Las elecciones en Ecuador y las izquierdas latinoamericanas en debate

Desde ContrahegemoniaWeb queremos aportar al debate respecto a las elecciones y contexto en Ecuador publicando las siguientes dos notas

Yaku Pérez y otra izquierda posible

*Maristella Svampa

El candidato indigenista ecuatoriano Yaku Pérez

En un escenario latinoamericano cada vez más polarizado y más lánguido (a excepción de Chile) en términos de propuestas políticas innovadoras, las elecciones en Ecuador abren  una interesante caja de sorpresas. Cuando ciertas encuestas daban por ganador en primera vuelta a Andrés Arauz, el candidato del expresidente Rafael Correa, o daban por sentado que en caso de ballotage la segunda fuerza sería la derecha oligárquica representada por Guillermo Lasso, vuelve a irrumpir con fuerza el poderoso movimiento indígena ecuatoriano, con la figura de Yaku Pérez, un reconocido dirigente indígena y ambientalista, exprefecto de la provincia del Azuay y defensor de los derechos de la Naturaleza. Mientras Arauz se afirma en el primer puesto con un 32,22% de los votos, estamos ante el virtual empate técnico entre Pérez  (19,80%) y Lasso (19,60%), con lo cual habrá  que esperar unos días, con el recuento definitivo, para ver quien pasará finalmente a la segunda vuelta. Es notable también la elección que hizo otro joven candidato, el empresario socialdemocráta Xavier Hervás, de Izquierda Democrática, con el 16,01% de los votos.

Estos resultados provisorios permiten un primer análisis. En primer lugar, en una región marcada políticamente por una polarización tóxica entre el viejo progresismo y la derecha más reaccionaria, aparecen nuevas opciones, que buscan ofrecer una alternativa democrática a la población. Lo notorio es, además, que luego de la desastrosa gestión del presidente Lenin Moreno –un candidato puesto a dedo por Rafael Correa, que luego se distanció del mismo y se alineó económicamente con los sectores más conservadores-, la sociedad ecuatoriana, pese a las profundas e históricas divisiones regionales, vuelve a apostar mayoritariamente por candidatos que promueven diferentes visiones de las izquierdas. Así, lo que algunos consideran como una peligrosa “fragmentación” o fruto del puro “anticorreísmo”, en realidad debe ser leído como un incipiente proceso de despolarización política, que pone de relieve la existencia de esas  izquierdas, invisibilizadas, entrampadas y/o fagocitadas por la virulencia de las políticas maniqueas de los últimos años. 

En segundo lugar, ciertamente no es lo mismo que pase a segunda vuelta Pérez que Lasso. Si Lasso pasara a segunda vuelta, la polarización tóxica volvería a estar en el primer plano y el peor escenario sería que éste venciera. Si en cambio pasara al ballotage Yaku Pérez, se abriría a un escenario político novedoso e inesperado. Estaríamos frente a la disputa entre las dos izquierdas que tensaron el ciclo progresista latinoamericano, entre 2000 y 2015. Esto es, por un lado, el progresismo realmente existente, que estuvo diez años en el poder (2007-2017) con Alianza País, bajo el férreo liderazgo de Rafael Correa, que persiste en la victimización y da cuenta de una nula voluntad de autocrítica; por otro lado, la izquierda indigenista y ambientalista, que hoy aparece renovada, potenciada por el levantamiento de octubre de 2019, en alianza con nuevos sectores juveniles urbanos (y también con sectores feministas).

No es casual que esto ocurra en Ecuador, país que junto con Bolivia, al inicio del ciclo progresista, pergeñaron las constituciones políticas más innovadoras, con gran participación popular, cuyo corolario fue la ampliación de las fronteras de derechos. Categorías tales como “Estado Plurinacional”, “Autonomías Indígenas”, “Buen Vivir”, “Bienes Comunes” y “Derechos de la Naturaleza”, pasaron a formar parte de la gramática política latinoamericana, impulsadas por diferentes movimientos sociales y organizaciones indígenas y alentadas por los gobiernos emergentes. Sin embargo, ya desde el inicio, era evidente la existencia de un campo de tensión en el cual coexistían matrices políticas y narrativas descolonizadoras diferentes. Con el correr de la década, los progresismos irían consolidándose, de la mano de una política extractivista y de la personalización del poder, desplazando otras narrativas de corte descolonizador, indianistas y ecologistas, que promueven el Estado Plurinacional, la defensa de los Derechos de la Naturaleza y la salida del extractivismo. 

