabajo, las condiciones económicas se han deteriorado aún más.

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    Se especula que en el tránsito de estos cinco meses de pandemia, el aumento en la población pobre en el mundo llega a 50 millones de habitantes (Mahler,2020). 

    La pandemia del Covid-19 termina de desnudar, al tiempo de reconocer o admitir, la crisis estructural de los modelos de salud consolidados en los regímenes neoliberales impuestos en el mundo globalizado. Estos servicios de salud de carácter alopáticos-paliativos, además de ser privatizados en su mayoría, resultan acompañados, por su misma razón fundacional, de tratamientos altamente especulativos con la alta dependencia tecnológica, además de profundamente ineficaces para los procesos curativos, y su cobertura limitada, inestable y excluyente.

    Como corolario de lo que se acaba de indicar, parece evidente la actual crisis de salud, cuyo carácter estructural permite afirmar que su abordaje desde el enfoque neoliberal va estar caracterizado tanto por la ineficiencia y el alto costo, como por su limitado alcance, cuestión que, por lo demás, se aleja del buen sentido para el buen vivir de la vida.

    Desde la realidad expuesta, y salvo algunas excepciones de países como Cuba, Vietnam, China, algunos países nórdicos y contados en el continente africano y asiático, pareciese que se encaminan hacia consolidar y estructurar sus modelos de atención primaria de salud, más incluyentes, amplios en coberturas sanitarias, flexibles e integradores de diferentes medicinas alejadas del modelo médico alopático. Se trata de transitar un nuevo paradigma de salud en el cual se acobijen múltiples aplicabilidades y funcionalidades operativas, que puedan trascender las limitaciones ya referenciadas y llegar a la mayoría, e incluso cubrir a todos los sectores de la sociedad, priorizando a los más vulnerables y necesitados de la población.

    La pandemia del Covid-19 requiere avanzar en el reconocimiento y resignificación de otras formas de hacer ciencias de la salud para la vida, siempre en armonía con el ambiente, vínculo y relación tan indispensable que estaremos demostrando como una de las reales opciones, con toda la posibilidad en nuestra Venezuela de cambios e incertidumbres.

     La sensibilización necesaria para las transformaciones.

    Desde que Thomas Kuhn (1990) en su conocido libro “La estructura de las revoluciones científicas” nos animó a aprender y evolucionar con la cuestión de los paradigmas, se han elaborado numerosos análisis, escritos, libros, ensayos e investigaciones sobre las definiciones, áreas de conocimientos, metodologías y tantas reflexiones sobre los alcances y trascendencias del carácter paradigmático de cualquier proceso social, cultural e histórico en nuestras sociedades.

    En sentido amplio, un paradigma, para Kuhn, “tiene que ver con una constelación de opiniones, valores y métodos, etc. compartidos por los miembros de una sociedad determinada, fundando un sistema disciplinado mediante el cual esa sociedad se orienta a sí misma y organiza el conjunto de sus relaciones.” 

Se trata de entender las mejores maneras formas de acceder a la realidad natural y social, de relacionarnos con nosotros mismos y con todo el resto que nos rodea. Son modelos, redes y patrones de percepción, apreciación, explicación y acción sobre la realidad circundante.

    Entendemos que cada cultura organiza su modo de valorar, de interpretar y de intervenir en la naturaleza, en el ambiente y en la historia. De hecho, nuestro modo de reproducción social es chocantemente hegemónico, somos uno más de los que tantos somos. Condición que nos permite auto-comprendernos respecto de lo que hemos hecho, de lo que estamos haciendo, y de lo no que debiésemos seguir haciendo.   

    Es posible que fácilmente podamos renunciar a esa condición del paradigma hegemónico y responsablemente auto-valorarnos coherentemente percibiendo en dónde nos ubicamos en los nuevos escenarios paradigmáticos pos Covid-19. Esta nueva pandemia nos centra en un debate interminable, de naturaleza compleja; de múltiples dimensiones y factores en permanente incertidumbre, el cual nos exige autoreflexiones y redimensiones de nuestro papel, acciones y corresponsabilidades en la sociedad de cara al futuro. Así mismo, estamos en la obligación de trabajar sin descanso en nuestra co-evolución social, cultural y espiritual si es que aspiramos, en algún momento, apoyar a (y colaborar con) los demás. 

