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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Las Comunas como alternativa al capital

(Especial para CH). Venezuela es uno de los procesos más interesantes de actualización del carácter comunal de transición al socialismo. En este trabajo, el autor analiza el carácter disruptivo de la Comuna de París, su decidida influencia en los debates teóricos de la época y la herencia en el legado de Chávez y la revolución bolivariana. 

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Introducción: de París a Caracas

“Las Comunas no pueden ser apéndice de gobernaciones, ni del ministerio! ¡Ni del Ministerio de las Comunas, ni del Presidente Chávez: ni de nadie, son de pueblo, son creación de las masas, son de ustedes!”, supo expresar el Comandante Eterno ante una asamblea de comuneros.

Pensando en la construcción de la hegemonía, del espacio de la democracia directa con toda la diversidad presente en los territorios y citando a Mészáros manifestó: “El patrón de medición de los logros socialistas es: hasta qué grado las medidas y políticas adoptadas contribuyen activamente a la constitución y consolidación bien arraigada de un modo sustancialmente democrático de control social y autogestión general”.

El intelectual ruso Vadim Belotserkovski en sus búsquedas por superar el postcapitalismo soviético se preguntaba: “¿Cuál es el régimen que consideramos ideal, el más acorde con la naturaleza humana? Por supuesto, el autogobierno basado en la propiedad colectiva sobre los medios de producción y los productos…creo que el autogobierno y las colectividades autogobernadas representan de por sí la forma suprema de integración humana, la más acorde con la naturaleza del hombre. Tales colectividades –resultado de la asociación voluntaria de personas para materializar sus intereses– ofrecen a la gente la posibilidad de la unidad (que es, en esencia, libre asociación) y de la autoafirmación…”.

Algunas experiencias comuneras dan la impresión de participar en una hierra social marcando el alma de los pueblos que se resisten a remitirlas al pasado y las inscriben en un presente sempiterno. La Comuna de París, la que sería para algunos la ciudad de los sueños, era escenario de un tiempo de pesadillas, el hambre desandaba por las calles. Madrugada del 18 de marzo de 1871. Las mujeres formaban cola ante las panaderías, escucharon disparos que provenían desde Montmartre; al llegar al lugar vieron una acción deprimente: soldados franceses, bajo el mando de oficiales galos retiraban los cañones que servían para defender la ciudad.  En las calles donde serpenteaba el hambre se agregó un nuevo transeúnte: la ira. Las mujeres habían advertido esta maniobra a la Guardia Nacional –encargada de defender la ciudad–; olvidaron la guerra que estaban sosteniendo con Prusia y se entabló un combate entre las tropas del gobierno enfrentando a la Guardia Nacional y el pueblo. La insurrección popular habitó los barrios de París. Cuando despuntaba un mediodía luminoso se hacía evidente que el pueblo y sus aliados triunfaban en la disputa. Adolfo Luis Thiers, jefe de gobierno, abandonó París. Al día siguiente un cálido sol calentaba a seres humanos llenos de alegría, se sentían dueños de su destino. El apresuramiento era la actitud dominante en los ricos, los niños miraban azorados a aquellos personajes despojados de su orgullo y cuyo único objetivo era huir de ese París controlado por los trabajadores.

El capital pariendo sus propios sepultureros, máquinas, desarrollo industrial y obreros que por un sueldo de hambre trabajaban 14, 16 horas diarias. Obreros que no se resignaron a su destino de miserias, lucharon pero carecían de experiencia para triunfar. El camino de la ansiada madurez se fue nutriendo con luchas: ruptura ingenua de máquinas, creación de la Primera Internacional, en 1831 y 1834 insurrecciones de los tejedores lioneses, el cartismo, la Liga de los Comunistas, insurrecciones obreras en 1848, participación en las revoluciones democráticas burguesas de 1848-1849, huelgas en los años 50 y 60.  El influjo de la Comuna de París alcanzó a la teoría revolucionaria, Marx y Engels dedujeron que entre el capitalismo y el socialismo había un período intermedio: la dictadura del proletariado, aunque todavía no vislumbraban la forma que tomaría. Lamentablemente tampoco los obreros conocían esos logros teóricos.

Un error que viene de lejos, conciliación de clases, creer que la burguesía cumplirá su parte en los acuerdos. Volvamos a París. El 4 de septiembre de 1870 los obreros lideraron una revolución trunca en cuanto a que los frutos de la rebelión los aprovechó la burguesía. A todo esto, el ejército alemán acechaba la capital francesa y las tropas prusianas ocupaban las regiones septentrionales y nororientales de Francia. 

