La alianza obrero estudiantil como respuesta a la dictadura de 1966 en la periferia Argentina. El caso Tucumán

En el marco del 50 aniversario del Tucumanazo de 1970, compartimos el siguiente articulo escrito por Ruben Kotler sobre la alianza obrero-estudiantil gestada en las luchas previas y fundamental en el estallido popular de noviembre.

Resumen: El período 1966-76 supuso el auge y apogeo de las luchas de sectores populares en Argentina. El Golpe militar que derrocó al gobierno del presidente Illia impuso al General Juan Carlos Onganía como presidente de facto el 28 de junio de 1966 abrió un proceso en el que se acentuaron las contradicciones de clase. El programa económico liberal implementado por la dictadura golpeó fuertemente a los sectores obreros y a un importante sector de la clase media, sobre todo a los estudiantes universitarios que como contrapartida resistieron dichas imposiciones por medio de la lucha en unos procesos denominados AZOS y que se dieron en distintas provincias del país. El presente artículo se propone avanzar en la recuperación de la memoria obrera y estudiantil de esos años a partir de los sucesos reconocidos como los Tucumanazos, intentando desentrañar algunos aspectos de la denominada alianza obrero estudiantil.

Palabras Claves: Dictadura, Resistencia, Alianza Obrero-estudiantil.

Introducción

El período 1966-76 marca el auge y apogeo de las luchas de los sectores populares en todo el país. El proceso iniciado el 28 de Junio de 1966 con el Golpe militar que depone al gobierno del presidente Illia e impone a Onganía como presidente de facto, acentúa las contradicciones de clase. El programa económico liberal implementado por la dictadura golpea fuertemente a los sectores obreros y a un importante sector de la clase media, sobre todo a los estudiantes universitarios, que a partir de algunas medidas en contra de la autonomía universitaria comienzan a tomar conciencia y deciden enfrentar abiertamente al régimen.

La provincia de Tucumán fue una de las más afectadas con las medidas de Onganía dentro del conjunto del país. El cierre de 11 ingenios tras su intervención en 1966, la intervención en la Universidad Nacional de Tucumán, y otras disposiciones de la dictadura golpearon duramente en la estructura social, económica y cultural de la provincia, convirtiéndose en una de las de mayor número de movilizaciones y alzamientos tanto urbano como rural, en una combinación de sectores que podría caracterizarse como una alianza obrero – estudiantil.

Los Tucumanazos[1] fueron diversos movimientos de rebelión obrero estudiantil que se inscribieron en el marco de los movimientos de protestas que se produjeron en Argentina en los años ’70. En el testimonio de los militantes que han participado en aquellas manifestaciones, encontramos la subjetivación de un proceso que condujo inevitablemente a una alianza entre dos sectores que se vieron directamente afectados por las políticas dictadas de manera arbitraria y por medio de la fuerza por parte de la dictadura encabezada por Onganía. Los testimonios de los obreros y estudiantes revelan contradicciones que al mismo tiempo sintetizan la conflictividad de esos años, hoy, vistos desde el presente. Busco en este artículo analizar la dualidad que recorre lo colectivo del movimiento y las actuaciones individuales de los dirigentes sociales, sus percepciones acerca del proceso y adentrarme en la verificación de la existencia de la solidaridad entre obreros y estudiantes, aún cuando sus reclamos fueran por caminos diferenciados. Mientras los obreros del azúcar reclamaban el no cierre de las fábricas azucareras, principal motor de la economía tucumana y el sostenimiento de sus fuentes de trabajo, los estudiantes universitarios, en concordancia con el estudiantado de todo el país, reclamaban el no cierre de los comedores y residencias universitarias, en peligro tras la intervención del gobierno de facto a las Universidades.

En los testimonios es donde es factible reconstruir el entramado político y social de las diferentes etapas del proceso que va desde 1969 hasta 1972. Los tres momentos que enmarcan el recorrido histórico del periodo son un primer Tucumanazo en mayo de 1969, en los días previos al Cordobazo; el Tucumanazo propiamente en noviembre de 1970 donde los estudiantes tomaron la ciudad capital durante más de cuatro días con barricadas, poniendo en jaque a las fuerzas represivas; y finalmente el Quintazo de Junio de 1972, con la toma de un predio universitario que albergaba a una cantidad de facultades. Si bien los tres movimientos responden a la misma lógica de enfrentamiento a la dictadura y por la lucha a favor de las reivindicaciones propias tanto de estudiantes como de obreros, cada uno supuso, al mismo tiempo, particularidades y diferencias.

El golpe de Onganía: consideraciones generales

El golpe militar que derrocó al gobierno de Arturo Illia el 28 de junio de 1966, impuso como dictador al General (R) Juan Carlos Onganía. Las Fuerzas Armadas comandaron lo que ellas mismas denominaron “La Revolución Argentina”, destituyendo al presidente y su vice y a todos los gobernadores del país, disolviendo el Congreso Nacional y las Legislaturas provinciales, separando de sus cargos a los miembros de la Corte Suprema de Justicia y desarticulando a los Partidos Políticos. El golpe contó con el apoyo de la Iglesia Católica, miembros del ala derecha del sindicalismo y amplios sectores de clases medias.

Una de las primeras medidas mostró sin embargo el propósito del nuevo gobierno de facto, al intervenir las universidades obligando a numerosos intelectuales a exiliarse. Dicha intervención fue un golpe de gracia a un sector que hasta ese momento no se oponía abiertamente al gobierno militar, como ser parte del estudiantado, que luego de la intervención y sobre todo, tras de producirse la tristemente célebre Noche de los Bastones Largos, comenzaron a salir a la calle y a manifestarse abiertamente contra el régimen.

Mencionaré aquí aquellas políticas que afectaron particularmente a la provincia de Tucumán, para mostrar su consecuente crisis estructural y observar cómo se desataron las fuerzas opositoras al régimen a partir de las mismas.[2] Este nuevo golpe militar vino a implementar una política ultra liberal que favorecía a sectores del llamado stablishment económico nacional e internacional (Sobre todo recibió el apoyo de sectores agropecuarios e industriales). La llamada “Revolución Argentina” estuvo enmarcada en el contexto de la guerra fría, dominada hacia el interior del país por lo que se conoce como “La Doctrina de Seguridad Nacional”, que pretendió combatir al “comunismo extranjerizante” para consolidar un proyecto ultra-liberal.

