Franco Basaglia, una praxis liberadora

“El problema de la rehabilitación del enfermo mental se convierte en el problema del desenmascarmiento de las ideologías”

 Franco Basaglia

El  29 de agosto se cumplieron  cuarenta  años del fallecimiento de Franco Basaglia, referente de la lucha antimanicomial,  uno de los principales exponentes de lo que se denominó psiquiatría democrática, que se desarrolló en las décadas del 60 y 70 en Italia,  como parte de la vanguardia de intelectuales y trabajadores de la salud mental que lucharon por una sociedad sin manicomios, sin encierros, sin personas  patologizadas y excluidas de la sociedad. Sus logros colectivos abrieron las puertas a miles de personas; cerraron asilos; abrieron servicios y nuevas terapias; cerraron la desasistencia, la tortura, el aislamiento, la segregación y el abandono. Abrieron las preguntas que hoy nos orientan ante las transformaciones pendientes; abrieron la reflexión sobre la salud mental, para deconstruir los manicomios y las prácticas médico psiquiátricas; pensando que la génesis de nuestra salud mental es fundamentalmente social, que la psiquiatría tradicional ha sido la culpable, a través de su doctrina y de sus actuaciones prácticas, de la perpetuación de un estado de represión, también en su rechazo hacia toda la estructura que sustenta y se deriva de la psiquiatría tradicional,  y que desmantelamiento de la psiquiatría tradicional y los asilos se enfoca a través del compromiso y una práxis política transformadora del conjunto de la sociedad . Sus concepciones y experiencias influyeron en todo el mundo, pionero en la lucha cultural y política en salud mental para lograr la paulatina clausura de las instituciones manicomiales. Su obra y compromiso para restituir derechos a los usuarios de servicios de salud mental constituye una referencia internacional para establecer  otro  paradigma de salud mental comunitaria.

La antipsiquiatría nació como una lucha dentro de las instituciones, frente a la represión y la violencia que existía en los manicomios, sin embargo la búsqueda de el cambio social constituía un factor determinante. La etapa de máximo desarrollo de las ideas y prácticas antipsiquiátricas es en los años 60-70 coincide con un gran periodo de cuestionamiento social y prácticas revolucionarias, en los que los cimientos de todo un sistema se tambalearon. Mayo del 68 y los situacionistas, los movimientos antimilitaristas, los autónomos italianos de los 70 y en general, las guerrillas en nuestra america, las luchas anticoloniales, todos los movimientos sociales que eclosionaron en esa época, influyeron y fueron influenciados por la antipsiquiatría. En 1975 se funda en Bruselas la llamada Red Internacional de Alternativa a la Psiquiatría, con  Elkaïm, Guattari, Jervis, Castel, Cooper, Bellini, y Basaglia,  cuyos principios básicos ilustran perfectamente la conciencia política del movimiento por la desmanicomialización con las luchas anticapitalistas. Las luchas concernientes a la salud mental se insertaban  en el conjunto de las luchas de los sectores populares  por la defensa de la salud y con todas las luchas de las fuerzas sociales y políticas por la transformación de la sociedad;  hacer comprender que la locura es la expresión de las contradicciones sociales. Sin transformación de la sociedad no hay posibilidad de una psiquiatría mejor, sino sólo de una psiquiatría opresora.

 Franco Basaglia, nacido en Venecia el 11 de marzo de 1924, se graduó en medicina en la Universidad de Padua; en esos se enfrento a las ideas retrogradas  de Lombroso y vigentes en el campo psiquiátrico. En 1953 se especializó en enfermedades nerviosas y mentales en la facultad de la clínica neuropsiquiátrica. Tempranamente militó en la  “Izquierda Independiente”; posteriormente, en 1958, se convirtió en profesor de psiquiatría en la Universidad de Padua. Sin embargo, no gozaba de una buena popularidad entre sus colegas quienes expresaban una continua hostilidad a sus ideas; sus tesis eran revolucionarias y poco ortodoxas con respecto al clima imperante en la academia de  ese momento, marcando un profundo  contraste con el pensamiento hegemónico. Decidió en 1961 abandonar la enseñanza y mudarse a Gorizia, donde había sido nombrado director del hospital psiquiátrico; ahí  entró en contacto con la realidad  de las instituciones  psiquiátricas, caracterizadas principalmente por la custodia y los tratamientos aberrantes que se infligían regularmente a los enfermos, no se los consideraba personas en dificultades y ayuda, sino sujetos para controlar, reprimir y esconder. En respuesta a esto comenzó a replicar que la relación entre el terapeuta y el paciente debía  basarse en supuestos distintos a los vigentes, como el diálogo y no la liquidación del otro, se debía  restaurar su dignidad y sus derechos.

