Abraham Leonardo Gak, maestro (1929 – 2020) (Diálogo inconcluso con un hombre progresista)

Tú crees todavía en la revolución y por el agujero que coses en la media sale el sol y se llena todo el cuarto de sol. Raúl Gonzalez Tuñon, “La calle del agujero en la media”

El día 8 de diciembre a la noche supimos que el Dr Gak, histórico Rector de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini había fallecido. Dolor.

Ingresé a trabajar en el Pelle durante el verano del año 1994, con Gak ya Rector. Tuve como profesor esa suerte: trabajar en la Escuela del “Proyecto Gak” desde sus orígenes. José Gimeno Sacristán solía repetir que el docente se termina de formar y redondea su “visión del mundo y de la enseñanza” en la Escuela, en el aula, en el espacio real del proceso educativo.  Y yo tuve la posibilidad de hacerlo en eso que fue un laboratorio, un espacio experimental, generador de nuevas preguntas, de puesta prueba.

Esta reflexión no es un balance, menos un juicio (aunque encierre ambas cosas) sino que es la mirada de un profesor que en esa misma escuela fue dirigente de la AGD (Asociación Gremial Docente – UBA), gremio que tuvo como base activa y militante a les docentes formados en cierto sentido al calor (y como parte) del “Proyecto de Gak”. Y si bien  mucho nos peleamos, mucho discutimos y mucho, creo muchísimo, compartimos con él.  

Semblanza de un dirigente político progresista

Murió Gak, maestro.  Y tal vez con él muera un concepto que se fue tornando vacío, y que quizás solo mantuvo el Dr. Gak. Él fue – considero – el último referente con encarnadura de la larga tradición del progresismo en nuestro país.

Fueron progresistas quienes impulsaron y expresaron la tradición de la revolución burguesa y la búsqueda de la aceleración del desarrollo capitalista en la Argentina.  Ese desarrollo fue ahogado históricamente por el tipo de inserción internacional que empoderó a la clase productora de bienes primarios y limitó la soberanía nacional a la dependencia de Inglaterra primero y de Estados Unidos después. El progresismo intentó resolver esas rémoras apostando al reformismo político en democracia, enfrentando a los “dueños de la tierra”, e impulsando la industrialización nacional en una alianza “virtuosa” entre esa burguesía industrial (que creían industrialista con los trabajadores. Mercado interno e intervención estatal contra el Imperialismo y su División Internacional del Trabajo. Desde un ángulo me atrevo a decir que Gak siempre consideró que el ámbito de la resolución política era el de los espacios creados por la democracia formal  “burguesa”  (aunque aspirase a una sustantiva) y  su proyecto económico – social se correspondía con lo que sería el “ala izquierda” del desarrollismo.

Y Gak fue eso y no vaciló en ser parte de diferentes identidades ideológicas si esa participación le permitía intervenir para conquistar y consolidar primero la democracia y desde esa soberanía avanzar en el desarrollo de un capitalismo industrial con autonomía nacional. Por eso fue socialista, gelbarista, alfonsinista en los primeros ochenta y kirchnerista de Néstor y Aldo Ferrer después. En definitiva Gak era un hombre con profundas convicciones. Y por esa convicción democrática se ubicó en las antípodas de cualquier dictadura y combatió a toda política económica que estorbe o postergue el ansiado desarrollo capitalista. Por eso fue muy crítico del proyecto Menem – Cavallo. Y tal vez por eso antes – no tengo la certeza – fue enviado a un cargo “menor” en la UBA: Rector de una Escuela Media (sin tener en ese momento formación académica específica ni experiencia alguna en ese espacio). Era, pareciera, más un sueldo que parte de un proyecto o deseo. Años después nos confesó en un reportaje que le hicimos con Roberto Testa que “Nunca había tratado con adolescentes”.