En última instancia el propósito del gobierno encabezado por Onganía era la asignación de recursos para el área moderna y transnacional de la economía con la supuesta idea de producir un salto cualitativo y cuantitativo en el país. La concentración económica y política del régimen privilegió a las grandes industrias y a las inversiones extranjeras en detrimento del comercio y la pequeña industria. Por lo tanto, en un plano general afectó al conjunto de actores económicos sobre todo del interior del país, quitándole al mismo tiempo poder y recursos a los obreros y a los sindicatos más combativos, los que fueron incorporados al sistema siendo intervenidos o directamente clausurados.[3] El proyecto dictatorial en Argentina adquirió las características minuciosamente analizadas por Guillermo O’Donnell acerca de los Estados burocráticos – autoritarios.[4] Al mismo tiempo se acentuaron las contradicciones de clases y se produjo a lo largo del período 1966 – 1976 una profundización de la lucha popular contra el régimen que sólo pudo ser derrotada desde febrero de 1975, desde el denominado Operativo Independencia que tuvo por objetivo terminar con la oposición popular de toda índole, tanto en el campo de la lucha armada, como así también con la oposición política e intelectual no armada. En este contexto la dictadura instaurada el 24 de marzo de 1976 procuró terminar el trabajo iniciado por Onganía y sus sucesores aunque de manera mucho más violenta y con un sistema represivo que afectó al cuerpo social de manera directa y eficaz.

Desde un plano provincial, el golpe de Onganía marcó el fin del mandato del gobernador de Tucumán Lázaro Barbieri, haciéndose cargo, de manera provisoria del gobierno el Comandante de la V Brigada de la Infantería Gral Delfor Félix Elías Otero quien al poco de iniciarse el gobierno militar sería reemplazado por Carlos Imabud. La provincia de Tucumán, a pesar de la intervención y militarización se constituyó desde el golpe mismo en un foco de preocupación para el gobierno de facto de Onganía. Con motivo de cumplirse el 150 aniversario de la Independencia Argentina, el 9 de julio de 1966, Onganía viajó a Tucumán para presidir los actos centrales.[5] Frente a dirigentes de la FOTIA (la Federación de Obra de Trabajadores de la Industria Azucarera)[6] realizó un anuncio que trazaba de alguna manera el rumbo de lo que sería la política que asumía el nuevo gobierno: “La espada de la revolución se desencadenaría sobre Tucumán, para transformarlo de manera revolucionaria”.[7] Hasta ese momento el golpe no ofrecía mayores resistencias entre algunos sectores de clase media.

Según recuerda Héctor Marteau, ex dirigente estudiantil durante esos años:

El golpe se da el 28 de junio. El 9 de julio, (…) se hace el desfile tradicional nacional en Tucumán, y va Onganía con toda la fanfarria nacional, desfile de aviones, granaderos y los estudiantes nos preparábamos para repudiar la dictadura militar, el golpe militar, sabiendo que había cierto compromiso de muchos sectores de poder como la dictadura que estaban haciendo pero no medíamos el alcance de su presencia cuando fuimos esa mañana a la calle, a la avenida Aconquija, donde se realizaba el desfile principal, nuestra sorpresa fue que éramos una minoría absoluta a los cientos de estudiantes, porque decenas de miles de tucumanos aclamaban la dictadura, pero decenas de miles, toda la avenida Aconquija aclamaba a Onganía.[8]

Las medidas del Poder Ejecutivo Nacional afectaron particularmente a la provincia y el objetivo fijado para la transformación económica produjo una concentración económica en los grupos dominantes y una desestructuración social de los trabajadores del azúcar. La política que afectó a la industria del llamado oro blanco y la intervención de la Universidad Nacional de Tucumán – UNT – fueron dos medidas que a la postre se volverían en contra del régimen y de sus representantes locales.

En lo que se refiere a la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), la intervención producida a partir del decreto – ley 16.912, del 29 de julio de 1966, condujo en el corto plazo a un proceso de resistencia y de lucha contra el régimen dentro del estudiantado, sector que desde un comienzo no había rechazado abiertamente el golpe. La supresión de la autonomía universitaria, ganada después de largos años de lucha estudiantil, se veía resquebrajada y la defensa del comedor estudiantil en Tucumán sería un factor de permanente conflicto no sólo dentro de las distintas sedes universitarias sino también y sobre todo en las calles de San Miguel de Tucumán, la ciudad capital.

La juventud volvía a experimentar elevados niveles en la conciencia política y a involucrarse directamente en la discusión, a militar en un sentido amplio del término, realizando trabajos de base y adquiriendo experiencia de participación política con el transcurrir de los conflictos como no había sucedido en años. La influencia de lo que Hilb y Lutzky denominan “La Nueva Izquierda”,[9] fue fundamental, donde numerosos jóvenes pasaron a integrar incluso alguno de los grupos guerrilleros del país. A Tucumán, llegaron por esos años, numerosos dirigentes nacionales con la idea de armar y conducir a los grupos locales. El contacto entre las diferentes universidades era constante, en un diálogo fluido y las manifestaciones de apoyo entre una y otras determinaron en más de una oportunidad el devenir de la lucha en claros gestos solidarios que se repetían en distintas provincias argentinas. También la solidaridad con la clase trabajadora comenzó a experimentarse a partir del encuentro que habría de determinar el enfrentamiento entre estos dos sectores y las fuerzas del régimen.

En cuanto a la crisis azucarera el golpe de gracia lo dio el gobierno nacional cuando decidió intervenir algunos ingenios considerados como un freno al desarrollo económico. El 22 de Agosto de 1966 por medio de la sanción del decreto – ley 16926, se intervinieron 8 ingenios, llegando con el tiempo a ser 14 las plantas afectadas. El intento de implementar lo que se dio en llamar el Operativo Tucumán,[10] no logró recomponer el cuadro social que produjo la desocupación entonces producida. Según el gobierno de Onganía se ponía en marcha en la provincia de Tucumán un nuevo programa de reestructuración “agro – industrial”, atrayendo al mismo tiempo capitales nacionales e internacionales para la instalación de nuevas y más modernas industrias, que habrían de ocupar la mano de obra desocupada por la industria azucarera. El proceso al final del camino implicó el cierre de 11 de los 14 ingenios intervenidos, generándose una desocupación a gran escala que a su vez produjo una desestructuración al interior de la clase trabajadora de Tucumán. Los ingenios que fueron cerrados en general correspondieron a los de menor promedio diario efectivo de molienda y a los de menor producción.[11] La desocupación aumentó a niveles insostenibles provocando incluso, que muchos miles de trabajadores tuvieran que migrar hacia otras regiones del país como “trabajadores golondrinas”.[12] Si bien es difícil cuantificar qué población migró de la provincia hay quienes calcular que el desempleo afectó a más de un tercio de la población económicamente activa y que alrededor de entre 150.000 y 200.000 trabajadores tuvieron que migrar.[13] Para comprender mejor el proceso algunos datos ayudan a completar el entramado que muestran de manera más acabada la cuestión aquí planteada. La provincia de Tucumán cuenta con una superficie de poco más de 22.000 kilómetros cuadrados, y tenía en 1970 una población que rondaba los 766000 habitantes, de los cuales más del 40% residían en San Miguel, la capital. Las empresas instaladas en la provincia tras la implementación del Operativo Tucumán, no alcanzaron a cubrir entonces el cupo de mano de obra desempleada que había dejado el cierre de los ingenios.

