El ejercicio de la memoria: primeros apuntes para una historia del Monto.

“Porque un auténtico revolucionario no llega a nada

hasta que destroza el régimen corrompido y parasitario

 que nos explota e instaura una nueva sociedad…”

Rodolfo Walsh

¿Quién mató a Rosendo?

Especial para ContrahegemoniaWeb

  Una vez un viejo trabajador frigorífico escribió algo que decía como que la memoria está siempre. Uno puede olvidarse de algo, pero después vuelve de otra forma. Pero, ¿qué quería decir ese viejo de barba y pelos blancos? Justamente eso, que la memoria siempre está ahí aunque no se cuenten las historias, aunque se quemen los libros. Está ahí porque la memoria es genética. Entonces, inconscientemente, es la memoria genética la que se ejercita y trae otro nuevo pedazo de historia que hasta hace muy poco no estaba. O estaba, pero había que contarla.

 Esa historia se inicia hace unos años cuando, sin querer, mirando fotos y leyendo comentarios en el Facebook, conocí la existencia de un pibe que le decían el Monto, que paraba con la vieja barra de Brown y que estaba desaparecido desde el 77. El hallazgo, si se puede decir de alguna manera, me resultó conmovedor. Una mezcla se sensaciones que trascendía el amor por un club: hay un hincha de Almirante desaparecido, ¿cómo puede ser que nadie haya contado su historia? Salvando las enormes distancias fue como “el fusilado que vive” de Walsh.

 Sin embargo, para contar una historia hay que reconstruirla. Y para eso no hay nada mejor que hablar con los protagonistas, con quienes estuvieron. Uno de esos protagonistas es Héctor, o “Mila”, como se lo conoce en la cancha y en Villegas, el barrio de él y se su amigo, el Monto. Mila es un veterano de tablones, hoy tachero, amigo de Leopoldo Omar López, el “gordo”, como le decían en la barrio, o el Monto, cómo le pusieron en la tribuna aurinegra. Omar figura en la lista de desaparecidos desde el 30 de marzo de 1977. A partir de algunos datos que pude obtener, se supo que estuvo en el centro clandestino de detención El Vesubio, aunque también hay otros datos que aseguran que su cautiverio fue en la ESMA. Es una de las víctimas que figura en la lista en el juicio contra Scilingo-Cavallo, bajo la causa CONADEP 4772.

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 El Monto paraba con un grupo de pibes, allá por los setenta, que luego se conformaron en lo que hoy se conoce como la Vieja barra de Brown. Según Mila, eran un grupo de quince pibes que “arreglaban sus asuntos con mucha tranquilidad puertas adentro del club”. Ese pequeño grupo estaba formada, entre tantos, por Pedro “el feo”, el “viejo” Tola, el “negro” Menendez, el “negro” Rubén, Héctor “el Mila”,  y unos cuántos muchachos más.

 Pero además de hincha de Almirante, el Monto tenía otra identidad: era peronista revolucionario (militó en organizaciones de base que respondían a la dirigencia de Gustavo Rearte y, en los últimos tiempos, en el Peronismo Auténtico de la Matanza) y pertenecía a la clase obrera, era trabajador de la fábrica de anilinas Colibrí, ubicada en Capital Federal. Un vecino del barrio le había conseguido ese trabajo. De hecho, fue ese mismo vecino quien le lleva las pertenencias que Omar había dejado en el trabajo a su madre, antes de que lo secuestren. 

 La clase trabajadora fue la principal enemiga del proyecto político de la dictadura militar, de hecho, el 67% de los desaparecidos son trabajadores. Durante los años 60’ y 70’ el movimiento obrero había dado salto un salto cualitativo en relación a las luchas y los pliegos reivindicativos. No se trataba solamente de la lucha por el salario y la defensa de los derechos, sino que, también, la clase había logrado desestabilizar los planes de todos los gobiernos antipopulares y comenzaba a cuestionar las relaciones de producción mediante ocupaciones de fábrica, el control de los tiempos de trabajo e, incluso, la producción sin gerentes ni patrones. Era tan grande el poderío del movimiento obrero que hasta el caudillo radical Balbín la denominó “la guerrilla fabril”, la cual había que eliminar de cuajo.

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 Entonces, la forma en que la dictadura disciplinó el alza en las luchas se basó en dos vertientes: por un lado la persecución, el secuestro, el asesinato y la desaparición de una enorme cantidad de trabajadores industriales y, en paralelo, la destrucción de la industria nacional, ya que era considerada la base material de esa poderosa clase obrera.

