Si el saber no es un derecho, seguro será un izquierdo: Silvio Rodríguez y la epopeya de la alfabetización

Este domingo 20 de septiembre se estrenó en Chicago el documental “Silvio Rodríguez: Mi primera tarea”, dirigido por Catherine Murphy, que relata la participación de Silvio en las brigadas de alfabetización “Conrado Benítez” de 1961. Junto a la presentación, pudo disfrutarse de un homenaje al gran maestro trovador por parte de artistas de todo el continente, entregándonos joyas como Lila Downs cantando “Preludio de Girón” y su imborrable sentencia de época: “nadie se va a morir, menos ahora”. Con tan noble excusa, invitamos en esta nota a repasar algunos de los momentos más memorables de este artista vuelto ya banda sonora de todos los pensares de Nuestra América, recordar la epopeya de la revolución y su campaña alfabetizadora, y dejar finalmente el documental como una caricia al alma en esta primavera que se demora tanto.

  

Silvio Rodríguez Domínguez

Nos dice el maestro, en este mismo documental, que “los jóvenes estaban ávidos de epopeyas, todos los jóvenes de todas las épocas, si tu le pones una epopeya adelante, se la comen”. Y la revolución cubana fue quizás la más hermosa de todas las epopeyas, y parió tantas otras, y sigue dando a luz. Silvio es un hijo de aquella epopeya, y si el hombre es el hombre y sus circunstancias, de epopeyas estará hecha su vida.

La campaña de alfabetización sería la primera, colectiva, pero cuentan en el ser y las circunstancias las epopeyas más pequeñas, personales. En 1969 Silvio se embarcó como miembro de la Flota Cubana de Pesca -nombres que vienen con melodía-, en el barco Playa Girón. En los ciento veinticinco días navegando por las costas africanas, el maestro compuso más de sesenta canciones; dos días le bastaban para pintar hojas imperecederas: “El rey de las flores”, “Ojalá”, “Playa Girón”, “Resumen de noticias”, “Cuando digo futuro”.

Hay cuatro niños ahora mismo
sonriendo en una playa,
y en la trastienda de una bala
un militar que no ha dormido

(“Cuando digo futuro”, 1969)

“La trastienda de una bala”, valga quizás para definir una revolución. La contrarevolución, como proceso permanente con oleadas e hitos violentos, es parte de las circunstancia de todo cubano. Silvio había realizado ya, antes de embarcarse en el Playa Girón, el servicio militar en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, donde conoció el fusil y la guitarra. Y, con ellos, había despedido al Che:

Dejarán el cuerpo de la vida allí
su nombre y apellido son
¡fusil contra fusil!

Cantarán su luto de hombre y animal
y en vez de lágrimas echar
con plomo llorarán
alzarán al hombre
de la tumba al sol
y el nombre se repetirán

¡fusil contra fusil!

(“Fusil contra fusil” 1968)

Pero otra epopeya lo encontraría en la trastienda de una bala: en 1975 la Sudáfrica del Apartheid avanzaba hacia Luanda en paso incontenible tras la caída de la dictadura en Portugal, que había generado un vacío de poder en sus colonias. Desde el Zaire, Mobutu hacía lo propio. La lucha por la independencia de Angola llevaba ya muchos años, pero la caída del régimen portugués había generado también una lucha armada interna por el control del país. Antonio Agostinho Neto, líder del Movimiento Popular de Liberación de Angola, pidió apoyo a Fidel Castro. Silvio escribió una carta urgente:

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La Habana, 15 de diciembre de 1975

Cro. Alfredo Guevara:

Presidente del ICAIC

Primero un saludo y, sin rodeos, al grano: quiero que me des la oportunidad de irme a Angola. La argumentación creo que es obvia, la que podrá ofrecer cualquier revolucionario. Por otra parte, en mí, una gente que se formó en los años de la epopeya de Che y que más tarde, buena parte de su trabajo lo ha inspirado el internacionalismo, se hace necesidad casi angustiosa esta experiencia.

