Victoria Ocampo y Virginia Woolf: Cartas para alimentarse.

Los intercambios epistolares de la fundadora de la Revista Sur con grandes figuras de la literatura del siglo XX son conocidos, sin embargo la llegada de Correspondencia (Rara Avis, 2020) reúne por primera vez el diálogo entre dos mujeres que marcaron un antes y un después cada una en su sitio. La delicadeza en la escritura, el pensamiento crítico de ambas y la distancia en un mundo analógico. “No me gusta comer y no alimentarme. Soy una persona muy voraz”, le escribía Victoria Ocampo a Virgnia Woolf. 

“Solo puedo ofrecerles una opinión sobre un tema menor: para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio; y eso, como ustedes verán, deja sin resolver el magno problema de la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela“, se lee en uno de los fragmentos más populares de Un cuarto propio, libro que catapultaría a Virginia Woolf más allá de su propio tiempo. Ese espíritu de constante reflexión sobre el lugar de escritura de la mujer en el siglo XX se continúa e incluso se profundiza en el intercambio de cartas que mantuvo con Victoria Ocampo, reunido por primera vez por la editorial Rara Avis en Correspondencia (2020).

Sobre la vigencia de Un cuarto propio, no solo se puede pensar en lo adelantada respecto a la temática que se aborda, sino en el estilo de escritura de Woolf: elegancia literaria para plantear problemas de orden ético y estético. Lo mismo se va a ver reflejado y potenciado en el intercambio con una pluma de su misma talla como es el caso de Ocampo. El primer encuentro entre ambas se va a dar en Londres en 1934 en un contexto particular: mientras Virginia era autora consagrada, Victoria Ocampo empezaba a ganar terreno en el masculino ambiente literario argentino de la época.  En el bello y extenso ensayo Virginia Woolf en su Diario, escrito por Ocampo en 1954 y recuperado por esta edición de Rara Avis, puede leerse: “Hace veinte años que nos conocimos. ¿Qué representaba ella para mí en aquella época? La cosa más valiosa de Londres. Para ella, ¿qué habré sido? Un fantasma sonriente, como lo era mi propio país”. 

Sobre la vigencia de Un cuarto propio, no solo se puede pensar en lo adelantada respecto a la temática que se aborda, sino en el estilo de escritura de Woolf: elegancia literaria para plantear problemas de orden ético y estético. Lo mismo se va a ver reflejado y potenciado en el intercambio con una pluma de su misma talla como es el caso de Ocampo.

Ahora bien, esa asimetría que planteaba Ocampo no se ve en el cruce de cartas entre ambas, sino que parecen escritas por compañeras de ruta (Woolf le llevaba apenas 8 años a la argentina) e incluso del mismo país. Ese factor puede encontrarse en el siguiente fragmento de Ocampo a la autora inglesa: “Es un poco como si mi corazón no pudiera soportar sino el clima sudamericano mientras que mi inteligencia no pudiera tolerar sino que el clima europeo”. Un par de líneas antes en esas misma carta de 1934, la fundadora de Sur se pregunta: “¿Cómo hacer, Virginia, para pegar Europa a América y secar el océano que las separa?”. La vida a dos orillas de Ocampo es una constante tanto en su biografía como en su bibliografía y este libro suma nuevos testimonios sobre ello.

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El tono general de este volumen, que viene a continuar la línea del bello libro publicado por Sudamericana en 2019 entre Ocampo y Albert Camus, es el de dos escritoras que bucean en los costados más intrincados de su oficio mezclados con la sentimentalidad e incomodidad con el mundo de cualquier persona que aspira a una vida creativa.  En el prólogo de esta edición, a cargo de Manuela Barral, nos encontramos con la naturaleza de estas misivas: “Son cartas breves y amables. Virginia es polite y se interesa por Ocampo, le pregunta por la Argentina y por sus viajes, y no pierde tampoco la oportunidad de establecer el contacto editorial. En estas cartas, Virginia parece a apuntar a cimentar una relación de amistad, al mismo tiempo que logra que algunas de sus obras seas traducidas al español y publicadas por la Editorial Sur“, señala la compiladora del libro. La escritura como trasfondo de cada acto entre ambas mujeres. 

