¡Basta de chamuyo!

En estos días, cuando se multiplican los femicidios y el horror del machismo en los cuerpos de las mujeres, como el de Úrsula, joven de 18 años, que se animó e hizo 18 denuncias frente a un Estado que no la escuchó ni asistió, se sabe que hay 6000 miembros de las fuerzas de seguridad que ejercen violencia de género, más todas las violencias institucionales, gatillo fácil y represiones a lxs que luchamos contra tanta impunidad …. 

En estos días hay mucha bronca, mucha indignación en las redes, muchas voces feministas que escriben artículos:  vamos a mencionar solamente algunos que nos conmovieron y aportaron, sin negar otros que están circulando. Leímos con atención el de Flor Alcaraz “El día que la vimos muerta” publicada por Latfem el 11/2; el de Claudia Korol “Úrsula. Cuando las palabras no sirven” publicada en Jacobin A.L el 13/ 2; la nota de la colectiva feminista del conurbano Tatagua, publicada en Facebook, contando el femicidio de Teresa en Monte Chingolo.  

Lo que levanta el ánimo frente al bajón de que la frase “Ni Una Menos” no es real, son las numerosas, masivas marchas, concentraciones y puebladas en Rojas, el pueblo de Úrsula de veinte mil habitantes, y en todo el país.  

Participamos en la marcha convocada por la Multisectorial de mujeres, lesbianas, bisexuales, travestis, trans, no binaries de la Plata y Berisso, al toque del asesinato y la represión policial, con poco tiempo para la convocatoria, pero el activismo feminista, de izquierda, organizaciones de DDHH, compas contra el gatillo fácil y de centros de secundarios y universitarios; estuvimos presentes, con los ojos vidriosos, con las caras rojas del sol de febrero, con los barbijos y abrazos a la distancia por la pandemia, pero ahí estábamos.  Nos conmovimos y nos alegramos cuando nos enteramos que en ciudades grandes, en los pueblos, donde habíamos construido convocatorias feministas con la Marea Verde, ahí estábamos… y ahí se sumaron más, y más indignaciones, dolores, rabias, ganas de romper todo, como decía Úrsula y tantas pibas que no aguantan más el patriarcado.  

Por todo esto, no vamos a repetir lo que tan claramente dijeron en los artículos mencionados y otros que andan circulando, sobre la responsabilidad del Estado represor, de la Justicia patriarcal, de los Ministerios de cartón, de la complicidad policial y demás aberraciones.  

Nos centraremos en algo que rememora parte de nuestras historias y de nuestro trabajo en violencia contra las mujeres y que nos dispara el Facebook de Claudia Laudano, problematizando y preguntándose por el sentido y alcance del término “Denuncia”. 

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¿Es posible que sigamos repitiendo eso como un mantra, como un mandato histórico, cosa que venimos haciendo desde los 90, y que en algún momento puede haber sido una consigna de visibilización de la violencia de género, la violencia patriarcal, pero, que si atrás de esa Denuncia no hay toda una red de protección y respuestas sabemos que NO SIRVE?  

¿Es posible que la gran solución sea una “perimetral” al agresor, o un “botón antipánico ” a las víctimas, que ya sabemos que nadie controla? 

¿Es posible que se siga llevando a las mujeres víctimas con sus hijxs a “refugios” que son depósitos, mientras al violento se lo deja que siga su vida en la calle? 

Y acá nos ponemos autorreferenciales:  

Trabajamos pasando los 2000, y en el gobierno de Scioli, en el “Programa de Violencia Familiar”, que dependía del Ministerio de Desarrollo Social (como se llamaba en ese momento), atendíamos un 0800 con mucho nivel de precariedad, pero con compromiso de trabajadoras feministas, militantes de DDHH, profesionales formadas, que intentábamos dar respuestas, contención, acompañamiento, relaciones con los municipios, contacto con las comisarías de las mujeres (con bastante desconfianza porque conocíamos la corporación y las jerarquías de esas fuerzas) . Mientras nos formábamos, hacíamos supervisión entre nosotras, y pagábamos atención psicológica, porque a pesar de que el trabajo era abrumador, movilizante y con Síndrome de Burn Out, el Estado con cada gobierno siempre miraba para otro lado, tratando de que no hubiese muchas olas, nunca era una prioridad la vida y los derechos de las mujeres.  

Esa inoperancia del gobierno, de lxs funcionarixs de turno, del Ministerio, no nos impedía actuar con “cierta libertad”, ejerciendo nuestros feminismos solidarios, comprometidos, que habíamos aprendido en colectivas como Las Azucenas y otros espacios feministas, en horario de trabajo que era hasta las 18hs de los días hábiles.  

¡Cómo sufríamos cuando nos llegaba una consulta los viernes cerca de finalización del horario, cuántas veces nos quedamos más tarde, para ver si era posible conseguir refugios (virtualmente inexistentes), o alguna “caja chica” para pagar hospedajes!  

¡Y pensar que en la ciudad de Rojas, la Comisaría de la Mujer no atiende los fines de semana!  

Hasta ahí, algo funcionaba con la denuncia, aunque sea telefónica, y que nosotras la transformábamos en escucha comprometida seguida de acciones para resolver, acudiendo a todo lo que teníamos, como recursos estatales y de todo tipo.  

