Síndrome del Señor Burns

En pandemia aparecieron varias series distópicas planteando futuros lejanos, apocalípticos, algunas muy bodrios por lo repetitivos de los argumentos, otras que la salvaron artistas buenísimas e históricas (como fue el caso de “La Valla”; donde brilló Ángela Molina, con su figura esbelta, luciendo sus arrugas, canas y con el papel de resistente al mundo malvado capitalista).  

Muchas feministas tenemos el gusto por estas series y libros, ya que la novela “El cuento de la criada” de Margaret Atwood de 1985, marcó tendencia y nos horrorizaron, en ese mundo del futuro fascista, las pérdidas de  logros que estamos consiguiendo con nuestras luchas.  

Las distopías a menudo se caracterizan por gobiernos tiránicos, desastres ambientales u otras características asociadas con un declive cataclísmico en la sociedad. Las sociedades distópicas aparecen en muchos subgéneros de ficción y a menudo se utilizan para llamar la atención sobre la sociedad, el medio ambiente, la política, la economía, religión, psicología, ética, ciencia o tecnología.   

En esas series hemos visto luchas por el agua, por el aire, vallas que dividen mundos pauperizados y grises de mundos verdes, con lagos, canchas de golf, juegos para niñes ricos (que tanto se parecen a esos barrios privados donde viven empresarios, funcionarios, tan bien descriptos por Claudia Piñero en sus libros), con científicas pop investigando vacunas para pestes y virus raros; usando sangres de infancias, y varios tics más. No estamos ‘spoileando’, porque muchas se parecen. En esas series hay elegidxs, con privilegios concretos que pueden disfrutar de ese mundo para pocxs. Y también hay resistencias, muy rudimentarias que le buscan la vuelta, construyen mundos solidarios en túneles, con gente caminando por las afueras de las metrópolis recordando libros clásicos para que no se pierdan, como los cuentos de Bradbury de la década de los ’50.   

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¿Hay algo en común con lo que estuvo pasando estos días en nuestro país en relación con la vacuna contra el COVID19, con el escándalo de los privilegios y otras yerbas? ¿Tiene algo de lo que nos enteramos a nivel internacional, de países ricos que ya vacunaron a casi toda la población, y países pobres que no pueden comprar lo suficiente o  no les interesa que sean masivas? ¿O cuando leemos que no hay producción suficiente porque los laboratorios que lograron producirlas, luego de investigaciones rápidas y con financiamientos, tienen patentes privadas y no la comparten para el bien público?  

Marcadamente injusta   

En estos años donde la vida, las sociedades, las diferencias de clases son cada vez más marcadamente injustas, escuchar a periodistas “progres” que hablan sobre igualdades ante la ley -y luego agrega aunque sea ficción- indignados por los vacunatorios vip, no solamente con figuras de periodistas conocidos, o funcionarios que quieren viajar en giras, o sindicalistas y sus entornos, de empresarios con guita y poderes; por lo menos podemos pensar que es una sumatoria de ingenuidades, planteadas desde privilegios de clase, etarias, géneros, de colores de piel, entre otros…  

¿Desde cuándo nos sorprendemos porque pasen estas cosas, si están pasando todo el tiempo en diferentes versiones?  

Y no todes somos responsables. Nosotrxs no somos responsables y tampoco nuestrxs compañerxs de luchas. Ni las travestis que luchan por el derecho a vivir, ni los pibes asesinados por la yuta ni sus familias, ni de las víctimas de violencias institucionales, ni las pibas asesinadas por los femicidios, las víctimas de los crímenes de odio, ni les activistas de derechos humanos que gritan a diario por Memoria, Verdad y Justicia.  

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Tampoco son responsables las organizaciones que luchan por la defensa de los ríos, del agua y de los territorios en todo el Abya Yala. 

Ni el personal de salud, lxs enfermerxs, lxs trabajadoras sociales, psicólogxs, médicxs, trabajadorxs de limpieza, ni los equipos de docentes, ni trabajadorxs ferroviarios, del subte, de fábricas que defienden que no cierren fuentes de trabajo. Ni les que hacen colas en los hospitales públicos desde la madrugada, ni les trabajadores que han hecho trabajo virtual sostieniendo precariedades, ni los que levantan la basura, ni las que venden ropa informalmente en plazas y ferias, ni las artesanas, las peluqueras, pedicuras, personal de servicio y cuidado.  

Mucho menos son responsables les compas que aportan en comedores y merenderos comunitarios, ni les jóvenes que pelean por arte, creativxs, laburantes que semaforean habilidades y músicas populares, artistas callejeros, ni lxs intelectuales o lxs estudiantes que se comprometen en virtualidades agobiantes. 

Que no nos endilguen la responsabilidad con frases como las que escuchamos por estos días: “Que todes somos un poco ventajerxs, quién no quiso entrar primero en una fila, o habló con un pariente para que lx atendieran primero en un consultorio, o que elegimos pagar coimas para conseguir privilegios”, asumiendo que lxs argentinxs nacemos con una condición biológica con esa pulsión a ser ventajerxs.  

Es indignante esa forma facilonga de entender y leer la realidad, queriendo meter a todes en una misma bolsa, sin pensar en las diversidades que convivimos en una sociedad capitalista, patriarcal, heteronormativa, clasista y colonial.  

Por eso el síndrome del Sr. Burns es el paradigma que funciona, cada vez, con más fuerza. Es como una masa gelatinosa que corroe todos los lugares de poder, en sus diversas formas.  

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“Es la economía, estúpido” (Is the economy, stupid), fue una frase muy utilizada en la política  durante la campaña electoral de  Clinton (1992) contra Bush padre, que lo llevó a convertirse en presidente. La frase se popularizó. Parafraseando a Clinton, podemos decir que lo que sucedió es el síndrome del ser Burns: es el  capitalismo patriarcal, colonial, sexista, heteronormativo.  

Si no nos paramos desde estos marcos, analizaremos la realidad desde la anécdota, de lo chiquito. Y las que resistimos, las que queremos cambiar el mundo, las que nos indignamos y no caemos en especulaciones internistas que es pan para hoy y hambre para mañana, porque cíclicamente esos sistemas desnudan las discriminaciones, los privilegios, las injusticias: casi siempre muy dolorosamente para las víctimas y sus entornos  

Celina Rodríguez Molina. Espacio de géneros del fpdscp/ MdP y de la Cátedra libre Virginia Bolten. UNLP 

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