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La crisis estructural desatada provocó por lo tanto una profundización en las contradicciones de clase por un lado, y una mayor presencia de conflictos tanto urbanos como rurales. Crenzel ha cuantificado el nivel de conflictividad entre 1969 y 1972 y con los datos aportados es posible concluir que a mayor profundización de la crisis se produjo al mismo tiempo una mayor desestructuración social la cual invariablemente condujo a un aumento significativo de los conflictos.[14]

Alianza obrero-estudiantil para enfrentar a la dictadura

A partir de la crisis producida en lo político, económico y social, es que los sectores directamente afectados por las diferentes medidas del régimen se plantearon como alternativa enfrentar al gobierno abiertamente en las calles. Cerrados los canales tradicionales de manifestación, la política adquirió entonces características novedosas. La violencia como recurso de manifestación política fue la vía que le quedó como alternativa a los sectores populares para resistir a la dictadura, la cual también recurrió a la violencia para reprimir dichas manifestaciones.

Es posible plantear que en Tucumán, al igual que en otras zonas del país se produjo una toma de conciencia tal en algunos sectores medios urbanos y en la clase obrera, que le permitió pasar de la discusión teórica a la acción. Por lo tanto no es exagerado decir que el campo popular entre 1968 y 1975 se encontraba en un proceso prerrevolucionario, donde las fuerzas del régimen tuvieron que reprimir violentamente cada manifestación, cada pueblada, cada rebelión o revuelta, tanto urbana como rural, para proseguir el plan de implementación de las políticas ya mencionadas. En algunas provincias del país se produjo entonces una especie de alianza de dos sectores que serán los protagonistas de las luchas de aquellos años. Tanto el movimiento estudiantil como la clase trabajadora participaron en diverso grado y de acuerdo a cada momento y situación, en ese proceso prerrevolucionario. La mancomunión entre estudiantes y obreros no sólo se deduce de los testimonios de los dirigentes, sino también, de las lecturas de los diarios de la época, tanto nacionales como locales, e incluso en alguna de las publicaciones periódicas.

El sociólogo Emilio Crenzel ha conseguido cuantificar a los participantes de cada uno de los movimientos que enmarcan el Tucumanazo, al mismo tiempo que ha podido determinar en su estudio cuáles han sido los sectores que han conformado cada uno de los ciclos de protesta. En los tres momentos los obreros ocupan un lugar central junto a los estudiantes, siendo el momento de mayor presencia noviembre de 1970.[15] Sobre la protesta de mayo de 1969 en concreto, Crenzel discrimina la participación en la que “predominan los estudiantes universitarios de las facultades de Derechos, Ciencias Económicas, Filosofía, Arquitectura y Educación Física” sumándose además estudiantes secundarios. En 1969 participaron también obreros de la “coordinadora de ingenios cerrados”[16]  Villa Amalia y San Ramón, entre otros del sector; trabajadores de los talleres ferroviarios de Tafí Viejo, además de jornaleros y desocupados del barrio San Cayetano, los cuales tuvieron poca participación.[17]

Ya en 1970, según Crenzel, la composición en el segundo Tucumanazo es mucho más heterogénea sumando mayor presencia obrera al reclamo propiamente estudiantil. Es así como se sumaron los obreros de la localidad de los Ralos o de las fábricas instaladas a partir del Opertativo Tucumán, entre otros.[18] Cabe mencionar que el Tucumanazo de 1970 coincidió además con una huelga general convocada por la CGT de los Argentinos, la Confederación combativa. Y para 1972, durante el denominado Quintazo, además de sumarse participación estudiantil de otras facultades como Arquitectura o Medicina, contribuyeron trabajadores de servicios básicos, empleados públicos, maestros y judiciales. Asimismo también jornaleros y desocupados de los barrios Ciudadela y Villa Alem, colindantes con el predio de la Quinta Agronómica, epicentro de los enfrentamientos de los estudiantes con las fueras del régimen. Se incorporaron nuevos actores como los sacerdotes para el tercer mundo (es recordada por los entrevistados una misa en las inmediaciones de la “Quinta” celebrada por tres sacerdotes tercermundistas en recuerdo del estudiante Víctor Villalba, asesinado por las fuerzas de la represión durante los enfrentamientos).[19]

En un trabajo de reciente aparición, Silvia Nassif[20] destaca en varios trayectos del proceso la participación conjunta de obreros y estudiantes que se reflejó, por ejemplo, en recordadas asambleas conjuntas entre los dirigentes del principal gremio de los trabajadores del azúcar, la FOTIA y dirigentes estudiantiles a los fines de coordinar acciones. Es así como destaca, por ejemplo, un acto realizado el 28 de mayo de 1969 en la sede de la FOTIA en la que participaron obreros y estudiantes apuntando que de los 17 oradores, 8 eran obreros, 5 estudiantes y 4 de otros sectores sociales.[21]

En estas mismas direcciones caminan los recuerdos de Marcos Taire, periodista y activo participante del Quintazo. En su memoria le asiste el recuerdo de la colaboración de los obreros con los estudiantes:

