¿Marcha del perro vaquita o momento popular constituyente?

Nos golpean, nos roban y encierran
En nombre de su libertad…
Es la ira del pueblo lo que encontrarán…

Ska – P. Canto a la Rebelión

Aunque sabemos que la historia nunca se repite de la misma forma, nunca está demás recordar acontecimientos del pasado para interpretar el presente.

El plebiscito del 25 de octubre y sus dos salidas institucionales en caso de triunfar el Apruebo, convención constituyente o mixta, inevitablemente llevan a recordar los dos primeros años de la revolución francesa, cuando una suerte de plataforma reformista había intentado limitar las formas más extremas de absolutismo que el abuelo de Luis XVI, el Rey sol, había construido. La trampa institucional que implicaba participar a partir de estamentos o estados, implicaba que la Iglesia y la nobleza contaban con un poder de veto total, por sobre el pueblo, constituido por un múltiple y variopinto grupo, que representaba la inmensa mayoría de la sociedad francesa, pero tenía amarradas las manos.

El triunfo de cualquiera de las dos opciones que se seguirán, en caso del triunfo del Apruebo, implican una trampa semejante. Tanto la Convención Constituyente, que exige que los artículos que queden en la Constitución sean aprobados por las dos terceras partes (2/3) de los y las constituyentes electos, resulta tan leonino en términos democráticos, como la segunda alternativa, donde el congreso pleno elige a la mitad de las y los representantes, en un procedimiento que aún no resulta claro para la mayoría de los y las habitantes del país.

La expresión de un deseo de cambio que se ha venido haciendo patente desde octubre del año pasado, puede terminar siendo la expresión palmaria de que los conceptos pueden servir para engañar.

Es cosa de detenerse a analizar una de las frases que (supuestamente) han caracterizado a Chile posteriormente al 18 de octubre de 2019: “Chile cambió”.

Transformada en una especie de mantra comunicacional, repetida hasta el cansancio cada vez que la más mínima limosna es entregada por quienes han detentado el poder sustentado en vínculos de convivencia en que lo privado y lo público tienden a perder sus contornos. Sin embargo, para la inmensa mayoría de chilenas y chilenos que durante el 2019 no pudieron ser invisibilizados ni siquiera en las encuestas del propio sistema de reproducción ideológico, si algo cambió, en ningún caso fue para mejor.

Si nos detenemos en algunos ejemplos, creo que lo que señalo es más claro. Voy a nombrar sólo 3 que he visto en distintos medios de prensa, apelando a esta transformación que ha vivido Chile en el último año. El primero es bastante cercano, ocurrió hace algunas semanas, Renovación Nacional tenía que definir si elegía un nuevo presidente o mantenía la directiva interina hasta que se cumpliera el plazo que debería haber ejercido Mario Desbordes (https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2020/09/27/opcion-de-desbordes-y-monckeberg-gana-en-consejo-general-de-rn-a-la-de-allamand-y-carlos-larrain-partido-decide-prorrogar-elecciones-internas-hasta-2021/). La búsqueda de Carlos Larraín de adelantar las elecciones y unirlas con la opción Rechazo del plebiscito, fracasó. En varios lugares, la noticia decía: no sólo Chile cambió, Renovación Nacional, también. El segundo ejemplo para señalar que Chile cambió se dio con el retiro del 10% de los fondos previsionales. A pesar de todos los intentos desplegados por el Ejecutivo, la casi totalidad de los economistas favoritos de los medios de comunicación, organismos internacionales, organizaciones del gran empresariado, entre los distintos grupos de poder que esos días presionaron en el Congreso, la iniciativa se aprobó, lo que fue interpretado como otro ejemplo del cambio de Chile (https://interferencia.cl/articulos/retiro-del-10-de-las-afp-pasa-al-senado-y-pinera-se-acerca-una-derrota-completa-de). El tercer ejemplo ocurrió con la aprobación de la paridad de género en caso de resultar aprobada la Convención Constituyente (https://www.bcn.cl/procesoconstituyente/detalle_cronograma?id=f_publicacion-de-la-ley-21-216-paridad-de-genero-para-el-proceso-constituyente). En este caso la reacción en contra vino de muchos lados, sin embargo, la fuerza incontenible de la última movilización antes del inicio de la cuarentena, la marcha del 8 de marzo conmemorando el día internacional de la mujer, resultó avasalladora, celebrándose como un triunfo desde la perspectiva de quienes quieren cambios al actual sistema institucional emergido de la Dictadura y los acuerdos de transición. El eslogan terminó siendo: Chile tendrá su primera constitución con paridad de género y redactada por una mayoría 100% electa. Tomando estos tres ejemplos y otras varias situaciones más pequeñas y cotidianas se ha querido sustentar la hipótesis de un cambio en el país. Sin embargo, como ya lo sabemos bastante bien desde fines de la Dictadura, detrás de la pasta muro, el cambio de color y a lo mejor, algún mural para hacerlo más amable, el fundamento estructural del sistema sigue siendo el mismo. Y aquí sí que los ejemplos no son pequeños ni cotidianos, ni victorias con ideas ajenas (https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2020/08/07/peste-y-cruzada/) ni redefiniciones jurídicas abstractas que al final terminan siendo retrocesos materiales desde una perspectiva de clase.

