La deuda mundial: crónica de un desastre anunciado

LAS DEUDAS QUE GOBIERNOS Y EMPRESAS DEBEN A LOS INVERSORES Y BANCOS DEL «NORTE GLOBAL» NO PODRÁN SER PAGADAS POR LOS PAÍSES «EMERGENTES»

La reunión semestral del FMI y el Banco Mundial comienza esta semana.  Hace unas días, el FMI ha enviado una advertencia: los países pobres se encaminan hacia una catástrofe debido a la recesión económica, lo que les llevará a incumplir las deudas que gobiernos y empresas deben a los inversores y a los bancos del “norte global”.

Según el FMI, aproximadamente la mitad de las economías de bajos ingresos (LIE) pueden incumplir con el pago de la deuda. En esta crisis la deuda de los ‘mercados emergentes’ con respecto al PIB ha aumentado del 40% al 60%.

Y hay poco espacio para impulsar el gasto público para paliar el golpe. Los países «en desarrollo» se encuentran en una posición mucho más débil en comparación con la crisis financiera mundial de 2008-09. Según el FMI en 2007, unos 40 países de mercados emergentes y de ingresos medios tenían un superávit fiscal equivalente al 0,3% del producto interno bruto.

El año pasado, registraron un déficit fiscal del 4,9 por ciento del PIB. El déficit público de los ‘mercados emergentes’ en Asia pasó del 0,7% del PIB en 2007 al 5,8% en 2019. En América Latina, pasó del 1,2% del PIB al 4,9%; y los mercados emergentes europeos pasaron de un superávit del 1,9 por ciento del PIB a un déficit del 1 por ciento.

Por ejemplo, Brasil tiene ahora un déficit público consolidado del 15% del PIB. El de India es del 13%. Ambos países verán que sus niveles de deuda soberana aumentarán hasta el 90% del PIB a fines del próximo año y se acercarán al 100% del PIB en 2022.

La nueva economista en jefe del Banco Mundial, Carmen Reinhart, advirtió que “el Sur Global se enfrenta a “una ola sin precedentes de crisis de deuda y reestructuraciones. En términos de cobertura estamos en niveles que ni siquiera se habían visto en la década de 1930″.  

Las deudas de las empresas no financieras en los 30 mercados emergentes más grandes se elevaron al 96 por ciento del producto interno bruto en el primer trimestre de este año. El monto de la deuda corporativa en las economías avanzadas, llegó al 94 por ciento del PIB, según el IIF.

Durante los próximos dos años, las 30 principales economías emergentes tendrán el nivel más alto del vencimiento de sus deudas, en la privada como la pública.

Por tanto, los países pobres se verán obligados a contraer aún más deuda para hacer frente a la crisis pandémica y cumplir con los pagos de la deuda existente.

Sin embargo, Reinhart argumenta que “mientras la enfermedad crece, ¿qué otra cosa podemos hacer que endeudarnos ? Primero te preocupas por ganar la guerra, luego averiguas cómo pagarla «.

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Esto comentario es sarcástico viniendo de alguien como Reinhart, que es conocida por su trabajo sobre el daño económico infligido por los altos niveles de deuda a lo largo de la historia.

En su libro más famoso (también ¿infame?) sostenía una posición diferente: consideraba que los altos niveles de deuda pública eran insostenibles y que los gobiernos tendrían que aplicar la ‘austeridad fiscal’ para reducirlos o enfrentar un colapso bancario y de deuda.

Peor aún, gran parte de la deuda está denominada en dólares estadounidenses y, a medida que esa moneda hegemónica aumente de valor como «refugio seguro», la carga del reembolso aumentará para las economías del «sur global».

El nivel de deuda corporativa de mercados emergentes en ‘moneda fuerte’ es significativamente más alto ahora que en 2008. Según el Informe de Estabilidad Financiera del FMI de octubre de 2019, la deuda externa mediana de los países de mercados emergentes y de ingresos medios aumentó del 100% del PIB en 2008 a 160 por ciento del PIB en 2019.

Aparte de China, los inversores capitalistas y los bancos ya no invierten en acciones y bonos del «sur global»,. Por tanto, el flujo de capital privado se ha agotado para financiar la deuda existente.

Como resultado, las monedas de los principales mercados emergentes se han hundido en relación con el dólar (y otras monedas «duras»), lo que dificulta aún más el pago de las deudas.

Aumentará la pobreza en millones según el Banco Mundial

Esta inminente crisis de la deuda sólo agrava el impacto de la depresión pandémica en el sur global. En su informe para la reunión semestral, el Banco Mundial reconoce que la pandemia empujará a entre 88 y 115 millones de personas a la extrema pobreza este año, que el banco define como vivir con menos de 1,90 dólares al día (un umbral patéticamente bajo)

Más del 80 por ciento de los que caerán en la extrema pobreza extrema se encuentran en países de «ingresos medios», siendo el sur de Asia la región más afectada, seguida de África subsahariana.  

“Es probable que veamos a personas que habían escapado de la pobreza volviendo a caer en ella, así como a personas que nunca han sido pobres cayendo en la pobreza por primera” informa el Banco Mundial.