Bueno, ya cuando ocurre el Quintazo, ya teníamos nosotros alguna experiencia, veníamos adquiriendo experiencia en el terreno gremial, yo era junto a un compañero que se llama Ángel Gutiérrez, que éramos los delegados ante la CGT regional. Eh… un fin de semana, no me acuerdo si era viernes o sábado, se desata una gran represión contra la gente que ocupaba la Quinta agronómica, y ahí en una escuela cercana a la Avenida Roca y Bernabé Araoz, asesinan a un estudiante salteño que se llamaba Víctor Villalba. Le pegaron a pocos metros de distancia con una granada de gas lacrimógeno y le destruyeron el cerebro, hay testimonios de esto, después el gobierno provincial, la represión intentaron por todos los medios falsificar la autopsia, pero no querían hacer mostrar como que lo habían matado a ladrillazos, pero se comprobó fehacientemente que lo mataron con una bomba de gas lacrimógeno en la cabeza. Esto fue jueves o viernes. Nosotros desde la Asociación de Prensa, más algunos pocos sindicatos que tenían conducción bastante combativa y en esto no me puedo olvidar de un gran dirigente que se llamaba Juan Alberto Pacheco del sindicato gráfico, que fue un hombre combativo como pocos en esos años, junto a los compañeros de la Unión Tranviario Automotor y uno que otro que en este momento no recuerdo, impulsamos la realización de un plenario de la CGT. Se hizo ese plenario, la conducción de Damián Marquez y compañía lo convocó a regañadientes, como para decir que se hacía, pretendían sacar una declaración y con eso dar por terminado todo y me acuerdo que la importancia que tuvo esto, que se hizo en el Salón de Actos de la FOTIA. Ellos no calcularon que nosotros estábamos muy vinculados con el movimiento estudiantil y cuando empezó el plenario como a las 10 u 11 de la noche, llegó una enorme caravana de dirigentes y militantes estudiantiles que se apostaron como barra alrededor del lugar donde se estaba haciendo el plenario, entonces cuando nosotros propusimos, yo lo hice personalmente, que se hiciera un paro activo en repudio al crimen de Villalba y a la represión indiscriminada que se estaba desatando contra el pueblo tucumano, al ver que había dos o tres gremios que apoyaban, que estaba esa barra que cantaba a favor de la realización del paro no le quedó otra cosa que aceptarlo y se hizo. Para nosotros fue una experiencia inolvidable en el sindicato de prensa, un sindicato pequeño, éramos 300 afiliados, pero bueno, junto con eso, trabajamos muchísimos con las dos organizaciones que paradójicamente eran, las mejores, las más organizadas, las más combativas de Tucumán y que no estaban en la CGT, que eran, la FOTIA por un lado y ATEP por otro lado. Este… porque bueno, la verdad que la FOTIA sola representaba mucho más que toda la CGT y ATEP prácticamente lo mismo, la CGT era un sello representativo, unos cuantos burócratas pícaros que hacían negocios con el poder y nada más. Y bueno, ahí, este… tuvimos la oportunidad junto a activistas de distintos gremios de sumarnos a la lucha de los muchachos que estaban en la Quinta Agronómica. Nunca olvidaré, para mí también es un recuerdo que me emociona, cada vez que me viene a la mente, el día que una delegación de obreros de la fábrica de Laporte, que estaba ahí cerca de la Quinta Agronómica, no sabría decir ahora yo dónde, exactamente sobre qué calle, pero debe haber sido sobre Rondeau o Bolivar, sin que nadie los llamara, o los invitara o les pidiera, se llegaron hasta la Quinta Agronómica con bolsas de recortes para proveer a los que estaban ocupando ahí la Quinta, para defenderse con las hondas, y me acuerdo que al frente de esa delegación estaba el que para mí fue en esa época el dirigente que más pintaba para ser un “Tosco” de Tucumán, digamos, Juan Carlos Guía, un hombre maravilloso que después fue asesinado por la burocracia sindical peronista (…)[22]

La solidaridad obrero estudiantil se fue gestando de a poco como cauce natural al enfrentamiento de estos dos sectores con la dictadura. A medida de las políticas dictatoriales se fueron endureciendo, estos sectores entendieron que sólo podrían librar la batalla en las calles, en cada pueblo donde las fabricas azucareras habían sido cerradas y en los comedores estudiantiles, donde los jóvenes resistían las distintas intentonas a su cierre. A continuación presentaré entonces dos testimonios que rememoran esa solidaridad que se fue tejiendo entre estudiantes y obreros. Si los indicios nos confirman que a lo largo del periodo la gestación de la cooperación obrero-estudiantil se fortaleció en acciones concretas, la modalidad en cómo fue surgiendo es lo que queda indagar, de qué manera estudiantes y obreros, con intereses de clase incluso hasta contrapuestos, confluyeron en la lucha contra la dictadura del 66 y emprendieron distintas acciones conjuntas que se plasmaron a lo largo de los tres Tucumanazos. La memoria si bien se presente individual y subjetiva a partir de las propias experiencias de los actores sociales, la colectividad que atravesó al movimiento social que se gestó, atraviesa también los relatos de los testigos. Esto último es importante tenerlo presente ya que si bien la narración testimonial habla de una singularidad en la participación, tácitamente recoge la experiencia colectiva de la organización en la que cada sujeto ha tenido participación.

Según el proceso explicado, recuperar las voces de los militantes obreros y estudiantiles se vuelve necesario para comprender, desde la subjetividad individual y la propia experiencia, cómo se gestó lo colectivo que cobró forma orgánica en la coordinadora. Recogemos dos testimonios que nos permiten dar cuenta de aquel complejo proceso, poniendo negro sobre blanco las percepciones de la construcción social de un movimiento amplio y heterogéneo pero que al mismo tiempo logró poner en jaque a las fuerzas represivas del régimen en variadas oportunidades.

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El primero de los testimonios corresponde a un histórico dirigente de la comisión de las fábricas azucareras cerradas, Hugo Andina Lizárraga, militante de la resistencia peronista en Tucumán y que desde su perspectiva, explica la compleja madeja desde la que se entretejió la relación de obreros y estudiantes. El segundo corresponde a José “el macho” Luna, quien siendo de extracción obrera, tuvo su paso por la Universidad y fue uno de los “caudillos” del comedor estudiantil en los Tucumanazos del 69 y el 70. Como veremos en los testimonios escogidos, no se vislumbra con total claridad de qué manera se hizo orgánica la coordinadora que reunió a trabajadores con estudiantes, aunque sirven ambos testimonios para comprender el complejo proceso que hay detrás de la urdimbre en la historia reciente de Tucumán.

“¡Compañeros, vamos a la Universidad!”[23]

(…)

Pregunta: ¿Y ahí (durante los Tucumanazos) cómo organizan…?