Gak era un dirigente cuyo capital era su conocimiento de la UBA y de la Facultad de Ciencias Económicas pero desconocía la Escuela. Sin embargo, su vínculo con Alicia Camilloni  le había dejado una enseñanza que asimiló rápidamente: ser docente era y es algo diferente a conocer una asignatura. Por eso, ya en la propia en la FCE (Facultad de Ciencias Económicas) había impulsado y conformado un equipo para que formen a les profesores de la facultad como docentes. Allí dieron clases convocado por Gak y Camilloni – entre otres – Marta Marucco, Ester Motrel y Aida Rotbart … todas docentes que trabajaban en Profesorados de formación docente y con “tiza en la mano”.

Esa experiencia mínima y ese equipo de intercambio parece le fue clave para el nuevo desafío.

Rumbo al magisterio en el Pelle

En el año 1993 cuando fue designado Rector de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, Gak ya era un dirigente dedicado a la política universitaria dentro de la UCR e incluso había sido hasta Secretario General del Rectorado en la UBA. Era un cuadro político formado, es decir que tenía un marco teórico de referencia, un proyecto a largo plazo, lo que le permitiría – teóricamente – en cada momento descubrir la esencia del problema para actuar sin perder de vista aquel horizonte estratégico. En definitiva, con la autonomía y talento necesario como para acumular masa crítica y construir poder. Digo más: para Gak la política se desplegaba en un tablero de ajedrez, había contrincante (no todes queremos lo mismo), disputa, estrategia y siempre múltiples variables y alternativas en juego a resolver. Ni damas, ni ta – te – ti, ni “toma y daca”, ni “dados marcados”: ajedrez. Ser ajedrecista era su gran virtud pero encerraba un problema: juega uno solo y puede a lo sumo recurrir a muy buenos “asesores” (que los tuvo).         

Ahora bien, 1993 no era un buen año para los progresistas: la ofensiva neoliberal era económica y sobre todo había conquistado la hegemonía ideológica, cultural y educativa.  Y es en ese contexto que ese hombre decide, desde ese reducido pero prestigioso espacio escolar, resistir  primero para luego construir una alternativa educativa posible. Apuesta.

Todo aquel caudal político acumulado en décadas de militancia lo pondrá al servicio de esa construcción: resistir para que lo posible sea mucho más que lo aceptado, lo establecido. Por eso Gak no se propuso gestionar una Escuela sino dirigirla. Y es sustancial la diferencia. En palabras de Gabriela Saslavsky “gestionar significa administrar lo viable, desplegar lo que ya fue pensado por otros, administrar lo dado… (pero) El acto educativo es un acto político.” (Saslavsky: La formación docente viva, pp 20-21). Gak se propuso dirigir a una escuela, no administrarla: desplegar un proyecto con una concepción político- pedagógica, que se expresó en formas de organización, en toma de decisiones del día a día, instancias de participación, canales de comunicación, etc.  Y esa es la primera gran enseñanza: una escuela se dirige y quien la dirija debe ser un cuadro político portador de un proyecto para la escuela y la sociedad. Porque la Educación y la escuela son espacios en disputa entre proyectos civilizatorios.

Con ese bagaje, una vez instalado en la dirección de la Pelle toma tres decisiones estratégicas: primero convocó a Ester Motrel para que se haga cargo de la Dirección de Estudio: diagnóstico y elaboración del proyecto político – pedagógico y educativo de mediano y largo plazo. Segundo, resolvió que los vicerrectores de cada turno sean siempre profesores graduados en los profesorados de formación docente (y no profesionales que dedicaban solo algunas horas a la docencia) y con trayectoria en el aula. La única excepción en aquel momento fue una vicerrectora que provenía de la FCE, Teresa de Gasparri, que se fue (o tuvo que irse) a poco de ponerse en funcionamiento ese nuevo proyecto. La cercanía política con el Rector de la UBA, Oscar Shuberoff (Oscar, lo llamaba Gak) le permitió actuar con mucha autonomía y contar con recursos. Gak iba a dirigir la Escuela desde la Escuela, no desde la Facultad de Ciencias Económicas. Tercero, conformó un equipo plural, con vicerrectores que iban desde católicos practicantes a “pañuelos verdes” antes de que ese movimiento florezca. Y esa descripción tan del presente nos permite leer el perfil ideológico y cultural de cada vicerrectore. Articularlo solo fue posible porque tuvo la capacidad para consensuar y legitimar esa dirección política en la Escuela.