“No me gusta comer y no alimentarme. Soy una persona muy voraz. Y creo que el hambre lo es todo. No me avergüenzo de estar hambrienta. ¿No cree usted que el amor es nuestra hambre de amar? “(Estoy hablando de amor con mayúsculas)” – Victoria Ocampo

En ese sentido, Ocampo va a dejar una de las líneas más notorias de este diálogo íntimo que de algún modo coqueteaba con la idea de ser publicado en un futuro: “No me gusta comer y no alimentarme. Soy una persona muy voraz. Y creo que el hambre lo es todo. No me avergüenzo de estar hambrienta. ¿No cree usted que el amor es nuestra hambre de amar? (Estoy hablando de amor con mayúsculas)”. Esa idea del hambre como motor de acción y de vida para moverse en las tierras movedizas, oscuras e ingratas de la literatura mantiene activas a ambas autoras a lo largo de este diálogo que llega hasta 1940 con la temprana muerte de Woolf un año después. Sin ir más lejos, incluso con los aviones de la Segunda Guerra Mundial sobrevolando el cielo, la inglesa y la argentina seguían hablando de literatura y los detalles más finos de su creación.

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Los avatares de la escritura y el tiempo

Si bien Woolf y Ocampo se vieron solamente tres veces en persona, parecían tener un gran conocimiento la una de la otra, como si ese primer encuentro fuera la chispa que empieza un incendio. Las cartas recolectadas por Rara Avis que se salvaron del fuego que la propia argentina inició al final de su vida con muchos de sus documentos personales dan cuenta de ese lazo. Lo mismo ocurre con el ya citado Virginia Woolf en su Diario, que vuelve a estar disponible al público después de su última edición en 1982 por la Revista Sur.

En ese dedicado y delicado ensayo, Ocampo da una interesante apreciación sobre el trabajo de escritura de Woolf a través de esos diarios personales y que bien serviría para definir todo trasfondo que hace a una buena literatura. “Cómo escapa a nuestro vocabulario la rápida y fulgurante sensación. Sin embargo, eso es la realidad, piensa. Pero si se pone uno a escribirlo, qué difícil es ‘no pasárselo convirtiendo en realidad esto y aquello, cuando solo consiste en una cosa‘(…) Una necesidad imperiosa la impulsa a esa búsqueda. Pero ¿búsqueda de qué? De esa cosa, de la cosa de que pueda decirse ‘es eso’. Busca… ‘pero no es eso, no es eso’. Y de pronto, si saber cómo ni dónde ni por qué, cuando menos se lo esperaba, aquí está, ‘es eso’. ¿En qué forma sucedió?”.  Ese sentimiento que genera la literatura también podría resumirse en los últimos versos del poema “Las cosas oscuras”, de Laura Wittner: “Como cuando mi hijo levantó la vista/ de noche, hacia la ventana/ y preguntó: “¿Ves eso?”/ y le dije: “No. Sí. No sé. ¿Qué es?”/ y me dijo: “Algo que está y no está/ pero al menos lo ves vos también”.

“Hemos estado en Holanda, Alemania e Italia y hemos visto tantas civilizaciones diferentes… De hecho mi cerebro está tan abarrotado que quiero hundirme en un coma, como un trompo, y dejar de girar” – Virginia Woolf

Como suele suceder siempre que se ingresa a un libro de correspondencias, sumado al contexto de una vida cada vez más digitalizada fruto de la pandemia de Covid-19 y también de los avances tecnológicos que aceleran los tiempos y la ansiedad, este diálogo analógico entre dos mujeres burguesas de primera mitad del siglo XX -con su leve sesgo eurocéntrico-, mantienen viva la llama de la profundidad y del debate estético a pesar de un mundo cayéndose a pedazos, marcando una vez más lo impredecible del deseo humano.

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¿Qué pensarían Woolf y Ocampo de este mundo acelerado y contradictorio? En 1935, la inglesa le escribía a la argentina: “Hemos estado en Holanda, Alemania e Italia y hemos visto tantas civilizaciones diferentes… De hecho mi cerebro está tan abarrotado que quiero hundirme en un coma, como un trompo, y dejar de girar”.  Queda el consuelo, al menos, de que ambas no llegaron a ver este estado de hiperconexión, acumulación de información y demanda externa que complica cualquier estado de atención para la escritura, incluso aunque se tenga un cuarto propio. 

Fuente: laprimerapiedra.com.ar.

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