Hugo Andina Lizárraga: Y ahí hacemos la movilización, ahí está, era una cosa, una cosa… P: Como una especie de estado de asamblea permanente… Andina Lizárraga: Ahí está, ahí quiero llegar, vos hablas de los estudiantes, toda esta historia que te estoy contando es para ver cómo desemboca. Estábamos en la Plaza Independencia, que se yo, protestando… bueno, un quilombo bárbaro y se me ocurrió ir a la Universidad, estos hijos de puta, la isla por isla y que nunca participan en nada… “¡Compañeros, vamos a la Universidad!”, justamente se da la casualidad de que había huelga de FATUN,[24] ese fue el motivo que me permitió más o menos que se vayan todos los compañeros del Operativo Tucumán, que eran más de mil, todos a la Universidad Central –el rectorado-, total quedaba cerquita, llegamos ahí adentro y le copamos toda la Universidad Central, el patio ese grande que tiene, nos metimos hasta en las oficinas, nos sentamos ahí, que se yo, y todos con machetes, [25] el “inca-Paz”[26] que estaba de rector o no recuerdo quién estaba de rector en ese entonces, no me acuerdo… el asunto es que se escondió ahí arriba y empezaron a tomar participación por primera vez en la historia los estudiantes, por fin dejaron de pedir prestado overoles (…)

P: ¿Y de ahí surge la coordinadora obrero – estudiantil?

Andina Lizárraga: No, después se hace, después se hace, una vez que entra todo esto se hace ahí y empiezan a participar (…) bueno, algo había en Córdoba… y ahí se empieza a hacer la coordinadora obrero estudiantil, y yo era representante encumbrado por la comisión obrera, por FOTIA como delegado directamente ante los estudiantes (…) Y bueno, nosotros partimos desde la zona de tribunales, son las primeras barricadas que se van haciendo y aparte se hacen con materiales de obras, tal es así que nosotros agarramos a mujeres policías que estaban infiltradas, las detectamos, milicos que estaban también infiltrados los detectamos (…)

P: ¿Con qué dirigentes estudiantiles se acuerda usted que trataban?

Andina Lizárraga: Con todos, por ejemplo Marteau que estaba con el Trosco Salvatierra, pero no sé, Marteau me daba la sensación, y siempre era el comentario nuestro, que pateaba para que los milicos lo pongan preso, o se hacía poner preso, porque en la Junín él no aparece sino solamente cuando estaba preso…

P: ¿Y del Trosco Salvatierra qué se acuerda?

Andina Lizárraga: El Trosco si que era un tipo muy… Salvatierra que pertenecía, era de la Banda él (Banda del Río Salí) pero el Trosco era del partido que siempre enfrentaba al propio Marteau, me consta porque lo enfrentaba,

(…)

P: Para sostener la barricada había que tener una organización…

Andina Lizárraga: Y sí. Ahí empiezan los compañeros estudiantes a tener una participación permanente, Salame, los hermanos Valenzuela, el ciego Mercado, el “gringo” Ponce, la compañera Mabel, esa que es de las madres de Desaparecidos, tiene al esposo desaparecido, la hermana de la Mrad, también que es la Madre de Plaza de Mayo, la hermanita… y bueno, un grupo de compañeros, a parte del “macho” Luna, todos, todos, y entonces poníamos el nombre nuestro, cada barricada tenía nombre, cada barricada tenía su respectivo nombre, la barricada Gral. Valle, la barricada Gral Cogorno (…) la barricada Eva Perón, la barricada Evita, la barricada 17 de octubre, teníamos barricadas hasta en la Plazoleta Dorrego…

P: Después de esto, cuando se levantan las barricadas…

Andina Lizárraga: Teníamos la barricada más avanzada en la calle Crisóstomo y Congreso, esa era la barricada más avanzada, que es la que nos permitió ya avanzar a la Plaza Independencia.

P: Se produce el Tucumanazo del 69 y luego el Tucumanazo del 70, ¿ustedes siguen participando de esa coordinadora obrero – estudiantil?

Andina Lizárraga: Sí, sí… siempre y tan es así que el Tucumanazo dura más de lo que pudo haber durado el Cordobazo, un poco pedante, no quiero ser, pero creo que sí. Tan es así que yo me pongo a pensar a veces como hice para resistir sin dormir y sin nada, a parte subíamos a los techos y con bombas molotov a los carros hidrantes, a los carros de asalto, a la misma Federal que iba contra la pared, le tirábamos desde arriba de los techos…

(…)

P: Ustedes tenían una conciencia de la lucha, pero, y ¿los estudiantes tenían una conciencia o cómo era?

Andina Lizárraga: Mirá, era una coordinación de militantes pero yo no puedo hablar de si ellos lo hacían con conciencia o sin conciencia, porque cada organización que ellos representaban, creo que se mueven a través de un proyecto político, que tienen todo ya directamente desarrollado y planifican hasta si es posible la toma del poder, cosa que nosotros también comenzamos ya a visualizar, a ver directamente la necesidad de la formación, de una organización, y tan es así que yo empecé allá a leer a Marx, (breve silencio) leer a Marx…

 P: Y la influencia…

Andina Lizárraga: La influencia de los estudiantes repercute un poco y le agradezco a muchos que yo he aprendido gracias a ellos, a las discusiones políticas que hacíamos en la propia universidad, yo iba en representación directamente del movimiento obrero y escuchaba hablar en términos un poco bastante que no les entendía porque aparte eran muy lenguaraz (…) y ahí me vi obligado a tener que leer varios libros que nunca pensé leerlos, empecé a sacarme la brutalidad de encima, ya dejé de ser un poco embrutecido, ya tenía más claridad, ya desarrollaba más, ya veía aparte yo un poco más lo importante era sí o sí, porque yo era un compañero militante en la JRP original que surge con Gustavo Urrearte que después hacemos el MRP, la Juventud Revolucionaria que viene a Tucumán y forma zona (…)

“…Nosotros tratamos de enseñarles a hablarle a los estudiantes…”[27]

(…)

José Luna: El tema con los idas y vueltas con los conflictos que había en la provincia, nos hace que, así como nosotros pedíamos apoyo para poder mantener ese comedor los trabajadores también nos pedían apoyo porque habían cerrado su ingenio, habían cerrado al Textil Escalada, habían cerrado una cantidad enorme de fábricas, muchísima gente que no tenía trabajo, otras a las que no le pagaban, toda la provincia era un hervidero muy especial, digamos. La dirección del movimiento obrero no había podido llevar adelante una lucha más férrea para tratar de no seguir retrocediendo porque era pérdida tras pérdida, retroceso tras retroceso, o sea, las batallas eran por tratar que no te quiten algo más, o sea, la concentración del capital era tan fuerte que iba como una topadora contra todas las conquistas anteriores, todas las fuentes de trabajo, iba aniquilando todo eso e iba acorralando a toda clase obrera. Obviamente que con el cierre de ingenios el 95% de los mejores dirigentes se fueron, porque era la planta permanente, eran los que mejor preparados estaban, los que quizás no fueron a formar parte de los cordones de villas miserias en Buenos Aires sino que consiguieron algún otro trabajo un poquito más especializado porque sabían manejar una máquina en el ingenio, porque tenían una preparación (…)

P: Un viejo militante peronista nos decía, cuando le preguntamos sobre la unidad obrero – estudiantil que siempre se menciona, que se fue haciendo en las calles ¿esto fue así o de qué manera se fue conformando y si es que existía esa unidad?