El gobierno francés burgués dice ser un “gobierno de Defensa Nacional”, el pueblo, dispuesto a repeler al invasor, apoya a sus gobernantes. Estos, a espaldas de los heroicos defensores de París, buscaron la transacción con el enemigo externo -atemorizaba a los burgueses el accionar de los obreros franceses armados-. Tras un acuerdo secreto con el gobierno alemán se evidenció que el mentado gobierno de la Defensa Nacional era el gobierno de la Traición Nacional. Al extremo que en Versalles se proclamó el Imperio Alemán.

Hambre y frío eran calamidades cotidianas que el pueblo parisino soportaba en esos días de asedio prusiano. Ensayó dos rebeliones fallidas el 31 de octubre de 1870 y el 22 de enero de 1871; se configuró con la burguesía un empate en la correlación de fuerzas. “El 1º de marzo entraron las tropas alemanas en París. Los dirigentes de la Guardia Nacional -que era el pueblo armado- aconsejaron a la población de París evitar todo contacto con los ocupantes. Las calles quedaron desiertas, el vecindario cerró todos los portales y corrió los visillos de las ventanas y balcones. Las tropas alemanas estuvieron tres días en una ciudad cuyos muros respiraban odio, y salieron de París” (A.Z. Manfred).

La burguesía francesa estimó que había llegado la hora de terminar con ese enemigo interior que la tornaba insomne; Augusto Thiers ordenó a la tropa avanzar, no contra líneas alemanas, sino contra los obreros y pueblo parisino. Fueron derrotados durante aquel mediodía luminoso, el pueblo sublevado gobernaba en París. Aquellos días se funden con otros días. Cuando burgueses y militares venezolanos detuvieron a Hugo Chávez –en un intento por derrocarlo– los moradores de los cerros caraqueños avanzaron sobre el palacio de gobierno, un alud humano dispuesto a rescatar a su líder. Muchos de ellos no tenían documentos de identidad hasta que el comandante asumió la presidencia. El pueblo soberano con su acción atrajo aliados y afianzó su voluntad al imponer quién gobernaría el país. Cuando Hugo Chávez recuperó la libertad ante la multitud delirante, manifestó: “Si antes los quería mucho, se imaginan ahora cuánto los quiero.”

La Comuna también era conducida por los de abajo: Luis Eugenio Varlin, autodidacta dirigente de las secciones parisinas de la Primera Internacional; Duval, fundidor; Emilio Eudes, estudiante de medicina, condenado a muerte por el gobierno burgués; Charles Amouroux, obrero sombrerero; Grenier, dueño de una modesta lavandería; Francisco Jourde, miembro veterano de la Internacional; Eduardo Roulier, zapatero. El gobierno revolucionario no titubeó, una de sus primeras medidas fue disolver el brazo armado de los opresores, el ejército regular; levantó el estado de sitio y abolió los tribunales militares.

La reacción apeló al sabotaje: los integrantes del aparato burocrático no acudían a cumplir sus tareas, del pueblo emergieron hombres voluntariosos dispuestos a organizar el funcionamiento de las instituciones públicas, la falta de experiencia fue suplida con entrega a la causa revolucionaria, iba surgiendo un estado de nuevo tipo. Se convocó a elecciones, por sufragio universal, se eligieron dirigentes y se proclamó la Comuna como gobierno revolucionario de la República.

En la Comuna se fundieron el poder ejecutivo y el legislativo, sin duda era un estado de nuevo tipo, se avanzó en la demolición de la máquina estatal burguesa. Se fijó un sueldo máximo a los burócratas, el salario de los burócratas debía ser del mismo monto que el de los obreros calificados. La iniciativa de las masas populares nutría a ese estado flamante. La creatividad del pueblo cobraba vigencia con cada sol mañanero. La misma creatividad de las masas a las que apeló Hugo Chávez cuando impulsó las comunas en Venezuela.  

“La Comuna fue creada a tientas y con imperfecciones, pero mostró que el proletariado podía y debía destruir el viejo aparato estatal burgués y reemplazarlo por un Estado de un tipo más elevado y que este relevo presuponía una forma más alta de democracia, la democracia proletaria, la democracia para el pueblo, para la mayoría” (A.Z. Manfred). 

Con los ojos y el corazón puesto en los oprimidos. Desde esa perspectiva el gobierno revolucionario tomó diversas medidas: decretó una amnistía para los presos políticos, se prohibió la venta de los objetos empeñados,  se anularon los desahucios por morosidad en el pago de la renta, se dispuso una asignación de un millón de francos para los más necesitados, se transfirieron las empresas abandonadas a control obrero, los departamentos también abandonados por los burgueses se otorgaron a los defensores de la ciudad; se separó a la Iglesia del Estado, se abrieron para el pueblo todos los museos,  no se permitió el trabajo nocturno de los panaderos.

