Argentina y la guerra de España. La solidaridad y los voluntarios*

Se ha dicho que la de España fue la más internacional de las guerras civiles. Estuvo atravesada por los poderes de Europa y del resto del mundo y fue un campo de choque de las potencias que poco después librarían la segunda guerra mundial. Del lado de la República, se sumaron decenas de miles voluntarios, para defender la democracia o para contribuir a la revolución social desatada por el fallido golpe militar. En el resto del mundo millones de personas realizaron una solidaridad activa y multiforme con los defensores de la República. Argentina fue uno de los países donde esas acciones alcanzaron mayor riqueza y masividad.

Las Brigadas Internacionales tuvieron un rol militar importante (en la larga batalla de Madrid, por ejemplo) y también un papel simbólico, como representación del internacionalismo proletario. También hubo miles de voluntarios que, desde otros cuerpos armados o en tareas de retaguardia se sumaron a la lucha. Acá quiero preguntarme sobre cómo se puede comprender que, con un océano de por medio, centenares de argentinos fueran a combatir o a colaborar de diversos modos en España asediada por el fascismo local e internacional. Sólo se entiende si se encuadra la afluencia de brigadistas y voluntarios en el gran movimiento de solidaridad que tuvo lugar en nuestro país.

En la sociedad argentina de mediados de los años 30 existía un proceso de crecimiento  de las organizaciones obreras, enmarcado en un auge industrial impulsado por la crisis precedente y por políticas proteccionistas. 1936, el año del inicio de la guerra, presenció grandes huelgas, como la que empezó en la construcción y se generalizó hasta adquirir formas insurreccionales. Los sindicatos con dirección comunista parecían marcar una nueva tónica en el movimiento obrero. En el plano de la organización política, las tendencias de izquierda afrontaban condiciones de ilegalidad, persecución, cárcel, tortura. Las huelgas eran ocasión para encarcelar y torturar. Pese a ello había vitalidad política y organizativa. El PC crecía, y se recomponían los anarquistas, que fundan la Federación Anarco comunista Argentina (FACA) en 1935 y casi al mismo tiempo la Alianza Obrera Spartacus.

En ámbitos más ligados a las capas medias y ámbitos intelectuales había prendido con mucha fuerza el antifascismo, no sólo en solidaridad con hechos europeos sino frente a amenazas locales muy concretas, con las derechas nacionalistas y católicas desplegadas.  El gobierno argentino de esos años no sólo se basaba en el fraude, con variadas añagazas electorales. También era un régimen proscriptivo (ilegalización del Partido Comunista y de la FORA), que profundizó los mecanismos represivos y creó nuevos, como la Sección Especial de lucha contra el comunismo, espacio en el que se inventó la picana eléctrica. Se desplegó una fuerte influencia de la Iglesia Católica, encabezado por sus tendencias más reaccionarias y con capacidad de movilización de masas, como se había visto en el Congreso Eucarístico de 1934. Organizaciones patronales respaldaban al gobierno y su política de represión. Se organizaron grupos paramilitares con patrocinio empresarial, militar y eclesiástico. Intelectuales con predicamento se articularon con el catolicismo más reaccionario y el nacionalismo profascista, entre ellos dos de los escritores más exitosos de la época,  Gustavo Martínez Zuviría y Manuel Gálvez. Fue la gran época del anticomunismo, con patronales, iglesia y Estado en lucha activa y armada contra la orientación revolucionaria del movimiento obrero.

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En relación con la guerra española nuestro país mostró su carácter de sociedad de inmigración, que se proyectó en la solidaridad con la República agredida por los golpistas, en muchos casos en comunión con las masas revolucionadas que se lanzaban al asalto del cielo. Argentina albergaba entonces entre 1,5 y 2 millones de españoles, en una población total de 12 millones, lo que era una gran fuente de solidaridad con España. Cabe mencionar a la Federación de Sociedades Gallegas, de vasta actuación relacionada con el conflicto, junto con otros centros de colectividades regionales. También se sumaron organizaciones de la colectividad judía e italiana, impulsadas por el repudio a los regímenes fascistas de Italia y Alemania. Algo que vertebraba a todo el movimiento de solidaridad con España era el antifascismo, el repudio a los regímenes de Alemania e Italia, que influía en las respectivas colectividades. España se convirtió en el núcleo mundial de la lucha antifascista y el movimiento se orientó hacia allí.