José Luna: Al comienzo no había nada, no había nada y al revés, había una desconfianza de algún sector, sobre todo del peronismo, de la CGT, del peronismo, con respecto a los estudiantes por lo que había pasado en el ‘55 y en otros momentos en los que los estudiantes estuvieron en contra del movimiento obrero, entonces había hasta una desconfianza. Después, para mí el trabajo de Raymundo Ongaro acá con la “CGT de los Argentinos”,[28] fue clave, que él hacía un trabajo abarcativo más poblacional, llamaba a todas las fuerzas y el programa de la CGT de los argentinos como el programa de Huerta Grande y La Falda, eran programas mucho más amplios, que no contemplaban los intereses del movimiento obrero solamente sino que había un proyecto de país entonces hablaba de la nacionalización de la banca y hasta llegó hablar de socialismo nacional en esos programas, entonces eso abrió las puertas para que el movimiento obrero y los sectores de la población… yo creo que allí es donde se da, desde mi punto de vista, los que algunos escritores, ya en la década del 60 o 70 vienen a llamar los movimientos poblacionales. Nosotros ya no éramos la típica clase obrera que se movía con su mameluco o de acuerdo a la Revolución Rusa, Cubana, etc, sino el resto que había quedado de la clase trabajadora, el resto de ingenios cerrados, una bandera atípica, nos movemos los ingenios cerrados, o sea… ya no tenés más tu trabajo, ya no tenés nada más eso, era la población que vivía en condiciones muy paupérrimas o ibas a un sector de la gastronomía y le preguntabas cuánto ganaba a ese compañero y toda la vida eran unos sueldos de mierda, en condiciones de mierda y en negro e ibas a otro sector de todos los que trabajaban aquí y se diferenciaban del que andaba juntando basura o cartón solamente porque tenía un miserable sueldo y punto… entonces ese sector, que también es trabajador y mal pagado, explotado, etc etc, vivía con los dientes de punta viendo qué podía hacer, con ese trabajo no le servía para nada, etc etc. Y nosotros que nos abrimos hacia el sector de los trabajadores por unir nuestros intereses para tratar de ver si juntos podíamos vencer a la dictadura, porque veníamos de derrota en derrota, de denunciar y de perder y de perder, y ahí un poco, en el caso particular nuestro acá en la capital nuestra primera alianza, de los estudiantes, es con los “no docentes”, eso sirve para que le planteemos al resto de los estudiantes que era necesaria la alianza obrero – estudiantil y se forma una comisión, todo el mundo avala, dice que si, y una comisión obrero – estudiantil, y esa comisión obrero – estudiantil ya sí tenía relación con la Textil Escalada… es más, los de la Textil Escalada, realmente nosotros, como pequeño grupo, así, que nos íbamos formando, realmente yo en esa época comienzo mi correlato popular era que en el ingenio los trabajadores eran peronistas entonces yo entendía que eso era luchar por el sector que se interesaba por los trabajadores, por los pobres, y en la Universidad trataba de ver cómo se interesaban por los trabajadores, entonces con un grupo de compañeros que venían un poco del humanismo (…) empezamos a armar una corriente que fue la base un poco del trabajo en los ingenios y en las villas. Entonces yo veo que algunos empezaban a hacer un trabajo sobre todo en Tafí Viejo y en algunas villas miserias de aquí, y ya con la comisión obrero – estudiantil formada nosotros entramos a hacer trabajo más puntual en la Textil Escalada básicamente, y, el gran problema que se presentaba básicamente era que varios de los trabajadores de esos lugares, un poco los que dirigían el sindicato nos planteaban un tema: “nosotros no podemos ir a hablar a la universidad, nosotros no sabemos hablar, qué vamos a ir a decirles a los estudiantes, nosotros no sabemos hablar, nosotros nos sabemos reunir aquí nada más, entre nosotros y de ahí ver qué vamos a hacer y resistir, pero ir a hablarle a la masa de los estudiantes nosotros no podemos hablar, no sabemos”, entonces nosotros tratamos de enseñarles a hablarle a los estudiantes en el caso del Salinas y de varios compañeros que venían, empezaron a venir, los trajimos al comedor, se paraban y les hablaban a los estudiantes con su lenguaje, tartamudeando, etc., etc., etc. Entonces los estudiantes también entran a tener mayor sensibilidad y otras corrientes, que uno al detalle no conoce, también hacían algún trabajo en los lugares donde tenían algún trabajo popular, incipiente, etc. Surge en el movimiento obrero varias corrientes aquí en la provincia que podemos llamarles combativas, por ejemplo el compañero Pacheco del sindicato gráfico, el que tenía muy buena posición era el compañero Juan Olmos de la municipalidad de Famaillá, que era un compañero honesto, con la FOTIA teníamos una relación, bueno, cabecéandola por ahí teníamos algunas cosas o por ahí no, o cuando venía Ongaro nos acercábamos un poco más, no fue fácil la relación, porque bueno, yo no sé si sería por las corrientes políticas, teníamos una relación, pero una relación así, más distante. Nosotros teníamos más relación con los sindicatos de base, con los sindicatos en sí mismos, era más proclive el sindicato de La Providencia, el sindicato del San Juan (los ingenios)…

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P: Más con los sindicatos que con la Federación…

José Luna: Con la Federación, lo mismo con la CGT… P: ¿Qué relación tenían con Leandro Fote o con Atilio Santillán?[29]

José Luna: Claro, es más difícil, con Leandro (Fote) sí o con el “chueco” Rodríguez; con Santillán no la teníamos mala (a la relación), la tenía mejor lo que después fue la JP[30] que nosotros, pero había una buena relación… (Silencio), Arancibia de ATEP,[31]  había toda una línea de sindicatos combativos muy importante, muy bueno, que después salieron a la palestra en ese momento. Todos luchaban pero nadie podía avanzar para su sector porque la dictadura tenía todo un plan de concentración para Tucumán que pasaba primero por doblegar los brazos a Tucumán de manera que tal, que como dice el capitalismo, ordenar socialmente la zona y después aplicar los paquetes….

