El humor en los tiempos de Menem

Finalmente murió Carlos Saúl Menem, aunque no puede decirse lo mismo del menemismo y la impronta que dejó en la sociedad, la política y la economía argentina. Pero algo es algo…

Contrastando con una casta política de todos los colores que lo apoyó por entonces y hoy le rinde homenaje, los sectores populares -aún en forma dispersa y con la desorientación de los golpes recibidos por quienes creía eran sus aliados- supieron ya en aquellos días resistir de formas diversas. Como siempre, el humor fue una de aquellas formas. ¿Qué mejor que reírse del poder para enfrentarlo con ganas y ánimo?

Desde Contrahegemonía recuperamos algunas muestras del humor que retrata esa década del ’90 que padecimos con Menem en el gobierno. Gran parte de esta muestra la extrajimos del por entonces flamante y opositor periódico Página 12. Hoy sería difícil encontrar muestras de este humor crítico en este diario, pero, por entonces se hizo merecedor de que el propio Menem en una entrevista dijera que Página 12, el día en que él caminara sobre las aguas titularía “Menem no sabe nadar”. Buena pintura al mismo tiempo de su propio mesianismo. Pero esa es otra historia.

Dura tarea la de los humoristas de entonces. Retratar una realidad que para el pueblo no tenía nada de humorística.

 Va una muestra del humor de aquellos tiempos

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Menem hizo campaña prometiendo “salariazo” y “revolución productiva”. Lo sintetizó afirmando que “gobernaría para los niños pobres con hambre y para los niños ricos con tristeza”. Nombró como su primer ministro de economía a Rapanelli, un Ceo de Bunge y Born.  El resultado previsible fue que sólo cumplió la segunda mitad de su promesa.

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La reforma laboral fue uno de los pilares del gobierno de Menem. El humor reveló mucho más de su contenido real que muchos discursos encubridores o promesas de futuros promisorios

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Menem se apoyó en el gobierno de los EE.UU y el FMI hasta el punto en que su canciller se enorgulleció de las “relaciones carnales” proponiéndose como ejemplo ante el mundo. Por entonces, la caída del falso socialismo de la URSS dejaba al capitalismo en su fase neoliberal como único supuesto rumbo posible.

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El menemismo profundizó un clima de época en que las privatizaciones serían la solución para los decadentes servicios públicos de un “Estado benefactor” en crisis. Mientras tanto avanzaban la represión y el punitivismo.

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Nada de esto cerraba sin una extendida corrupción…

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… y sin una justicia adicta

Quizás previendo un creciente descreimiento hacia un régimen político que sólo humoristas mejores que estos que mencionamos pueden denominar como “democracia”, e intentando consolidar la Argentina excluyente que estaban creando, los partidos de ambos lados de la “grieta” se unieron para reformar la Constitución.

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La aplicación de la pena de muerte fue otro caballito de batalla del menemismo, como forma ilusoria de superar la creciente inseguridad que golpeaba a la Argentina y a sus barrios populares. La otra cara de esta dureza fue la benevolencia hacia los genocidas de la dictadura, ofreciéndoles el indulto. Esta situación fue retratada entonces por el humorista Sendra, en un diálogo entre un niño y su padre. Cito de memoria al no encontrar el original.

-Papá, ¿qué es la pena de muerte?

-Es el precio que deben pagar quienes cometen crímenes aberrantes, hijo.

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-Papá, ¿y qué es el indulto?

-Ese el descuento especial para mayoristas.

El humor popular supo encontrar formas de decir verdades que contrastan con el reino de lo aparente y lo protocolar que dominan el sistema político para que nada cambie. No por nada a Menem se le dijo “perro malo”, por estar atado al fondo, o “damajuana sin manija”, porque hay que agarrarlo del cogote. O directamente se dejó de nombrarlo por su apellido, para no traer la “yeta” que ya había traído al país.

Hoy ya fallecido, se le rinden honores en el Congreso y se decreta un duelo nacional de tres días. A diferencia de los anteriores, esto parece un chiste de mal gusto.

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