Los seres humanos de corazón noble suelen cometer el error de proceder con ingenuidad. En aquella reunión de gabinete que llamaron Vuelta de Timón, Hugo Chávez reprochó a los ministros su poca dedicación al desarrollo de las comunas. “Es un gravísimo error que estamos cometiendo y es un gravísimo error que seguimos cometiendo. No lo cometamos más, Nicolás. ¡Nicolás! Te encomiendo esto, como te encomendaría mi vida”, le dijo el Comandante a quien designó como sucesor procurando evitar una lucha por la sucesión. Se comentó en las proximidades del gobierno que Chávez “eligió al más plebeyo”, creía en la sensibilidad social de los de abajo. ¿Se equivocó el Comandante? Pregunta de difícil respuesta, sin embargo, para algunos no caben dudas. «Se ha construido un nuevo pacto de élites en Venezuela. La oposición dialogante, socialdemócratas, democratacristianos y liberales, que expresan los intereses de las clases sociales dominantes en Venezuela, la gran burguesía, y por otro lado los sectores neoburgueses, que se expresan hoy en la dirección del Estado venezolano», sostiene Oscar Figueras, histórico militante comunista y actual parlamentario.

Ingenuidad, piedad, dos componentes del error. Los revolucionarios franceses permitieron la retirada ordenada de las tropas gubernamentales que se reorganizaron en Versalles y prepararon la contraofensiva sobre París. De manera paralela surgieron comunas en Lyon, Marsella, Saint-Etienne, Toulouse, Perpiñan, Creusot; la insurrección del 18 de marzo cobraba ejemplaridad. La Comuna de París no se unió a estas comunas sumando fuerzas en una ofensiva para la que estaban dadas las condiciones.  Aisladas, las bisoñas comunas fueron derrotadas. Tampoco se pudo concretar la alianza obrero-campesina.

Las personas que no están acostumbradas de disponer de cantidades importantes de dinero no le dan a la moneda la misma importancia que le otorgan los ricos. Algo de eso sucedió en los días de la Comuna de París. El Banco de Francia estaba bajo el control de los comuneros que no avanzaron en su nacionalización y se limitaron a tomar modestas sumas mientras la burguesía extraía fondos sin límites.  Se perdió la oportunidad de privar a la reacción de una herramienta de envergadura en su dominio.

La jornada se denominó el Caracazo, fue una serie de fuertes protestas como reacción ante las medidas económicas anunciadas durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez. El saldo de muertes empezó el 27 de febrero 1989 cuando fuerzas de seguridad de la Policía Metropolitana, Fuerzas Armadas del Ejército y de la Guardia Nacional salieron a las calles a controlar la situación. Aunque las cifras oficiales reportan 276 muertos y numerosos heridos, algunos reportes extraoficiales hablan de más de 3000 fallecidos. La burguesía no trepida en asesinar a cuanto ser humano sea necesario para apagar un levantamiento que amenace su control. Hugo Chávez, a consecuencia del Caracazo, se alzó en armas contra el gobierno de Pérez, fracasó en su intento y pagó su osadía con dos años de cárcel.

Retornamos a París. Los efectivos de la burguesía acantonados en Versalles habían logrado mayor poder de fuego que los revolucionarios parisinos. Además, solicitaron el apoyo de las tropas alemanas que ocupaban suelo francés; para dar mayor consistencia a la alianza se suscribió en Fráncfort un acuerdo de paz por el que Alemania incorporaba a su dominio dos provincias industrializadas: Alsacia y Lorena. El 22 de mayo de 1871 el terror entró en París, los cañones barrieron las barricadas de los heroicos defensores de la ciudad. “La burguesía se entregó con frenesí a una caza oprobiosa. Los defensores de la Comuna eran pasados por las armas sin formación de causa. No se pudo nunca averiguar el número exacto de fusilados, oscila entre 17 mil y 35 mil” (A. Z. Manfred).

El ejemplo y las lecciones de la Comuna de París sobrevuelan los siglos. Están gritando que es posible desplazar del poder a la burguesía. Hoy -2021- es una necesidad, el capital se halla sumergido en una crisis estructural y con las medidas que adopta para emerger pone en peligro la propia existencia de la humanidad.

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Marx, Zasúlich y Rusia

Para Marx el proyecto socialista tenía que ser definido como una alternativa radical, ningún proyecto chapucero, reformista podía encarar ese desafío. Debía restituir las funciones históricamente alienadas a los “productores asociados”. Tenía que ser un modo de control que comprendiese a todos los individuos, capaz de regular las funciones reproductivas materiales e intelectuales y que surgiera de la base social más amplia.