    Estamos convencidos que en el largo tránsito del pos Covid-19 se ubicarán varias tendencias que han de conformar los escenarios de luchas, cambios y transformaciones para ir entrando en los procesos de mutación del paradigma hegemónico. A saber: en la primera tendencia están los catastrofistas, quienes juegan la fuga hacia el fondo, persisten en la descomposición, en el caos, no aceptan ajustes, ni cambios, no sólo niegan sino que pulverizan cualquier posible irrupción innovadora. En la segunda tendencia están los conservadores, los cuales, con algunas similitudes parciales respecto de los anteriores, sin insistir ni personificar el caos, le llegan al mismo por otro lado al partir de los poderes mesiánicos de la ciencia y tecnología para resolver la crisis mediante su aplicación neoliberal; las previsiones y las acciones en las que incurren constituyen un elemento de fuga hacia atrás, que recicla circularmente el eterno retorno hacia la no-solución, debido a que se orientan por premisas y presupuestos del pasado, no válidos, para la problemas del presente. En esta línea conservadora se encuentran los partidos políticos, las instituciones financieras internacionales, y las iglesias, entre otros, cuyas preferencias consisten dejar las cosas como están, y por tanto negar, obstaculizar, tergiversar e impedir los procesos de cambio. Otra tendencia son los escapistas, huyen hacia adentro con miedo de aceptar el oscuro horizonte y porvenir, se hacen los sordos, evitan confrontaciones: oyen, leen y observan pero no cuestionan. Pareciera que no quisieran convivir dentro del contrato social y, sin embargo lo hacen fragmentariamente, quedan en la periferia aislados y vacíos de propuestas para la acción. Otra corriente son los fatalistas, quienes huyen hacia adelante, el futuro. Sus metas y rutas son contrarias al conservador, actuando hypercriticamente, son voluntaristas y niegan los pensamientos de vanguardia. Olvidan que en la historia las revoluciones no se hacen por reacción frente al desorden de cosas sino muy contra por la instauración de modos de ser y pensar que concluyen en nuevos modos de hacer. Otras tendencias agrupan a los que piensan y trabajan cuyo perenne accionar es de cambios y revolución. Son los que están convencidos que el cambio de rumbo es lo mejor para nosotros, para nuestro planeta, el ambiente, para el conjunto de interacciones e interrelaciones del ser humano con la naturaleza para el adecuado destino común de todos, de cara a preservar las vidas de nuestras generaciones futuras.

    Estas tendencias de cambios reafirman que se deben hacer correcciones profundas y también transformaciones culturales, sociales, espirituales y religiosas. Nosotros apostamos que, dentro de esta marco contextual, ha de insertarse la propuesta de nuestro gran sur, que afortunadamente la encontramos en nuestro 5to. Objetivo Histórico del Plan de la Patria. Allí están las orientaciones preliminares, el reconocimiento a nuestras eco-base materiales, acciones e indicadores de los procesos de mutación para el nuevo paradigma que estamos construyendo.

    Independientemente de la crisis ecosistema-planetaria que estamos confrontando, se ha venido percibiendo una sensibilización con el ambiente y la salvación del planeta en cuanto totalidad. No es casual que estén surgiendo nuevos sueños, valores, comportamientos asumidos por personas, grupos de investigadores, comunidades y corrientes sociales diversas, que pueden y podrían fortalecer, y sustancializar el gran sur que a estos efectos se debe recorrer.

    Es en esa sensibilización previa según Kuhn donde puede nacer un nuevo paradigma. Son millares de esfuerzos que recogemos en la literatura desde diferentes y distintas áreas del conocimiento que se han elaborado una gama de propuestas referidas a las condiciones, formas o tipos de paradigmas que se vienen construyendo en la especificidad requerida, las cuales, que bien administradas pueden resultar en grandes estribos para sustanciar la transformación necesaria en estos tiempos de profundas crisis. Por mencionar algunos, tenemos paradigmas epistémicos; sistémico; lógica-dialéctica; post-moderno histórico-social; socio-crítico; agrícolas; de suelo educativo; agroecológico; sociológico; de la cultura; de la sexualidad; ambiental; ecología integral profunda; física cuántica; cuántica y cosmobiológico, entre otros tantos.

    Importa insistir en un aspecto que, por su relevancia, no debe pasar desapercibido. No sería redundante insistir muchas veces, si ello fuera necesario para llegar a comprender que los distintos paradigmas, incluso la cantidad que no han quedado indicados en parágrafo anterior, pueden representar un néctar suficiente, y supremamente rico, para configurar los nuevos modos de ser y pensar constituyentes de acciones transformadoras en lo público, político y social, pero no perder de miras, e interesa resaltar muy mucho, que sin carta de navegación (horizonte brujular) que sirva de orientación para incursionar por los intersticios de los paradigmas a partir de las realidades complejas y viceversa, resultará imposible la emergencia de receta alguna para las transformaciones deseables y posibilitadoras de otra civilización. De allí la importancia de algunas consideraciones que se han elaborado para pasar a la acción, y encaminarse en los distintos procesos de transición para la construcción del paradigma deseado y posible. 

    En el paradigmático texto del Tao de la Liberación (Boff y Hathaway, 2014) la investigadora (Meadows,1999) en un denso análisis (pág. 420-421) ha llegado a proponer varios tipos de acciones que tienden a mejorar los sistemas existentes. Parte que debemos pensar en que no todas las acciones tienen el mismo impacto transformador. Sólo hay mejorías. En algunas otras en su mayoría entre el 95-99% de las intervenciones humanas tienen lugar en el nivel de lo que ella denomina parámetros cambiantes que lo que hacen son ajustes relativamente menores. Rara vez se consiguen cambiar comportamientos de manera significativa. Otras acciones son más eficaces cuando se mejora el flujo de información, se proporcionan datos y análisis significativos y precisos. También los cambios constitucionales, acuerdos comerciales y de inversiones internacionales ayudan a mover transformaciones significativas.

