Ser capaz de lo bello, lo grande y lo cotidiano – Contra el desalojo del PDS Osvaldo de Oliveira, Macaé, Rio de Janeiro, Brasil

A las compañeras y compañeros del asentamiento PDS Osvaldo de Oliveira

Era un 7 de septiembre de 2010, día en que se celebra la supuesta independencia del Brasil, aquella en que a pesar de lo que sugiere el calendario oficial, dejó intocadas las cadenas neocolonialistas que nos atan a los circuitos imperialistas. Era también día del Grito de los Excluidos, y por las lindas casualidades que forjamos en la historia, es el día en que las y los compas ocupaban la antigua Fazendo Bom Jardim, en el municipio de Macaé. Macaé, parte de la llamada Bacia petrolífera de Campos, una de las más codiciadas en los últimos 30 años y circuito trágico del neoextractivismo renovado después del descubrimiento del presal. Territorio de sacrificio de trabajadores, de los bienes comunes de la naturaleza y del cuerpo de las mujeres. Hoy centrada en el petróleo, ayer dedicada a la producción esclavista de azúcar y café. Todas las dinámicas denunciadas por los movimientos feministas de Nuestra América se repiten aquí de forma macabra: crecimiento exponencial de las ciudades con una migración repentina; masculinización de los territorios; gran circulación de recursos económicos que aumenta las disparidades sociales y de género; diseño de espacios urbanos al servicio de la especulación, la construcción de obras que subsidian la industria extractivista, pero se cobran la vida. Rio das Ostras, ciudad dormitorio pegadita a Macaé, creció a un ritmo 4 veces más intenso que esta otra (aproximadamente 200% según datos oficiales), en el período 2000-2010. Es por ello que esta ciudad es conocida en la jerga militante y en la piel de las mujeres como “capital de la violación”.

Días después de la ocupación en 2010, les compas golpean la puerta de la Universidad Pública, y les enfermeres y trabajadores sociales prontamente nos dejamos interpelar por ese manantial de demandas que nos posibilitaban repensar la formación profesional. En 2014 les compas conquistan el derecho a la tierra, se inicia el proceso de expropiación y se pone en marcha la construcción del PDS Osvaldo de Olivera. De a poco fueron llegando también les nutricionistas, les ingenieres, les historiadores y tantes otres que se fueron sumando al trabajo que las Universidades desempeñarían en este territorio. Imposible retratar en pocas palabras, la importancia de esta experiencia para la formación universitaria de les docentes y les estudiantes que pasarían por aquí: aprender a ver a las comunidades que golpean diariamente la puerta de las políticas públicas, como sujetos políticos y colectivos, forjando procesos de autorganización, produciendo agroecología, dándose la cabeza contra todo tipo de contradicciones para sobrevivir y crear nuevas relaciones sociales, desafiándose a superar las jerarquías patriarcales que nos metieron en las venas desde el nacimiento, todo esto es profundamente pedagógico. Estos días miraba fotos aéreas que comparan el área en 2010 y 2020. Cabe recordar que cuando las familias ocuparon el área, había vestigios importantes de degradación ambiental a pesar de ser un espacio protegido por legislación ambiental especial por el tipo de vegetación que contiene. Fue emocionante ver las fotos aéreas actuales, con un verde y un relevo de vegetación inexistente en las opacas fotos de 2010. La recuperación ambiental que las fotos muestran fue cultivada con las manos agrietadas de les compas del MST.

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            Se tornarían productores que subsidian alimentos para la merienda escolar del municipio, las ferias locales, e inclusive diversas ferias que realizamos en las Universidades Públicas de la región, como también otros espacios de comercialización de alimentos orgánicos, con productos y cestas, algunos de estos del propio MST. En varios momentos vi con mis propios ojos la simpatía, el intercambio y hasta la solidaridad de les compas con trabajadores tercerizades de la Universidad (aquellos que hacen la limpieza o la vigilancia) y con los propios estudiantes.

 Producen frijoles, mandioca, zapallo, bananas, maíz, batatas camote, ñame, taioba, frijol guandú, havas, tomate, achiote, chaya, maracujá, cará-muela, condimentos y otras hortalizas. Durante la pandemía de COVID-19 les asentades donaron alimentos agroecológicos y protagonizaron acciones de solidaridad  en territorios empobrecidos de ciudades vecinas, y en Rio de Janeiro.