Marx sostenía que el desarrollo universal de las fuerzas productivas trae consigo no solamente el intercambio universal en el marco del mercado mundial, sino y simultáneamente en todas las naciones el fenómeno de la masa sin propiedades. En consecuencia, el comunismo solo es posible como el acto de los pueblos dominantes todos a una y simultáneamente; Marx tenía en mente a Europa como escenario de esas transformaciones. La competencia de llegar a extenderse universalmente, sin duda produciría “una masa sin propiedades”… entonces podía ocurrir la acción simultánea de los obreros defendiendo sus intereses contra la opresión del capital, en ese marco del mercado mundial se exacerbarían las contradicciones del capital. Este análisis está mirando el desarrollo capitalista clásico. 

La situación cambió hasta hacerse irreconocible, en relación con el capital y en relación con el trabajo. La expansión capitalista y los desarrollos monopólicos prolongaron la vida del capital, las contradicciones del sistema competitivo industrial son transferidas al estado, la consecuencia serán dos guerras mundiales. Los monopolios adquieren mayores privilegios en el mercado mundial y la concentración y centralización del capital se llevan a cabo bajo los designios de los monopolios. A su vez las tasas de ganancia y superganancia diferenciales permiten otorgar mayores salarios a los obreros de los países desarrollados enterrando la idea de la acción simultánea.

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A pesar de que estos acontecimientos no ocurrieron en vida de Marx, su intuición lo llevó a mencionar la posibilidad de explorar otras alternativas, así lo expresó en carta a Engels: “La tarea histórica de la sociedad es el establecimiento del mercado mundial, al menos en sus perfiles básicos, y un modo de producción que descanse sobre esa base. Puesto que el mundo es redondo, parecería que esto se ha cumplido con la colonización de California y Australia, y con la anexión de China y Japón. Para nosotros, la pregunta difícil es esta: la revolución en el continente es inminente y su carácter será de una vez socialista; ¿no será necesariamente aplastada en este pequeño rincón del mundo puesto que en un territorio mucho más extenso el desarrollo de la sociedad burguesa está todavía en ascendencia?”

Las comunas fueron una de las alternativas buceadas por Marx, en la correspondencia intercambiada con Vera Zasúlich es interesante leer las opiniones vertidas.

Ante todo, un poco de historia. Vera Zasúlich (1849-1919) era una revolucionaria rusa que militaba en las filas del populismo y que se encontraba exiliada en Suiza. A principios de la década de 1880 un debate sacudía las filas del movimiento revolucionario ruso. Los populistas sostenían que Rusia podía pasar directamente al socialismo sin tener que experimentar una etapa capitalista gracias a la existencia de la comunidad campesina, que constituía la base para el establecimiento de una forma social más avanzada que el capitalismo. En cambio, varios lectores rusos de El Capital postulaban que Rusia tenía que pasar obligatoriamente por una etapa capitalista antes de poder pensar en luchar por la instauración del socialismo. En este contexto, Zasúlich se dirigió por carta a Marx para pedirle su opinión sobre las posibilidades revolucionarias de la comunidad campesina.

En la carta de Zasúlich, fechada en Ginebra el 16 de febrero de 1881, la cuestión se plantea en estos términos:

“…ésta es cuestión de vida o muerte principalmente para nuestro partido socialista. Sea como quiera, de usted depende en esta cuestión incluso el destino personal de nuestros socialistas revolucionarios. Una de dos: o bien esta comuna rural, libre de las exigencias desmesuradas del fisco, de los pagos a los señores de la administración arbitraria, es capaz de desarrollarse por la vía socialista, o sea de organizar poco a poco su producción y su distribución de los productos sobre las bases colectivistas, en cuyo caso el socialismo revolucionario debe sacrificar todas sus fuerzas a la manumisión de la comuna y a su desarrollo.

O si, por el contrario, la comuna está destinada a perecer no queda al socialista, como tal, sino ponerse a hacer cálculos, más o menos mal fundados, para averiguar dentro de cuántos decenios pasará la tierra del campesino ruso de las manos de éste a las de la burguesía y dentro de cuántos siglos, quizá, tendrá el capitalismo en Rusia un desarrollo semejante al de Europa occidental. Entonces deberán hacer su propaganda tan sólo entre los trabajadores de las ciudades, quienes continuamente se verán anegados en la masa de los campesinos que, a consecuencia de la disolución de la comuna, se encontrarán en la calle, en las grandes ciudades, buscando un salario.

En los últimos tiempos hemos solido oír que la comuna rural es una forma arcaica que la historia, el socialismo científico, en una palabra, todo cuanto hay de indiscutible, condenan a perecer. Las gentes que predican esto se llaman discípulos por excelencia de usted: «marxistas». El más poderoso de sus argumentos suele ser: «Lo dice Marx». 

Comprenderá entonces, ciudadano, hasta qué punto nos interesa su opinión al respecto y el gran servicio que nos prestaría exponiendo sus ideas acerca del posible destino de nuestra comunidad rural y de la teoría de la necesidad histórica para todos los países del mundo de pasar por todas las fases de la producción capitalista.” 