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De los casos de financiamiento ilegal de la política, el eufemismo acuñado por la élite del poder para referirse a la corrupción, menos de 30 personas tuvieron sanciones penales de un total de cientos de boleteros y su vínculo con empresas del área de las finanzas (PENTA), de la pesca (Corpesca, ASIPES), de la minería (SOQUIMICH), entre otras (https://www.ciperchile.cl/2018/01/22/ganaron-los-corruptos/). El cambio de dirección del Servicio de Impuestos Internos y la fiscalía nacional bastó como respuesta al problema de la corrupción que estaba emergiendo.

El segundo ejemplo es igual de cercano, ocurrió la primera semana del mes de octubre: la corte suprema le rebajó a Ponce Lerou un 90% de la multa por infracciones tributarias (https://www.laizquierdadiario.cl/Gana-la-impunidad-Suprema-rebaja-multa-de-Ponce-Lerou-de-62-a-tan-solo-3-millones-de-dolares). En este caso no sólo se cruza con el fenómeno de la corrupción, sino también con la impunidad financiera, algo que periodistas como Daniel Matamala o Alejandra Matus, entre otros y otras, se han encargado de visibilizar con bastante pocos resultados. Ni siquiera es necesario llegar a la corrupción cuando el entramado legal, gobierno tras gobierno ha ido siendo mejorado en beneficio de los dueños del gran capital. Y en esto, igual de cómplice es Michelle Bachelet, en cuyo segundo gobierno se nombraron el actual fiscal nacional y los cambios a las direcciones del Servicio de Impuestos Internos que permitieron la impunidad a la corrupción, como Ricardo Lagos y sus exenciones punitivas a la colusión empresarial (http://www.puntofinal.cl/854/colusion854.php), la profundización del sistema de mercado aplicado a nuestros ahorros provisionales, la licitación de nuestros recursos naturales; y así, por supuesto, hasta llegar a una situación donde es más fácil echarle la culpa a la dictadura y su Constitución que hacerse cargo del lenocinio cometido por los gobiernos de la Concertación en temas educativos, haciendo la vista gorda mientras se lucraba en educación superior, a pesar de estar prohibido (incluso) en la Constitución de Pinochet.