Un mapa por trazar

Visto desde el presente, el proceso de luchas sociales presentado en este trabajo plantea una serie de cuestiones, muchas de las cuales todavía quedan por ser resueltas. El devenir de la historia personal de cada uno de los militantes que han tenido cierta participación en alguno de los tres Tucumanazos, las contradicciones propia de los actores sociales y de la propia historia del país, los olvidos, tanto los personales como los colectivos, la influencia de los medios masivos de comunicación en la formación de la opinión pública sobre los ’70, entre otras cuestiones, asumen en los testimonios datos reveladores que indican lo contradictorio del propio proceso histórico. Entre lo individual de las acciones y lo colectivo del movimiento se desenvuelve una trama que solo es posible rastrear a través del testimonio de los ex militantes setentistas.

Las contradicciones del pasado se vuelven contradicciones en el presente, ya que se habla desde el aquí y el ahora, mirando a ese pasado desde muy diversas ópticas. Los recuerdos que parecían difusos se vuelven un poco más claros a medida que los entrevistados recuerdan y revisan su propia experiencia vívida. Jelín, citando a Ricouer sostiene que “lo que puede cambiar es el sentido de ese pasado, sujeto a reinterpretaciones ancladas en la intencionalidad y en las expectativas hacia ese futuro. Ese sentido del pasado es un sentido activo, dado por agentes sociales que se ubican en escenarios de confrontación y lucha frente a otras interpretaciones, otros sentidos, o contra olvidos y silencios. Actores y militantes “usan” el pasado, colocando en la esfera pública de debate interpretaciones y sentidos del mismo”.[32] Siguiendo a Jelín, el “sentido del pasado es un sentido activo, dado por agentes sociales que se ubican en escenarios de confrontación y de lucha frente a otras interpretaciones, otros sentidos, o contra olvidos y silencios. Actores y militantes “usan” el pasado, colocando en la esfera pública de debate interpretaciones y sentidos del mismo”.[33] Es aquí donde nos situamos a la hora de analizar los testimonios de los militantes setentistas. En la confrontación del pasado con el presente por un lado, y del enfrentamiento entre la interpretación personal y otras interpretaciones de ese pasado. Aquí la lucha contra el olvido o los silencios, es la lucha contra los modelos oficiales de interpretación que pretenden una mirada hacia el futuro sin revisión del pasado, una vuelta de página que se supone cerrará las heridas abiertas. El recuerdo individual se enfrenta a un proyecto oficial de olvido, por un lado, y al recuerdo de otros actores sociales que han participado de un mismo suceso y que tienen una visión diferente, por otro.

Donde mejor se aprecia esta confrontación es en la evaluación que de ese pasado hacen los propios militantes. El mismo Marcos Taire, citado más arriba, concluía en la entrevista que muchos de los objetivos que hoy son una utopía, en aquella época parecían estar al alcance de la mano. La glorificación de ese pasado de lucha se deja traslucir en las actuaciones individuales: “el yo lo hice” o el “yo estuve allí” retorna a lo colectivo en la presencia individual dentro de cada espacio de actuación. Mientras Andina Lizárraga destaca su participación en la coordinadora de ingenios cerrados desde un espacio vinculado al peronismo, José Luna lo hace ubicándose como dirigente en el comedor estudiantil dentro de una fuerza política vinculada al socialismo. Sin embargo ambos enfatizan la modalidad de acción bajo la cual sin la participación conjunta de los dos sectores, obreros y estudiantes, hubiera sido imposible alcanzar determinados objetivos. La emergencia de la alianza se dio en la acción y la evaluación que se hace hoy resulta positiva. Andina Lizárraga insiste que tuvo que salir de “bruto” leyendo incluso a Marx; por su parte Luna explica las dificultades de conseguir convencer al estudiantado la necesidad de acercarse a los trabajadores. La compleja trama se vislumbra también en los testimonios citados cuando mencionan las relaciones de cada sector, sea estudiantil u obrero, en determinados grupos, pues queda claro también que la heterogeneidad de organizaciones, posiciones políticas y adscripciones partidarias marcaban diferencias en la visión sobre tácticas y estrategias e incluso sobre objetivos. Este primer acercamiento a la cuestión de la relación entre obreros y estudiantes en el marco de las luchas de los Tucumanazos, es un intento por comenzar a echar luz sobre algunos aspectos de una historia reciente que todavía está por escribirse. A los escasos estudios sobre la historia del movimiento obrero en Tucumán, se suma la dificultad de contar con documentación que dé cuenta de la trayectoria de los trabajadores del azúcar. Si bien este primer acercamiento ha buscado recuperar la memoria obrera y estudiantil del proceso, nos proponemos seguir indagando en esta etapa aún inconclusa desde una mirada analítica. Los Tucumanazos fueron bisagra en la historia local marcando un antes y un después, y aún hoy repercute en la memoria de las luchas presentes, una generación que hace más de 40 años se puso de pie para enfrentar en las calles a una feroz dictadura que vino, a partir de 1966, a quitar por la fuerza derechos adquiridos.

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Fuentes periodísticas

Diarios: La Gaceta de Tucumán – Clarín – La Nación

Revista: Primera Plana

Filmografía

Documental, El Tucumanazo: www.eltucumanazo.net / http://www.youtube.com/watch?v=AEPm5I3O7C4 (Documental dirigido por HELUANI, Diego sobre la investigación de KOTLER, Rubén).

Fuentes orales

Héctor Marteau (Ex dirigente estudiantil durante los Tucumanazos)

Marcos Taire (Periodista y ex militante del Frente Antiimperialista por el Socialismo)

Hugo Andina Lizárraga (Ex militante del peronismo combativo)

José “el macho” Luna (Ex militante del Frente Antiimperialista por el Socialismo – FAS – y uno de los líderes estudiantiles durante los Tucumanazos)


[1] Para una profundización en el estudio de los Tucumanazos léase: CRENZEL, Emilio. El Tucumanazo. Tucumán: UNT, 1997; KOTLER, Rubén (2010): El Tucumanazo, los tucumanazos 1969 – 1972. Entre el recuerdo individual y la memoria colectiva. En Revista Testimonios n° 2, 2010: http://testimonios.historiaoralargentina.org/download/n2/testimonios02.pdf; KOTLER, Rubén (2012): Villa Quinteros se rebela: el Tucumanazo de 1969 y la lucha contra el cierre de los ingenios. Historia, Voces y Memorias. Buenos Aires: Programa de Historia Oral de la Universidad de Buenos Aires, n° 4, p. 171, 2012; NASSIF, Silvia. Tucumanazos. Una huella histórica de luchas populares. Tucumán: Universidad Nacional de Tucumán, 2012; Véase además de Heluani y Kotler el documental El Tucumanazo: en línea www.eltucumanazo.net / http://www.youtube.com/watch?v=AEPm5I3O7C4 [Visto por última vez el 1 de diciembre de 2013].

