A 27 años del Santiagueñazo, un homenaje de El Maylín.

Palabras sobre el Santiagueñazo de Mercedes Vargas:

Entre ráfagas y cardenales. Memorias de un estallido Porque uno vive la historia, esa, colectiva, un poco desfasada, retroactiva, a pres coup. Pero sobretodo, porque uno vive las grandes historias, las que recuerda, desde las historias mínimas, y en plural, que traza cada experiencia. El santiagueñazo, por definición, esta hecha de pedazo, de ráfagas, de bombas de estruendos. Y no ha de ser cuestión de archivo nomas, y esa irreductible fuerza del olvido y la destrucción que lo vuelve siempre frágil, tentado a perderse. Porque es justamente del encuentro con esos pedazos, esas piezas estalladas de un Santiago en llamas, que podría decir que el santiagueñazo fueron tardes de infancia. Una infancia de juegos interrumpidos cuando la pelota caía del otro lado de la tapia, en ese lugar de reuniones con redoblantes y megáfonos, de discursos con voz de mujer, con nombre de Luna y amanecer. El santiagueñazo es una ráfaga de desconcierto y espanto de porqué tantos días sin clases, mi vieja volviendo temprano del laburo. Ahora entiendo porqué la madre de mi mejor amiga, la que vivía a la vuelta de mi casa se quedó sin trabajo por aquellos meses. Trabajaba en ese lugar que tan confianzudamente llamábamos “la caja” (social), como si supiéramos de qué se trataba, donde ahora funciona una firma que tomó su lugar pero bajo el nombre de una ciudad extranjera. Ahora entiendo también porque podíamos pasar los días de verano en el club de los bancarios, siendo ninguno socio, mi hermano y yo, con nuestros mejores amigos (tbn hermanxs) cuyo papá era bancario. Años más tarde, como hallazgo, supe que además era representante del gremio que por aquellos días reclamaba sus haberes. Y he dicho espanto, porque para una niña de 7-8 años como yo en aquel entonces, las imágenes de ruinas y destrucción de la pueblada tenían algo de ominosas, temerarias, surrealistas. El techo ardiente de esa casa de gobierno, envuelto en llamas de ese negro carbón las puertas y ventanas…suena a delirio. Pero hay algo que no entiendo de estas huellas de memorias de aquellos días de historia, y es que suenan con ritmo de chacarera, aquella del pájaro cantor, del monte vecino, de un mediodía de flecha…y ahí nomas se me encienden los recuerdos éstos pero en todo el cuerpo, y me veo ahí, en ese patio de infancias compartidas, en la casa de mi abuela, que era mi casa, y una noticia que trae la radio como una ráfaga que empaña esas tardes, la vuelven solitaria, inconsolable. El cardenal cantor, el de la chacarera del amor….eso no lo puedo explicar. Y es que si hay sonidos para ese Santiago en llamas es el de esta chacarera de jacinto, que ya es himno del corazón de este pueblo herido, nuestro Santiago, que renace cada 25 de julio, y en cada Santiagueñazo.

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Sobre El Maylín:

El Maylín nace en Córdoba Capital, en el año 2009 con la intención de plasmar un sonido auténtico, renovando y resignificando las tradiciones y un paisaje en plena transformación. En el año 2014 edita su primer material discográfico “La Casa” con un repertorio que combina composiciones propias y de otros autores representantes del folklore santiagueño. En el 2016 edita su segundo trabajo “En la estación” en donde podemos encontrar una transformación de la propuesta sonora. La incidencia de lo urbano y de diversas expresiones artísticas renuevan su lenguaje musical e incluyen autores como Luis Alberto Spinetta. Actualmente se encuentra en proceso de edición de su tercer album del cual han presentado cuatro canciones como adelanto. Con la convicción de generar nuevos planteos estéticos a través de la chacarera desandan un camino que acerca la música de raíz hacia nuevas identidades.

El homenaje:

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