Así, pese a que en 2008 la Constitución de Montecristi sancionó los Derechos de la Naturaleza y apuntaba a trazar la ruta de la transición hacia el posextractivismo, al calor del boom de los commodities, todo esto pasó rápidamente a un segundo plano. Por un lado, el correísmo profundizó la expansión de la frontera petrolera (cancelando el proyecto Yasuní, que en 2007 se había propuesto dejar parte del petróleo bajo tierra) e imponiendo a “sangre y fuego” la megaminería, una de las actividades extractivas más resistidas en Ecuador. Asimismo, se valió de artilugios legales para invalidar la demanda de Iniciativa Popular, que propuso a través de la recopilación de firmas el movimiento ciudadano “Yasunidos”, luego de que el gobierno decidió unilateralmente terminar con la moratoria en el Parque Yasuní e iniciar la explotación petrolera. Por otro lado, la respuesta a la conflictividad socio-ambiental fue la criminalización y judicialización de la protesta, por la vía de juicios penales a los voceros de organizaciones indígenas, así como al retiro de personería jurídica y la expulsión de ONGs (Fundación Pachamama, 2013; amenaza de la disolución de Acción Ecológica, una de las principales ONGs ambientalistas con fuerte conexión con movimientos sociales e indígenas (en 2009 y en 2016), cancelación de visa y expulsión de consultores extranjeros ligados a dirigentes ambientalistas (en 2014 y 2015). Pocos recuerdan hoy que a fines de 2016, Correa declaró el Estado de excepción cuando indígenas shuar tomaron un campamento minero en la región de la Amazonía. El ingreso de la empresa china se realizó sin consulta previa y con militarización de los territorios. 

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En pleno boom de los commodities, el correísmo consolidó un liderazgo popular y una base electoral a nivel nacional, impulsado por el crecimiento económico y la reducción de la pobreza, tal como sucedió en otros países latinoamericanos. Al mismo tiempo, se fue perfilando no sólo como un gobierno extractivista sino también anti-índigena y de dimensiones autoritarias, con inocultables rasgos y prácticas patriarcales. Recordemos que desarmó el plan de prevención planificación familiar y de prevención del embarazo adolescente con criterios de salud pública, pasándolo al control de personas cercanas al Opus Dei. Y que incluso prohibió que se discutiera el tema del aborto por violación en la Asamblea Nacional sancionando a cuatro de sus compañeras que se atrevieron a plantearlo.

El daño realizado y la deriva ideológica que esto significó para el otrora movimiento indígena Pachacutik fue tal que, en 2017, en ocasión de la segunda vuelta que enfrentaría a Lenin Moreno y Guillermo Lasso, varios de sus dirigentes llamaron a votar por Lasso. Lo lamentable fue que el anticorreísmo terminó siendo tan definitorio, que este rechazo forzó posicionamientos extremos e indefendibles. Tengamos en cuenta que las heridas políticas fueron y son tan grandes que para una parte importante del movimiento indígena, Correa  no es considerado un político progresista, ni de izquierda ni mucho menos socialista.

Más allá del carácter heterogéneo del movimiento indígena, hoy la situación parece ser otra. Todo parece indicar no sólo la existencia de nuevos liderazgos sino también de alianzas con sectores urbanos ecologistas e incluso feministas. Un detalle no menor fue el llamado en las redes sociales de sectores feministas a no votar por el candidato de Correa, frente a las recientes declaraciones de éste en relación al aborto. Si bien sus posiciones arcaizantes cuentan con una larga historia, las recientes declaraciones de Correa asociando el aborto legal con una “actividad sexual frenética” dejan a cualquier persona que se considere mínimamente progresista o de izquierda sin palabras…

En tercer lugar, otro dato a tener en cuenta es que es que el 7 de febrero, junto con las elecciones presidenciales se llevó a cabo en Cuenca, la tercera ciudad del país, una Consulta Popular vinculante, preguntando a la población si está de acuerdo en prohibir la minería a grande y mediana escala, para proteger a cinco ríos. Las organizaciones indígenas y ambientalistas hicieron una fuerte campaña nacional e internacional, que colocó a los páramos y los ríos en centro del discurso, en defensa del Agua. El NO rotundo a la megamineria superó el 80% de los votos, fortaleciendo así una lucha histórica en Ecuador contra una de las actividades extractivas más resistidas en América Latina. Una votación que además abre el camino a la consolidación de los dispositivos institucionales existentes que apuestan a la participación popular desde abajo, para detener y colocar límites a un extractivisimo depredador. Un extractivismo que no solo no puede ser “motor de desarrollo”, que no sólo pone en peligro los territorios generando zonas de sacrificio, que no solo empeora el contexto de crisis climática, sino que además busca avanzar sin consenso de las poblaciones, violentando procesos ciudadanos. Sin ir tan lejos, veamos lo que ocurre en la provincia de Chubut, acá en nuestro país, donde la ciudadanía viene diciendo claramente que la minería no cuenta con licencia social. Así, las razones del rechazo al extractivismo no son solo ambientales sino también tocan el corazón mismo de la democracia, reafirmando con ello la extendida premisa “A más Extractivismo, Menos Democracia”. En fin, volviendo a la lucha antiminera en Cuenca, esta lleva más de dos décadas y expresa una creciente alianza popular campo-ciudad. Uno de los líderes principales de este proceso es el propio Yaku Pérez, pues desde su prefectura intentó tres veces realizar una consulta popular, que fue bloqueada por la Corte Constitucional. 