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Gak, como todo progresista de “principios” creía en la “revolución desde arriba”, y desde ahí comenzó a dar señales del proyecto que se iría construyendo. Y tenía una direccionalidad clara: los derechos humanos, formar ciudadanos para la democracia, memoria,  verdad y justicia fueron el aglutinante de su proyecto de escuela, que delineaba un perfil de egresade y docente para el  Pelle. Ese aglutinante era de lo poco que conservaba esa sociedad a comienzo de los noventa como valor incuestionable.

Así los 24 de marzo se transformaron en Memoria para el Pelle. La Escuela – con mayúscula – marchaba, igual que lo hacía los 16 de septiembre; se empapelaba con fotos de los cursos con les compañeres desaparecidos redondeados, había mesas redondas, debates, etc. Y siempre, siempre el Rector, orgulloso acompañando desde un costado a la bandera del CECaP.

Tres hechos centrales sintetizan esa política: Acto en la Escuela con la presencia de artistas como Víctor Heredia, León Gieco y las Madres de Plaza de Mayo, junto a los familiares de desaparecidos del Pelle, la institucionalización del Premio Mauricio Weinstein (dirigente estudiantil desaparecido), y la celebración y  apoyo a la iniciativa de filmar la película “Flores de septiembre”.

Pero no era publicidad. Ese aglutinante iba a construir la trama de todas las relaciones sociales del Pelle: autoridades, estudiantes, docentes, familias, personal “no docente. Y el Pelle no era una escuela fácil: había sido intervenida por Ottalagano y luego del golpe de 1976 directamente por la Marina, recuperando así a parte del viejo plantel docente de la Dictadura de Onganía… y mucho de ese perfil despótico – protofascista permanecía aún en la Escuela cuando ingresó Gak como Rector. Incluso en el cuerpo docente de profesores y preceptores. Y no refiero a quienes trabajaban como en tantas escuelas públicas y privadas sino a esos a quienes hizo mención el ex Rector Escribal cuando afirmó: “no limpiamos, como debimos hacerlo y quedaron resabios de la dictadura”. Y esos “resabios” docentes se “llamaron a silencio” pero estaban en el aula con su concepción ideológica y ella se hacía presente en la relación de aprendizaje, claramente autoritaria, pro militar. Y a veces reaparecieron (dejaron ver la hilacha) con casos emblemáticos. 

A su vez, el Pelle era históricamente una Escuela “comercial”, que formaba futuros “contadores”, claramente diferenciada del Colegio Nacional Buenos Aires, que formaba – parafraseando a la histórica publicación estudiantil de la resistencia antidictatorial – la “aristocracia del saber”, la futura clase dirigente. Formación universal frente al técnico -profesional del Pelle. Esta tradición tenía como eje de la currícula la orientación “contable – administrativa” y todos los conocimientos “auxiliares” de matemática y/o Derecho. Por eso el poder de la escuela estaba concentrado en la primera área que orientaba a sus egresades hacia la Facultad de Ciencias Económicas. En un sentido se puede afirmar que aquella vieja escuela Carlos Pellegrini técnico profesional se emparentaba bastante con la propuesta tecnocrática y emprendedurista alentada por el macrismo pero ya contenida en su matriz ideológica en la Ley Federal de Educación.  Claramente, aquel aglutinante del proyecto Gak de “memoria, verdad y justicia” iba en otra dirección. Por ejemplo, vale como muestra que el premio Mauricio Weinstein se le otorgaba a una producción en el área de plástica, música o literatura. 