Literalmente con una guitarra y un fusil, pues las brigadas de artistas debían ir armadas y en la posibilidad de entrar en combate, Silvio partió al frente de batalla en Angola a cantar a las tropas. Con lapicera y una AK47 brotarían letras de guerra:

Si caigo en el camino
hagan cantar mi fusil
y ensánchenle su destino
porque no debe morir
si caigo en el camino
cómo puede suceder
que siga el canto mi amigo
cumpliendo con su deber  

(“Canción para mi soldado”, 1975)

Pero claro, sus grandes epopeyas serían, también, arriba de un escenario. A principios de la década del 70 actuaría en Berlín, en Moscú, y en el Chile de Allende. Aunque sin duda uno de los recitales más recordados los daría en dicho país mucho después, en 1990, frente a 80mil personas en el Estadio Nacional, tras el fin de la dictadura que lo había prohibido. Y cantó Silvio:

Allí yo tuve un odio, una vergüenza
niños mendigos de la madrugada
y el deseo de cambiar cada cuerda
por un saco de balas

Eso no está muerto
no me lo mataron
ni con la distancia
ni con el vil soldado

(“Santiago de Chile”, 1974)

 Y no podemos dejar pasar una mención a su participación en quizás la mayor epopeya nuestroamericana en cuanto a recitales refiere: el “Concierto por la Paz en Centroamérica” o, en la memoria de miles, “Abril en Managua”. En aquella Nicaragua revolucionaria de 1983, junto a Chico Buarque, Alí Primera, Mercedes Sosa, Daniel Viglietti y tantos otros y otras, Silvio cantaba:

El espectro es Sandino, con bolívar y el Che
porque el mismo camino caminaron los tres

Estos tres caminantes, con idéntica suerte
ya se han hecho gigantes, ya burlaron la muerte

Ahora el águila tiene
su dolencia mayor
Nicaragua le duele
pues le duele el amor

Y le duele que el niño
vaya sano a la escuela
porque de esa madera
de justicia y cariño
no se afila su espuela

(“Canción urgente para Nicaragua”, 1982)

Para terminar, algunas imágenes de este siglo merecen traerse en este repaso. En primer lugar, la continuidad de Silvio en la lucha de los pueblos, en el arte como fusil, lo llevará a apoyar activamente el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela. Y así, textualmente, se lo dirá el comandante en el escenario en 2004: “qué honor tenerte aquí de nuevo, con tu fusil, perdón con tu guitarra. Es un arma poderosa, desde hace muchos años estamos aquí batallando con las canciones de Silvio”. El extraño dueto, bautizado improvisadamente como “Silvio y Hugo”, recitaría “Por aquí pasó” de Alberto Arevelo Torrealba.                   

Pero es crucial comprender, que no nos engañe esta selección, que la canción de Silvio no puede subsumirse de ningún modo en una “canción de protesta”, mucho menos en su ciertamente devaluado sentido actual. Son más bien minoritarias las letras en que explicita luchas, disputas, nombres propios. Lejos muy lejos del cancionero descriptivo, del panfleto con ritmo, Silvio apostó  a la canción como medio de transformación, pero en ella construyó también la melodía y  la poesía en quizás el nivel más elevado que supo dar nuestro continente, allá con el Run Run de Violeta, la Canción Desde el Exilio de Zitarrosa, o la Construcción de Chico Buarque. Silvio no es un “embajador de la revolución cubana” sino un “embajador del arte cubano”. Allí estuvo su apuesta. Y es claro una apuesta revolucionaria, encontrar la palabra precisa con la melodía más profunda y sencilla, lugar de llegada como decía otra cumbre nuestroamericana: don Atahualpa Yupanqui.

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Debiera bastar con inventar tus ojos
debiera bastar con hacerlos vivir
tus ojos abiertos son como tu historia
van solos contando mil cosas de ti

Los veo cual si viera la esfera de un brujo
les veo países y escenas de amor
mas donde debieran quedar los jardines
yacen instrumentos de hacer la labor

(“Paula”, década del 70, inédita)

Así, en su apuesta al arte y al pueblo cubano, Silvio viene realizando desde el año 2010 una pequeña epopeya continuada: la llamada “Gira por los barrios”, con ya ciento nueve recitales en cada plaza de cada rincón de su Cuba natal, devolviendo canto al torrente que lo engendró. En uno de estos recitales, en el año 2014, cantó junto a los cinco héroes cubanos que regresaban, al fin liberados, a su tierra:

Me vienen a convidar a arrepentirme
me vienen a convidar a que no pierda
me vienen a convidar a indefinirme
me vienen a convidar a tanta mierda

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui
allá Dios, que será divino
yo me muero como viví
yo me muero como viví

(El Necio,1991)

Por último, dos caricias argentinas, pequeñas epopeyas en la patria chica. El 9 de noviembre de 2011, por el impulso de un grupo de consiliarios estudiantiles del frente “Santiago Pampillón”, la Universidad Nacional de Córdoba le otorgó el título Doctor Honoris Causa. Allí el maestro leyó un ensayo sobre el Che escrito por él para la ocasión, y entonó a sola voz la canción tradicional “El Colibrí y La Flor”, dejándonos este inolvidable registro:

Y, hace apenas dos años, Silvio realizó en la ciudad de Avellaneda el que fuera sin duda uno de los recitales más concurridos de su medio siglo de carrera, estampando una postal imperecedera del vínculo que lo une a nuestro país.