La diferencia de votos entre Pérez y Lasso es muy pequeña. Que Yaku Pérez pasara a segunda vuelta sería una excelente noticia, pero no hay dudas de que enfrentaría numerosos desafíos. No sólo deberá lidiar con la creciente demonización procedente del campo del progresismo hegemónico, que hará todo lo posible por mostrar que él no representa a la izquierda. También deberá probar con propuestas y hechos hasta qué punto representa a una izquierda ecológica e indianista que piensa en clave de justicia social, y hasta qué punto puede trenzar alianzas –urbanas y rurales, feminismos y otras izquierdas sociales- si es que quiere convertirse en una nueva alternativa de gobierno de izquierda.

Fuente: El Diario AR
https://www.eldiarioar.com/opinion/yaku-perez-izquierda-posible_129_7203699.html

La segunda vuelta de las presidenciales en Ecuador podría ser un caso único en la historia regional: izquierda contra izquierda

*Alfredo Grieco y Bavio

La participación fue récord el domingo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales ecuatorianas, a pesar de las demoras de más de una hora para votar y de las insuficientes medidas de bioseguridad para prevenir el contagio del COVID-19

“Va a ser como en Argentina”. Así anticipó el balotaje ecuatoriano del 11 de abril el candidato vicepresidencial del correismo. Cuando temprano en la mañana del lunes le pidieron a Carlos Rabascall en Punto Noticias de Pichincha Comunicaciones cuál era su mejor hipótesis, no vaciló. Según el compañero de Andrés Arauz en la fórmula de Unión por la Esperanza (UNES), “Alberto Fernández en las PASO tuvo una gran ventaja sobre su primer rival, en segunda vuelta mucho menos, pero de todos modos finalmente se impuso con claridad”. En las elecciones del domingo, la coalición UNES, escrutadas más del 90% de las actas, se imponía con el 32,2% de los votos sobre las otras 15 candidaturas que el domingo compitieron por la presidencia y le sacaba 13 puntos consensuales a la segunda fuerza más votada.

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La sorpresa que nada parece capaz de mitigar, el terremoto o tsunami en la política ecuatoriana, ha sido quién ganó ese segundo lugar. Todo indica que Arauz deberá enfrentar al líder indígena Yaku Pérez del Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik (MUPP-18) que obtuvo, contra todo pronóstico, el 19.81% en la elección. Con unos 15 mil votos atrás sigue el banquero Guillermo Lasso del frente electoral que formó su propio partido CREO con el Partido Social Cristiano (CREO-PSC) y a quien todos los sondeos anotaban como el contendiente inevitable del economista Arauz para dirimir la presidencia, en una añosa, limpia, esquemática polarización de izquierdas y derechas, de socialismo del siglo XXI  versus la clásica economía ¿social? de mercado. En cambio, por primera vez en la historia de Ecuador, y de la región, el electorado deberá elegir presidente entre dos fuerzas que se autodenominan de izquierda.

Ecuador elecciones. Los tres candidatos en disputa.