“Incluso bajo el supuesto optimista de que, después de 2021, el crecimiento vuelve a sus tasas históricas. . . los efectos empobrecedores de la pandemia serán enormes” según el último informe del Banco Mundial (BM).

La economía global se contraerá entre un 5 y un 8 por ciento este año sobre una base per cápita. Esto haría que los niveles de pobreza volvieran a los niveles de 2017, desbaratando tres años de progreso en la mejora de los niveles de vida.

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Para los economistas del Banco Mundial la reducción de la pobreza se había ralentizado antes de la pandemia. Aproximadamente 52 millones de personas salieron de la pobreza entre 2015 y 2017, pero la tasa de reducción de la pobreza se había desacelerado a menos de medio punto porcentual al año durante ese período, después de alcanzar reducciones de alrededor del 1% anual entre 1990 y 2015.

Lo que también se desprende del informe es que toda la reducción de las tasas de pobreza desde 1990 se ha producido en Asia, en particular en el este de Asia, y en particular en China. Si se saca a China de las cálculos del Banco ha habido poca o ninguna mejora en la pobreza absoluta en 30 años.

Casi el 7 por ciento de la población mundial vivirá con menos de 1,90 dólares al día para 2030, según el informe, en comparación con un objetivo de menos del 3 por ciento de los llamados “Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU”.

En un intento por evitar los inminentes incumplimientos de la deuda, el G20 aprobó una moratoria del servicio de la deuda que se extiende hasta finales de este año. El FMI también ha proporcionado alrededor de $ 31 mil millones de financiamiento de emergencia a 76 países, incluidos a los 47 países más pobres bajo la cobertura del Fondo Fiduciario de Contención y Socorro de Catástrofes.

La mayoría de estos países tenían una alta dependencia económica de las exportaciones de productos básicos o del turismo y sufrieron una decomiso de financiamiento externo clásico y un colapso económico con la Covid-19.

Según Oxfam los programas de emergencia del FMI y del Banco Mundial: “se han centrado en cerrar las enormes brechas de financiación del presupuesto y la balanza de pagos producidas por los colapsos de ingresos relacionados con el coronavirus, y en permitir más espacio para los gastos en salud con un gasto muy limitado en protección social para enfrentar la crisis. Sin embargo los informes del FMI ya nos advierten de la necesidad de una ‘consolidación fiscal’, es decir, de aplicar más austeridad, para reducir la carga de la deuda una vez que se haya contenido la pandemia».

Prácticamente todos los préstamos de emergencia nacionales enfatizan la necesidad que los gobiernos hagan que el gasto por el coronavirus sea temporal y que se tomen medidas de ajuste fiscal para reducir los déficits después de la pandemia.

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Por ejemplo, en junio de 2020, el FMI acordó préstamos de $ 5.2 mil millones de 12 meses para Egipto. El programa exigió un objetivo de superávit presupuestario primario para el año fiscal 2020/21 del 0,5%, y además, reclamó que fuera restablecido al superávit primario anterior a la crisis del 2% en el año fiscal 2021/22.

No hay que olvidar, a la luz de estas exigencias, que el FMI es uno de los grandes responsables de inhumanas recortes en el gasto en salud, que han dejado a los países mal preparados para la crisis.

El Banco Mundial ha prometido $ 160 mil millones en fondos de emergencia durante los próximos 15 meses y ha abogado por el alivio de la deuda de otros acreedores, pero hasta ahora se ha negado a cancelar las deudas con el Banco, a pesar de que los países de bajos ingresos reembolsaron $ 3,5 mil millones al Banco Mundial en 2020.

El análisis de Oxfam muestra que sólo 8 de los 71 proyectos de salud (COVID-19) del Banco Mundial incluyeron alguna medida para reducir las barreras financieras para acceder a los servicios de salud, aunque varios de estos proyectos reconocen el alto gasto en salud como un problema importante. Dichos gastos arruinan a millones de personas cada año y las excluyen de cualquier tratamiento.

La única forma eficaz de evitar los impagos de la deuda es cancelar las deudas de los países pobres con los bancos y las multinacionales. Todo indica que tal como están las cosas una política de este tipo no va a suceder.

La Campaña por el Jubileo de la Deuda (JDC) pidió al FMI que venda parte de sus depósitos de oro para cubrir los pagos de la deuda de los países más pobres durante los próximos 15 meses.

El JDC dijo que vender menos del 7% del oro del FMI generaría una ganancia de $ 12 mil millones, que es suficiente para cancelar las deudas de los 73 países más pobres hasta el final de 2021 y aún dejar a la organización con sede en Washington con $ 26 mil millones más de oro de lo que tenía a principios de año.

El JDC y otros también han pedido una nueva emisión de Derechos Especiales de Giro (DEG), Este mecanismo financiero sería de hecho dinero internacional destinado a financiar a los países pobres.

Ambas sugerencias han sido rechazadas por la economista del Banco Mundial Carmen Reinhart: “¿quién tiene el financiamiento para cubrir todas las grandes brechas fiscales que se han creado o exacerbado por la pandemia? Mi respuesta , dice Reinhart, es No. No hay ninguna institución capaz de hacerlo”.

Fuente: observatorio de la crisis

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