La solidaridad se diseminaba en todo el territorio y en diversos ámbitos sociales en forma de comités de base de solidaridad, de los que hubo miles. Había comités y agrupaciones sindicales, barriales, de mujeres, rurales, de jóvenes. Las formas concretas de apoyo eran diversas, desde la donación de parte de sus cosechas por los productores agrícolas hasta la confección de ropas para bebés, pasando por las colectas de sindicatos y otras organizaciones para donar ambulancias a la República. Hasta hubo marcas de productos comerciales parte de cuyas ventas iba para España. Los cigarrillos “Leales” y el jabón “Pasionaria”, entre otros. También las mujeres tuvieron ámbitos de organización específicos, ligados a tareas de cuidado (confección de ropa, ayuda a los huérfanos, ajuares para bebés.

En torno a las principales fuerzas de izquierda se formaron tres organismos de coordinación.Amigos de la República Española (ARE), de predominio socialista y mucha cercanía a la embajada española, Federación de Organizaciones de Ayuda a la República Española (Foare), con hegemonía comunista, y la Coordinadora,que nucleaba a anarquistas, trotskistas y sindicalistas revolucionarios. Centralizaban las más variadas actividades de solidaridad y también intervinieron en el envío de voluntarios a España (combatientes o en otras actividades), salvo ARE que, en consonancia con la embajada, no propiciaba los viajes a la península. Había discrepancias muy fuertes y choques entre esos organismos. Se dividían por las prioridades y precedencias entre la guerra de defensa de la República que unos escogían como objetivo prioritario, y la revolución proletaria que era la finalidad excluyente para otros. También jugaban su papel discrepancias más concretas sobre los modos de impulsar y organizar la solidaridad y hasta por las reales o presuntas “desprolijidades” administrativas. Más allá de los desacuerdos, algunos muy fuertes, el efecto de conjunto fue un gran movimiento de ayuda a España.

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Los partidos políticos se involucraron con la contienda española. En la UCR, por ejemplo, había amplias simpatías por la República, pero también sectores dirigentes con mucha prevención frente a la Unión Soviética. Todo indica que la conducción del partido mantenía cierta ambivalencia que congeniaba el espíritu liberal con  el anticomunismo. Otros grupos partidarios, como el “sabattinismo” de Córdoba, se pronunciaban  por la República. En las elecciones presidenciales de 1938, en la que variados grupos apoyaron la candidatura de Marcelo T. de Alvear como arma contra el fraude, parte de la campaña electoral se hizo con consignas pro republicanas.

El Partido Demócrata Progresista mantuvo clara solidaridad con los republicanos, en primer lugar por la acción de su dirigente indiscutido, Lisandro de la Torre. El líder santafesino participó personalmente en actividades de solidaridad con España, incluyendo aportes del propio bolsillo.

El Partido Socialista, que conservaba influencia en el movimiento obrero y en ámbitos barriales también hizo lo suyo. Sus centros locales tuvieron activa participación en las campañas por la República aunque como ya dijimos, no auspiciaron el envío de voluntarios.

Al calor de la guerra y vinculada con ella se dio una efímera escisión socialista, el Partido Socialista Obrero, que basó buena parte de su acción en su solidaridad con España, en parte en convergencia con el PC.

Sobre el Partido Comunista se ha dicho que la guerra se volvió el eje central de su política. No habría que exagerar esto, porque el PC seguía comprometido con luchas de carácter local, a comenzar por los conflictos obreros. Lo que sí fue cierto es que las consignas antifascistas y de solidaridad con España acompañaban el grueso de las acciones partidarias. El Partido había adoptado la política de Frentes Populares, propiciada por la Internacional Comunista y vertebrada en torno al antifascismo.