            Cuando fueron ocupadas, hace diez años, las tierras de la Fazenda Bom Jardim – así es como se llamaba la antigua estancia – eran consideradas improductivas por los órganos del gobierno federal, y por este motivo fueron declaradas de interés social. Según la legislación brasilera, eso las torna disponibles para fines de reforma agraria.  

            Desde entonces, las 63 familias que componen el asentamiento oscilaron en un péndulo de desalojos al que respondieron con reiteradas re-ocupaciones. Desalojos y re-ocupaciones, esta es la dinámica, violenta y desgastante, de la lucha por la tierra que enfrentan les trabajadores rurales sin tierra a lo largo y a lo ancho de este país, que es uno de los que tiene los mayores índices de concentración fundiaria. Recién en 2014 el INCRA (Instituto Nacional de Colonização e Reforma Agraria), publicó oficialmente que la Fazenda Bom Jardím era destinada a la constitución del asentamiento ambiental diferenciado en la modalidad de PDS, dando a las familias un permiso de posesión. A pesar de eso, en 2015 tuvieron una orden de desalojo que alegaba inviabilidad productiva y económica. Fue necesaria mucha movilización y resistencia y la emisión de otro peritaje para demostrar la viabilidad del PSD para que las familias pudieran permanecer. Recién en 2016 el permiso de posesión fue aprobado en la justicia, constituyéndose como una gran victoria para las familias porque pudieron consolidar el asentamiento. Sin embargo, en 2019 resurge un nuevo pedido de desalojo: la octava cámara del tribunal de apelaciones del Tribunal Regional Federal 2, con dos votos contra uno anuló el proceso de desapropiación y ordenó que las familias deberían salir de la tierra en un plazo de 3 meses, autorizando inclusive el uso de la fuerza policial para tal efecto.  Los argumentos vuelven a girar en torno de la inviabilidad productiva y económica del asentamiento. Llama la atención que el juez que instruye la causa, tan preocupado por la viabilidad ecológica del asentamiento, aceptó recientemente un recurso del gobierno federal de Bolsonaro para restablecer las decisiones del Consejo Nacional de Medio Ambiente que retiran la protección ambiental de manguezales, restingas y permiten que se queme basura tóxica. Imágenes posibles de la aventura neofascista que vivimos en Brasil.

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El discurso de la inviabilidad no se condice con las evaluaciones de los órganos oficiales competentes; ni con las evidencias reales que muestran que desde la ocupación las familias expandieron los márgenes de recuperación de vegetación nativa; ni con lo que se ve a ojos limpios visitando el asentamiento en el que las familias producen  una gran variedad de alimentos sin veneno para su propia subsistencia y para abastecer el mercado local.

A Geninha – mujer negra, asentada en el PDS Osvaldo de Oliveira, de sonrisa ancha y voz fuerte para entonar los cantos en las marchas – le encanta decir que el MST es una Universidad. Está repleta de razón. Buena parte de lo que hemos aprendido y enseñado como docentes y trabajadoras sociales, creció junto a les compas.

Las mujeres del PDS no caben tampoco en estas páginas. Crearon un colectivo llamado Margaritas del Karukango. Y con ese nombre – que también bautiza al frijol agroecológico producido por el PDS – recupera el nombre del Quilombo del Karukango, que está bajo esas mismas tierras. Otra de las lindas coincidencias que las manos de los subalternos sembraron a lo largo de la historia: bosque adentro del PDS aún hay vestigios de grandes ollas y utensilios que recuerdan los pasos de quien forjó los pocos márgenes de libertad que tiene este país. Así que en las memorias subterráneas de esta tierra hay una ancestralidad de lucha que alimenta las fuerzas de les compas que parecen no acabarse. Dicen las malas lenguas, que el frijol, la mandioca, el zapallo y la harina que les compas producen tienen raíces y memorias que vienen de lejos….