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En Gorizia concreta la  transformación del viejo hospital Psiquiátrico, bajo su dirección,  había trabajado anteriormente en Londres, donde había aprendido el funcionamiento de una comunidad terapéutica, e intentó desarrollar sus principios en este establecimiento psiquiátrico. Esta experiencia le hizo llegar a la conclusión de que el internamiento psiquiátrico únicamente agravaba la enfermedad mental. En La Negación de la institución (1968), expone que el manicomio es un instrumento de rechazo y de encierro que debe ser destruido y propone que hay que “liberar a los enfermos”. Para Basaglia “la ciencia está siempre al servicio de la clase dominante” y el hospital psiquiátrico es una de las “instituciones de violencia” por medio de la cual dirige y oprime a las masas. En palabras sus palabras  “… el objetivo de nuestra acción no debe ser la lucha contra la enfermedad mental, ni tampoco la esquemática afirmación según la cual la enfermedad mental no existe sino como producto social. La verdadera lucha debería  dirigirse contra la ideología que tiende a cubrir toda contradicción natural convirtiéndola en una modalidad adaptada a los instrumentos de gestión y de control, de que progresivamente disponemos. Es decir, adaptada para ser instrumentalizada según los fines deseados”. La lucha que se desarrolló en Gorizia, abriendo las puertas del hospital psiquiátrico, fue ampliándose poco a poco, intentando implicar a otras instituciones sociales. Estas experiencias fueron agrupando a un conjunto de trabajadores de la salud mental que se planteaban el problema de la transformación del manicomio. De este germen surge en 1973 Psiquiatría Democrática, que se definió a si misma como un movimiento de trabajadores en salud mental (enfermeros, psicólogos, médicos, asistentes sociales, etc) dispuestos a actuar en la transformación de la institución represiva del manicomio y a la lucha contra la marginación, tanto dentro como fuera de la institución.

Basaglia logró cambiar los métodos de tratamiento aplicados en ese momento;  eliminó la terapia electroconvulsiva y estimuló la aplicación  de un nuevo tipo de enfoque en la relación entre el paciente y el médico, con el objetivo de crear una relación de mayor cercanía emocional, más empática, centrada en el intercambio humano, mediado por el diálogo y el apoyo; un tratamiento  contrario a deshumanizar al otro como el que se realizan en las instituciones psiquiátricas. Los pacientes gozaban de una total libertad, sin normas ni imposiciones, y existía una participación activa de los pacientes en las cuestiones del centro, organizándose asambleariamente junto a los miembros del personal. Se intentó superar “la frontera particularmente amenazante que separa personal y paciente, salud y locura”. Había un encuentro diario de toda la comunidad, y varios encuentros grupales con distintos fines terapias, grupos de trabajo, encuentros grupales del personal en donde se intentaba mantener una relación más abierta y participativa. De sus experiencias clínicas  surgió uno de sus libros más famosos;  “La institución negada”,  publicado en 1967. Más tarde, Basaglia se convirtió en director del hospital en Colorno y en el de Trieste, en esos años fundó un movimiento de Psiquiatría Democrática, para reforzar  su lucha contra el sistema psiquiátrico. En los círculos académicos, los intentos realizados por Franco Basaglia para cuestionar la ortodoxia psiquiátrica fueron inútiles, a pesar de esto, él continuó esta batalla.

