Una verdadera catástrofe laboral

En todo el mundo la pandemia tiene un fuerte impacto en la economía y en particular en la situación de la clase trabajadora.

En nuestro país la situación es particularmente grave, porque venimos de años de recesión. Recesión que no se inició con el macrismo, pero que, sin dudas, se profundizó en la gestión 2015/2019.

Caídas del salario y las jubilaciones, salto en la desocupación, peores condiciones de trabajo, son las expresiones más visibles de una situación que no sería exagerado presentar como de catástrofe laboral.

En esta nota nos vamos a detener en algunos datos realmente significativos que, aporta la última encuesta del INDEC sobre lo que se conoce como el “mercado laboral”. Investigación que el INDEC realiza cada trimestre en los 31 principales centros urbanos del país.

Los datos corresponden al segundo trimestre de este año, seguramente el momento donde el impacto de la cuarentena fue más fuerte.

La primera referencia a considerar es la que más circuló periodísticamente: el fuerte crecimiento del desempleo. En el período comprendido entre abril y junio, la desocupación afectó al 13.1% de la PEA (Población Económicamente Activa), muy por encima del 10.6% que había arrojado el mismo período del año pasado.

El dato es de por sí realmente alarmante, mucho más si tenemos en cuenta que debemos retroceder 16 años y llegar hasta el año 2004 para encontrar un dato tan alto de desocupación.

Pero el informe de INDEC incorpora una consideración muy importante: la fuerte caída -por efecto de la pandemia- de la PEA, de la Tasa de Actividad, de la Población Ocupada y de la Tasa de Empleo. Veamos algunos datos que nos ayudan a precisar el análisis:

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Concepto 2° T 19 2° T 20
Población Total (en miles) 28.330 28.605
P.E.A. (en miles) 13.511 10.983
Tasa Actividad 47,7 38,4
Personas Ocupadas (en miles) 12.073 9.546
Tasa Empleo 42,6 33,4

En este cuadro, que ordena información importante las cifras adquieren una contundencia mucho mayor sobre la caída vertical de puestos de trabajo. El ascenso de la tasa de desocupación aparece “suavizado” por el fuerte descenso de la PEA: más de 2 millones y medio de personas se retiraron del mercado laboral en razón del ASPO. Precisando los datos vemos que en los hechos se perdieron 2.528.000 empleos. Con los puestos de trabajo del segundo semestre y una PEA habitual la tasa de desempleo llegaría al 29,4%. Una verdadera catástrofe.

Otro dato que agrava aún más la situación es el de los Ocupados ausentes, es decir que los que no asistieron a su trabajo por “suspensiones, otras causas laborales y licencias”. Este grupo paso de representar el 2.6% en el 2° trimestre del año pasado al 21.1% en el actual.

Por otra parte la encuesta del INDEC vuelve a mostrar que son las mujeres jóvenes (entre 14 y 29 años) las más afectadas por esta desocupación creciente pasando del 23,4% en el 2° trimestre del 2019 al 28,5% en este año.

Los datos muestran también una extraña mejora en la “calidad” de contratación. Entre las personas asalariadas el 76,2% tiene descuento jubilatorio. Que las que no poseen este descuento (no inscriptas) sean el 23,8% restante muestra una caída de 10,7 puntos porcentuales; caída que no expresa ninguna política contra la precarización laboral sino justamente que en este sector mucho más desprotegido la caída en los puestos de trabajo ha sido vertical.

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Me interesa recoger un dato más que nos señala algunas preocupaciones sobre cómo los empresarios pueden estar aprovechando la pandemia para imponer algunas reformas estructurales. La encuesta aporta algunos datos sobre cambios estructural en el mundo del trabajo. Así podemos ver que los Ocupados con trabajo desde la vivienda pasaron del 6,3% al 22% y los Asalariados que utilizaron sus propias maquinarias/equipos para realizar su trabajo se incrementaron desde el 2,6% al 15,5%. Habrá que ver qué pasa con estas cifras a medida que la cuarentena siga retrocediendo.

En una próxima nota analizaré el impacto de la crisis en los salarios y las jubilaciones.

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