De la misma manera cambios en los objetivos fundamentales de los sistemas también son importantes. Meadows señala que cuando se dan retos de cambios y transformaciones profundas se supone que los desafíos son mayores. Insiste en que debemos cambiar de mentalidad, de paradigma o de cosmología. No puede obviarse que estamos en un ámbito escabroso donde no podemos subestimar las dificultades a superar tan inmensas, como inversamente proporcionales a la riqueza que nos puede traer el nuevo paradigma. Aunque que esto resulta difícil, Meadows dice al respecto:

    Así pues ¿cómo se cambia un paradigma? En pocas palabras se señalan constantemente las anomalías y los fallos del viejo paradigma, se habla constantemente y en voz alta de nuevo, se introduce a personas lugares que proporcionan visibilidad y poder público y político. No se pierde el tiempo con los reaccionarios, sino que trabaja con agentes de cambios y con el vasto terreno medio de personas que tienen una mente abierta.(Meadows, pág. 420-421)

    En la propuesta confeccionada en este trabajo, y en correspondencia a las ideas que anteceden, presentaremos algunas reflexiones y consideraciones para sensibilizar y avanzar en nuestro nuevo paradigma por proponer, el cual se circunscribe en la nueva realidad que nos propone el pos Covid-19.

     Covid-19: ¿ecocidio y/o genocidio?

Curiosamente el Covid-19 llega a Venezuela cuando el gobierno bolivariano está incorporando como políticas de salud “el encuentro de los paradigmas tradicionales y socio-médicos”. La Figura #1 se expresa por sí sola. Allí se observa como la medicina biomédica alopática occidental del siglo XX que no sólo ha sido dominada por el sentido especulativo y de ganancias propias del neoliberalismo globalizadores, sino que ha aminorando el cabal ejercicio de las otras medicinas que fueron evolucionando a lo largo y ancho de nuestro proceso histórico, las cuales se identifican con nuestras cosmovisiones originarias, como la medicina tradicional indígena, africana y natural, las cuales se han venido complementando con medicinas milenarias como la china, ayurvédica y la reciente medicina homeopática del siglo XX.

    Hay que resaltar permanentemente que todas las prácticas médicas allí señaladas, sin excepción, se transversalizan con la dimensión ambiental en la que cada área médica interactúa, cuestión muy importante debido a que la pandemia del Covid-19 transita en la concurrencias de dos crisis de impulsos inusitados y de consecuencias impredecibles: la profundización y agravamiento de la crisis económica internacional y la crisis climática en los términos que ya quedado indicado en los gráficos en la primera sección. Por su naturaleza multifactorial y multidimensional de infinitos efectos y consecuencias, es un epicentro activo para la diseminación de futuras pandemias que podrían venir.

    Por tanto, obligatoriamente y con mayor fuerza la era pos Covid-19 nos exige avanzar en los cambios de paradigmas para el ejercicio de las políticas de salud. Necesitamos una revisión y re-evaluación de nuestras políticas, planes, programas, que definitivamente nos encauce para avanzar hacia un proceso de mutación paradigmática, donde prevalezca la coherencia, complementariedad y equilibrio en la realización de los procesos articulados.

    Como se expresa en la Figura #1, nuestra mutación paradigmática ha de ser dialéctica; dicho de otra manera, debemos asumir de cada enfoque médico en particular, y del paradigma hegemón de la modernidad en general, todo lo que sea asimilable y beneficio del nuevo paradigma, para insertar de modo integral todo lo que contribuya a su consolidación.

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    Varios autores han señalado que el tejido salud ambiente nos demuestra que en la interdependencia de la salud con los factores básicos que conforman cualquier proceso social (político, jurídico, económico, tecnológico, trabajo, educativo, entre otros) siempre ha de existir una interrelación total de cada uno de ellos, al tiempo que, para el establecimiento de políticas en el área de salud, necesariamente tenemos que tomar en cuenta tanto la caracterización básica de cada uno de los factores como la interrelación total entre ellos. Estas series de interrelaciones nos brindan la posibilidad de acoplar elementos comunes permitiendo el avance, movilidad y sentido de todo el proceso social. Insistimos, debemos encontrar la máxima sinergia y coherencia entre las políticas a implementar.

    Para entender mejor la relación salud-ambiente, hay que proceder hacer uso de definiciones o principios de salud y tratar de integrarlos al concepto de ambiente, contexto en el cual (Rodríguez ,1981) nos expone lo siguiente: 

El ambiente es el conjunto componentes bióticos (flora, fauna y hombre) y abióticos (naturales y culturales, dinamizados por flujos de energía, complejizados por los intercambios de información en evolución constante en el continuo espacio y tiempo. Todo esto permite concebir el ambiente como una “red de factores físicos-químicos, bióticos y socio-culturales en interrelación e interacción en asociaciones sistemáticas, y en cambio permanente”. La síntesis de esa diversidad de elementos componentes de los sistemas biológicos vivos en la unidad constituye la totalidad del mundo, razón por la cual la relación-integración salud-ambiente en la formulación de las políticas resulta inexorable.”

      Rodríguez agrega que cuando el hombre existe en esa totalidad y es capaz de reproducirla, llega ser a persona (unidad socio-psico-somàtica); a ese estado lo definiremos salud humana.

Si consideramos a los seres humanos como un sistema que integra en su seno todos los elementos y factores de la relación salud-ambiente en los términos escritos, podemos decir que los cambios del balance de energía, materia e información en él, puede afectarlo positiva o negativamente como persona y a la vez su comportamiento altera las relaciones con los otros componentes del ambiente. Ya hemos señalado que estas relaciones son complejas y cualquier modificación en forma directa, o temporalmente indirecta, hechas por las actividades del hombre provocan interferencias en las interrelaciones de los factores ambientales, y a su vez, origina la crisis ambiental que pone en peligro su existencia.