Marx se hallaba profundamente interesado en la evolución de la economía rural de Rusia. Además, Marx y Engels seguían las acciones del movimiento revolucionario ruso en la década de 1870. La consulta de Zasúlich se ligaba, por tanto, con un tema de gran importancia para Marx y Engels.

En su respuesta, Marx se preocupa por disipar la idea de que en El Capital se encuentra una teoría lineal y teleológica del proceso histórico. A continuación los pasajes más significativos:

“Analizando la génesis de la producción capitalista digo:

En el fondo del sistema capitalista está, pues, la separación radical entre productor y medios de producción…la base de toda esta evolución es la expropiación de los campesinos. Todavía no se ha realizado de una manera radical más que en Inglaterra…Pero todos los demás países de Europa occidental van por el mismo camino. La «fatalidad histórica» de este movimiento está, pues, expresamente restringida a los países de Europa occidental. 

La propiedad privada, fundada en el trabajo personal… va a ser suplantada por la propiedad privada capitalista, fundada en la explotación del trabajo de otros, en el sistema asalariado. En este movimiento occidental se trata, pues, de la transformación de una forma de propiedad privada en otra forma de propiedad privada. Entre los campesinos rusos, por el contrario, habría que transformar su propiedad común en propiedad privada.

El análisis presentado en El Capital no da, pues, razones, en pro ni en contra de la vitalidad de la comuna rural, pero el estudio especial que de ella he hecho, y cuyos materiales he buscado en las fuentes originales, me ha convencido de que esta comuna es el punto de apoyo de la regeneración social en Rusia, más para funcionar como tal será preciso eliminar primeramente las influencias deletéreas que la acosan por todas partes y a continuación asegurarle las condiciones normales para un desarrollo espontáneo.” 

Marx se preocupa por aclarar que en El Capital se esbozan las líneas generales de una forma específica de transición del feudalismo al capitalismo, es decir, la variante experimentada en Europa occidental. De ningún modo se trata de postular la validez universal de dicha forma de transición. En todo caso, Marx indica que el carácter de la transición depende de las formas sociales preexistentes al capitalismo. En los borradores de la carta a Zasúlich se encuentra un desarrollo más preciso de esta idea: 

“Desde el punto de vista histórico, el único argumento serio aducido en favor de la fatal disolución de la comuna de los campesinos rusos es éste: Remontándonos mucho, por todas partes hallamos en Europa occidental la propiedad común de un tipo más o menos arcaico; de todas partes ha desaparecido con el progreso social. ¿Por qué no habría de ocurrir lo mismo, exclusivamente, en Rusia?

Respondo: porque en Rusia, gracias a una excepcional combinación de circunstancias, la comuna rural, establecida todavía en escala nacional, puede irse desprendiendo de sus caracteres primitivos y desarrollarse directamente como elemento de la producción colectiva en escala nacional. Es precisamente gracias a la contemporaneidad de la producción capitalista como puede apropiarse de todas sus adquisiciones positivas y sin pasar por sus peripecias (terribles) espantosas. Rusia no vive aislada del mundo moderno; y tampoco es presa de un conquistador extranjero como en las Indias orientales.

Si los rusos que gustan del sistema capitalista negaran la posibilidad teórica de semejante evolución, yo les plantearía esta cuestión: Para explotar las máquinas, los navíos de vapor, los ferrocarriles, etc., ¿se vio obligada Rusia a hacer como el Occidente, a pasar por un largo período de incubación de la industria mecánica? Que me expliquen además cómo han hecho para introducir en su país en un abrir y cerrar de ojos todo el mecanismo de los intercambios (bancos, sociedades de crédito, etc.) cuya elaboración costó siglos a Occidente.

Otra circunstancia favorable a la conservación de la comuna rusa (por la vía del desarrollo) es que no sólo es contemporánea de la producción capitalista (en los países occidentales) sin que ha sobrevivido además a la época en que el sistema social se presentaba todavía intacto y que en cambio lo halla, en Europa occidental como en Estados Unidos, en lucha tanto contra la ciencia como contras las masas populares, y con las fuerzas productivas que engendra  Lo halla, en una palabra, en una crisis que sólo terminará con su eliminación, con la vuelta de las sociedades modernas al tipo «arcaico» de la propiedad común…”. 