En 1971, Basaglia y parte de sus colaboradores abandonaron el hospital de Gorizia por discrepancias con la administración local y se trasladaron al Hospital de Trieste, donde realmente llegó a cristalizar la experiencia de negación del manicomio. En un primer momento Franco Basaglia y su equipo comienzan a trabajar en el Ospedale Psichiatrico Provinciale en el año 1971 ya que la administración Provincial estaba dispuesta a aceptar los riesgos de la reestructuración de los servicios psiquiátricos. El objetivo prioritario en los primeros pasos de la transformación institucional era la reconstrucción de la persona y de su identidad social y jurídica. Se procede a la apertura interna de los distintos pabellones, eliminándose las medidas de contención existentes como ser las celdas de aislamiento y las rejas de separación, se suprimen las terapias de shock, se crean espacios internos de relación social, encuentros, asambleas, actividades  artísticas, desaparecen las separaciones de género, se sustituyen los vestidos manicomiales por indumentarias personales, y se estimulaba la comunicación y exposición de las críticas hacia la institución, por medio de asambleas. En 1973 comienza a funcionar como hospital de día y se empieza a desarrollar un trabajo de prevención y detección de prácticas de exclusión social. A su vez, se lleva a cabo una tarea de sensibilización pública ante los problemas “psiquiátricos”, mediante debates, fiestas, con participación en las actividades culturales de la ciudad. Se crearon  departamentos autogestionados en el interior del hospital, y el establecimiento de trabajo organizado con posibilidad de derechos y deberes contractuales. Luego de esto parte del  equipo de franco Basaglia se reparte por diferentes instituciones asilares italianas con el fin de iniciar experiencias similares. Se comienza a salir del manicomio, uniendo al trabajo realizado por los Centros de Salud Mental que amparan a las personas en crisis y a las que quieren participar en las actividades que en ellos se desarrollan, la creación de los “comités para la casa”, cuya función es buscar a alojamiento para los pacientes que van saliendo del hospital. Para que los pacientes puedan alcanzar un nivel de autonomía compatible con la vida social, también se buscaron puestos de trabajo acordes a los posibilidades de los pacientes.

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En Italia el movimiento antipsiquiátrico, el 13 de mayo de 1978, iba a conseguir una reforma radical de la atención psiquiátrica por su lucha se aprobó en Italia la ley de cierre del hospital psiquiátrico, conocida como Ley Basaglia, aunque en el texto y en sus aplicaciones posteriores, las ideas originales no se respetaron por completo fue un paso muy  importante en el camino a la desmanicomialización y en primar la rehabilitación y reinserción social por sobre el castigo, sus teorías y prácticas contribuyeron a un cambio en  la concepción de la enfermedad y el tratamiento. Esta ley preveía el progresivo desmantelamiento de los manicomios y la creación de una serie de servicios descentralizados de acogida y apoyo en estricta colaboración con la comunidad; pretendía bloquear cualquier nuevo ingreso en los manicomios, la creación de unidades territoriales, la gradual reinserción de los ingresados en la comunidad y el cierre total de los manicomios más de 100.000 personas fueron liberadas paulatinamente gracias, también constituyó una referencia para que esta experiencia se repita en otros lugares. La Ley Italiana 180, ha denunciado el rol de castigo de  los hospitales mentales proponiendo su paulatino  cierre, en las salas de psiquiatría, se establecieron hogares de ayuda y apoyo para familias, centros de día y clínicas administradas por psiquiatras, psicólogos, enfermeras, asistentes sociales;  personal capacitado y calificado para la atención y el tratamiento de pacientes. Esta ley, sin embargo, comenzó a funcionar solo a mediados de los muchos años después, debido a un sistema social que estaba muy arraigado por viejas y retrogradas concepciones.

En el capitalismo los asilos fueron regulados por el Estado bajo concepciones positivistas de castigo, generalmente de encontraban en las afueras, respetando una antigua costumbre según la cual los terroríficos, los monstruosos o los enfermos mentales debían ocultarse a los ojos de las personas “sanas”. En estas  instituciones psiquiátricas normalmente se utilizaban  atroces  prácticas de tortura como; electroshock, lobotomias, duchas congeladas, camisas de fuerza y ​​camas de restricción, en la actualidad se utilizan psicofármacos como métodos de control. Para  Basaglia el manicomio es la máxima  expresión de una lógica social dirigida a la aniquilación del otro, porque es diferente  y  enfermo y por ello de lo debe ocultar y olvidar;  por lo tanto pone en cuestión el asilo señalando los métodos atroces adoptados y argumentando que es importante restaurar la individualidad y la dignidad de los pacientes, quienes deben ser reconocidos como seres humanos, suspender todas las formas de juicio y considerar al individuo como un todo, a partir de la historia de la vida, el papel social desempeñado, las emociones y el malestar, evitando  los estigmas,  liberar las “celdas de contención” en las que estaban atrapados miles de personas con problemas de salud, respetando su personalidad y dignidad. .

