La Memoria en disputa.

Las interpretaciones que las fuerzas políticas del régimen realizan sobre la historia reciente, tienen el claro sentido de amoldar las luchas anti-sistémicas, a lo que el régimen del capital puede digerir. Existe debido a ello varias interpretaciones que hacen a la memoria histórica que forman parte de la opresión de clase por parte de los sectores dominantes; por ello debiéramos pasar de disputa a un claro antagonismo de nuestra parte, para poder darle funcionalidad a la Memoria, Verdad y Justicia de forma autónoma de quienes la partidizan desde el Estado.

 En principio podemos observar dentro de estas variables interpretativas una línea trazada a la búsqueda de la legitimación política del kirchnerismo como continuidad de la lucha de los 70tas, esta legitimidad busca ser expresada en líneas generales en contraposición al programa neoliberal del Terrorismo de Estado y desde una historicidad  nacional y popular que, en aras de resolver la conflictividad popular potencialmente disruptiva, gestiona “humanizando al capital” a partir de un intento de fuerte presencia estatal.

Esta interpretación histórica sumada a varias concesiones y vale resaltar acuerdos con el movimiento de derechos humanos histórico[i], hicieron que gran parte del mismo con principal énfasis en los organismos de derechos humanos de familiares directos, encumbraran y legitimaran sobre la sociedad a esta fuerza política en particular, y a la reinterpretación en clave nacional y popular de la memoria de los 70tas.

Como decíamos esta mirada sobre la historia se centra entre otras cosas en la implementación del modelo neoliberal por parte de la dictadura, pero ello lo hace obviando sus implicancias de clase y su natural génesis como parte del “sistema digestivo” del capital.

Podemos observar esta línea interpretativa[ii] desde la gestión de Luis Duhalde al frente de la Secretaria de Derechos Humanos de la Nación, que se expresa claramente en el nuevo prólogo al libro Nunca Más del año 2006, que dice  “el terrorismo de Estado fue desencadenado de manera masiva y sistemática por la Junta Militar a partir del 24 de marzo de 1976, cuando no existían desafíos estratégicos de seguridad para el statu quo, porque la guerrilla ya había sido derrotada militarmente. La dictadura se propuso imponer un sistema económico de tipo neoliberal y arrasar con las conquistas sociales de muchas décadas, que la resistencia popular impedía fueran conculcadas.” [iii]   

La organización a la que pertenezco, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) surge justamente en 1975,  por ello no podemos dejar de resaltar con la legitimidad que nos da nuestra historia, que la triple AAA (Alianza Anticomunista Argentina) es el prolegómeno de la dictadura, lo que se viene a sumar a la orden emanada del ejecutivo, en ese entonces a cargo de María Estela Martínez de Perón de aniquilamiento de las fuerzas “subversivas”.  Esto claramente está omitido intencionalmente de dicho prólogo.

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Sumando a ello y siguiendo al cuadernillo sobre el juicio de lesa humanidad contraofensiva Montonera de la APDH ZONA NORTE[iv] cuando habla sobre el prólogo al nunca más del 2006 “Este intento de narrar la historia por parte del panperonismo, hace que no se interprete que el neoliberalismo sólo es una forma de acumulación del capital, dentro de las distintas fases de acumulación que el capital requiere para la contención y regulación social, al mismo tiempo centra la actividad disruptiva y revolucionaria sólo sobre las organizaciones guerrilleras, en un intento de desprendimiento de las acciones de masas ejecutadas durante los 70tas que tuvieron su eje en el movimiento obrero y estudiantil, que ciertamente cuestionaban el sistema de dominación capitalista de raíz.”

A este respecto resulta de enorme trascendencia el funcionamiento como usina de legitimación  teórica del Archivo Nacional de la Memoria[v], que es utilizado por el panperonismo para legitimar la mirada historicista nacional y popular, a este respecto el cuadernillo Número 3 El componente antisindical del Terrorismo de Estado es palmariamente claro al decir “En la Argentina hubo, en las últimas décadas, un fuerte debate-que todavía está abierto-sobre el modelo político-cultural más apropiado. Si se observa a la sociedad moderna como una “configuración cultural”, en su interior hubo-y lo hay todavía-un intenso debate sobre el mejor rumbo a seguir. En forma simplificada, se puede decir que hay dos tradiciones: la nacional-popular y la liberal”[vi]

Huelga decir que este intento de interpretación histórica en base a la existencia de dos tradiciones fructífero fuertemente en la sociedad y por ello repercute hasta el día de hoy en la denominada “grieta” y en la puja por la gestión estatal entre el panperonismo (con el kirchnerismo y el progresismo como cabeza) con el liberalismo (con el macrismo a la cabeza y la UCR como estructura territorial). Ello obra también en la actualidad en lo que podríamos mencionar como “la hipótesis del peronismo socialdemócrata”[vii], muy presente en lo que es la narración en el prólogo del nunca más del año 2006, como continuidad fundacional democrática entre el alfonsinismo (máxima expresión del consenso socialdemócrata) y el kirchnerismo. El Juicio a las juntas y la bajada del cuadro de Videla son quizá las acciones usadas como símbolos descollantes de esta operatoria cultural.

 Además de ello este cuadernillo en particular tiene una clara perspectiva sobre cómo se ejecutó el terrorismo de Estado, desde una marco institucionalista que obvia los aspectos centrales del ataque a la clase trabajadora y al movimiento obrero organizado por parte de los genocidas.