Otro núcleo que tomó potencia fueron las Tutorías. Habían sido creadas por iniciativa del Dr. “Pepe” Virasoro y con Gak rector fueron profesionalizadas. Eso implicó, por un lado, que no sean electivas por los estudiantes, pero por otro, que sí fuesen profesores con un “perfil” determinado – más acorde al proyecto –  ya que eran la articulación “natural” entre la Escuela y las familias. Los tutores eran los acompañantes del proceso de enseñanza de les estudiantes y debían – no evalúo si lo hacían o no – contar con la información y el compromiso suficiente para detectar las dificultades, y resolver el problema para evitar la repetición. Una escuela que asuma como propia las dificultades individuales, que pretenda resolverlas – si es posible – en el colectivo aula y genere las políticas para que el estudiante salga adelante sin concesiones académicas. No existe posibilidad de una escuela que garantice a su interior (ensanchar lo posible) la “igualdad de oportunidades” (concepto que prefiero al de escuela inclusiva) sin esa “pata” de Tutores y un Gabinete psicopedagógico (el Departamento de Orientación al Estudiante).   

Y nunca más claro su proyecto como en ese mensaje que repitió el Dr Gak en cada acto de colación, luego de saludar.  Repito – casi de memoria, en un mix de 13 años en Actos- : “Ustedes se han recibido en una escuela que tiene un presupuesto por estudiante que triplica o quintuplica el de cualquier otro estudiante de escuela pública. Ese dinero proviene de las familias más humildes de nuestro país, las que prácticamente no pueden enviar a sus hijos (es) a esta escuela. Han sido privilegiados. Esperemos que los hayamos formado para que con su accionar en la vida pública puedan devolverle a la sociedad algo de todo esto que han recibido, y bregar para  que todos puedan acceder a una educación de excelencia como esta”. 

Gak con su equipo fundante impulsó ese plan “desde arriba”, ejerciendo el poder de manera discrecional y vertical en la toma de decisiones, premiando a unos y aislando a otres  docentes, acorde a si el “perfil” encajaba o no con su  proyecto.  Paradójicamente (contradicción no resuelta) eso fue lo que creó condiciones de posibilidad para conformar colectivos de trabajo en la Escuela y compromisos que iban más allá de lo estrictamente laboral (cumplimiento de horario y dictado de clases).

Los Directores de Departamento eran votados por sus pares, y entre los tres primeros el Rector designaba al Director. En general respetó el voto, aunque no siempre. Priorizaba – decía – el “compromiso con el Proyecto”.   

Y con ese “estilo de dirección” fue conformando una identidad y un sentido de pertenencia de esa parcialidad del cuerpo docente pero que extendía sus ramificaciones a familias y estudiantes. Y así fue que conquistó prestigio el Proyecto y su “mentor” pero  – como corresponde a la buena política – se hizo de enemigos, no adversarios. Querían aniquilarlo y con él, al proyecto.

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Paralelamente convocó e interpeló al Centro de Estudiantes de manera permanente. Los puso en un desafío: la escuela estaba “girando a la izquierda” de manera apresurada, imponía agenda y obligaba a buscar nuevos posibles. Y su rectorado coincidió con un fortalecimiento de la musculatura organizativa y política del estudiantado, profundizando en debates que superaban el consignismo y denunciaban la práctica “clientelística” (apuntes, campamentos, y de ser necesario patota lisa y llana) que le había impuesto la dirección de la otrora todopoderosa “Franja Morada”. Desde 1998 hasta 2007, año en que concluyó el mandato de Gak, el CECaP tuvo conducciones de diferentes identidades ideológicas pero siempre “de izquierda”. 

Fueron años con “tomas de la Escuela”. Y Gak reflexionó en un medio que intentó atacar la medida: “es parte también de su aprendizaje como ciudadanos”. Ahora bien, cuando la consideraba inapropiada o injusta pedía la palabra al CECaP para dirigirse él directamente a la Asamblea estudiantil. Allí seguramente lo abuchearían, pero dejaba su palabra, su posición y hasta en ese gesto- en ese “diálogo” aparentemente fallido –  ratificaba su autoridad, su legitimidad ante el estudiantado.   

Y siempre el Rector y/o un miembro del equipo se quedaba en la escuela a pernoctar o se iba al Hotel de la esquina para estar cerca. El cuidado era su responsabilidad, no solo de las familias. 