 El partido de la Matanza no estuvo al margen de la represión y la desindustrialización. De hecho, tenemos casos testigos como la desaparición de Emilio Tomasín, trabajador metalúrgico de la ex Martin Amato, fábrica ubicada en Lomas del Mirador y, el de Mercedes Benz, donde se comprobó la complicidad entre la burocracia sindical del SMATA y la patronal para secuestrar, asesinar y desaparecer a un grupo de trabajadores combativos.

 Descubrir la existencia de un pibe que iba a ver a Almirante y se lo llevaron los milicos me generó una mezcla de sensaciones: tensión interna, ansiedad por conocer su historia, reconstruirla y hacerla conocida en el club, en el barrio, etc. Pero también, reconstruir la identidad de militante popular, un trabajador que, como miles por aquellos años, luchaban contra la represión, contra las burocracias sindicales, contra los abusos patronales y apostaban a la construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados. Allí surge la necesidad imperiosa de hacer jugar la memoria genética, construir un rompecabezas y lograr contar la historia del hincha de Almirante desaparecido. Pero, para empezar a instalarlo, había que dar un puntapié, había que hacer algo.

 Hablando con otros pibes, antes o después de la tribuna, surgió la idea de hacer ese algo. Eso se concretó hace un año. Pudimos pintar un mural que lleva el nombre de él, justo en la entrada del Polideportivo, en Seguí y Rucci. Lo que al principio fue una idea personal, un berretín, poco a poco se conformando en un proyecto colectivo de militantes populares que nos conocemos de las luchas desde hace años, de hinchas que compartimos las previas, las tribunas y el post cancha, y de organizaciones de DDHH del Partido de la Matanza.

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 Los equipos de fútbol, los clubes de barrio, son un espacio de socialización, de encuentro, de síntesis de múltiples identidades donde se mezclan el trapo y la tribuna, pero también la música, el amor a un barrio, la historia de un pueblo, sus luchas y la memoria. Esa síntesis fue la que posibilitó esta experiencia que sigue manteniendo esa luz que muchos y muchas queremos mantener prendida. Qué la cara del Monto hoy esté pintada en el ingreso del Polideportivo, sobre la calle Juan José Rucci, es otro pequeño triunfo de la militancia popular. Qué la cara de un trabajador, que luchaba por la patria socialista, desaparecido por la asesina dictadora militar-patronal-clerical, esté pintada sobre una calle que lleva el nombre de uno de los personajes más nefastos de la burocracia sindical peronista de este país (paradojas si las hay) simboliza una gran mojada de oreja de quiénes estamos de este lado de la vereda.

 El desafío de ahora en adelante es poner en ejercicio esa memoria genética de la que hablaba el viejo de barba y pelo blanco para poder alumbrar en la historia de un pibe que además de querer cambiar el mundo y, por ello, ser una víctima del plan sistemático de exterminio de la última dictadura militar, también tenía una vida cotidiana de amistades, encuentros, de placeres y pasiones. Una de ellas es Almirante Brown, como mucho de nosotros la tenemos.

 El Monto este año hubiera cumplido 64 años. Era obrero, peronista revolucionario e hincha de Almirante Brown. A los 20 se lo llevaron. Las memorias genéticas de quienes estuvieron cerca de él tienen la tarea de reconstruir con datos su historia. Desde la militancia popular tenemos la obligación de  contar su historia, defender sus sueños, sus luchas y sus pasiones.

 La revancha clasista contra la clase obrera le impidió al Monto ver las alegrías que nos dio nuestro querido Almirante. Seguramente vendrán mejores tiempos a fuerza de andar y esperemos poder contar lo que pasó. Mientras tanto seguimos apostando a los sueños de justicia y de querer cambiarlo todo que tenía esa generación de militantes a la que el Monto perteneció. 

Dibujos: Negro Alan.

One thought on “El ejercicio de la memoria: primeros apuntes para una historia del Monto.

  1. Yo pertenecí a ese movimiento y también era incha de Almirante, además de San Lorenzo, y afiliado desde muy pibe
    Dirigente sindical en la Fábrica Crysler opositor a La burocracia de José Rodríguez, fui secuestrado por la brigada de San Justo en marzo del 75 y luego expulsado del País por la Dictadura
    En 1984 volví al País

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