Huelga Nacional Aceitera Día 7

El dominó de la lucha de clases

Despuntaba entre las nubes el sol en Dreyfus General Lagos. Allí, donde 500 personas a diario sostienen en cuatro turnos el funcionamiento de una de las agroexportadoras que más factura en el país. Es el séptimo día de huelga nacional de aceiteros y recibidores de granos. Es histórica, pues la unidad de los tres sectores (Federación Aceitera, SOEA de San Lorenzo y URGARA), tiene paralizada la industria aceitera y la agroexportación en el territorio nacional. Es curioso. El escenario se repite, como si estuvieran en fábrica. Los mates individuales, protagonizan las charlas de grupo por sector de laburo. Sentados en reposeras circulan los chistes, anécdotas y alguna especulación sobre cómo seguirá el conflicto. Y los delegados van, vienen, planifican el día, conversan con sus compañeros. Cada mañana inicia con un abrigo, porque a la hora en la que se levanta el rocío y la soja caída apesta, se siente el fresco. Al poco rato, cuando el sol ya dice presente en esplendor y se achican las sombras de los cuerpos, aparecen los gorros, el refugio a la sombra de los árboles y no faltan los entregados al calor jugando un fulbito. Del otro lado, en maratónicas negociaciones donde se muestran irreductibles, están las patronales. Ésas que dicen que pierden cien millones de dólares por día a causa de la huelga. La suma por las primeras 24 horas de cese total de actividades, hubiera pagado el aumento de todo el año a todos los trabajadores. Pero no, dicen que no pueden pagar el aumento. En realidad, no quieren. Y las razones son varias, salvo que las verídicas no las exponen a la prensa.  Los tres sindicatos en lucha indicaron que esas empresas que ganan decenas de miles de pesos por minuto, duplicaron su facturación en moneda nacional desde marzo de este año, tanto por el incremento del precio de la soja y las commodities como por la devaluación, la rebaja en las retenciones y la vuelta del diferencial para las aceiteras. Todo mientras el mundo sufría la consecuencia del COVID-19. Porque, y aún vale la sorpresa, esos trabajadores a los que les niegan el salario mínimo, vital y móvil como define la Constitución Nacional y la Ley de Contrato de Trabajo, fueron declarados esenciales. La huelga sigue y mientras hay quienes eligen señalar a los aceiteros por pedir salarios por encima de la media, pocos se asombran por lo realmente obsceno de las ganancias de estas grandes empresas, muchas de ellas multinacionales, que se mueven en un mercado de agujeros negros como bien demostró el caso Vicentin. Por su lado, además de mantenerse en puerta de fábricas y puertos, en Rosario los aceiteros también se dieron el espacio de ir a solidarizarse con la lucha de otros gremios esenciales cuyos sueldos llegan a estar bajo la línea de pobreza e indigencia. En ese diálogo que no sabe de laburantes ‘privados y públicos’ se expresa un abrazo con mucha historia, cargado de presente. El sol avanza en Dreyfus y en una nueva visita que siempre deseo que dure más, veo que está intacta la voluntad de lucha y también la bronca organizada de las trabajadoras y trabajadores. Personas que cumplen turno laboral en la tarea más importante que tienen no sólo para sí mismos, sino para la clase: defender sus derechos. Porque saben que si ceden en esa, el dominó del cercenamiento de otras conquistas caerá en bloque sobre ellos. Y a eso, sí que no están dispuestos. Fuerzas aceiteros. Fuerzas aceiteras. _Sofía Alberti_  (Texto + fotos https://bit.ly/3r4pVIM )

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