Incluso, antes situaciones de denuncia de estudiantes contra docentes – cuando las denuncias prácticamente no existía por temor o eran rápidamente descartadas y/o ridiculizadas – Gak y su equipo solo decían: “yo te creo” y actuaba en consecuencia, dividiendo aguas que se iban a tornar más que borrascosas al interior del Pelle.  

Alguna vez una ex alumna, egresada del Pelle y actual referente política, me dijo algo que creo me hubiesen podido decir muchos dirigentes del CECaP en aquellos años: “Cuando ibas a una reunión con Gak, te sentabas a discutir con él y sentías que vos, un adolescente, jugabas en Primera”. Y esa frase sintetiza la relación de magisterio político que ejerció: no subestimaba, debatía, obligaba al argumento. Y, llegado el caso a una pelea limpia: la correlación de fuerzas decidiría. Educaba.

Cuando llegó al Pelle no existían gremios en la Escuela. Tampoco un buen salario: se cobraba menos que un docente de CABA. Se canjeaba prestigio por bajo salario. Seguramente influía también que había mucho docente profesional (contador, abogado, etc.) que solo daban algunas horas de clase. Era una forma de ser profesor de la prestigiosa UBA.

Coincidió su llegada con la conformación de las gremiales docentes y Gak habilitó la posibilidad de Asambleas Docentes en horarios de clase (un módulo) con previo aviso. Objetivamente ayudó a la participación sindical de los docentes. Y no lo hizo de ingenuo. Era un progresista que estaba convencido de que era buena la existencia de instancias de representación para el diálogo, la negociación o el conflicto. Hubo peleas duras, que llegaron a telegramas de despido (que nunca ocurrieron). Y hubo diálogo y debate. Toda sociedad es conflictiva por definición y la escuela también lo es: el problema siempre es el cauce. El conflicto y la disputa también se deben aprender en la práctica.

Sin embargo, un dato significativo: durante el rectorado de Gak no era fácil “parar” a la Escuela. O por lo menos no lo era para el mío, AGD, gremio con mayor presencia entre los profesores que en los preceptores. ¿Por qué? Porque aquel compromiso con el proyecto que Gak había impulsado nos obligaba a buscar formas alternativas de intervención político gremial: la clase pública, el paro de solo un módulo, etc. Hubo sí paros “históricos” en situaciones extremas. Pero el sentido de pertenencia de nuestro cuerpo docente obligaba a sopesar todas las variables en juego. Sin esa pertenencia y compromiso con el proyecto educativo el docente corre el riesgo de olvidar su identidad/responsabilidad como “productor de sentido” y como parte de quienes hacemos que el Derecho a la Educación sea una realidad.

La situación y los conflictos con el personal no docente tuvo otras aristas que escapan a mi capacidad de análisis. Me excuso. Pero fue también durante su período cuando un sector muy honesto y combativo pudo acceder a la dirección de la Comisión Interna en contrapunto a los “armados” de la burocracia y el rectorado de la UBA. Obviamente está directamente relacionado con los tiempos históricos: desde 1996 el menemismo comenzaba a desarmarse, y en un sentido comenzaba a madurar el año 2001.  

Seguramente el proceso general de resistencia que iba creciendo fue determinante para el fortalecimiento de las instancias de organización de docentes, estudiantes, no docentes que se hizo bajo banderas antiburocráticas, combativas y, en el caso de docentes y estudiantes, incorporando en su pliego la defensa de un perfil de escuela emancipatoria: no fueron corporativistas. La Escuela era más democrática, más participativa.  ¿Habrá tenido algo que ver el “viejo Gak” en eso? Parecería que sí.  

Aquel eje de los DDHH, la construcción de equipo y sus prácticas serían puestos a prueba cuando el Gobierno Nacional impulsó y votó la Ley Federal de Educación, que provincializaba y municipalizaba al sistema educativo nacional, fragmentándolo en presupuesto y sobre todo en contenidos. Incorporaba los conceptos de gestión, y la dirección del proceso educativo quedaba en manos de tecnócratas (teóricos) y el docente pasaba a ser un mero ejecutor, reducido a una práctica pensada por otres.  