 Antonio Olivé se interna en el espíritu del intercambio epistolar. “Como puede verse, la concepción marxista del proceso histórico es mucho más compleja que la postulada por sus intérpretes académicos. En la extensa cita que precede a este párrafo pueden destacarse un par de aspectos, los cuales tendrán que ser desarrollados en futuros trabajos. En primer lugar, Marx esboza los lineamientos básicos de una teoría del desarrollo desigual y combinado del capitalismo. (Marx está hablando de la Ley del Desarrollo Desigual y Combinado el camino seguido por Lenín para encontrar el “eslabón más débil de la cadena”). El modo de producción capitalista se caracteriza por la coexistencia de relaciones sociales propias de otros modos de producción y que han sido incorporadas al capitalismo cuando se produjo la expansión de éste. Por lo tanto, el análisis del capitalismo deberá tener en cuenta, de manera obligada, los elementos pertenecientes a otros modos de producción y la forma en que los mismos se reconfiguran al insertarse en las relaciones sociales capitalistas. Pero, además, la persistencia de relaciones sociales propias de otras formas de sociedad acarrea también una reconfiguración del capitalismo, cuyo desarrollo adopta una forma peculiar debido a la combinación de relaciones sociales diversas. Es precisamente por esto que no puede hablarse de un desarrollo lineal ni del capitalismo en particular ni del proceso histórico en general. Sin perder de vista su carácter capitalista genérico, el capitalismo ruso posee una configuración particular, que incluye a la comuna rural y su desarrollo se ve condicionado por la persistencia de ésta.

En segundo lugar, y en estrecha relación con el punto anterior, la posibilidad de que la comunidad rural sea una base para el socialismo en Rusia es una cuestión que no se resuelve en el plano teórico (“la inexorabilidad del triunfo de las relaciones capitalistas”), sino que se dirime en el plano de la lucha de clases, entendiendo, por otra parte, que éstas se dan tanto en el plano nacional (la sociedad rusa) como en el plano internacional (el movimiento obrero en Europa occidental). En este sentido, son significativas las observaciones respecto a la contemporaneidad de la comuna rural y del socialismo occidental”. Según Marx, la existencia de un proyecto socialista en Europa occidental, que supone la propuesta de un programa social alternativo al capitalista, potencia y transforma el significado mismo de la comunidad rural, que deja de ser una supervivencia “arcaica” y pasa a ser vista como una palanca para la instauración de formas socialistas de propiedad en el campo. Dicho en otros términos, Marx adhiere a una concepción dialéctica y no lineal del tiempo histórico, según la cual cada momento del proceso supone la existencia de diversas alternativas de desarrollo, siendo la elección de alguna de ellas una función de la capacidad de las distintas fuerzas sociales en conflicto. El tiempo histórico está, por tanto, pautado por la lucha de clases, asumiendo, claro está, que esa lucha de clases no es pura voluntad sino que se da en un marco en el que las opciones disponible son siempre limitadas y que esa limitación es el resultado del desarrollo de las fuerzas productivas.

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Las comunas en América

En América la comuna aparece como una forma de vida adoptada por los colonizadores ingleses en la América del Norte, es decir, Canadá y Estados Unidos; el propósito fue el de posesionarse de un territorio y consolidar una comunidad que apuntalara una cultura. Debe acotarse que el pensamiento que sustenta las comunas en Estados Unidos y Canadá fue de inclinación liberal, de tal forma que sus principios no fueron la igualdad, la solidaridad y la liberación, sino la convivencia y cooperación mutua, respetando la libertad individual y la propiedad privada. Y la preservación de los valores religiosos de un culto como es el de los mormones y otras sectas cristianas que operan en esas latitudes.

Mientras que en América Latina no se puede hablar de lo mismo, las comunas son una expresión y abrigo del pensamiento socialista, la aparición de las comunas comienza en la primera mitad del siglo XX con los asentamientos campesinos que se dieron al sur de México durante la consolidación de la revolución.

Vestigios de ese tipo de organización comunitaria han vuelto a resurgir con la aparición de la revolución zapatista en Chiapas, el movimiento zapatista ha organizado a los campesinos en comunas populares zapatistas.

Al sur del continente, fue Chile, a partir del triunfo del gobierno de la Unidad Popular que gobernó en Chile hasta 1973, cuando fue derrocado el presidente Salvador Allende por un golpe militar.  Durante el gobierno de Salvador Allende aparecieron las comunas con la orientación del socialismo tradicional, en un intento de darle a la sociedad chilena una nueva forma de organización social aprovechando el fuerte movimiento cooperativista, existente en el país. El descenso de la comuna como modelo de organización comunitaria comienza con la caída de Allende, pues la nueva estructura gubernamental las deja extinguir por inanición, es decir, no les dio el apoyo que necesitaban; la causa aparente fue el énfasis que tuvo la actividad política en las comunas.