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Militantes trotskistas actuaron en la Coordinadora, en cercanía con los anarquistas, Pedro Milesi, fue tal vez el  más destacado.

Los que  viajaron a España formaron un conjunto más amplio que el de los combatientes, que por sí solo se acercó al millar. Los argentinos que marcharon al combate fueron en parte incorporados a las Brigadas Internacionales mientras otros se  enrolaron en los cuerpos regulares del Ejército Popular de la República. Un rol importante lo cumplieron algunos médicos, de los cuales el más destacado fue el psiquiatra Gregorio Bermann. Los anarquistas sostenían que la República necesitaba armas y no combatientes, porque los hombres sobraban. Procuraron entonces enviar intelectuales y organizadores, que ocuparon puestos de dirección, algunos de ellos ligados a la actividad periodística e intelectual.

Un capítulo importante corresponde a las mujeres, que desarrollaron todo tipo de actividades solidarias en Argentina y  no pocas viajaron a España: Mika Etchebehere, la única mujer argentina con mando de tropas, que revistó en las milicias del POUM; Fanny Edelman, Berta Baumkoler, Raquel Levenson, las hermanas Abramson, la anarquista Ana Piacenza, María Luisa Carnelli. Esta última no está entre las más conocidas, pero jugó un rol fundamental, como corresponsal, como columnista del diario “El Sol” de Madrid, con emisiones radiales en defensa de la República y escribiendo poemas en homenaje a los combatientes, etc. Las que no viajaron cumplieron múltiples tareas solidarias, algunas de ellas en organizaciones de especificidad femenina y en consonancia con sus roles tradicionales, como el Comité de Ayuda a los Huérfanos de España y comités que confeccionaban ropa. También actuaron a través del Socorro Rojo Internacional.

Los intelectuales, muchos nucleados en la AIAPE (Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores) colaboraron de diversas maneras, entre ellas con notas en periódicos, como “España Republicana”, “La Nueva España”, “Galicia”. Entre los periodistas algunos viajaron a España como corresponsales (Raúl González Tuñón, Cayetano Córdova Iturburu, José Gabriel, la ya mencionada María Luisa Carnelli)  o se incorporaron a la propaganda republicana, entre ellos dirigentes anarquistas como Jacobo Prince, Jacobo Maguid, Manuel Villar, Ana Piacenza.

Los comunistas incorporaron a la lucha en España a dirigentes de primera línea. Victorio Codovilla ya estaba desde antes en la península. Durante o poco antes del conflicto llegaron Luis Sommi, que fue secretario general, Juan José Real, dirigente de la juventud, Benigno Mochcovsky, también destacado dirigente de la FJC, al igual que José Acosta. Se ha llegado a decir que el PC corrió el riesgo de dejar al partido desprovisto de cuadros en Argentina, debido a los numerosos traslados de éstos a España.

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Por algunos en España, por muchos más desde aquí, el conflicto fue vivido como algo propio por millones de argentinas y argentinos. Llegó a haber movilizaciones masivas, incluso sectores sin antecedentes de actuación pública se vieron arrastrados a la liza política en medio de la guerra. La solidaridad con la República quedaría para siempre en la memoria de nuestra sociedad y en particular de la izquierda argentina.

A más de ochenta años de esos sucesos es un deber seguir recordándolos. La República constituyó una gran causa, un momento supremo en el combate contra la reacción, que entroncó con otras luchas y conmovió hasta la médula a quienes la hicieron propia.

*Este artículo refleja la intervención del autor en una emisión de la Asociación por  la Recuperación de la Memoria Historia de Argentina, con motivo del 82º aniversario de la salida de España de los brigadistas internacionales.

One thought on “Argentina y la guerra de España. La solidaridad y los voluntarios*

  1. Hola! mi padre,nacido en la provincia de Santa Fe,hijo de padres españoles fue a combatir a España con las Brigadas Internacionales llevando un hospital de campaña. Se llamaba Jesús Castilla.Ha dejado un libro como testimonio ASÍ CAYÓ CATALUNYA!

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