Las sorpresas son, sin embargo, todavía mayores, y las desmentidas de las expectativas mucho más profundas de lo que hasta ahora han gustado reconocer en público unos y otros candidatos. Los perdedores incrédulos, pero también los súbitos ganadores, se han esforzado diligentes ante cámaras y micrófonos, con buen éxito muy dispar, por declarar que desde siempre habían calculado que las cosas iban a seguir el curso que efectivamente siguieron y por ofrecer rigurosas interpretaciones esotéricas de sus propios dichos anteriores de modo que quedara en claro su profesionalismo como profetas políticos nacionales. El desenlace descontado por todas las voces para la fecha del domingo era la decantación preparatoria para un desempate entre dos alternativas tan nítidas en sus doctrinas antagónicas como mayoritarias en los números que las alejaban del resto de las opciones. Pero al virtual empate técnico entre el candidato indígena (gran ganador) y el candidato banquero (gran perdedor), se sumó a la lid un novedoso jugador, el empresario Xavier Herbas, candidato de Izquierda Unida (ID), cuya gravitación ningún radar había detectado ni calibrado, y que obtuvo el 16,01%  de los sufragios. Viene cuarto en la lista de los ganadores, pero el segundo y el tercero tienen casi la misma cantidad de votos cada uno, y Hervas tiene casi el mismo número que Pérez o Lasso.

Aun en el momento en que comunicaban no sin desconcierto los resultados del conteo rápido revelados a las 21.00 en una elaborada ceremonia pública por el Consejo Nacional Electoral (CNE), muchos medios seguían titulando “polarización” a pesar de que la votación cuyos números daban a conocer había demolido la creencia, preservada a lo largo de una campaña de la que había sido a la vez el principal sostén argumentativo, en que había dos polos de atracción excluyente que organizaban el horizonte y le proveía previsibilidad.  No quedaron delineadas una primera y una segunda mayoría, sino una mayoría y tres minorías de masa casi equivalente. Y tampoco es automático, ni por ahora inferible con certeza, que líderes, coaliciones, movimientos, partidos y electorados –niveles, a su vez, con variables grados de conexión entre sí según el caso, las regiones, los grupos- vayan a alinearse contumaces para la segunda vuelta a un lado y otro del eje socialismo / neoliberalismo.

Fue aquella, sin embargo, la grieta que los dedos índices de los dos candidatos que se sentían predestinados a reñirse la presidencia en la segunda vuelta no cesaron de señalar en el suelo ecuatoriano en la campaña para la primera que culminó en las elecciones del domingo 7 y en una voluntad popular que se desentendió del zanjón que le señalaban. Más aún, esa grieta había sido la base del discurso de la oposición correista desde que el presidente saliente Lenin Moreno, después de triunfar en las elecciones de 2017 gracias al respaldo de Correa, diera vuelta las alianzas: el vencedor se alió con el perdedor Guillermo Lasso, adoptó una política económica ortodoxa, se endeudó con el FMI; se alejó de China y se acercó a EEUU al punto de firmar una suerte de TLC bilateral.

Andrés Arauz, candidato opositor y primero en la primera vuelta de las presidenciales en Ecuador. Télam

No les pareció riesgoso a la coalición de izquierdas UNES ni a la coalición de derechas CREO-PSC montar dos campañas de formas simétricas entre sí pero fondos repugnantes entre sí. La campaña del Miedo y la campaña de la Nostalgia. Para Guillermo Lasso, había que optar por la razón y la fe (de las que era el doble concesionario exclusivo) porque si no Ecuador, que ya había tenido bastante con ser el Ecuador de Correa, se iba a convertir, gracias a la desdolarización y el oportuno financiamiento de las guerrillas colombianas que todavía operan en las selvas, en la Venezuela de Nicolás Maduro. Para Rafael Correa, cuya imagen fotográfica en tamaño natural pegada y recortada en sus bordes sobre un soporte de cartón acompañó a Arauz por la costa y por la sierra hasta que se lo prohibieran, el electorado debía responder en esta elección del domingo una única pregunta, según lo dijo inmediatamente después de conocido el resultado del CNE en entrevista con el periodista Jimmy Jairala: ¿qué prefieren, volver a los años en que crecieron con la Revolución Ciudadana, o repetir los años que sufrieron con Lenín Moreno?

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La coalición que representa a la Revolución Ciudadana, el movimiento de izquierda que impulsó desde la década pasada Rafael Correa, y que verbalmente es el equivalente a lo que ‘Proceso de Cambio’ significa en la Bolivia de Evo Morales, retuvo el indiscutido primer puesto y el liderazgo que le asegura un núcleo sólido, invariable, de militantes y partidarios. Entre las 17.00, cuando se difundieron las encuestas de boca de urna de Clima Social y de Cedatos y las 21.00, cuando se hizo público el conteo rápido del CNE, militantes y candidatos de UNES cantaron “¡Primera Vuelta! ¡Primera Vuelta!”, debidamente esperanzados de que una victoria directa, sin balotaje, estaba inscrita para ellos en las actas que faltaba contabilizar. “Mi inmensa gratitud al pueblo ecuatoriano. Cuatro años de persecución, cuatro años de difamación, se pelean por cuál es el segundo lugar, pero nadie duda de cuál es el primer lugar”, resumió más sobriamente Correa en la misma entrevista, cuando se supo que el techo definitivo de UNES sería más bajo y no más alto que el del conteo rápido.