En Ecuador la comuna es la forma organizativa histórica principal, legitimada por el Estado, que la ubica en el último nivel de la división político-administrativa, está formada por un grupo social relacionado por lazos familiares y culturales comunes que habitan un espacio físico determinado y tienen una división de trabajo comunitario. De las 1859 comunas registradas con cerca de 700.000 habitantes el 80% se hallan en la Sierra (39), hay Federaciones de pueblos indígenas de la Sierra y de las Nacionalidades Amazónicas. En Chimborazo, por ejemplo, las organizaciones de comunidades de habla quechua se agrupan constituyendo federaciones provinciales de comunidades indígenas; cuentan respectivamente con 29 organizaciones de base nacionales, las cuales iniciaron sus propios programas de investigación y extensión. Como estrategia importante capacitan indígenas para que actúen luego en sus comunidades como agentes de extensión.

Las estructuras de las organizaciones indígenas de Guatemala se basan en general en relaciones interfamiliares de producción, trabajo y distribución integrándose formas de propiedad colectiva e individual.

En Perú la mayor parte del campesinado está organizado en comunidades campesinas, que tienen su origen en las culturas preincaicas, existen aproximadamente 5000 comunas que controlan el 15% del territorio (la mayor parte en la Sierra) y cuentan con el 20% de la población nacional; no obstante fueron las que resultaron menos beneficiadas por el proceso de reforma agraria, son organismos de interés público, con personería jurídica, integradas por familias que habitan y controlan cierto territorio ligadas por vínculos ancestrales, sociales, económicos y culturales que se expresan en la propiedad comunitaria de la tierra, el trabajo comunal, la ayuda mutua, el gobierno democrático y el desarrollo de actividades multisectoriales.

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En la República Dominicana hay asociaciones autónomas y flexibles que nuclean a campesinos sin tierra y pequeños agricultores, se integran en forma horizontal, mediante órganos intercomunales y en forma vertical, mediante federaciones y confederaciones.

No obstante los graves problemas que las aquejan, las comunidades constituyen en la actualidad las organizaciones productivas más importantes en ciertas regiones.

En México, los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas son iniciativas de reagrupamiento territorial en base a la afinidad entre sus pobladores, la pertenencia a una misma etnia, los trabajos en común, la situación geográfica, las relaciones de intercambio. Los caseríos y pueblos constituyen las unidades de base. Tradiciones autogestionarias ancestrales cimentan el autogobierno, asambleas que congregan a todos los habitantes, los consejos de responsables y representantes, las autoridades tradicionales, los consejos de ancianos, son las distintas instancias de discusión y toma de decisiones. No existe una profesionalización del rol de representante, el cargo es rotativo y mientras dura la colectividad colabora en la manutención, ya que está realizando un trabajo en beneficio del colectivo. Es interesante cómo denominan el vínculo que se establece, “encargo” es lo que la colectividad le da al representante, no lo reviste de “autoridad” y debe “mandar obedeciendo” es decir siguiendo las orientaciones que le proporcionara la comunidad. “Pasa la voz” es la expresión indicativa del control que ejerce el colectivo sobre el representante, la corrupción desciende hasta casi la inexistencia y cuando excepcionalmente se produce el culpable debe realizar un trabajo comunitario y reponer lo que ha tomado indebidamente. 

Democracia directa en las asambleas y representación en los Consejos Comunales. Los representantes participan en algunas de las comisiones o comités de tareas específicas: justicia, salud, asuntos agrarios, educación, cultura, etc. Además, el Consejo cuenta con sus propias autoridades: presidente, vicepresidente, secretario, tesorero, esta instancia colegiada dio vida a los Municipios Autónomos. Las “prácticas de buen gobierno” utilizan como metodología preferida para resolver situaciones el “consenso” y de acuerdo con el derecho consuetudinario optan por la reparación del daño antes que la mera sanción. Desde los Municipios Autónomos se ha procurado atraer a pobladores y fuerzas sociales no zapatistas alentando una dinámica de gobierno abierta y participativa a todas las personas que comparten el territorio. Con esta estrategia los Municipios Autónomos se constituyeron en una alternativa a las autoridades oficiales. 

Defraudados por el contenido de la Ley Indígena (soslayó los acuerdos previos entre gobierno y zapatistas), en marzo de 2001 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional rompe toda relación con el gobierno y crea los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno. Los Caracoles son las sedes de las Juntas, que constituyen nuevas instancias de coordinación regional y lugares de encuentro de las comunidades zapatistas y la sociedad civil nacional e internacional. Para preservar la ligazón con las comunidades las Juntas están integradas con delegados de los Consejos Comunales y agrupan a regiones más extensas. Se estableció una tajante separación entre el ejército zapatista y el gobierno comunal, prohibiendo a los mandos militares o miembros del Comité Clandestino Revolucionario ocupar cargos de autoridad en la comunidad, en caso contrario deben renunciar a integrar la estructura organizativa del EZLN . Con la creación de las Juntas se procuró mejorar las relaciones entre las comunidades zapatistas y con la sociedad civil nacional e internacional, la nueva instancia gubernamental no ocasionó una centralización del poder ya que los Municipios Rebeldes siguieron cumpliendo las funciones decisivas para la reproducción de la vida comunitaria. Al igual que los Consejos, las Juntas obedecen los mandatos de las comunidades y están sujetas a los mismos mecanismos de control. 