[2] Sobre el desarrollo del golpe de 1966 se puede consultar: Anzorena, Oscar (1998): Tiempo de Violencia y Utopía. Del golpe de Onganía al golpe de Videla”, Ediciones del pensamiento nacional, Buenos Aires, Bonavena, pablo y otros (1998): Orígenes y desarrollo de la guerra civil en la Argentina, 1966 – 1976. EUDEBA, Buenos Aires, y De Riz, Liliana (2000): Historia Argentina, Tomo 8: La política en suspenso, 1966/1976. Editorial Paidós, Buenos Aires.

[3] Sobre una caracterización mayor del periodo véase JAMES, Daniel coord. Nueva Historia Argentina. Buenos Aires: Tomo 9, Cap. 4. Editorial Sudamericana, 2003

[4] Para una tipología de los Estados BA ver O’ DONNELL, Guillermo. Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización. Buenos Aires. Editorial Paidós, 1997.

[5] La tradición de visitas presidenciales a Tucumán para encabezar los actos centrales por el día de la Independencia se explican históricamente por haber sido la provincia donde se declaró dicha Independencia el 9 de julio de 1966.

[6] La Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar (FOTIA) es el principal sindicato de trabajadores del azúcar de la Provincia de Tucumán, fundado en 1944.

[7] CRENZEL, Emilio. El Tucumanazo. Tucumán, UNT, 1997.

[8] Testimonio de Héctor Marteau (ex dirigente estudiantil durante el Tucumanazo de noviembre de 1970). Extracto del testimonio de Marteau aparecido en el documental El Tucumanazo.

[9] HILB, Claudia y LUTZKY, Daniel. La nueva izquierda argentina: 1960 – 1980. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1984.

[10] El Operativo Tucumán supuso la implementación de una serie de medidas a fin de favorecer la instalación de nuevas industrias que absorbieran la mano de obra desocupada dejada por el cierre de los ingenios, sin embargo esta medida nunca logró recomponer el cuadro de crisis social y económica que supuso el cierre de los ingenios.

[11] CRENZEL, Emilio. El Tucumanazo. Op. Cit. Para ver en profundidad el caso del Ingenio San Ramón, en la localidad de Villa Quinteros, léase KOTLER, Rubén. Villa Quinteros… Op. Cit.

[12] Se denomina trabajador golondrina en Argentina a aquel asalariado que por razones de desempleo estacional debe migrar a otra zona productiva y repartir su trabajo por temporadas en distintas regiones.

[13] Algunos testimonios hablan incluso de 250.000 tucumanos que debieron abandonar la provincia. En todo caso lo importante es tener en cuenta que más allá de los números, se encuentran miles de historias personales de los obreros y sus familiares que debieron buscar otros horizontes o bien nuevas actividades económicas a fin de satisfacer sus necesidades básicas.

[14] CRENZEL. Emilio. El Tucumanazo, Op. Cit.

[15] Para una tipología de los actores que participan en el Tucumanazo se puede consultar: CRENZEL, Emilio. El Tucumanazo, Op. Cit.

[16] Véase al respecto más adelante el testimonio de Marcos Taire y Hugo Andina Lizárraga.

[17] Cabe mencionar que la escalada de violencia de los sectores obreros del azúcar no comenzó en 1969, sino que venía increscendo desde el cierre mismo de los ingenios. En una manifestación de trabajadores el 12 de enero de 1967, en la localidad de Bella Vista había sido asesinada por las fuerzas del régimen, Hilda Guerrero de Molina, militante de la FOTIA.

[18] Explicar

[19] CRENZEL, Emilio. El Tucumanazo, Op. Cit. Pp. 155 a 158.

[20] NASSIF, Silvia. Tucumanazos. Una huella histórica de luchas populares. Tucumán: Universidad Nacional de Tucumán, Pp. 161 a 167. 2012

[21] NASSIF, Silvia. El Tucumanazo…. Op. Cit. Pp. 162 a 166

[22] Entrevista a Marcos Taires en julio de 2004. Entrevista realizada por Rubén Kotler en la ciudad de Buenos Aires, en el domicilio del entrevistado.

[23] Entrevista a Hugo Andina Lizárraga realizada a fines de 2010 por Gustavo Cortés Navarro, Gustavo Correa y Rubén Kotler en dependencias del Archivo Histórico de la Universidad Nacional de Tucumán

[24] La FATUN es la Federación de Trabajadores de las Universidades Nacionales y bajo la cual se encontraba afiliado el sindicato local, la Asociación del Personal de la Universidad Nacional de Tucumán, APUNT. En aquella oportunidad el gremio de APUNT estaba dirigido por Juan Martín Figueroa.

[25] El machete es la herramienta utilizada por los trabajadores de los cañaverales para la cosecha de la caña de azúcar.

[26] En referencia al entonces rector de la Universidad Nacional de Tucumán, el Dr. Paz, apodado entonces como el “Incapaz” en un claro juego de palabras entre su apellido y el reconocimiento de su incapacidad para gobernar la institución durante el conflicto.

[27] Entrevista a José el “macho” Luna, realizada en diciembre de 2012 por Rubén Kotler en dependencias del Archivo Histórico de la Universidad Nacional de Tucumán.

[28] La Confederación General del Trabajo de los Argentinos -CGT de los Argentinos o CGT- fue una central obrera argentina que nucleó entre 1968 y 1973 a dirigentes y movimientos sindicales que se oponían al establecimiento de un pacto con la dictadura encabezada por Juan Carlos Onganía.

[29] Leandro Fote y Atilio Santillán fueron dos históricos dirigentes de la FOTIA.

[30] La Juventud Peronista.

[31] ATEP es el principal gremio de docentes de la provincia de Tucumán, el cual tuvo una destacada participación en aquellos años en la figura del dirigente desaparecido Isauro Arancibia.

[32] JELÍN, Elizabeth. Los trabajos de la memoria. Buenos Aires: Edit. Siglo XXI, 2002.

[33] JELÍN, Op. Cit.

Fuente: https://periodicos.ufpe.br/revistas/revistaclio/article/view/24453/0

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