Gak consideró – equivocadamente – que Aníbal Ibarra, Jefe de Gobierno de la Ciudad estaba obligado a aplicar la Ley Federal, (cosa que no hizo) y por lo tanto la Reforma del Plan de Estudio que tenía en vista debía por un lado adecuarse a dicha Ley, trabajar en ese corset  y por el otro respetar parcialmente el peso de las históricas asignaturas técnico profesionales. Esto último remitía a la correlación de fuerzas: la LFE alentaba ese perfil técnico profesional en desmedro de la universalidad, la FCE y la UBA también. En la escuela esos Departamentos tenían un histórico poder. 

El progresismo – y Gak era progresista –  considera que toda reforma se hace “desde arriba” con “consenso pasivo” abajo. Se participa aceptando o cuestionando tal o cual aspecto del nuevo Proyecto pero el Poder, está “arriba”. Por ese motivo no aprovechó las diferentes instancias que ya existían en el seno de la escuela para empoderarlas y articularlas. Optó por concentrar la visión de la totalidad del plan solo en su equipo. En términos leninistas diríamos: desconfiaba de las masas.    

Eso en parte explica por qué el Plan de Estudios que finalmente se aprobó en 1999 quedó por debajo las expectativas que habían despertado aquellas definiciones no teóricas sino prácticas, cotidianas que fueron construyendo el Proyecto. Sin embargo, fue esa práctica la que siguió creando nuevos posibles y consolidando – con y pese a las nuevas y viejas materias – un perfil de egresado del Pelle que lejos estaba del perfil técnico profesional. Se seguía apuntalando a una formación universal e integral en una perspectiva totalizadora de los derechos humanos, y a un ciudadano comprometido para hacer más justa la sociedad de la que era parte. Y diría más: creo que en un punto estaba esbozado el proyecto de una educación emancipadora. Y esto, aquellos poderes establecidos, tampoco se lo perdonaron.  

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Gramsci acuño la idea de “cesarismo progresista” para referir a quienes logran impulsar “desde arriba” transformaciones de importancia para la futura sociedad nueva: ““es progresivo el cesarismo cuando su intervención ayuda a las fuerzas progresistas a triunfar aunque sea con ciertos compromisos limitativos de la victoria” (En D. Campione: Para leer a Gramsci). Y tal vez ese concepto sintetice en parte el rol que cumplió Gak en un espacio tan limitado como el de una Escuela.   

El año 2007: principio del fin de una era

El año 2007 fue crucial y en un punto erramos y perdimos el rumbo. Concluía su mandato y Gak apostaba a su propia continuidad: hacía 14 años que era Rector. No formó ni proyectó a su propio relevo. El personalismo era su enemigo más lúcido.

Los actores que nos habíamos construido en unidad y disputa con el Proyecto apostamos por el Proyecto pero también por un “salto de calidad” en la participación política, en la democracia a través de Consejos Directivos igualitarios resolutivos. En palabras de Sirvent: “La participación real ocurre cuando los miembros de una institución o grupo, a través de sus acciones inciden efectivamente en todos los procesos de la vida institucional y en la naturaleza de las decisiones. Esto por un lado, implica ejercer una influencia real (poder): a) en la toma de decisiones tanto en la política general de la institución como en la determinación de metas, estrategias y alternativas de acción; b) en la implementación de las decisiones; c) en la evaluación permanente del funcionamiento institucional. Por otro lado, significa un cambio no sólo en quiénes deciden, sino en qué se decide y a quiénes se beneficia, es decir una modificación en la estructura del poder”.

La visión de Gak no era proclive a esa concepción de la democracia. Concebía la participación por los canales de representación de sus órganos electivos, impulsaba el diálogo pero la toma de decisiones y la responsabilidad era “del ejecutivo”.    