A medida que se conocían más datos de la jornada electoral, y que el recuento progresaba, dos presunciones se fueron esfumando o matizando. La primera presunción preocupante concernía a irregularidades más o menos deliberadas que esperarían agazapadas al electorado los centros de votación, e inconductas en el interior del CNE. A las 18.50 se cayó el sistema, pero la intermitencia duró no muchos minutos, y no tuvo continuación. En esos minutos las redes sociales vibraron con el adelanto apocalíptico de un fraude que no ocurrió. Los observadores de la Internacional Progresista, como otros, hicieron la evaluación de una elección que resultó en suma más razonable de lo que razonablemente temían. El segundo augurio de mal agüero demostró ser, mucho más indubitablemente, erróneo. En estas elecciones, donde el voto es obligatorio, y 13 millones de ciudadanos, sobre una población total de 17 millones y medio, el ausentismo fue más bajo que el promedio, cuando se lo había pronosticado más alto. En las elecciones anteriores, el promedio era del 20%, es decir, de cada diez votantes, ocho no votaban. Pero ese número de ausentes en las mesas electorales incluye a un número muy elevado, y mayoritario en este grupo, de migrantes, que siguen figurando en el padrón electoral territorial de Ecuador porque no se inscribieron, o no pudieron inscribirse, en consulados ecuatorianos en el exterior para poder así emitir su voto. Si el ausentismo del domingo fue aproximadamente del 17%, esto significa, según estimaciones, que, descontado el porcentaje de migrantes, de 100 votantes que efectivamente puede acudir a su mesa preasignada, porque su domicilio real sigue estando en suelo ecuatoriano, sólo 5 faltaron a la cita electoral.

Los resultados obligarán a cambiar las estrategias de campaña, pero, más hondamente, a reevaluar el diagnóstico sobre cómo se está procesando en el Ecuador actual la conflictividad social y dónde está ubicando cada votante o grupos o clases de votantes aquellos conflictos que consideran claves a la hora de decidir el voto. Y cómo evalúan el pasado más largo y la memoria más corta.

En el pretérito más reciente, dos hechos tuvieron enormes consecuencias en esta elección. Uno fue la rebelión popular de octubre de 2019 que reclamó la preservación de los subsidios para el combustible que el gobierno había derogado. Con la presidencia, Correa no le había transmitido a Moreno la bonanza, porque los precios de los hidrocarburos, y por lo tanto los ingresos nacionales por las exportaciones ecuatorianas, se desplomaron. Esta es la causa que movió, sin justificarlo, el desplazamiento a la derecha del sucesor de Correa. Esa rebelión, reprimida sangrientamente, logró sin embargo sus objetivos, y su mérito fue de la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador). La esperanza que puso en marcha influyó de manera determinante en que un líder indígena fuera uno de los grandes ganadores del domingo. La CONAIE se había distanciado de Yaku Pérez, de limitado protagonismo en octubre de 2019, pero apenas conocidos los resultados, salieron sus referentes a los medios para prestar  su apoyo. Y para  recordar que  en el triunfo había sido por completo indiferente, según el líder indígena  Leonidas Iza, la figura y el nombre del candidato presidencial.

El otro hecho es la pandemia: la gestión de la salud de Moreno fue tanto o más deficiente que la gestión económica. Especialmente en Guayas, la provincia del puerto de Guayaquil y del banquero Lasso, aliado estratégico de Moreno. Esto generó que sea Arauz quien se haya impuesto en la costa. Y que parte del electorado de Lasso migrara al joven empresario Hervas, cuyo partido ID es menos izquierdista de lo que su nombre exhibe, y es más bien de centro derecha.

Para la segunda vuelta, Pérez deberá buscar al electorado de Lasso, con el que lo une su histórica oposición a Correa. Y Arauz al de Hervas, con el que lo aúna el desencanto con la ortodoxia económica y el repudio de la gestión de Moreno. El reordenamiento no será sólo de los discursos, sino de los replanteos de prioridades. Con la elección del domingo, Ecuador ha declarado que es un país en construcción.

Fuente: El Diario AR
https://www.eldiarioar.com/opinion/ecuador-elecciones-presidenciales-ecuatorianas-andres-arauz-guillermo-lasso-yaku-perez-rafael-correa-revolucion-ciudadana_129_7203705.html

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