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El tercer ejemplo, es la muestra patente del ejercicio institucional – legal, represivo e ideológico del antiguo bloque dominante, que hoy se encuentra en crisis. El congreso se demoró menos de dos meses en aprobar completamente nuevas leyes represivas para perseguir lo ocurrido el 18 de octubre (https://prensaopal.cl/2020/01/16/preocupacion-internacional-por-aprobacion-de-leyes-represivas-en-chile/). La ley anti barricadas, la penalización de “el que baila pasa”, entre otras, mostraron lo peor de su rostro de clase cuando el ministro del interior Víctor Pérez decidió no aplicarla contra los camioneros que cortaron Chile y generan un desabastecimiento a la población (https://www.lavanguardia.cl/el-oscuro-vinculo-entre-el-gobierno-y-el-paro-camionero/). Mientras, la violencia represiva policial (https://radio.uchile.cl/2020/05/11/es-insolito-oposicion-en-picada-contra-el-gobierno-por-millonario-gasto-en-vehiculos-para-carabineros/) se encuentra en su paroxismo, azuzada con los nuevos juguetes (guanacos, zorrillos, nuevos uniformes, nuevos balines, etc.), el encubrimiento gubernamental y la defensa corporativa de los centros ideológicos del bloque dominante, permiten mantener la fantasía de la institucionalidad. Que a un año de la rebelión popular de octubre, hagan nata los libros del establishment académico, firmados por apellidos aristocráticos llenos de R, diciéndonos qué es lo que sucedió en las calles, es la muestra más patente de que independiente de las crisis ideológicas que ha vivido el actual orden político, ha sido siempre capaz de construir un relato a su favor. Considerando que es la “oposición” la que “defiende” los intereses y molestias que dejó en evidencia la rebelión de octubre, es razonable el nivel de desconfianza en el acuerdo y salida institucional negociado entre cuatro paredes la noche del 15 de noviembre (https://radio.uchile.cl/2019/12/15/ciudadania-constituyente-cuestiona-la-legitimidad-del-acuerdo-por-la-nueva-constitucion/). Salida que nos tiene imaginándonos la fantasía de que es posible construir mayorías de dos terceras partes. Lo que para un griego de la Atenas de Pericles resultaría no ridículo, sino peligroso, al puntode que una propuesta como esta (mayoría absoluta de dos terceras partes) sería directa candidata al ostracismo. Incluso en sistemas que tienden a valorar las mayorías absolutas, se considera a esta desde un 55 a 45%, es decir más de 10 puntos del total de votantes de distancia entre una postura y otra. Incluso los sistemas sumamente quisquillosos en defensa de los intereses de la minoría llegan a considerar diferencias de 20 puntos, es decir 60 a 40%. Lo que nosotros tenemos aquí es más parecido al veto de los dos estados en la primera etapa de la revolución francesa que a un proceso constituyente que permita que la mayoría que quiere superar el neoliberalismo en su vida cotidiana, logre obtenerlo mediante la democracia o bien que termine siendo una marcha del perro vaquita.

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Como se recordará, el perro vaquita era uno de los canes que acompañaba las movilizaciones callejeras, en este caso, en la nortina ciudad de Antofagasta. Producto de eso, el fiel compañero de las y los manifestantes, había sufrido las mismas heridas que las y los humanos, teniendo incrustados varios balines en su cuerpo. Al intentar levantarlo o tomarlo para ir con él a una veterinaria, el perrito se resistía. Pero, como sus compañeras y compañeros humanos sabían, no podía resistirse a marchar, por lo que le organizaron una marcha hasta una clínica veterinaria, donde finalmente se le retiraron los balines (https://kaosenlared.net/chile-simularon-una-marcha-para-llevar-al-perro-icono-de-la-lucha-en-antofagasta-al-veterinario/).

Aunque sabemos que en política, una posibilidad de transformación sólo existe a través del movimiento de los cuerpos, la ocupación del espacio público, la construcción de un nuevo lenguaje y prácticas colectivas que se convierten, en último término, en poder, la posibilidad de quebrar las trampas institucionales es difícil. Aparecía como algo impensable en Francia un año antes de la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano en 1791. Así parece hoy en Chile. Que esto sea finalmente lo que suceda o que terminemos como en la marcha del perro vaquita, dependerá de las articulaciones que sean capaces de construirse duraderamente. Es esta una tarea que las asambleas, los territorios y los distintos espacios y organizaciones, lo tienen muy claro: es momento de acción y encuentro, de diálogo y reflexión conjunta.

One thought on “¿Marcha del perro vaquita o momento popular constituyente?

  1. Excelente análisis. Yo creo que debemos informarnos, de lo contrario, se crea esta aparente idea de triunfo que no avanzará mucho si se continúa con el sistema de los 2/3 negociados.

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