El Proyecto de Gak “sin Gak” unificó a aquel sector docente identificado con el proyecto, al CECaP, a la Comisión Interna No docente y fue acompañado muy activamente por las familias.

Lo paradójico aquí, la contradicción no resuelta por docentes y estudiantes era que estábamos bastante de acuerdo con Gak en la parte sustancial del “qué se decide y a quienes beneficia”. Algunas familias muy activas observaron eso.  No supimos, no pudimos… no lo sé. Trotsky decía que el papel lo resiste todo, la Historia no.       

Los enemigos del Proyecto Gak, que querían volver a la vieja Escuela técnico profesional y autoritaria se encolumnaron bajo la hegemonía de la FCE en la UBA, y se articularon al interior de la Escuela a través de la “banda de Yacobitti” -la dirección gremial de Ctera en el Pelle-  y se jugaron todo a recuperar el poder. En ese 2007, a raíz de la política de la UBA /FCE escribió Alfredo Zaiat: “el INDEC y la ESCCP son las dos únicas instituciones públicas prestigiosas que resistieron al embate del neoliberalismo y están siendo destruidas por el propio Estado”. Tenía razón.

El Rectorado de la UBA designó Rector – por fuera de la voluntad de la comunidad del Pelle – al Cdor Viegas. Su proyecto proponía recuperar a la vieja Escuela Carlos Pellegrini técnico profesional y autoritaria. Aspiraba a un perfil de egresado consustanciado con los valores individualistas y competitivos como expresión de la lógica mercantil.

La comunidad del Pelle tomó la Escuela y no dejó entrar al Rector designado. Emocionante fue ver a las vicerrectoras “de Gak” que seguían en funciones quedarse en la Escuela “tomada”, como siempre lo habían hecho a lo largo de todos esos años: cuidando. Había autoridades. Pasamos a la “toma con dictado de clases”: las familias aceptaron “acordonarse” ellas en la puerta para garantizar el no ingreso de Viegas y los profesores dimos clase normalmente con todes les estudiantes en las aulas. Esa comunidad del Pelle comprometida con un proyecto hasta “poner el pellejo” era indudablemente tributaria de una construcción política que se sintetizó en el nombre de Abraham Leonardo Gak.   

Pero tal vez una anécdota permita pintar la figura de Leonardo Gak, rector.  El contador Viegas, designado a “dedo” por la UBA se apersonaba todos los días a la puerta de la escuela para recibir las llaves. Gak tenía las llaves y él entraba y salía de la Escuela libremente recibiendo el calor afectivo de las familias y estudiantes.  Y al pasar decía, “Díganle que tengo las llaves, estoy en la rectoría de la Escuela, arriba. Que lo espero”, mientras nos sonreía pícaramente. Viegas no podía ingresar porque el cordón de familias en la puerta se lo impedía.

Finalmente, Viegas ingresó de la mano de “la banda de Yacobbitti que respondía a CTERA, y se tuvo que ir al poco tiempo. Creíamos que habíamos ganado pero sin Gak habíamos perdido. Fue un desencuentro que costó la vida de una escuela, de un proyecto. Hoy gobierna aquella Banda.

Gak conocía la UBA, los resortes del poder, los mecanismos y canales por los cuales transitar, esquivar, seguir. Nosotros no y confiábamos ciegamente en la fuerza que nos daría la organización y conciencia por abajo.  Él creía en la “revolución desde arriba”, nosotros “desde abajo”.  Había condiciones de posibilidad porque había una coincidencia estratégica para la escuela: el proyecto. Pero había un límite: el proyecto ya era de todes y la toma de decisiones también debía serlo. Eso no lo pudimos, no lo supimos construir.

Como nuestro basismo, su concepción de la “revolución desde arriba” también mostró sus límites.  Pero encontramos en ese continente que hoy quiero llamar Gak, una de sus máximas extensiones y posibilidades.  Su personalismo y testadurez, sus virtudes y defectos, su debe y haber.   

