El trabajo docente en tiempos de pandemia: una indagación en instituciones educativas públicas de Cutral-Có y Plaza Huincul

Cutral-Có – Plaza Huincul (Neuquén) 2020

Introducción

La irrupción de la pandemia ha traído consigo una reconfiguración de la vida de los sujetos en todos los niveles (privado, familiar, público, laboral). La repentina suspensión del encuentro social cara a cara ha interrumpido una cadena de intercambios, prácticas, espacios y rituales que completaba el sentido de muchas actividades de nuestra sociedad, en tanto que construía identidad y generaba pertenencia a un grupo, un trabajo, un lugar. En el ámbito de la docencia, a esa interrupción se suma la complejidad de tener que trasladar al mundo virtual un trabajo cuyo desarrollo está pensado prioritariamente desde y para la interacción presencial. No por nada en el imaginario colectivo y en la mayoría de quienes conforman la comunidad educativa (estudiantes y familias) la palabra “escuela” representa más a menudo un espacio físico que una institución. En las representaciones de amplios sectores de la sociedad argentina, pero de manera más notable en las zonas rurales y en los barrios con poblaciones más excluidas, la escuela pública “congrega”, es educación, es refugio, es comedor, es fogón… está ligada fuertemente a la comunidad, es una presencia del estado que perdura mientras otras, tarde o temprano, desaparecen… es una presencia. Desde el 20 de marzo del año en curso en el contexto de la pandemia de COVID 19 y a partir del ASPO y luego del DSPO el sistema educativo, en todos sus niveles, debió adaptarse a un contexto nunca antes visto y para el cual no está preparado.

El tiempo y el espacio al que estamos habituados como trabajadorxs de la educación en una relación sistémica con la comunidad educativa en general y con los grupos de estudiantes en particular, sufrieron una transformación nunca antes pensada a partir de la cual debimos reinventarnos rápidamente para poder dar alguna respuesta. En este sentido, fueron lxs docentes de cada institución – y esto se debe resaltar- lxs que debieron afrontar, en la urgencia, la manera de vincularse con lxs estudiantes y llevar adelante propuestas de enseñanza aprendizaje frente a la inexistencia durante un prolongado tiempo, de un marco regulatorio y de lineamientos generales claros y precisos por parte de las autoridades educativas nacionales y del Consejo Provincial de Educación. En el marco de estas experiencias institucionales y de las preocupaciones y los pensamientos individuales, al calor del desarrollo de los acontecimientos, surgió la idea de trabajar en conjunto para construir reflexiones sobre esta coyuntura histórica desde nuestro lugar de educadores y trabajadores intelectuales. Nos reunimos con otrxs compañerxs porque valoramos el trabajo, la discusión y la construcción colectiva de conocimientos. Al considerar que la educación y nuestra tarea docente poseen un carácter eminentemente político, nos pareció pertinente analizar de manera crítica y fundamentada aspectos centrales de nuestro oficio en este contexto disruptivo, asumiendo un posicionamiento político-pedagógico que tiene como eje y horizonte la defensa de la escuela pública y el derecho a la educación.

Por estos motivos decidimos llevar adelante una indagación, que surge en el marco de la incertidumbre que vivimos como docentes en el proceso de implementación de prácticas de enseñanza virtuales “de emergencia” a causa de la pandemia que originó el Covid-19. Con el propósito específico de comprender cómo afecta la suspensión de la presencialidad y el traspaso al teletrabajo de la tarea docente, realizamos encuestas semiestructuradas a 98 maestrxs y profesores de los niveles inicial, primario, medio y superior, de instituciones educativas de Cutral-Có y Plaza Huincul. Posteriormente efectuamos un análisis cualitativo de los datos obtenidos a partir de tres Dimensiones interrelacionadas: i) accesibilidad y formación docente en la enseñanza virtual; ii) condiciones didácticas de las prácticas de enseñanza virtual y su vinculación con la dimensión institucional y del sistema educativo; iii) valoración del teletrabajo docente en condiciones de enseñanza virtual. Seguidamente compartiremos los aspectos más relevantes de los datos obtenidos y las discusiones y conclusiones de dicha indagación. Antes de eso, nos gustaría enunciar tres notas importantes para este trabajo. En primer lugar, enfatizar la importancia de elaborar una investigación que toma como punto de partida la palabra de maestrxs, profesores, trabajadores de la educación. La construcción colaborativa y colectiva del conocimiento no es solamente una postulación teórica o un principio epistemológico, es también un posicionamiento político en la disputa por la producción y la circulación de los saberes científicos. En segundo lugar, destacar el valor de obtener datos y construir reflexiones en un lugar periférico (nuestras ciudades de Cutral-Có y Plaza Huincul) a los grandes conglomerados urbanos que concentran la administración política y también alojan los centros de formación e investigación más importantes del país. Finalmente, y más allá de todas las complejidades y dificultades del contexto actual, brindar a todxs lxs docentes nuestro reconocimiento por trabajar cotidianamente para llevar adelante la tarea de educar y sostener la educación pública.