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Ahora bien, el neoliberalismo para ser implementado en la Argentina requirió de un genocidio que podríamos catalogar como un genocidio de clase, por lo que a continuación referenciamos. Dice el punto “C” de la definición de genocidio[viii]Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial” lo que ciertamente define la existencia del proletariado en general, éste entendido de manera extensa, con el pobretariado (que serían los trabajadores desocupados, informales y de la economía popular ahora) la propia existencia dentro del régimen del capital es para la clase trabajadora un sometimiento que acarrea su destrucción física, total o parcial. 

Esta necesaria interpretación doctrinal sobre una cuestión fundamental como el genocidio, se realiza como ya he fundamentado en otros escritos, desde una mirada sobre los derechos humanos desde una perspectiva anticapitalista[ix]. A este respecto así como nos asiste lo que en la filosofía del derecho se llama el sentido deóntico del discurso del derecho[x], para argumentar en los juicios de lesa humanidad el genocidio a través de interpretar justamente que se ejerció sobre un “grupo nacional” según define la Convención para la prevención y sanción del delito de genocidio, esto nos permite desde nuestra perspectiva interpretar que dentro de ese grupo nacional y siguiendo la definición del punto “C”, hubo una clara cuestión de clase en la ejecución del Terrorismo de Estado.  

Ahora bien atravesados como estamos por los relatos de los partidos del régimen que se expresan claramente en los dos prólogos al informe conocido como nunca más, conteniendo uno la caduca teoría de los dos demonios (UCR) y el otro una mirada nacional popular (PJ), debemos pasar a sistematizar nuestra perspectiva para ingresar al debate de ideas sobre las interpretaciones históricas con nuestras propias herramientas contrahegemónicas.

Siendo que ambas representaciones se muestran homogéneas para formar y otorgar discurso a su propia fuerza y debido a ello se traslada al tejido social como discurso antagónico y cerrado, debemos por ello realizar los esfuerzos necesarios para generar una síntesis desde la pluralidad militante de les 30 mil.  

Podemos observar con ello que la tendencia revolucionaria del peronismo -mayoritaria en la década de los 70tas- ha sido subsumida bajo la égida del progresismo nacional y popular. A partir de ello hay una reinterpretación-sobre todo de los motivos y el programa de las luchas de los 70tas- para enmarcar a esta corriente dentro de los procesos de lucha que el kirchnerismo lleva a cabo. 

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El relato nacional y popular presentado en antagonismo con la historia liberal  se ha vuelto una operatoria cultural que se yergue sobre toda la sociedad, enhebrando una hegemonía político-cultural que hay que disputar y antagonizar para el verdadero ejercicio de la memoria.

Debo resaltar que hay como correlato de ello narraciones que me causan enorme perplejidad, ni el voto de las mujeres ni los derechos de la clase trabajadora son obra del peronismo, ya que está mirada deja de lado a todo el movimiento socialista, comunista y anarquista que existió y peleo por sus derechos antes del peronismo, ni los últimos 70 años son de populismo, que lleguemos a afirmaciones de tan baja calidad intelectual y rigor histórico denota los peligros de estas miradas parciales.

Por ello asumiendo que ya se ejecutó una tesis: la caduca teoría de los dos demonios, que llevó a su antítesis: la mirada historicista nacional y popular, debemos provocar una síntesis disruptiva creada sin el gorilismo de una ni la genuflexa mirada nacional popular de la otra.    

Siguiendo al Compañero Rodolfo Walsh “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas”.[xi]

No podemos dejar de resaltar que nuestras clases dominantes están representadas por los partidos del régimen, siendo parte de distintos bloques históricos cuya finalidad superestructural es la regulación del capital. Por ello el capitalismo es una convivencia entre caníbales y la clase social que vive de su trabajo, con principal énfasis en  lo plebeyo, somos su cena.

Memoria, Verdad y Justicia

Para todos, todo

Damián Ravenna

Presidente

Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires

APDH ZONA NORTE


[i] Muches cumpas son legítimamente peronistas dentro del movimiento de derechos humanos, pero la defensa de los derechos humanos, al ser el Estado el único que los viola, requiere de una mayor pluralidad y autonomía con respecto al Estado y a la fuerza política que lo gestiona.  Además la defensa de los derechos humanos requiere de un programa propio, para contrarrestar las violaciones a los derechos humanos que ejecuta el Estado.

[ii] Acá estamos siguiendo al cuadernillo sobre el juicio de lesa humanidad contraofensiva montonera-APDH ZONA NORTE  https://issuu.com/apdhzonanorte/docs/juicio_de_lesa_humanidad_contraofensiva__montonera

[iii] http://www. .iade.org.ar/noticias/nueva-version-del-prologo-al-libro-nunca-mas

[iv] https://issuu.com/apdhzonanorte/docs/juicio_de_lesa_humanidad_contraofensiva__montonera

[v] https://www.argentina.gob.ar/anm

[vi] Cieza Daniel, El componente antisindical del terrorismo de Estado-1ª ed. Buenos Aires: Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Secretaría de Derechos Humanos, 2012.  Pág. 9

[vii] https://contrahegemoniaweb.com.ar/2020/12/28/neoliberalismo-capitalismo-y-derechos-humanos-breve-perspectiva-historica/  

[viii] https://www.ohchr.org/SP/ProfessionalInterest/Pages/CrimeOfGenocide.aspx

[ix] https://contrahegemoniaweb.com.ar/2020/08/04/los-derechos-humanos-desde-una-perspectiva-anticapitalista/

[x] El sentido deóntico del discurso del derecho es la interpretación que se hace de las normas a partir de lo que uno es. 

[xi] “Cordobazo” en el Periódico de la CGT de los Argentinos, 1969

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