Adiós a un maestro 

Gak fue un gran animador político cultural con una profunda pasión política. Su hilo conductor fue siempre el mismo: debate y elaboración del proyecto estratégico, producción de insumos y acciones para unir e incidir en las trasformaciones posibles. Pero, como conocía el “arte de la política” y trabajaba sobre situaciones concretas ese talento lo desplegó – impensablemente – en una Escuela.  Seguramente – como tantos recuerdan – también en el Plan Fénix pero ese era su despliegue natural. Yo hablo del azar. Y que nada sale de la nada.    

Siempre lo traté como el Dr. Gak.  Recién por el año 2010 pude comenzar a decirle, no sin timidez, Leonardo. No me perdonaba aquella derrota (yo efectivamente había tenido un protagonismo y tuve una responsabilidad importante en el conflicto del 2007). Había pasado mucha agua bajo el puente y las diferencias políticas – no discursivas – que mantuvimos no impidieron que a fuerza de “corazón y cabeza” pudiésemos separar lo esencial de lo secundario. Yo respetar sus convicciones, y finalmente él no acusarme de “trotskista irresponsable” a pesar de que mi formación fue en la Fede (Juventud del Partido Comunista).

Chiste al margen, hablé con él un par de veces en este raro 2020 y en septiembre lo hice por última vez a raíz de un video que le envié, extraído de la película “Flores de Septiembre” en el que se lo veía justamente un 16 de septiembre marchando junto a la columna del Centro de Estudiantes del Pelle. También, otra toma mostraba al salón de actos con el escenario ocupado por Tati Almeida, madre de Plaza de Mayo, al Dr. Yanzón, y un profesor junto a dos estudiantes. Abajo, dirigentes gremiales, estudiantiles, y la comunidad del Pelle acompañando a esas dos alumnas que estaban siendo amenazada en aquel año 2002. Gak había autorizado la actividad, pero no estaba. Y sin embargo todes sabíamos, teníamos la absoluta certeza que contábamos con el respaldo y apoyo de ese militante comprometido, que sentado en la Rectoría esperaba por si lo necesitábamos. Respetaba la autonomía de las organizaciones.

Gak en aquel reportaje citado nos contó del encanto que ejercieron en él los adolescentes y cómo en un punto le cambiaron la vida. Hoy estoy completamente seguro que él, que casi no estuvo con tiza en la mano dando clases, que la única escuela en que trabajó – y de Rector – fue el Pellegrini, y que para muchos es el Dr. Gak,  será para muchas generaciones que transitaron las aulas del Pelle, el maestro querido que influyó en su formación. Y para muches docentes adultes también. Y fue eso, un maestro,  y tal vez el último gran progresista convencido de que era posible realizar las tareas de la revolución burguesa: reforma agraria, industrializar y que este capitalismo con democracia podría distribuir al compás de la revolución “desde arriba”.  Apostó su vida por ese proyecto. Con su partida se lleva – y nos deja – una parte de lo mejor de nuestras vidas.

                                                                      Boedo, 12 de diciembre de 2020.

4 thoughts on “Abraham Leonardo Gak, maestro (1929 – 2020) (Diálogo inconcluso con un hombre progresista)

  1. Julio cuenta su historia, define posición, marca la cancha, pero especialmente despliega su amor por su historia y la historia del.Pellegrini. Reseña impecable y amorosa, política y necesaria, necesariamente política.

  2. Querido Julio. Espléndida reseña hecha con respeto y Amor. El reconocimiento al gran hombre que fue el Dr Gak trasciende lo político. GRACIAS. Abrazos desde mi corazón

  3. Interesante caracterización de Gak. Interesante además para pensar las diferencias entre aquel proyecto del Pelle y el Pelle hoy, tan tan lejos de aquellas ideas fundamentales que desplegó Gak en la escuela.

  4. Julio, profe, es maravillosa esta reseña, y con la excusa de recordar al Dr Gak, pusiste en palabras toda una época, un momento de nuestra historia reciente que nos marcó el camino a muchos/as y nos orientó en nuestras decisiones.
    Gracias, un gran abrazo

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