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Claro que también acompañábamos a mujeres a abortar, hacíamos escraches a abusadores y violadores, denunciábamos a curas pedófilos, a proxenetas y tratantes, en fin, todas tareas no permitidas en el área del ministerio, pero que hacían a nuestro compromiso militante. 

Luego se fueron creando otras líneas como la famosa 144, que cubre todas las horas y días, pero que cíclicamente las trabajadoras, salen con denuncias de precariedades.   

Pasamos gobiernos llamados “nacionales y populares”, gobiernos Pro, pero la consigna y las respuestas fueron las mismas: “Mucho ruido y pocas nueces”.   

Y en la actualidad tenemos Ministerio de las Mujeres y Disidencias Sexuales, con la ley Micaela para funcionarios, poder policial, judicial, discursos políticamente correctos retomando todo lo construido discursivamente en el movimiento feministas, de las cuales algunas funcionarias formaron o forman parte, mamando esos aprendizajes colectivos.   

Muy bien todo lo anterior, pero ¿Cuáles son las propuestas? ¿Aún sigue siendo solamente denuncia al 144, o a los organismos municipales, o a la policía?  

La realidad es que las Fuerzas de in-seguridad mantienen policías violentos, o los apañan como a Martínez – el femicida de Úrsula – o los trasladan para esconderlos del escenario de su repudiable actuación.  

Hay muchas películas iguales, por ejemplo, desde la época de Arslanian que se plantean capacitaciones en género.  

Las que tenemos historia y hemos visto los resultados, dudamos que a pesar del buen propósito de la ley Micaela y que su papá la impulse desde el dolor de perder a su hija, no hemos visto demasiadas modificaciones ni cambios estructurales.  

Somos escépticas, porque la realidad cotidiana da cuenta del aumento de los femicidios y travesticidios, que ocurren uno cada 22 horas y cada vez son más las jóvenes desaparecidas para explotación sexual.  

Son golpes durísimos, por la violencia patriarcal constante y por la no resolución de la Justicia ausente. 

Las denuncias, las ayudas y la búsqueda de soluciones están siempre presente en las redes de solidaridad feminista, en encontrar recursos con profesionales con perspectiva de género que por lo menos escuchan y tratan de resolver situaciones. 

Claro que entendemos que es poco el tiempo desde que entró este gobierno, que estamos frente a la pandemia, que ahora tenemos los Ministerio de Mujeres y Diversidades Sexuales, que tienen mucha prensa, que las vemos en las fotos a diario; pero los resultados son dramáticos: Las oficinas de atención a las víctimas cerradas o ninguneando las denuncias, un ministerio inoperante que no asiste, no controla ni previene, todo esto sin mencionar la falta de presupuesto y asignación de recursos. 

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¿Qué pasa con todo ese equipo que tienen esos ministerios que no se plantean ideas novedosas y efectivas y que siguen planteando denuncias, o el barbijo rojo, que fracasó antes de ponerse en marcha?  

¿Cómo es posible que ahora salga el presidente Alberto Fernández – que en su momento dijo que “ya se acabó el patriarcado” – con la gran idea de crear otro “organismo parche” más, el Consejo Federal para el Abordaje de los Femicidios y Travesticidios? 

Nos sonreimos, recordando una frase del  General: “Si no piensan hacer nada formen otra Comisión”. 

No tenemos todas las respuestas y sabemos que mientras existan estos sistemas patriarcales, coloniales, capitalistas y heteronormativos, todo lo que podemos hacer son paliativos que nos permitan vivir mejor, sin violencias de género e institucionales, sin femicidios ni violaciones y sin tantos dolores.  

Por eso hay que escuchar, ver, analizar, qué surge de los movimientos feministas, de esas movilizaciones, de esas ganas de cambiarlo todo, pero atención, sin intención de integración, ni de cooptación.  

Es necesario seguir fortaleciendo construcciones comunitarias, de apoyos sororos y equipos de acompañamientos, empoderándonos y poniendo la energía en ellos, pero denunciando, reclamando y exigiendo al Estado, que instrumente dispositivos y recursos de apoyo eficientes con profesionales comprometidas.  

Nuevamente: 

¿Cómo puede ser que el equipo enorme que tienen esos ministerios creados no pueda pensar estructuralmente? ¿Falta de decisión política? ¿De recursos? ¿De límites del estado capitalista opresor?  

No es cuestión de caer como los bomberos, como lo hicieron en Rojas donde funcionarias de alto nivel llegaron después de lo que pasó, igual que el ministerio de seguridad con Berni, a calmar e intentar  cooptar y callar  a las familias, a intervenir tarde, cuando el femicidio, la inoperancia y lo corporativo de la policía conjuntamente con jueces y fiscales de pacotilla, habían actuado para ser cómplices y responsables de este femicidio. 

Las feministas, entrelazadas con activistas de derechos humanos, pibas, integrantes de partidos de izquierdas, sindicales, de movimientos populares de defensoras de la vida y los territorios, multisectoriales, redes de coordinaciones; seguiremos en las calles, gritando vivas, libres, felices, deseosas, nos queremos, nos acompañamos, nos ayudamos, nos abrazamos en nuestros dolores e indignaciones.   

Que arda todo.  

Por favor, basta de chamuyo.  

María Laura Bretal, activista feminista de Las Azucenas . Militante de Derechos Humanos.

Celina Rodriguez Molina. Feminista. Fpdscp/ MdP y de la Catedra Libre Virginia Bolten. UNLP 

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