 En la actualidad nos surgen nuevas patologías, en parte provenientes de los cambios climáticos y los aumentos de temperatura. Así, esto tiene sus implicaciones en los confinamientos de los grandes lotes de cría de animales (aves, porcino y vacuno) que inciden en nuevas crías y mutaciones de virus; en las distintas patologías de orden respiratorio; en las rupturas de las cadenas tróficas con la desaparición de los hospederos naturales y la relación directa con la pérdida de nuestra biodiversidad. También tienen relación con estos cambios de climas y temperaturas las nuevas patologías que han surgido por las distintas razones de contaminación y las que se han reanimado por los severos estrés de agua en todo el mundo.

Pudiéramos seguir enumerando otros ejemplos, donde demostramos que los desagravios o desajustes del ambiente que inciden en la salud humana. (Carballo, 1976) nos contabiliza un total de 101 factores, entre patologías de tipo físico (36), factores bióticos (52) y factores socio-culturales (13) que han de incidir en el estado de la salud.

Otras de las gruesas regresiones que nuestro modelo de salud venezolano acarrea proviene del distorsionado modelo de desarrollo económico que nos han impuesto, al introducir tecnologías generadoras de dependencia que causan efectos biológicos de diversas formas, contaminación física y química del ambiente, así como los efectos psicosociales de las condiciones de vida y trabajo inherentes a la industrialización, ya que dan lugar a la consolidación de patologías de salud como el cáncer, enfermedades coronarias, trastornos cardiovasculares, respiratorios, neurológicos o mentales preexistentes, toxicomanías producto de concentraciones de toda clase de contaminantes ambientales físicos, químicos y biológicos que pueden ser un factor causal en enfermedades de etiología múltiple; también se asocian con esta misma cuestión problemas de hipertensión vinculados a factores psicosociales, condiciones de trabajo y de vida, régimen de vida urbana, sistemas de transporte y actividades recreativas.

    El nuevo paradigma de salud que se ha instaurar en Venezuela ha de encauzar, además, la transición epidemiológica, ya que no han sido erradicadas en su totalidad las enfermedades típicas como: parasitoides, mortalidad infantil, tuberculosis, casi todas las enfermedades transmisibles, desnutrición proteico-calórica, y otras. Lo que claramente indica que los cambios establecidos en los sistemas no se están realizando correctamente y, paradójicamente, por debajo de una aparente desarrollo económico subyace una realidad muy diferente.   

    En correspondencia a las consideraciones del tejido integrador de la relación salud ambiente, es necesario acusar recibo de una realidad supremamente compleja: por un lado todo lo que surge con ocasión de la emergencia del Covid-19; por otro lado, la consideración del cúmulo de circunstancias que preceden a y están presentes en una enfermedad. Esta trama, por los demás difícil y complicada, obstaculiza la evaluación de los efectos adversos del deterioro ambiental, con mayor razón cuando se repara que dicho deterioro varía según se considere como sujeto al individuo o a la colectividad y según la categoría de la población de que se trate. Con estos meandros ha de bregar también con éxito el nuevo paradigma a instaurar.

La realidad sumamente compleja que se acaba de aludir, exige crear e integrar nuevos indicadores sanitarios, adicionales y diferentes a los de la mortalidad, la morbilidad o fecundidad. Así mismo urge la creación de nuevas metódicas donde, de forma sistemática y sistematizada, se conozca la integración de los componentes epidemiológicos, etiológicos y ecológicos. 

Dado que el componente ecológico es transversal al resto de los componentes y en la integración y relación de todos, se genera una trama compleja con distintas ramificaciones y efectos, siempre por este carácter transversal de tipo ambiental resulta pertinente, y no solamente posible, un enfoque paradigmático genuinamente ecológico en la prevención de las enfermedades. La tendencia por su imbricación compleja apunta a la necesidad de agrupamientos de conjunto de causas y combinación de efectos, así como sus relaciones recíprocas. A partir de aquí, sería relevante para la formulación de políticas públicas en materia de salud, la configuración de indicadores de nuevo cuño que recojan de manera prospectivas todo este entramado, siempre en dirección a favorecer la eficacia en la toma de decisiones públicas para resolver problemas de salud.

    La definición, explicación y control de estas determinantes o indicadores resultan sumamente eficaces para el control de las enfermedades, cuestión que requiere de una apreciación mucho más profunda de los sistemas ecológicos de los que forman parte. Cada modificación del ambiente de uno de sus integrantes repercute en todos los factores de la totalidad.

    Como corolario de lo anterior se coligue que las destrezas en el abordaje de las relaciones con el ambiente, sobre la base de investigaciones ecológicas, abre nuevos horizontes a la búsqueda de medios más eficaces de prevención de enfermedades.

    Como ya hemos mostrado la trama de relaciones, interrelaciones e interacciones, en la que se precipita el Covid-19 que, a una misma vez, le constituyen en una pandemia, multifactorial, multidimensional y multilateral (planetaria), pero también en ejes concéntricos desde donde pivotan potencialmente la proliferación de nuevas y variadas pandemias, agregamos ahora que al observarse todo este entramado desde las relaciones salud-ambiente, puede afirmarse con certeza que estamos ante la presencia de un ecocidio y de un genocidio. Así podría generarse la irradiación de nuevas pandemias que echadas a andar en conceptos de fragilidad, no sería aventurado pensar que puedan ser utilizada por los poderes fácticos de las fuerzas corporativas mundiales e imperiales para inocular nuevos virus a beneficios de inventario de la reproducción de la dominación.

