Huellas de Nicolás Guillén

En la Buenos Aires de 1958

El viejo Dual cumplió su función y efectivamente se escuchó su Songoro Cosongo en la voz inconfundible del poeta cubano de la negritud y de la revolución.

Crepitante, como no podía ser de otra manera, pero allí estaba con los tamboriles acompañando sus poemas recitados y otros cantados. El hallazgo se produjo mientras con mi padre ordenábamos y clasificábamos el material de música para entregar al Instituto Nacional de Musicología como donación de Fondo Particular Roberto Britos, pero en una rápida conversación con él convenimos que lugar más adecuado para ese disco se llamaba Cuba.

A partir de diciembre de 1953, mi padre Roberto Britos había iniciado su actividad como “representante” del teatro Popular Fray Mocho y, como tal, fue un factor fundamental para las extensas giras del teatro dirigido por Oscar Ferrigno. En los años siguientes incorporó a su actividad algunas otras figuras artísticas (músicos, teatros, bailarinas) y en 1959, junto a su socio Luis Pujal, tenía montada una pequeña oficina de representaciones. Algunas figuras tenían ya su peso y otras se estaban conociendo: Los Paranaseros, Los Fronterizos, Eduardo Falú, Horacio Guarany, Alejandro Barletta, María Fux, Inda Ledesma y mas. Los teatros independientes como el IFT y Evaristo Carriego también realizaron sus giras organizadas por Britos y Pujal. En esa situación la dirección del teatro La Máscara lo invitó a una actividad que había organizado con Nicolás Guillén que se encontraba exiliado en Buenos Aires.

A Guillén se le había vencido el pasaporte estando en París y la dictadura cubana le negó la renovación, con lo cual la oficina de Inmigraciones de Francia lo detuvo y le inició un proceso del cual fue rápidamente absuelto, pero se lo conminó a abandonar el país. Fue Rafael Alberti, otro exiliado en Buenos Aires, quien intercedió ante el gobierno de Arturo Frondizi logrando que le fuera extendida una visa para ingresar al país. Según Lois Pérez Leira, el 25 de julio de 1958 Guillén llegó a Ezeiza procedente de París y aquí se reencontró con quienes habían organizado su visita de las dos oportunidades anteriores (1947 y 1945) y entre ellos con el guatemalteco Miguel Angel Asturias y el español Rafael Alberti, ambos exiliados en Argentina. Pero también con los exiliados cubanos que participaban de las actividades de solidaridad con el Ejército Rebelde desde la delegación local del Movimiento 26 de Julio.

En este contexto, el 14 de agosto Pujal le hizo saber a Britos desde Córdoba que hay interés en Guillén para una presentación en el norte del país respondiendo alguna consulta previa sobre esa posibilidad. Doce días después Britos le respondió que se encontraría con Guillén en el teatro La Máscara. Le contó que lo habían invitado para una conferencia que iba a dar el poeta. Después de la conferencia, le dijo a Pujal, habría una reunión con poetas jóvenes que iban a leer sus poemas y conversar con el cubano. En esa oportunidad los anfitriones de La Máscara se lo presentarían con la intención de proponerle realizar conferencias y recitales en el interior del país. Sin duda Britos era la persona indicada, había organizado las giras nacionales del Fray Mocho, teatro que en cinco años había concretado 80.000 km de caminos por Argentina, Chile y Uruguay.

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La reunión se organizó en el mismo escenario del teatro donde se dispusieron sillas en círculo que fueron ocupadas por los jóvenes que leerían sus poemas (entre ellos Juan Gelman y Héctor Negro) y por supuesto también por Nicolás Guillén. Transitando sus 92 años, aún hoy Britos recuerda como si fuera hoy que cuando se realizó la ronda de presentaciones de cada uno, el joven Negro se presentó – seriamente – como el mejor poeta de la Argentina logrando así una enorme sonrisa del verdadero poeta negro mientras le lanzaba con socarrona ironía: ¡Pero qué bien chico, qué seguro que se lo ve!.

Quedaron en encontrarse al día siguiente, 27 de agosto, en el hotel donde estaba alojado cerca de la plaza Once de Septiembre, una zona popular de Buenos Aires. Según Pérez Leira, se hospedaba en el Hotel Atlántic, en la calle Castelli N° 45. Britos tiene presente la imagen del simple recibidor del Hotel, con un juego de sillones donde se sentaron, como un ejemplo de la sencillez con la que vivía el poeta.

Para ese momento Britos tenía 29 años y no podía saber que al año siguiente se enfrentaría con un cruce de caminos divergentes en su vida. Pero Guillén era un hombre de 57 años y hacía más de 20 que desarrollaba una intensa actividad política y cultural como militante del PSP/PC de Cuba. Había recibido el Premio Stalin de la Paz, había recorrido la URSS y los países del este de Europa participando en decenas de Congresos y eventos internacionales. En Buenos Aires la editorial Losada tenía en imprenta su libro La paloma de vuelo popular que concentró los poemas escritos durante su exilio itinerante, que ya llevaba seis años. Guillen lo consultó sobre sus posibilidades, su forma de trabajar, sus vinculaciones, su experiencia.

El joven Britos hizo lo posible por demostrar que podía lograr algo al nivel de su interlocutor. Quedaron en seguir conversando sobre propuestas concretas. Mientras tanto Guillén realizó presentaciones en Radio El Mundo (entre otras) y el 29 de setiembre se le realizó un homenaje en el teatro Astral.

