A boca de urna y asamblea territorial

Pensemos en la previa a las elecciones del 4 de septiembre del setenta: la vía chilena al socialismo era la discusión más acalorada y central. Los argumentos tenían profunda base teórica. Allende y la UP, eran revolucionarios, o eran unos reformistas, portadores de un sueño que nunca se podría alcanzar por medio de las urnas.

La burguesía estaba dividida, en la progresista y la patronal.

El triunfo de Allende sin lugar a dudas, fue un triunfo de todo un pueblo, situación que abrió las grandes alamedas de la participación, rompiendo un dique de contención fundamental de los poderosos.

Situación que ensanchó la partición popular, reencontró identidades, motivó un ejercicio de descubrimiento de un pueblo que se sentía parte de un tejido común que unía campos y ciudades.

La democracia arribó a plazas, calles, trenes, poblaciones, arados, tomas, cordones y comandos comunales, fábricas, escuelas y medios de comunicación. Generándose una situación prerrevolucionaria, que dramáticamente terminó en una contrarrevolución. En un aplastamiento, en una piedra enorme en el camino, que hoy definitivamente empezamos a correr para poder transitar el paso que faltó para entrar a recorrer esta otra historia.

Actualmente el sistema vive una crisis en medio de una revuelta que se mantiene intacta.

Es por eso que la clase política elaboró un fraude para resguardar sus intereses y su sistema, lanzándole un salvavidas entre gallos y medianoche a los de arriba, en el momento justo, impidiendo que Piñera se hundiera y postergando una asamblea constituyente libre y soberana. Quizás Allende diría “Compañera, otras mujeres y hombres superarán este inmenso fraude gris y amargo que puso en el camino la clase política neoliberal”. Pero esta vez no ocurrirá así, quizás el poder creativo y transformar de un pueblo en movimiento que como nunca en la historia sumo tanta mayoría, sea capaz de hacer del fraude un espacio de encuentro y protagonismo, una evasión de la trampa, cómo ya hace mucho tiempo está siendo capaz de hacer espacios increíbles, y de estrechar bellezas en mitad del aislamiento forzoso. 

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Pero saldremos a votar, porque queremos vivir en la calles este triunfo en este camino por cambiar todo el Chile neoliberal. Y porque es nuestra epopeya, de las cabras y cabros estudiantes, de las primeras líneas, de las los trabajadores del metro, los estibadores, de los pequeños, de las asambleas, de la lucha contra las mineras, por la justicia y el agua, por nuestros pueblos originarios.

Como ayer este triunfo será una derrota para quienes sigan pensando que el mundo y todo lo que en él palpita, les pertenece, se abrirá más democracia, habrá más fuerza, más asambleas, más barrios. Impediremos que nos enclaustren. Nos sumaremos, y más bien nos multiplicaremos para dar el segundo salto al torniquete, ese definitivo, ese que nos haga abrazar la confianza de que en colectivo aprenderemos a vivir este cambio, y a profundizar nuestra humanidad.

Ganaremos, y lo que nos falte por ganar, lo lograremos en las calles de todo Chile.

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