     El Paradigma de Salud y Ambiente para la Vida.

    Como se ha reseñado en extenso, el paradigma hegemónico está de salida, y nuestras relaciones con el planeta continúan deteriorándose como también las nuestras en los distintos procesos de socialización, incluso en los ámbitos más íntimos, cercanos y más preciados.

    La Figura #2 que hemos denominado el círculo del Paradigma Hegemónico de la Muerte, nos presenta las nefastas y enfermizas interrelaciones e interacciones, constitutivas de la inmensa trama que, consciente e inconscientemente domina a muchos seres humanos, y a su vez es usada como estrategia de dominación en los distintos ámbitos de influencias y dominación económicos, políticos y sociales, incluso los personales. No cabe duda que el gráfico en referencia refleja gran parte de la realidad que vivimos. Es omnipresente en el ahondamiento de la crisis económica y personal que se agudiza en la era pos Covid-19, de tal modo que nuestro gráfico, que por sí sólo habla con elocuencia en este sentido avanza en reforzar la necesidad de culminar las salidas del paradigma hegemónico.

    En efecto la referida salida resulta urgente por múltiples razones: por la gravedad de las derivas que allí subyacen y, sobre todo, por que allí reside el origen de los conflictos que nos han traído hasta acá. 

    Resulta urgente la tarea dirigida a procurar un nuevo conjunto de concepciones que procuren unos nuevos modos de acción e interacción para, a conciencia de ello, contribuir a generar un nuevo orden social que re-signifique y dignifique la vida humana y la de todos los seres vivos.

    Con el Paradigma de Salud y Ambiente para la vida, ver Figura #3, se pretende que en toda la estructura praxeológica de las necesidades humanas básicas y dirigidas al sostenimiento y orientación de la vida se recojan, y se articulen, las cuestiones que a pesar de serles inherentes y permanentes aparecen sin embargo siempre ausentes en la previsión y organización de los programas humanos que los sacan adelante, a saber: los patrones de organización de la vida y de todos los sistemas vivos, que precisamente por esto deben aparecer transversalizando toda actividad humana en el despliegue de energía, información y esfuerzos que se sostienen, mantienen y recrean las integraciones, socializaciones y las interacciones.

    La Figura #3 del Paradigma de Salud y Ambiente para la Vida es una dinámica red que se representa en diez grandes factores generales para crear, hacer, recrear y transformar vidas. Obsérvese que todos se encuentran en permanente interacción e interrelación y cada uno de ellos depende de todos y como la totalidad de ellos depende también de cada uno de ellos, entonces, así engranados, el todo que es la vida resulta más que la suma de sus partes.

    Hemos entendido que tanto en las conceptualizaciones de cada una de ellos, como en sus posteriores desarrollos científicos de los distintos proyectos que se acojan al paradigma, se tiene que reflejar su corresponsabilidad y prestancia para la dinámica y la praxis en que han de ser objeto de avances. Para la reflexión, discusiones y debates presentamos las conceptualizaciones de cada uno de los factores que identifican el nuevo paradigma en construcción.

    Paradigma: conjunto de principios, ideales y valores compartidos en una comunidad, a la que sirven de referencia y de orientación. El cambio de paradigmas ocurre cuando surgen nuevas visiones de la realidad, como está ocurriendo actualmente.

    Educación: es la toma de conciencia para encontrar empatía dentro del conjunto de las interacciones y de los seres relacionados para encontrar: cuidado, respeto, conocimiento, corresponsabilidades, transmisión y producción de valores, actitudes nuevas, que respaldan y sostendrán todos los procesos dirigidos a crear, preservar y recrear la vida.

    Investigación Transdisciplinaria: tiene un destino común y personal que se complementan. Acá el nuestro es, mutar hacia el paradigma de Salud y Ambiente para la Vida. Es nuestro origen común y de estar interrelacionados, tenemos todos un sentido común, en un futuro siempre en apertura común. Es de dentro ese futuro común de investigaciones e investigadores, donde se debe situar el destino personal cada ser, que no se entiende por sí mismo sin el ecosistema, sin ambiente, sin las demás especies en permanentes interacciones con el y, en fin sin los demás individuos de la misma especie. Se da una permanente interdependencia. 

    Innovación Tecnológica Apropiada: consiste en la concurrencia de los individuos y la sociedad a la ciencia y la tecnología desde perspectivas tan adecuadas como reguladas por las necesidades de las unidades comunales, generadora de soluciones diversas para problemas técnicos y sociales, donde el componente trabajo es emprendido por la satisfacción en el permanente respeto por no sobrepasar los límites biofísicos y por la satisfacción de las incursiones en un proceso empático que revitaliza toda la existencia humana al tiempo que recrea la vida; con un bajo consumo de energías renovables e integradas a las culturas locales.

    Interculturalidad: nace y se alimenta del propio sincretismo de nuestra integralidad cultural latinoamericana mestiza y de la estrecha relación entre los procesos y valores espirituales, materiales, productivos y culturales creados en la práctica socio-histórica, tales como rituales, música, danza, pintura, artesanía y gastronomía. Estas expresiones representan determinadas regiones, espacios territoriales y pueblos lo que revela el buen sentido del arraigo y pertenencia que las identifica. En todas ellas se valora y destaca el sentido colectivo como la esencia de la organicidad social. Es allí donde nace el “paradigma de la cultura por la vida”.