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Los meses de octubre y noviembre fueron de actividades con Los Fronterizos y otros artistas y a mediados de noviembre Pujal le escribió a Britos desde Tucumán reclamando noticias del poeta. El 1° de diciembre los socios volvieron a mencionar a Guillén y se enviaron cartas a organizaciones culturales del interior proponiendo sus recitales y conferencias. Pero Guillén, inmerso en sus actividades, no era fácil de encontrar para definir la agenda. Este hombre es más difícil de encontrar que el diablo… me citó para hoy y no lo encontré, le escribió Britos a su socio el primero de diciembre, al tiempo que le confirmó que al menos había logrado hablar con él telefónicamente. La idea era realizar alguna actividad en las provincias de Córdoba y Corrientes antes de las fiestas. Cuando finalmente se encontraron en la semana siguiente, acordaron en realizar una presentación en Córdoba y la idea de una ciudad como Monte Caseros en Corrientes le llamó la atención, pero Guillén le manifestó sus dudas por las cercanías de las fiestas. Britos le escribió a Pujal sobre ello: Me ha dicho que gran lástima. para el año que viene se pueden realizar varios recitales en el interior y le tiene ganas a Buenos Aires, pues dice que pocos recitales ha realizado aquí.

Cuando Britos al día siguiente le escribió a la Agrupación Cultural de Monte Caseros sobre la posibilidad de la presencia de Guillén, le adelantó que adelantó que el poeta está de acuerdo en llegar hasta Monte Caseros, pero no en este momento, porque los calores deben apretar y además hay poco tiempo para preparar las cosas antes de fin de año. Sin embargo les pidió que fueran preparando algo para el que viene. Cuando llegó la opinión de Pujal, en los días previos a las fiestas de fin de año, el socio cordobés decía: Estoy de acuerdo con vos ahora imposible y le propuso preparar una buena publicidad y el año que viene capote. Decile que aquí sería la primera semana de abril. Trataríamos de meterlo también en Villa María, San Francisco y Río Cuarto. Esto es lo que veo por aquí cerca. Pero las posibilidades para todo el país son enormes. A una semana de la navidad, Britos le respondió: Lo dejaré tranquilo hasta el año próximo, que pienso volver a refrescar lo que hablamos. Y para entonces, le escribió a Pujal, que vaya tomando fecha en el Rivera Indarte, el teatro más grande de la capital de Córdoba. Ni Britos, ni Pujal, ni el mismo Guillén, podían imaginar el giro que la historia le iba a provocar a la vida del poeta en apenas quince días. El primero de enero de 1959, lo cuenta muy bien Lois Pérez Leira, Miguel Angel Asturias despertó a Nicolás Guillén con una llamado telefónico al hotel para avisarle que Fidel Castro ya estaba en La Habana. Guillén canceló todos sus compromisos en Buenos Aires dejando atrás todas las perspectivas imaginadas – no solo por el poeta – tan sólo algunos días antes. Por esas casualidades de la historia, que no siempre lo son tanto, La paloma de vuelo popular, el libro que Losada tenía en edición, apareció con pié de imprenta 1° de enero de 1959.

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Para Britos el año 1959 también significó un punto de inflexión porque ingresó a al coro del Collegium Musicum, donde comenzó a trabajar como secretario administrativo, retomando la carrera musical iniciada cuando era muy pequeño y que había quedado en suspenso cuando aceptó ser parte del Teatro Popular Fray Mocho en 1953.

Transitando sus 92 años, Roberto Britos no recuerda en qué momento llegó el disco de Guillén a sus manos. En la elaboración de un LP de vinilo hay un proceso en el cual pueden grabarse varios discos originales de vinilo sobre metal y este es sin duda alguno de esos discos previos al definitivo. Considerando que nunca retomó sus actividades como representante y que Guillén nunca regresó a Argentina, es posible que en alguno de aquellos encuentros el poeta se lo haya entregado para que lo usara como herramienta de difusión de sus recitales. Sin embargo, los discos de Guillén editados por sellos grabadores son posteriores a 1959. Aún queda por investigar dónde, cómo y cuándo se grabó ese master en Buenos Aires.

El día 6 de enero la Primer Secretaria de la Embajada de Cuba, para asuntos académicos, de DDHH y culturales, Magda Luisa Arias Rivera, recibió la nota de donación con los originales de la correspondencia que aquí se cita y el disco master de Nicolás Guillén. Concurrió acompañada por Mylín Vidal, de Prensa Latina, quien luego de la muy amena conversación redactó el comunicado de prensa dando cuenta del hecho. Unos días antes, el embajador de Cuba en Argentina, Dr. Pedro P. Prada, había respondido con gran amabilidad e interés el “aviso” de que el material estaba a disposición de la Embajada y del pueblo de Cuba.

En momentos en que en el mundo entero arrecia un vendaval mercantilista que transforma en oro todo lo que toca, desde el conocimiento público generado en las universidades hasta los datos personales más íntimos de un individuo, la donación de material cultural particular propone un camino inverso: considerarlo un bien de gran valor pero sin precio. Al servicio de la cultura como proceso social, restarlo del mercado y sumarlo al patrimonio público.

Fuente: https://issuu.com/parrapublicity/docs/revista_febrero/s/11775587

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