Discusión y conclusiones

Siempre se le demanda a la escuela pública que tiene que “cambiar” permanentemente para estar a la altura de los tiempos que le tocan e, inclusive, de los tiempos venideros y totalmente desconocidos. Y un buen día, la escuela y quienes enseñamos y quienes aprendemos en ella, tuvimos que cambiar, vertiginosamente. Está claro que es un cambio no deseado ni previsto. La llegada de la pandemia del Covid-19, y con ella del confinamiento y la suspensión de la presencialidad, produjo modificaciones y adaptaciones de emergencia para sostener una continuidad pedagógica. Varias preocupaciones frecuentes de la tarea docente se profundizaron, y también otras nuevas se sumaron. Esta encrucijada puso en evidencia las dificultades y desigualdades de lxs estudiantes, la necesidad docente de encontrar nuevas formas de comunicación con ellxs, de ampliar nuestra formación incorporando recursos y estrategias digitales, las complicaciones en muchas escuelas para implementar rápidamente plataformas y entornos virtuales que materialicen nuevas formas de encuentro. De alguna manera, este trabajo de indagación nos posibilita reflexionar sobre nuestras prácticas docentes y resignificar los sentidos de la enseñanza, de los saberes que construimos con nuestrxs estudiantes y también del trabajo colectivo. A continuación compartimos, en primer lugar, una síntesis y discusión de los datos analizados, y, en segundo lugar, algunas consideraciones prospectivas de la educación en lo que resta del año escolar y en los venideros tiempos de pospandemia.

Te puede interesar:   Cuarentena (IX): Estado de excepción y el lugar de las mayorías populares

Lo que nos permite conocer la palabra de lxs docentes en nuestra indagación

Hoy, a cinco meses de haber comenzado a transitar este período educativo en tiempos de pandemia podemos elaborar ciertas afirmaciones a partir de la información y las posturas que lxs docentes de nuestras localidades han aportado en la encuesta, y que, además, creemos son afirmaciones representativas de la experiencia que lxs trabajadorxs de la educación han acumulado durante este proceso. En primer término, más allá de los “sinceramientos” u omisiones que, según el caso, han hecho las autoridades respecto de la desigualdad educativa y su profundización durante este período, lo cierto es que el paso abrupto a una educación a distancia y al teletrabajo (y “tele-estudio”) ha tenido un impacto altamente negativo en términos de enseñanza y aprendizaje, atravesando a todo el sistema sin distinción de nivel educativo.

Este balance negativo no es antojadizo. Antes bien, los datos recabados respecto a la accesibilidad a la virtualidad nos muestran claramente las dificultades que se generan por situaciones de distinto orden: conexiones deficientes de internet; disponibilidad limitada de dispositivos y uso mayoritariamente compartido de los mismos; escasa formación docente en cuanto a saberes pedagógicos sobre las nuevas tecnologías y la educación virtual. A estas dificultades se agrega el hecho de que toda la provisión de servicios y dispositivos corre por cuenta de lxs trabajadores, por lo que cualquier mejora (ya sea en equipamiento, calidad de conexión o formación docente) depende exclusivamente del salario docente.

Si bien nuestra indagación se orientó al sector docente, podemos inferir también que esta situación general se replica, quizá con mayor crudeza, en la población estudiantil de nuestras localidades. Inferimos esto de los datos obtenidos respecto al vínculo entre lxs docentes y sus estudiantes: salvo en el nivel primario, lxs docentes lograron entablar contacto sólo con la mitad de sus estudiantes, y la frecuencia de ese vínculo no tiene fluidez y es intermitente en la mayoría de los casos, sin excepción de nivel educativo.