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    Saber con ciencia: son procesos de creación y producción de conocimientos que vienen interpretándose en su propia y particular manera, la imaginación teórica integrada con la práctica, una especie de sabiduría andante, donde se conjugan los modos tradicionales en que los seres humanos han vivido y se han sostenidos durante siglos, con la apropiación adecuadas de las innovaciones tecnológicas para recrear sus sistemas vitales e integrarlos a los distintos valores de nuestra interculturalidad.

    Agroecología: es una matriz del saber con ciencia que unifica todos los saberes (indígenas, campesinos, científicos y otros), con las perspectivas socio-económicas, ecológicas y técnicas para el diseño, manejo y evolución de los sistemas productivos y de su base social y cultural existente.

    Biodiversidad: son los distintos grados de heterogeneidad de la composición de las especies biológicas (animales y plantas) de un ecosistema o agroecosistema, de su potencial genético, de su estructura vertical y horizontal, de su estructura trófica, funcionamiento agroecológico y los cambios en el tiempo para su aprovechamiento y reproducción.

    Organización Social: son espacios de aprendizajes donde concurren procesos multidiversos e integrados para la producción de conocimientos, para la solución de problemas y producción de bienes, transformación y servicios con la producción-generación de participación y para la socialización de todos los haberes humanos que ayuden a recrear la vida y, por tanto, eliminan los procesos de socialización inversa en las mismísima base de su emergencia.

    Saneamiento: lo ubicamos en los procesos de innovación tecnológica sustentables orientados a proteger la salud humana y a prevenir la contaminación de los ecosistemas, el ahorro de agua y la devolución de los nutrientes a los ecosistemas terrestres y acuáticos a fin para que puedan ser aprovechados en las transferencias de tecnologías y participación de la comunidad, con destino a la producción agrícola y otros servicios.

    Cambios Climáticos: Son cambios de climas atribuidos directa e indirectamente a la actividad humana que altera los distintos fenómenos atmosféricos, causando cambios a un ritmo acelerado y que nuestras actividades ligadas a la producción, extracción, movilización, asentamientos e hyperconsumismos, son las causas de este aceleramiento en el cambio. 

    La Figura #3 también nos permite elaborar un ejercicio matricial para entender y visualizar las diferentes tendencias que esas relaciones representan.

    Independientemente de que podemos agregar otros factores o sustituirlos por otros, las conceptualizaciones elaboradas nos permiten entender la estrecha relación que existe entre todos los factores enunciados. Así, lo expresa la Figura #3 del nuevo Paradigma de Salud y Ambiente para la Vida. Allí podemos verificar que todos los factores se encuentran interrelacionados uno con todos y todos con uno. Se da una interdependencia cruzada que forma una red en que se van correspondiendo todas las partes. No se da una simple sucesión de secuencias de las acciones que cada factor pueda emprender. Son interconexiones causadas entre los distintos factores, las cuales nos invitan a valorar permanentemente el sentido de cada uno de ellos en las acciones que se han de encaminar con políticas, planes y proyectos para la vida.

    Por supuesto que una de las características principales de este paradigma es su complejidad, es una manera distinta de pensar, distante de la lógica no lineal. Como bien lo explica Morín (1984), la complejidad es lo real, debido a la trama de sus relaciones, es por su misma naturaleza complejo. Mil factores, elementos, energías, coyunturas temporales irreversibles, entran en sinergia y en sintonía en la constitución concreta de cada ecosistema y de sus aspectos relacionales individuales. Wilson (1994) expresa que la complejidad es densa en los organismos vivos. Estos forman sistemas abiertos. En ellos se da el fenómeno de la auto-producción y de la autorganización a partir del desequilibrio dinámico que busca nuevas adaptaciones. 

    La Figura #3 que hemos presentado se manifiesta mediante la presencia de un principio hologramático que actúa en ellos. Wilber (1991) lo definió así: en las partes está presente todo y el todo en las partes.

    Para llegar a comprender la complejidad se han formulado teorías las teorías de la cibernética; de los sistemas abiertos; transdisciplinaridad, teoría del caos; fractales; teoría de catástrofe, teoría del todo vínculo con la teoría de las cuerdas. Mediante todas ellas se trata de captar la interdependencia de todos los elementos, la funcionalidad global, haciendo que todo, sea la suma de las partes y que en las partes se concrete todo el holograma. Sin embargo la complejidad inherente y trascendente de los sistemas vivos invita a farolear tanto los aportes como las limitaciones de las teorías al uso, siempre en busca de sintonizar con el tejido de la vida allende de las teorías.

    Nuestra nueva ciencia para la salud-ambiente, debe partir o considerar la relación, interacción, y el diálogo que todos los seres (vivos y no vivos) guardan entre sí y con todo lo demás que existe. Su patrón básico es una red y como lo observamos en la Figura #3 es una red de relaciones entre todos los componentes de un organismo vivo, de la misma manera hay una red de relaciones entre plantas, los animales y los microorganismos de un ecosistema o entre personas de la comunidad humana.