La Campaña de Alfabetización

En la Cuba del casino, en la Cuba de la enmienda, en la Cuba de Batista, casi la mitad del campesinado no sabía leer ni escribir, ni poseía, como describe Silvio en el propio documental, nociones básicas del funcionamiento del mundo y de la sociedad, aislados a la tarea de reproducir la vida de los que debían servir en la ciudad. Las tareas de alfabetización habían comenzado de hecho ya en la Sierra Maestra, antes del triunfo de la revolución, y representaba un pilar de las transformaciones por venir.

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La campaña fue, como lo dijo el maestro, una epopeya. Para el verano de 1961 estaban en marcha por toda la isla unos 178 mil alfabetizadores populares, 30 mil brigadistas obreros y 100 mil estudiantes pertenecientes a las brigadas Conrado Benítez.  

Las brigadas de alfabetización con estudiantes, que integró Silvio Rodríguez, llevaron este nombre -Conrado Benítez- en honor a un maestro que formó parte del inicio de la campaña y fue asesinado por los esbirros del asalto en Playa Girón que, huyendo por el pantanal de Zapata y las sierras del Escambray, realizaron atentados terroristas por más de cinco años.

Ésta ciénaga es uno de los mayores humedales del mundo, y visitarla aun al día de hoy no es sencillo. Un pequeño museo recuerda la invasión, y una avenida ancha con sus transversales y un gran hotel, componen el pueblo.

Pero este lugar sería justamente uno de los íconos de las transformaciones revolucionarias. En la Cuba del casino, en la Cuba de la enmienda, en la Cuba de Batista, los habitantes de la ciénaga vivían del carbón, con una esperanza de vida menor a los 40 años, sin acceso a la salud, a la educación, ni a ningún derecho humano, vapuleado término en la justificación del bloqueo contra la isla. Allí fueron construidos hospitales, escuelas, guarderías, edificios administrativos, casas y edificios habitacionales, mostrando al mundo lo que la revolución era capaz. Después, cierto es, las transformaciones se detuvieron, sin llegar a la justicia pero en su nueva dignidad. Fue allí donde el maestro construyó su primera epopeya.

Finalmente, el 22 de diciembre de 1961, en una Plaza de la Revolución colmada de pueblo y fusil, Fidel Castro declaró ante el mundo que Cuba era ya territorio libre de analfabetismo. La campaña fue un triunfo en todos los niveles: no solo incluía y educaba, transformaba lo real, sino que además podía decir de qué estaba hecha la revolución, y de qué estaban hechos sus enemigos, generando articulación política, batalla cultural:

¡Este minuto de hoy, este minuto de silencio en memoria de los que cayeron, este minuto de dolor y de recuerdo a los que no nos acompañan pero que con su vida pagaron el noble tributo de nuestro pueblo, este minuto será un minuto inolvidable, será un minuto eterno, porque en ese minuto se juntó el júbilo con la tristeza, se juntó la alegría con el dolor, se juntó el premio y con el precio de ese premio, se juntó la esperanza con la indignación, se juntó la generosidad con la ira!

¡Qué contraste, entre una obra tan extraordinaria, tan generosa, con los crímenes tan repugnantes, tan odiosos, tan egoístas, tan miserables, tan cobardes! Y la agresión a Cuba sería una derrota peor y más vergonzosa que la de Girón, o el fin del analfabetismo! ¡Entiéndalo bien, señor Kennedy.

La Revolución, después de haberles pedido el esfuerzo que han hecho en la alfabetización, después de haberles pedido que llevaran por valles y montañas la enseñanza, ahora les pide que se hagan técnicos, que se hagan ingenieros, que se hagan economistas, que se hagan maestros, que se hagan instructores de arte, que se hagan artistas, que se hagan profesores

¡Patria o Muerte!

¡Ya vencimos, y seguiremos venciendo!

(Fidel Castro, 22 de diciembre de 1961, Plaza de la Revolución)

Huelga entonces decir más cuando se tiene en frente a Silvio, su testimonio, su música, e imágenes inéditas de la campaña; una epopeya en 25 minutos inolvidables.

Niño soy tan preguntero
tan comilón del acervo
que marchito si le pierdo
una contesta a mi pecho
si saber no es un derecho
seguro será un izquierdo

(Escaramujo, 1993)

 Ahora sí, el documental:

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