Personajes

En estos días he pensado y recordado los libros del escritor peruano Manuel Scorza que murió en un accidente de avión en 1983. Scorza fue un observador de los problemas del Perú, cultivador del realismo mágico andino, junto con sus compatriotas Ciro Alegría y José María Arguedas. Escribió una serie de novelas, donde mostró la desigual lucha de los campesinos para recuperar sus tierras usurpadas por los hacendados y la multinacional Cerro Pasco Corporation. Su primera novela fue “Redoble Por Rancas”, las demás novelas que componen este ciclo fueron “Garabombo el Invisible” (1972), “El Jinete Insomne” (1977), “Cantar de Agapito Robles” (1977) y “La Tumba del Relámpago” (1978).

No tengo los libros, por dónde andarán esos libros tan queridos, en préstamos permanentes. Por eso no me acuerdo bien, en cuál de ellos, -y puede ser que en todos-, aparece un personaje local, el Juez Montenegro, autoritario, dictador, dueño de fortuna mal habida, que su poder es plantear terror, asustar a la gente en nombre de “una justicia” donde él era el dueño y señor. Tanto era dueño, que podía cambiar las fechas, los días de fiesta y todo el mundo obedecía, para no quedar expuesto a su castigo y represión… Los únicos que no lo hacían, estaban luchando en las montañas, eran “invisibles”, como Agapito, eran luchadores por sus tierras comunales ancestrales…

En esos cambios de fechas, podía levantarse y decir que era el día de la independencia, cuando no lo era, y organizaba caravanas de música; o que era verano; que era navidad y había procesiones religiosas; o que era el día de su cumpleaños, o de sus amantes; y organizaba jolgorios semanales; o que el año era otro… Así que los pobladores, estaban desorganizados, sin saber ni que en fecha y año vivían.

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En estos días, he escuchado, que el gobernador Morales de Jujuy, -tratado como amigo en las conferencias de prensa por las autoridades actuales-, en una actitud feudal planteó por decreto que el día del amigo (dicho en masculino, como si no hubiese habido una larga historia de luchas feministas, cuestionando léxicos misóginos) no sería el 20 de julio…

Independientemente, de lo que pensemos de ese día comercial, con un origen imperialista de festejo por la llegada del hombre a la Luna, lo tragicómico es escuchar a este gobernador de esa provincia -hermosa, carnavalera, de tantos paisajes, de presas políticas como Milagros Salas y otras-, se atribuya hacer un decreto para cambiar una fecha, que a pesar de su origen, tiene cierta connotación de encuentro afectivo.

En otros lugares han sido más políticamente correctos, por lo menos no hablan de decretos; pero han sugerido que “el día del amigo” sea el 19 de noviembre, como lo planteó el intendente macrista de La Plata; o que se festeje el día de la primavera como se dijo en Tucumán.

Otra vez, lo que hemos vivido durante todos estos meses de pandemia, aislamiento y distanciamiento; esas denigraciones, esos prejuicios que dictan que los pueblos somos irresponsables, que no nos cuidamos, y que necesitamos a los gobiernos que nos machaquen, una y otra vez lo que podemos hacer o no. Estas denigraciones, estos prejuicios, se apoyan en el episodio del baby shower, de las fiestas de más de diez personas, del que entró sin permiso a otra provincia, de las que andan sin permiso por las calles de sus barrios, y miles de “contravenciones” que sobre las que hemos escuchado y leído en estos días. No se niega que ha habido irresponsabilidades, pero en un mundo donde todo es estadísticas, números de una cosa u otra… ¿Cuántas serán las irresponsabilidades, frente a sociedades enteras cuidándose, respetándose, cumpliendo –en el margen de lo posible- con las prescripciones sanitarias? Da asco ver como intentaron los medios grandes, al principio, culpabilizar a Facundo Astudillo Castro, el joven desaparecido, porque había viajado con 22 años, rompiendo la cuarentena, a buscar a su exnovia. El hecho es tan repudiable, ha habido tanto ocultamiento policial y del gobierno; y tantas denuncias de su mamá y sus abogados, que esos mismos periodistas, han tenido que cambiar sus discursos.

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No soy grupo “anticuarentena” ni nada que se parezca. Pienso, -pensamos- que está bien que el estado se haga responsable de las políticas públicas sanitarias, que se ocupe de brindar normas, recomendaciones, insumos, mejoramiento de les trabajadores de la salud pública, entre otras cosas. Mas, como parte de organizaciones populares, hemos exigido históricamente, al estado que valorice la salud pública como la educación pública, luchamos contra la precarización de la vida, y queremos vivir poderosas, para construir mundos mejores, en el aquí y ahora; y en la construcciones feministas, socialistas, que son nuestras brújulas.

Celina Rodríguez Molina / Espacio de Género del FPDS Corriente Plurinacional/ MdP y de la Cátedra Libre Virginia Bolten.

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