     Como bien lo ha venido argumentado (Capra, 2002; Capra, 2007) una de las características de estas redes de vida es el hecho de que todos sus nutrientes se transmiten en ciclos. En un ecosistema la energía fluye a través de la red, mientras el agua, el oxígeno, el carbón y todos los demás nutrientes mueven en ciclos ecológicos bien conocidos. De forma similar, la sangre circula de cuerpo a cuerpo y también el aire, el fluido linfático y otros tantos ciclos. Donde hay vida, hay redes; y donde hay redes de vida, hay ciclos. Capra enfatiza estos tres conceptos: el patrón de redes; el flujo de energías y los ciclos de nutrientes son esenciales en el nuevo concepto de vida.

    En nuestro caso particular y lo referido en la Figura #3, podemos elaborar distintos ejercicios matriciales para relacionar todos sus elementos constitutivos, este método hace aparecer las variables influyentes y dependientes, y por ello, las variables esenciales a la evolución del sistema. Se definen jerarquías de variables, descripción de relaciones entre las variables (internas y externas) y la identificación de las variables claves. Este análisis nos facilita el seguimiento del mismo y la localización de relaciones entre las variables, lo cual nos permitiría construir las bases de temas necesarios para la reflexiones prospectivas. Por ejemplo: como lo hemos referidos anteriormente uno de los tema más acuciantes de nuestro momento-humanidad son los extraordinarios cambios climáticos y todos los factores relacionados en la Figura #3 son altamente dependientes para avanzar en la mitigación y adaptación de los cambios climáticos, especialmente en la regulación de las nuevas pandemias y la producción de alimentos mundial y global.

    Debería ser una prioridad el avanzar en la definición de líneas de investigación, programas, proyectos para aliviar las tensiones sociales y ambientales ocasionadas por los cambios climáticos. De manera que en los nuevos procesos de planificación y producción de alimentos, debemos tomar en cuenta el sentido de las dimensiones y los impulsores problematizadores que se presentan de manera integral. De veinticinco ya seleccionados se destacan: el aumento de la población; la escasez de recursos y energía; el deterioro de los suelos; la pérdida de biodiversidad y el estrés de agua. Entre otros, están permanentemente generando niveles de interacción y grados de interdependencia, debemos tomarlos en cuenta para cualquier escenario productivo (Núñez, 2020).

    Debemos enfatizar que en la literatura científica se consiguen diferentes modelos climatológicos y sus proyecciones hacia un calentamiento global, proyectado para los próximos 10-30 años, que van a producir efectos importantes en la agricultura del planeta. No sólo afectará la biología (positiva o negativamente en referencia a la producción), sino que harán variar los componentes socio económicos y ecológicos de las regiones que sustentan las actividades agrícolas.

Conclusiones para avanzar.

    Definitivamente la etapa pos Covid-19 será de permanentes desafíos. En primer lugar nos exigen re-encontrarnos con nuestra propia esencia para bien o para mal. Debe privar la honestidad coherente en nuestra manera de pensar, accionar y comprometernos con los cambios y transformaciones que se están requiriendo.

    Además de proseguir la lucha que nos posibiliten las satisfacciones de las necesidades esenciales, debemos cuidarnos de cada quien, a todos y a cada uno de nosotros, para mitigar la pandemia del Covid-19 y otras que vienen en camino, comprometiéndonos con la preservación y recuperación de nuestros espacios naturales y nuestro ambiente.

    En tal sentido y para avanzar en la coherencia del Paradigma de Salud y Ambiente para la Vida, debemos trabajar con nosotros mismos para, cumplir los siguientes requisitos:

    Nueva Humanidad: partimos que el ser humano debe tener el mínimo derecho de sobrevivir. Lo que implica que debe cumplir con el acceso a alimentos, agua, aire limpio, abrigo-casa y una protección básica de salud. Este ser debe tener amistades, amor, reconocimientos, dignidad y por encima de cualquier determinación étnica, religiosa o cultural.

    Un bienestar diferente y ecológico: nuestro accionar organizativo, no sólo debe centrarse en bienes y servicios, sino principalmente en calidad de vida, la cual debe resaltar el funcionamiento global de la sociedad. Las nuevas alianzas entre hombres/ mujeres y la naturaleza debe ser en términos de afectos, confraternidad y corresponsabilidad. Recordemos que una de las características importantes en el bienestar humano es reconocer los valores de la espiritualidad, saber comunicarnos respetando y reconociendo las diferentes alteridades.

    Un sistema de salud de protección integral: debemos aprovechar los avances que el Gobierno Bolivariano está adelantando en el tránsito de la pandemia Covid-19, en términos de aprendizajes; logros obtenidos; para producir conocimientos; estrategias primarias de prevención de salud; innovaciones tecnológicas inmediatas y un sólido apoyo de las relaciones internacionales para redimensionar, re-estructurar y avanzar en la consolidación de un sistema nacional de salud de carácter universal. Creemos y debemos demostrarlo con mayor rigor de sistematicidad, que el encuentro entre los paradigmas de salud debe potenciarse y, una vez más, demostrar la eficiencia de los tratamientos de las medicinas alternativas.

    Un nueva ciencia para la vida: nuestra Figura #3 del Paradigma de Salud y Ambiente para la Vida, evidentemente es una nueva visión de los sistemas de la vida, como ya se vió con Capra ha surgido una ciencia de vanguardia. Su idea principal es que existe un patrón de vida básico, común para todos los sistemas de vida: los organismos vivos, los ecosistemas o sistemas sociales. 