Este panorama de “cortocircuito” no sólo se observa, como acabamos de mencionar, en un nivel material concreto y en las relaciones docentes-estudiantes, sino que también es parte de la organización del sistema educativo en su conjunto. Más allá de pequeños matices por nivel, en general el 55% de lxs docentes sostiene no contar con ningún tipo de acompañamiento institucional en la planificación de la acción educativa en esta situación de excepcionalidad. Y cuando éste se da, suele ser mayoritariamente por parte de compañerxs de aula antes que por quienes ocupan roles de mayor jerarquía o responsabilidad (jefxs de departamento, coordinadorxs o directivxs). Es insoslayable, y más grave aún, el rol desempeñado en este período por parte de los organismos centrales de nuestro sistema educativo (Consejo Provincial de Educación y Distritos educativos) que se mostraron totalmente carentes de capacidad para conducir al sistema de enseñanza neuquino: sin ideas ni propuestas por más de un mes desde el inicio del A.S.P.O., y con resoluciones tardías, descontextualizadas y construidas sin ningún tipo de consenso dentro de las comunidades educativas (que se pronunciaron críticamente ante ellas).

En este estado de hiper-fragmentación educativa, en el que no hay directrices claras desde los organismos centrales, en el que reina la desarticulación de la tarea docente dentro de las escuelas, y en el que lxs docentes ensayan alternativas literalmente “aisladxs”, es totalmente lícito preguntarnos si existe todavía un “sistema educativo neuquino” o si, en realidad, se trata de un entramado que ha implosionado dejando sobre las espaldas de lxs trabajadores de la educación el peso de la responsabilidad de garantizar la continuidad pedagógica de sus estudiantes. Otro de los argumentos que subraya las dificultades del traspaso abrupto a la virtualidad se refiere a las prácticas de enseñanza y a las condiciones didácticas que lxs docentes ponen en juego. Existe una tendencia clara, en todos los niveles educativos, en considerar que el traspaso a la virtualidad modifica mucho los contenidos que se enseñan, ya sea porque obliga a “achicarlos”, a revisitar contenidos ya trabajados o a cambiar hacia contenidos transversales o más significativos en este contexto pandémico.

Te puede interesar:   Carta abierta a la comunidad: Educación en tiempos de pandemia, una mirada desde abajo.

Los contenidos se ven drásticamente transformados (cuando no disminuidos) por la sencilla razón de que no se ha preparado a la educación para desarrollarse en formatos que no sean presenciales, ni materialmente, ni a nivel de formación profesional. Tanto es así, que uno de los argumentos que lxs trabajadorxs esgrimen de forma abrumadora para justificar la transformación de los contenidos curriculares es justamente la suspensión de la presencialidad, del encuentro con lxs estudiantes, de la interacción entre estudiantes, maestrxs y profesores. Estamos hablando, en definitiva, de la mediación social, del “cara a cara” que es constitutivo del acto de enseñanza y del aprendizaje. Y esta discusión de la presencialidad y simultaneidad del hecho educativo, nos lleva a nuestra tercera dimensión de análisis.

Porque las respuestas e interrogantes suscitados acerca del cómo enseñar en la virtualidad, del cómo educar cuando no hay una interacción en un espacio y un tiempo comunes, cómo enseñar cuando no todxs lxs niñxs y adolescentes tienen garantizada la conectividad, cómo enseñar cuando hay objetos o instrumentos que solamente la escuela pública intenta garantizar para todxs, desembocan en una cuestión que a nuestro parecer es crucial: la revalorización del trabajo docente. No sólo por parte de lxs docentes mismxs, sino también de parte de un amplio margen de la sociedad que suele ver, en mayor o menor medida, con recelo o menosprecio la tarea docente. Imagen negativa en cuya construcción mucho tienen que ver los gobiernos (que paradójicamente deben garantizar el derecho a la educación, y por ende, a la formación docente) y los medios de comunicación hegemónicos. En el fondo, hay una suerte de paradoja que de pronto le otorga un valor social al trabajo docente que muchas veces, en tiempos ordinarios, sufre todo tipo de cuestionamientos.