Como no hablar de Doña Delira. Delira anda por sus 70, sonrisa hermosa y llena de picardía. Muchas historias para contar. Delira aprendió a leer en las Campañas del Yo Si Puedo, que el Movimiento abraza con su sector de educación, y dio continuidad a sus estudios en la escuela más próxima (que no está nada próxima, ni en el área rural). Un día estábamos haciendo una formación con las mujeres, y pedí para que elaboren una lista con todo el trabajo que desarrollaban a lo largo del día. A pesar de que la propuesta era discutir la invisibilidad y el menosprecio del trabajo reproductivo, Delira hizo una lista que desafiaba cualquier rutina de división sexual y racial del trabajo. Otro día, en su sabia cordura, Delira dijo: “nosotros somos coyuntura”. Lo repitió muchas veces, y yo no entendía exactamente lo que ella quería decir. En portugués la palabra coyuntura se aproxima mucho a la palabra conjunto, pero efectivamente la compa estaba recreando una palabra, al mejor estilo del maestro Paulo Freire. Delira no sabía que en estos tiempos delirantes, su palabra nos invitaba a juntar el deseo de ser realidad, el compromiso de ser presente y el desafío de hacerlo juntas y juntos. CON-JUNTURA que en la boca sensata de Delira es: nosotres + ahora + bien juntes.

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Como no nombrar a Edna, que un día me contó lo que sintió cuando llegaban al área donde sería el asentamiento, con los camiones con sus mudanzas, después de la emisión oficial del permiso para tornarse asentados de la Reforma Agraria. Parece que mientras pasaban por el distrito vecino de Corrego do Ouro, había algunas miradas de reprobación a las banderas rojas del gigante MST. Miradas de otros trabajadores pobres, licuados en los engranajes de la explotación y dopados por dosis diarias de Red Globo, el gran aparato de la hegemonía burguesa en el Brasil. Edna pensó dentro de ella, con esa dosis de humanismo que sólo la lucha de los trabajadores puede darnos: ustedes que nos miran con reprobación, no saben que nosotros plantaremos los alimentos saludables que los irán a alimentar. Tengo certeza que muchos de esos trabajadores después de 6 años de trabajo agroecológico incansable, ya lo saben. Podría hablar de Joven y sus manos tejiendo flores y bellezas; o de Gildete y su amorosidad; o de Rosangela y su voz hermosa para cantarle a la lucha; podría hablar de Shirley y su mamá, siempre cuidando con solidaridad feminista todos los espacios de las mujeres. Y tantas otras, Creuza, Saionara, Doña Maria…

Vimos a les compas donar alimentos en plena pandemia en las favelas de la región. Días atrás en plena lluvia, en medio del caos que reina ante una amenaza de desalojo, les compas estaban movilizados para acompañar a otro compañero hasta un centro de salud mental que queda en la distante área urbana. Los Sin Tierra aprendieron con Guevara que un revolucionario está hecho de grandes sentimientos de amor y sensibilidad ante el sufrimiento humano ajeno.

Hace poco leía unas memorias de las mujeres de la revolución cubana y unas de ellas recordaba a Frank Pais, joven luchador del Movimiento 26 de Juño, asesinado por las fuerzas de Batista. Ella decía que Frank era un luchador imprescindible, que era capaz de lo pequeño y cotidiano, y al mismo tiempo, de lo grande y lo bello. La imagen me resultó increíble para nombrar a les compañeres del PDS Osvaldo de Oliveira, también capaces de lo grande y lo cotidiano.      

Los antiguos dueños, o digamos mejor, los apropiadores de estas tierras, nunca se conformaron, y a pesar de que las familias cuenten con un permiso de posesión desde 2016, los latifundistas continúan apelando. El próximo miércoles 25 de noviembre, les compas, junto con otres companheires del MST y compañeres de lucha, de las universidades, de otras organizaciones, enfrentaran un nuevo embate, un nuevo pedido de desalojo, y mas una vez se alzarán en resistencia, por elles, por todes y por este planeta. Toda la solidaridad y apoyo a les companheires del PDS Osvaldo de Oliveira!!

 Katia Marro es Trabajadora Social, Profesora de la Universidad Federal Fluminense, Campus Rio das Ostras. Josefina Mastropaolo es Trabajadora Social y profesora de la Carrera de Serviço Social de la Universidad Federal de Rio de Janeiro

Firme los apoyos:

Si es una entidad, grupo, movimiento, partido o colectivo – #PDSresiste

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Si desea firmar de forma individual – #FicaPDSOsvaldoDeOlivera

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