    Para esta nueva ciencia debemos recordar que nuestra naturaleza está animada (por todo el conjunto de los seres), desde sus partículas elementales y las energías primordiales hasta las formas más complejas de vida, es dinámica. Ella constituye un tejido intrincado con conexiones por todos los lados. La nueva ciencia también debe incorporar y abarcar nuestras razones de interculturalidad y las complejisimas relaciones humanas, que como hemos expresado anteriormente su dinámica y funcionamiento se dan en redes de vida con combinaciones de ciclos entre seres humanos, plantas, animales, microorganismos (Covid-19) ecosistemas y patrones de energía (ver Figura #3).

    El concepto anterior se puede aplicar al tratamiento que el Gobierno Bolivariano le viene dando al Covid-19. Lo afirmamos por cuanto en sus distintas dinámicas se dan ciclos y cierres de ciclos en los distintos procedimientos que se están asumiendo. Avanzar e ir buscando a los pacientes para detectar el contagio pandémico y realizarles las millones de pruebas diagnostico; establecer los cordones sanitarios de los miles de connacionales que han regresado al país; darles su respectivo seguimiento y apoyo estratégico, mantener bien informada a la población y cumplir la cuarentena voluntaria, radical y consciente son maneras prevenir contagios futuros y es salvar vidas. Se entiende que esta metódica en sus resultados, logros se están aplicando en varios sistemas vivos, entre los más destacados los venezolanos. 

    Podemos reafirmar que esta metódica no es reduccionista y simplificadora. Se está integrando a los seres humanos están interligados entre sí y cualquiera que viva esa dinámica necesita al otro para seguir viviendo. Entre todos sus factores por destacar el nuevo paradigma de salud y ambiente para la vida, que se construye en Venezuela se ha fortalecido en sí mismo, dotándolos de un extraordinario aprendizaje y evolución. Es evidente que para mantener la el control y el equilibrio oportuno que se observa con el tratamiento de la pandemia, es indispensable que la obediencia civil la entienda, la acate y la haga respetar como otro deber más por cumplir para la protección de toda nuestra conciudadanía venezolana. 

    Una nueva economía para la vida: que suponga la humanización, la autocontención, la autosuficiencia, la sustentabilidad, para el bienestar ecológico y del ser humano, respeto a las diferencias y complementariedad culturales, y apertura a la reciprocidad. Se requiere trabajar en nuestras comunidades por establecer una economía que pueda satisfacer equitativamente las necesidades humanas reales (frente a deseos y caprichos) y como anteriormente hemos argumentado, que respete los límites biofísicos de nuestros ecosistemas locales.  

    Los derechos para la salud: al calor de las dinámicas anteriores, se hace necesario revisar los verdaderos derechos de los venezolanos sobre la salud en los diferentes períodos de la vida, a la prevención, protección y hacia la asistencia racional y humana como se está demostrando en el tránsito de la pandemia Covid-19.

     Educación de ciclos: debemos considerar los aprendizajes como ciclos, donde nos acerquemos cada vez más a los ciclos vivos de aprendizajes holísticos, donde se valora una actitud de apertura y de inclusión ilimitada propicia de una cosmovisión radicalmente ecológica (de religación y panrelacionalidad con todo), solo así podremos superar el pensamiento lineal que nos ha dejado el antropocentrismo histórico.

    Nuevos faroles para avanzar: Las reflexiones anteriores nos motivan a proponer la creación y consolidación de espacios socio-productivos encauzados no sólo en materializar lo que hemos entendido como el Paradigma de Salud y Ambiente para la Vida, sino que, además, el país debe empezar a dotarse de espacios que acompañen las políticas de salud requeridas para responder y resolver, problemas tan complejos como las pandemias y otros padecimientos de alta frecuencia viral.

    Recordemos que la sociedad contemporánea de acusada complejidad y de pluralismo complicado, necesariamente requiere de un enfoque tridimensional (salud-ambiente-ecología mental) integrativa de las nuevas relaciones del ser humano y su entorno natural. 

    Nuevos faroles que demuestren progresivamente su carácter autosustentable, autosuficiente y con criterios de estabilidad y permanencia. De esta forma se estarán demostrando las distintas formas de metódicas naturales para la nueva salud ocupacional deseada, con la integración de prácticas alternativas a los procesos productivos y de autodependencia integral e integrativa que logren consolidarse. 

    Así en correspondencia de estos faroles deberían de pensarse en que las políticas de salud deben dotarse. Por ejemplo, en la consolidación de unidades de terapias ocupacionales y de servicios públicos de salud, esto es la creación de servicios de beneficencia colectiva, para la reversión de problemas cardiovasculares, cáncer, diabetes, alcoholismo y secuelas del Covid-19, mediante la atención con métodos naturales desde la óptica de nuevos modelos de de convivencia social y cultural, con sustentabilidad productiva y agroecológica, al tiempo que insertos dentro los componentes de producción, de educación y de confort, para el beneficio tanto destinatarios particulares de la sociedad cómo de los sectores públicos.

Fuente: Zenodo

Miguel Angel Núñez (2020)
El Paradigma de la Vida Pos Covid 19: Otra Ciencia Necesaria.
Observador del conocimiento, Volumen 5 número 2 Mayo Agosto 2020 ( ISN 2343-6212) 124-143

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