Esta situación inédita de que las familias estén acompañando los aprendizajes de lxs niñxs, que de alguna forma la escuela haya viajado desde las aulas hasta los comedores o habitaciones de los hogares, que padres y madres compartan el “rol docente”, aunque sea temporal y parcialmente, reivindica como contrapartida el “saber hacer” experto de lxs docentes. Finalmente, en este horizonte de incertidumbre permanente en el que parece habernos instalado la pandemia, y a pesar de que no conocemos enteramente cómo va a afectar este proceso de emergencia a la educación en general, consideramos que es posible avizorar algunos problemas futuros relativos a las condiciones laborales docentes y a los sentidos hacia los que puede mutar el derecho a la educación pública en nuestra sociedad.

Reflexiones sobre las condiciones laborales del trabajo docente en la pospandemia

Nuestra indagación y nuestras reflexiones sobre el actual traspaso de emergencia a una enseñanza virtual intentan no limitarse a una lectura instrumental o meramente tecnocrática del problema de la integración de la “cultura digital y virtual” en las escuelas. Las tecnologías digitales, en muchos casos, se han convertido en un lenguaje “natural” para las nuevas generaciones, están integradas en la comunicación cotidiana y constituyen un componente ineludible en los procesos de construcción de sentidos individuales y colectivos en el ámbito educativo. Aún así, consideramos que se trata de fenómenos que necesitan ser analizados por lxs trabajadores de la educación, ya que esta aparente configuración cultural (comúnmente denominada “cultura de la conectividad”) está muy vinculada a las tecnologías como una forma de entretenimiento y de consumo. La cuestión cambia por completo cuando nos centramos en saberes y conocimientos complejos que requieren de la reflexión, del trabajo colaborativo, de aprendizajes sistemáticos, del ejercicio de la abstracción. En este sentido, más allá de lo que permiten u obstaculizan las distintas modalidades o la integración de alguna innovación tecnológica, aún sigue siendo la propuesta político-pedagógica de lxs docentes la que puede generar aprendizajes significativos y garantizar un acceso inclusivo, democrático y crítico al conocimiento escolar. La enseñanza, desde esta perspectiva, tiene un carácter eminentemente político, un posicionamiento en el que se juegan determinaciones sociales, institucionales y personales. Sería ingenuo pensar que podemos asumir una posición neutral frente a las tensiones que el traspaso a la virtualidad está generando en los procesos educativos. Ninguna tecnología, por más sofisticada que sea, puede imaginar, planificar, llevar adelante, acompañar, orientar y evaluar los procesos de aprendizaje de nuestrxs estudiantes. Es la definición y el posicionamiento acerca de cómo usar la tecnología lo que la puede hacer potente para la enseñanza. En los criterios de esa definición y en el análisis del impacto que la evidente brecha digital tiene hoy sobre las posibilidades de que el sistema educativo garantice una educación para todxs, lxs docentes somos irremplazables. Del análisis de las encuestas se puede inferir que lxs docentes estamos avizorando para el futuro inmediato un escenario que nos plantea una nueva forma de ejercer nuestra tarea. Percibimos que este nuevo contexto puede llegar a combinar prácticas docentes propias de la presencialidad (que ya conocemos) y prácticas propias de la virtualidad mediadas por tecnologías. En este punto, podríamos aseverar que lxs docentes somos conscientes de la necesidad de incorporar nuevos aprendizajes y saberes pedagógicos y didácticos para poder “adaptarnos” a este posible futuro de enseñanza virtual permanente. Pero esta “adaptación” ¿es una cuestión de voluntad individual? Los intercambios institucionales que venimos desarrollando incluyen componentes de individualismo, competencia, emprendedurismo y hasta autoexplotación. ¿Serán estos los costos de la “adaptación”? Particularmente, consideramos que es indispensable estar alertas ante lógicas emergentes que pretenden instalar el problema del traspaso a la virtualidad como una cuestión de “voluntad individual”. Una vez más, es fundamental revalorizar prácticas y dinámicas que han sido parte de nuestro oficio como la construcción colectiva, la primacía de los intereses sociales y el pensamiento crítico. Para ese futuro próximo existe ya un reclamo colectivo desde lxs trabajadores de la educación por un acceso universal a los dispositivos y a la conectividad necesaria para la virtualidad.

Te puede interesar:   Chile despertó: ¿Protestas sin forma o nuevas formas de organización?

