La papa transgénica más cerca de la mesa de los argentinos.

El Instituto Nacional de Semillas inscribió el nuevo transgénico a solicitd del Conicet. Es un nuevo paso para que se pueda comercializar, cultivar y consumir el nuevo organismo genéticamente modificado (OGM).

El Instituto Nacional de Semillas (Inase) inscribió la cuestionada papa transgénica en el Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares, un paso más para la concreción de algo inédito en Argentina: que se puedan sembrar, cosechar y consumir papas transgénicas. Se trata de un desarrollo de la empresa argentina Tecnoplant y del Instituto de Ingeniería Genética y Biología Experimental (Ingebi-Conicet). Aprobación con conflictos de intereses y la vulneración del principio precautorio.

“Ordenase la inscripción de la creación fitogenética genéticamente modificada de papa (Solanum tuberosum L.) de denominación SPT-TICAR, solicitada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científica y Técnicas”, establece la resolución 339/2020 firmada por el presidente del directorio del Inase, Joaquín Manuel Serrano. Se trata de un paso burocrático necesario para la comercialización de la semilla.

La compañía beneficiada es Tecnoplant, del Grupo Sidus, en trabajo conjunto con el Conicet a través del Instituto de Ingeniería Genética y Biología Experimental (Ingebi). La publicidad empresaria afirma que el transgénico es resistente al virus “PVY” (“potato virus”).

Uno de los responsables del proyecto es Alejandro Mentaberry, quien era jefe de gabinete del Ministerio de Ciencia en 2015, cuando la Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia) aprobó la papa modificada genéticamente. Desde su cargo tenía incidencia en el Conicet y en la Conabia.

El investigador Fernando Bravo Almonacid (del Ingebi-Conicet) también forma parte del desarrollo de la papa transgénica y, conflicto de intereses mediante, también formó parte de la Conabia al momento de aprobar la nueva semilla. Del Grupo Sidus también había formado parte Lino Barañao.

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El 10 de diciembre de 2018, el gobierno de Mauricio Macri presentó la primera “papa transgénica”. En el acto estuvieron el secretario de Ciencia, Lino Barañao, y el de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere. Mostraron pequeñas papas adornadas con cintas con los colores de Argentina, suerte de abanderadas de los tubérculos.

En octubre pasado, el gerente de Tecnoplant, Gustavo Napolitano, señaló que en 2018 comenzaron a hacer la tramitación para que la empresa sea reconocida como desarrollador comercial y el Conicet como obtentor, paso necesario para la comercialización de las semillas. El empresario anunció que la aprobación del Inase estaba por darse en breve. Finalmente fue publicada en el Boletín Oficial el 9 de noviembre.

También recordó que la Dirección de Mercados (del Ministerio de Agricultura) había aprobado la papa transgénica dos veces, en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner y durante la gestión de Mauricio Macri.

A pesar de eso, al igual de lo que sucede con el trigo transgénico, la Federación Nacional de Productores de Papa (Fenapp) alertó sobre los riesgos comerciales del nuevo cultivo y advirtió sobre la posibilidad de perder mercados de exportación.


Promesas y peligros

Entre las promesas de Tecnoplant-Sidus sobresale el mayor rendimiento y menor uso de agrotóxicos. Idénticos argumentos a los que publicita Bayer-Monsanto para la soja y el maíz, y que nunca se concretaron.

El Parlamento Andino (órgano deliberativo de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Chile) prohibió la papa transgénica en 2006 para sus países miembros. Destacó la posibilidad de contaminación de la papa convencional y la inestabilidad del cultivo transgénico. “Se solicita a los gobiernos de los países andinos la suspensión de los ensayos en terreno, manipulación y experimentación de papa genéticamente modificada para eliminar el riesgo de variabilidad genética de esta especie”, señala el artículo 1º de la resolución del Parlamento Andino. El artículo 2º va más allá: “Solicitar a los gobiernos de la región suspender cualquier acción relacionada con la propagación en el medio ambiente, uso comercial, transporte, utilización, comercialización y producción de papa genéticamente modificada”. Resaltó que “una vez que se libera una variedad transgénica en un país es imposible frenar la contaminación genética (a través de polinización abierta)”.

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Elizabeth Bravo, doctora en ecología de microorganismos e integrante de la Red por una América Latina Libre de Transgénicos (Rallt) afirmó que la papa transgénica no resolverá los problemas agronómicos. “Los virus mutan. Y en pocas generaciones el virus PVY puede desarrollar resistencia a la papa transgénica. Por eso es que los virus son tan exitosos agentes patógenos, por su gran capacidad de burlar los limitantes biológicos con los que se encuentra”, explicó.

Alertó que es un “gran problema adicional” que esta papa se utilice para para consumo humano directo, a diferencia de otros cultivos transgénicos que están destinados a la alimentación animal, la producción de aceites o combustibles.

El Parlamento Andino solicitó la elaboración de leyes nacionales que establezcan el principio de precaución: cuando haya peligro de daño grave o irreversible la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas preventivas para proteger el ambiente y la salud.

En Argentina está vigente el principio precautorio en la Ley General del Ambiente (25.675). Sin embargo, aunque no está probada la inocuidad de los transgénicos, es el mimo Estado el que autoriza la siembra y el consumo para humanos.

Fuente: Redeco.com.ar.

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