Su crítica a la psiquiatría, se  basaba  en la búsqueda del concepto de “ser” como ser humano, en el papel desempeñado por cada ser humano en el contexto social, también se  centrada en la crítica al poder institucional y su análisis, en  una lectura innovadora sobre el tipo de relaciones que podrían establecerse en los asilos, además en  los encuentros auténticos con el otro y en el concepto de comunidad y cuidado, agregar valor a las palabras utilizadas en el encuentro auténtico con el otro y en una situación comunitaria. Franco Basaglia, tradujo sus concepciones teoricas en una  práctica completamente innovadora que se centró en la transformación de los manicomios en comunidades terapéuticas. En una comunidad terapéutica, los médicos, operadores y pacientes poseen igual dignidad e igualdad de derechos; las relaciones ya no son verticales, sino horizontales, la colaboración entre pares es privilegiada. Además, el paciente no se considera un marginado, sino una persona para ayudar, recuperar y rehabilitar;  la terapia electroconvulsiva fue definitivamente prohibida, y la terapia farmacológica fue considerada solo para casos excepcionales, se le otorgó al paciente una mayor dignidad y una mejor perspectiva de atención. Pone en práctica la idea de los talleres artísticos de pintura y teatro para los pacientes: a través de la producción artística logran representarse a sí mismos y relacionarse con el otro, comunicar sus incomodidades e inseguridades, y tratar de  encontrar su propia identidad. Se crearon  comunidades a través de las cuales los pacientes pueden realizar trabajos o actividades culturales compartidos socialmente.  el objetivo era  la reintegración social exponiendo la inconsistencia de de la visión médico hegemonica como un proceso dirigido a la discriminación y la deshumanización del ser humano.

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Como mecanismo de autodefensa, la sociedad capitalista se propone racionalizar aquello que para la norma se  presenta como irracional, en ese marco se refuerzan  instituciones como el manicomio. En estas, el sujeto internado es concebido siempre como “objeto” y no como “sujeto activo” de la comunicación. El concepto de locura es etiquetado, patologizado, esa persona se transforma en enfermo mental, y está claro el lugar que les compete, el manicomio;  para Basaglia el rol normalizador de estas  instituciones es  estabilizar y encerrar aquello que se presenta como diferente; los encierros no son solamente por la  condición de “enfermo mental” sino de pobres, la psiquiatría de internación funciona como herramienta del  Estado para controlar la marginalidad social, como mecanismo de  defensa  y conservación del orden social. Controlar a los miembros de los  sectores populares  que no se insertaron en  el sistema de producción, que no genera ganancia. Las instituciones como la escuela, la universidad, el trabajo, el asilo;  son una red destinada a defender la estructura de un Estado encargado de cuidar los intereses de las clases dominantes, en detrimento de la gran mayoría, la cual es destinada a llenar estas, con un  fin  represivo y deshumanizante. En esta sociedad mercantil la locura social que nos envuelve con, explotación, miseria, enfermedades, guerras, violencia de género, desastres ecológicos, masacre del deseo, relaciones de competencia,  pandemias,  son fruto del capitalismo. Los individuos tienen una adaptación dramática a las condiciones sociales, una verdadera situación de supervivencia. Es desde aquí que el legado de Basaglia cobra plena vigencia.

Su estudio, su activismo, su pasión permitieron a millones de personas salir de una vida de prisión, tortura y malestar. Sus concepciones pusieron  el acento sobre la causalidad esencialmente social de los problemas de salud mental. Su lucha constituyó un movimiento revolucionario cultural y social, expuso a las instituciones  psiquiátricas como verdaderos  lugares de tortura. Basaglia nos enseñó que la soledad y la coacción no hacen mejor a nadie. Una sociedad que rechaza a los que sufren no es una sociedad justa por lo cual es imperiosa su transformación. El propósito de su lucha, era restaurar la dignidad, y no considerar al paciente como un objeto que debe repararse, sino a una persona que debe ser bienvenida, escuchada, entendida, ayudada y que no debe ser encarcelada u ocultada. Su cuestionamiento a  las prácticas psiquiátricas tradicionales y  a su noción de salud mental sobre la cual se apoya, es política y subversiva, es por lo tanto anticapitalista al debatir el  represivo orden social burgués. Las presiones que la sociedad capitalista  ejerce sobre el sujeto son  las que producen alienación, condenándole posteriormente a la reclusión y al abandono.

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