Sin embargo, aún suponiendo que se garantice este acceso igualitario a las tecnologías y, lo que es más, que se generen propuestas formativas para lxs docentes, todavía quedan en pie interrogantes que, a nuestro entender, son centrales: ¿a qué intereses responderán estas propuestas?, ¿provendrán una vez más de organismos de financiamiento internacional?, ¿qué vinculación tendrán con nuestra realidad, nuestros intereses, nuestras particularidades sociales y culturales? Desde diversos ámbitos gubernamentales, académicos, intelectuales, medios de comunicación hegemónicos, asistimos a una serie interminable de conferencias que recomiendan el uso de plataformas, redes, contenidos y recursos informáticos. Pocos parecen reparar en el hecho de que casi la totalidad de estos productos provienen de y pertenecen a empresas privadas, son desarrollados y controlados por megacorporaciones informáticas que los producen en contextos socioeconómicos y culturales (con representaciones y valores) diferentes a los nuestros. Todavía está pendiente en nuestro país la cuestión de un desarrollo soberano de alternativas digitales y tecnológicas de acceso gratuito para docentes y estudiantes, con participación directa de estos actores en su construcción. Finalmente, y más allá de las cuestiones pedagógicas y tecnológicas consideradas hasta aquí, nos hacemos un último interrogante vinculado a la dimensión política de lxs docentes como intelectuales críticxs. Los datos muestran que no hay una conciencia política evidente que esté movilizando las preocupaciones acerca de las transformaciones de la educación, del sentido de la educación pública, de las condiciones laborales del trabajo docente. Y esto vale tanto para el análisis de la coyuntura actual como del futuro próximo. ¿Por qué sigue siendo tan difícil pensarnos y reconocernos a nosotrxs como sujetxs políticxs y a nuestra tarea educativa como un acto político? Por ahora, nos parece prudente y válido dejar(nos) planteados estos interrogantes más que arriesgar respuestas cerradas. En nuestro país, lo público se vinculó históricamente con lo estatal. El Estado fue “el gran agente educador”, el que asumió un rol principalista, el que impulsó el derecho a la educación, el que consolidó un sistema educativo centralizado e integrado (Paviglianiti, 1993). La escuela pública garantizó el acceso a la educación de las masas, fue el ámbito en el que los sectores subalternos pudieron disputar los saberes validados socialmente, obtener una mejora tanto simbólica como material y, en definitiva, forjar una conciencia político-ciudadana que los hiciera conscientes de sus derechos y conquistas colectivas.

¿Qué podrá mantenerse en pie de todo esto en el nuevo escenario de confinamiento y en el futuro inmediato de la pospandemia? ¿Estaremos asistiendo nuevamente a una revisión y una reconfiguración de lo público? Si así fuera, este debate sobre el alcance de lo público ¿estará ligado a un aumento en la explotación y la reducción de los derechos y las condiciones laborales de lxs docentes? Lamentablemente, el análisis de la situación actual parece indicar que se avanza en esa dirección, pero el panorama está abierto, y en parte dependerá de nosotrxs como colectivo de educadorxs y sociedad en general, disputar por la construcción de proyectos pedagógicos democráticos e inclusivos.

Carlos Blasco 1
Eduardo Contreras 2
Ramiro Puertas 3
Silvio Seoane 4
Franco Solavagione 5

1 Profesor de Lengua y Literatura por el Instituto de Formación Docente N° 14 de Cutral-Có.
2 Profesor de Historia por la Universidad Nacional del Comahue.
3 Profesor de Lengua y Literatura, y Licenciado en Letras por la Universidad Nacional de Cuyo. Magister en Escritura y Alfabetización por la Universidad Nacional de La Plata. Estudiante del Doctorado en Educación por la Universidad Nacional de Rosario.
4 Profesor de Historia por la Universidad Nacional del Comahue.
5 Profesor en Ciencias de la Educación por la Universidad Nacional de Córdoba. Estudiante de la Diplomatura Superior en Ciencias Sociales con mención en Currículum y Prácticas Escolares en Contexto por FLACSO Argentina.

INFORME COMPLETO y ANEXO en: https://drive.google.com/drive/folders/1UUJhOgaDLQSn68OIYaoDJC39hD06tDYd?usp=sha ring

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *