Notas sobre la enseñanza de la Historia y los discursos libertarios

Uno de los problemas del currículum oficial es que, como toda norma, cristaliza un momento, o más bien un proceso previo de tensiones y negociaciones. Allí se plasman expectativas a futuro sobre lo que una sociedad necesita enseñar, en función de cálculos sobre los tiempos por venir. Y por todo esto, por supuesto, empieza a envejecer en el minuto siguiente de su aprobación oficial.

La currícula que debemos enseñar en Argentina varía según la provincia, con acuerdos básicos generales a nivel federal (los NAP). En ningún caso, por supuesto, esos contenidos incorporan una lectura del mundo en la tercera década del siglo XXI y sus amenazas: hoy por hoy ciertos discursos de ultraderecha que, detrás de máscaras promoviendo el esfuerzo individual y una lectura muy sesgada de la “meritocracia”, esconden darwinismo social puro y duro, aniquilación de movimientos ecologistas, de diversidades sexuales o de les excluides del mundo. Y, en el fondo, un grupo reducido de elites económicas con sus adalides en el poder político, que ya no necesitan la excusa de la democracia liberal. En un trabajo fino de guerra cultural, hoy acelerado por los algoritmos, han logrado su cometido desde hace 50 años: somos todos neoliberales.

El currículum oficial, decía, no lleva subsumidas estas preocupaciones sobre el mundo contemporáneo. Sin embargo, y ése ha sido uno de los logros educativos silenciosos y ocultos de la democracia, dejan la puerta abierta a cierto margen de interpretación pedagógico-didáctica, de parte de nosotres, les docentes. Con oficio, astucia y lectura inteligente de la norma y el aula, podemos establecer diálogos que no figuran explícitos, pero sí sugeridos de alguna manera en los contenidos oficiales: derechos humanos, actores sociales, multicausalidad de los procesos históricos.

(Todo esto, claro, mientras la ultraderecha no logre efectivamente llegar al poder para instalar estrategias de persecución popular de los docentes cuya propuesta didáctica no agrade a las familias, como hizo el PRO en CABA durante la desaparición de Santiago Maldonado, habilitando un 0-800 para denunciar “adoctrinamiento escolar”: ¿un recuerdo del futuro? Basta mirar la “Escuela Sin Partido” de Brasil y rastrear organizaciones similares que ya se están articulando en nuestro país)

Las Ciencias Sociales hablan de política, inevitablemente. También las Prácticas del Lenguaje, las Matemáticas y las Ciencias Naturales, pero de formas menos explícitas. En Ciencias Sociales es inevitable: hablamos de tensiones, conflictos, procesos políticos.

Pues bien, en la didáctica de las Ciencias Sociales, hablando de política y de avances de derechos, podemos echar mano de algunos conceptos, procesos y dinámicas no tanto para desarmar esos discursos que circulan por YouTube y se disfrazan de Otakus exaltados para llamar la atención de les adolescentes (Milei es un engendro de laboratorio creado a tal fin), sino para tensionarlos con preguntas. Entrenar el pensamiento crítico es eso: no se trata de bajar línea, sino de complejizar los análisis. El libertarianismo capitalista le ofrece, a adolescentes que se están enterando de que el mundo es un lugar horrible, una explicación simplista y conspirativa de su funcionamiento, donde las víctimas son quienes “intentan emprender” y los malvados son el Estado, “los políticos”, “los comunistas” y otros monstruos del naftalino bestiario neoliberal.

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Pero bueno: al grano. Van un concepto, una dinámica y un actor para tensar los discursos que traen cada vez más adolescentes, posibles de ser trabajados por medio de una adecuada planificación que seduzca, que interpele las preguntas y convicciones que se fueron armando nuestres alumnes. Lo que hemos hecho en la escuela desde siempre, bah: tomar conocimientos previos, de lo que rodea a nuestres alumnes, y desde allí construir horizontes complejos, atractivos, más allá de los micromundos en los que viven.

El concepto: acumulación originaria

Karl Marx plantea este concepto en los capítulos XXIV y XXV del primer volumen de su obra magna, El Capital. Sintéticamente, plantea cómo se produjeron procesos de brutal acumulación de capital a costo bajísimo para un grupo de privilegiados de esos procesos: la conquista de tierras en América, Asia y África; la utilización de sus poblaciones nativas como mano de obra forzada y esclava descartable: plusvalía pura; los procesos de expansión territorial de los países americanos luego de sus independencias a costa de los indígenas, exterminados o expropiados de sus territorios y traficados, sus cuerpos, como sirvientes. Los cercamientos ingleses en los siglos XVII, XVIII y XIX, que desplazaron y empobrecieron a campesinos y artesanos rurales y semirurales, y parieron la revolución industrial y la clase obrera. El concepto de acumulación originaria tensiona el mito emprendedor, complejizando los procesos de conformación del gran empresariado, del gran capital. ¿Se puede tener una idea brillante y “pegarla”? Sí, pero es muy pero muy poco probable. Las ideas brillantes tardan en arrancar, y en algún momento obtienen beneficios cuasi gratuitos y ayudas estatales que permiten su aceleración. Y aún así hablamos de grupos minúsculos: el gran capital mundial se ha ido amasando a lo largo de siglos, partiendo en procesos de estas características. La revolución industrial se financió con la sangre de esclavos africanos e indígenas americanos y asiáticos. Con el regalo de tierras que luego darían, de sus entrañas, oro verde para un grupo pequeño de personas, en vez de alimentos y vivienda a bajo precio para todos.

La dinámica: imbricación Estado-empresariado

Frente al mito de la mano invisible reloaded, es importante indagar cómo se constituye la relación entre Estado y mercado en las sociedades capitalistas, en un marco de tensión permanente e intercondicionamiento. Los discursos sobre el Estado mínimo que promueven los libertarios -privatizando educación, salud y otras esferas de lo público- sólo lo dejan a cargo del servicio de justicia y defensa absoluta de la propiedad privada mediante la vigilancia y la represión. La defensa básica de la propiedad privada en los países capitalistas -más importante aún que la propia vida- no se constituye sin procesos de presión, fusión y mediaciones entre la elite económica y las dirigencias políticas, dependiendo del momento y el espacio. Mirar con lupa estas dinámicas -como los apoyos del empresariado alemán a Hitler o, en otro sentido, el discurso de Perón en la Bolsa de Comercio en 1944- permite complejizar esa relación, además de ponerla como dinámica axial del funcionamiento de la sociedad capitalista. ¿A qué políticos apoyan los empresarios y por qué? ¿Lograron gobernar sin intermediarios? ¿Qué rol han cumplido las Fuerzas Armadas argentinas durante el siglo XX, en esa compleja relación? ¿Han cambiado de “representantes políticos” a lo largo del tiempo? ¿Cómo? ¿Por qué? Observar esta dinámica permite también situar el rol de los países en el mundo: ¿Por qué en Argentina el empresariado agroindustrial tiene más peso político que la pequeña empresa? ¿Tiene el mismo peso, por ejemplo, en Reino Unido? ¿Por qué?

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El actor: la visibilización gran empresariado

Trabajar sobre la dinámica propuesta recién implica también la operación de develar el papel de los grandes empresarios como actores relevantes -y prácticamente determinantes- en la historia capitalista moderna. Los grandes invisibilizados de la historia escolar ya no son -o son cada vez menos-, por suerte, los sectores tradicionalmente subalternizados (mujeres, diversidades y disidencias sexuales, minorías étnicas, trabajadores, excluidos), sino precisamente quienes ganan con esa invisibilización: los grandes empresarios. Hoy en día, en la escuela, lo contracultural ya va dejando de ser visibilizar a las víctimas de la historia, y pasa a ser visibilizar a los ganadores de ella. Ahí sí que nos podemos llegar a encontrar con una resistencia feroz si queremos avanzar en una reforma curricular: ¿acaso los Macri, el Grupo Clarín (Magnetto-Noble), Techint (Rocca), Ledesma (Blaquier), etc., desean ser nombrados como sostenes necesarios del proyecto político que incluyó el terrorismo de Estado en Argentina? Esto puede ser una rémora del liberalismo historiográfico que dominó las reformas curriculares de los 90: el empresariado aparece muy difuso, como si el devenir histórico se tratara simplemente de la consolidación institucional de los Estados y, en todo caso, las movilizaciones, resistencias y avances de los trabajadores como sujetos de derechos. ¿Dónde queda el capital en una historia así narrada? ¿Dónde queda el actor que más le “marca la cancha” a los gobiernos de los países capitalistas? En las sombras. Afortunadamente ya existen campos de investigación académica que realizan etnografía, sociología, e historia de las elites empresariales. ¿Por qué no incorporar esos estudios en el currículum oficial? ¿No sería un aporte central en la formación de la ciudadanía que nuestres alumnes conozcan quiénes son las empresas que más trabajo dan y más aportan a la recaudación fiscal en Argentina? ¿No les permitiría, más aún, contar con información mucho más certera sobre el mercado laboral que les espera? ¿No es este un reclamo tradicional del liberalismo argentino, que la escuela forme para el trabajo? Bueno, contémosles dónde van a trabajar.

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  • Fuente: Schorr, Martín (2005). Cambios en la estructura y el funcionamiento de la industria
    argentina entre 1976 y 2004. Un análisis socio-histórico y de la
    evolución de las distintas clases sociales y fracciones de clase
    durante un período de profundos cambios estructurales
    . Tesis de doctorado.
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Los acuerdos: la pedagogía es, también, negociación

Este repaso no busca de ninguna manera afinar una “bajada de línea”. La bajada de línea, como operación didáctico/pedagógica, presupone un interlocutor tabula rasa acrítico, sin experiencias, sin preconceptos, sin vida propia. Por otro lado, sólo es eficaz si está contextualizada por una comunidad alineada con la bajada de línea: un discurso escolar fuertemente antiabortista, por ejemplo, sólo es realmente efectivo si la escuela unifica el discurso, y si las familias que mandan a sus hijos a esa escuela comparten esa mirada. Si se da en un ámbito relativamente plural, ninguna bajada de línea es garantía de nada: más bien al revés -salvo que se trate de la escala de valores actual: la acumulación económica como posible, mágica y única medida de una buena vida. Ahí sí que funciona la bajada de línea, básicamente porque es lo que el mundo entero le transmite a las nuevas generaciones.

Lo que sí es este breve punteo es un recorrido por aspectos del currículum de las Ciencias Sociales que pueden ser aportes para complejizar las miradas que traen muches alumnes a la escuela. Si ellos traen una mirada profundamente excluyente, tenemos que entender que están tratando de comprender un mundo hostil, y están haciéndose las primeras preguntas de ese desencanto adolescente -tan atravesado por una nostalgia de la niñez perdida, además-. Lo mejor que podemos hacer es tomar eso como lo que es: un intento, completamente inestable, de entender el sinsentido, la crueldad, la incertidumbre. Y hacer lo que nos manda la ley: promover el pensamiento crítico, o sea, hacer preguntas, abrir el problema, complejizar la mirada.

No hay forma de hacer esto si no existe algún tipo de negociación. El discurso libertario, que por ejemplo patalea sobre la carga impositiva, tiene un dejo de verdad: la estructura tributaria, en Argentina, es regresiva. Que una pyme, históricamente, tenga más dificultades para sostenerse que una gran empresa porque estar completamente en blanco es, muchas veces, inviable, tiene buena parte de verdad. Lo que los youtubers libertarios no le dicen a su público adolescente, desde ya, es que en esa verdad contrabandean sus intereses: defender esa misma estructura regresiva que lleva a la concentración del capital y las prácticas monopólicas abusivas, haciéndola aún más regresiva, eliminando los impuestos en vez de modificarlos para hacerlos progresivos: que “los emprendedores” tengan efectivamente oportunidades para crecer e innovar, y que los grandes monstruos del capital paguen más impuestos justamente para financiar esas start-ups y a un Estado que proteja a les más vulnerables. Ahí hay un acuerdo posible con nuestres alumnes (otra discusión, muy ajena a este post, es por qué la pequeña y mediana empresa argentina se suicida cíclicamente votando a gobiernos que la aniquilan): rastrear lo cierto en sus “ideas previas” para acercarlas, lisa y llanamente, a lo que Vygotski llamaba “zona de desarrollo próximo”.

Finalmente, la didáctica

Pero en fin, no se trata de entrar a un aula a recitar el capítulo XXIV de El Capital, o de leer poseído la Carta Abierta de Walsh. Este post se trata, simplemente, de volver sobre algunas dinámicas y conceptos que pueden servir para diseñar secuencias didácticas que aporten al conocimiento de la realidad social por parte de nuestres alumnes. O sea: nada de esto sirve si son puñetazos al aire, sólo podría -potencial- llegar a funcionar si seleccionamos cuidadosamente los recursos, planificamos actividades significativas y coherentes, si interpelamos realmente a nuestres estudiantes desde un lugar de aporte y no confrontación.

La escuela es el único lugar donde pasan, en la vida de una persona, muchísimas cosas. Una de ellas es la posibilidad de un diálogo intergeneracional, profesionalizado, acerca de los problemas. Lejos del mundanal ruido y de grietas partidarias y culturales: abordar, con calma, paciencia y ternura, las preguntas de los niños, niñas y adolescentes, de la mano del currículum oficial, con un posicionamiento político, pedagógico y didáctico claro.

Ni más ni menos.

Fuente: https://fuelapluma.com/2020/10/06/notas-sobre-la-ensenanza-de-la-historia-y-los-discursos-libertarios/

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