El estilo de gobierno zapatista ha demostrado que se puede actuar unitariamente sin suprimir las diversidades, que es preciso apostar a la multiplicación de actores en la transformación social, que se requiere ampliar los espacios y las formas de intervención en el proceso emancipador. Se ha afirmado que la propuesta zapatista encierra serios interrogantes sobre su viabilidad en sociedades más complejas, de especialización e individualización.

Las comunidades establecidas en Bolivia preservaron/van una cultura de 500 años: el Buen Vivir o Criando la Vida, ninguna de las dos acepciones es una traducción literal del Suma Kawsay. Es interesante detenerse comentando algunos rasgos de esa cultura. Bien, el mundo andino es un mundo vivo, sensitivo, emotivo, donde se da una delicada crianza de la armonía. Un mundo de simbiosis. Un mundo de amparo alejando la soledad y orfandad. Se resalta la incompletud del ser humano, la necesidad de todos, de armonizarse mediante la conversación. En el Ayllu “nuestro modo de acomodarnos colectivamente” (dicen los andinos) –en occidente diríamos la morada– conviven la comunidad humana, la comunidad natural, la comunidad de los ancestros. Se dialoga, se solicitan consejos a los achachilas -antepasados.

El mundo andino es un mundo inmanente, todo ocurre dentro de él, no existe lo sobrenatural, nada escapa a la emoción y la percepción. La sabiduría es la capacidad de percibir y emocionarse. Capacidad de comunicarse, de sintonizarse. La conversación no se limita al diálogo, se deben escuchar las señales en todo momento, la piel del sapo, por ejemplo, da señales sobre el tiempo. El mundo andino es como un animal, debe alimentarse, descansar, es sensitivo, misterioso, impredecible, caprichoso, un mundo dándose. Cuando el campo y la cosecha se hielan es un indicador de que la armonía ha sido quebrada, y como nada es estático se produce un continuo cambio regenerativo. El trabajo para los andinos es una celebración, están criando la vida, en la chacra todas las formas de vida conversan y recrean el paisaje chacarero. Se persigue crear una sociedad sostenible capaz de satisfacer sus propias necesidades sin disminuir las oportunidades de generaciones futuras. Por el trabajo las chacras florecen, es tiempo de compartir festivamente todo: aguas, montes, praderas. La chacra enseña a querer. Un modo de vida austero, lubricado por el cariño y teniendo a mano lo necesario y suficiente.

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Comunas Venezolanas

“Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva socialidad desde la vida cotidiana donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Esto pasa por pulverizar completamente la forma Estado burguesa que heredamos, la que aún se reproduce a través de sus viejas y nefastas prácticas, y darle continuidad a la invención de nuevas formas de gestión política”, escribió Hugo Chávez. Bajo la égida teórica de István Meszáros, el Comandante Eterno dirigió sus pasos al rescate de la tradición comunera.

Con la sanción de la Ley de Tierras impulsada por la Revolución Bolivariana, desde 2007 miles de hectáreas pasaron a manos de familias que querían un pedazo de terreno para trabajar. Hasta entonces estaban en poder de un puñado de terratenientes, asentados en la cúspide de un régimen económico de características semifeudales. Con este sistema –iniciado trescientos años atrás con base en la explotación de los pueblos kariña y warao, originarios de la región–, las tierras se encontraban en su mayor parte ociosas y quienes trabajaban lo hacían en pésimas condiciones. Mientras tanto, los pescadores se las arreglaban para subsistir en la orilla del río. Pero bastó el impulso a la democracia participativa y protagónica para que las cosas empezaran a cambiar.

La riqueza minera de Venezuela consiste en petróleo, gas, coltán, oro; la riqueza política estriba en Las Comunas, el proyecto más avanzado en la historia institucional de América. Entre los varios deseos inconfesados de Washington está la destrucción de las comunas, terminar con la alternativa de mayor nivel ante el decadente capital. 

En la última reunión de ministros presidida por el Comandante Hugo Chávez, la denominada Golpe de Timón, el mandatario puso énfasis en la creación de Comunas. En un momento del encuentro dijo: “Nicolás (Maduro) te encomiendo esto como te encomendaría mi vida: Las Comunas, el estado social de derecho y justicia”. En el Altiplano se escucharon voces similares. Ante el Parlamento de su país, en una sesión trasmitida por televisión a un auditorio de 200.000 personas, el presidente Evo Morales, levantando un ejemplar de la nueva constitución, sostuvo: “Proclamo el Socialismo Comunitario, y ahora pueden matarme”. 

“Hay que tener en mente las características definitorias del sistema comunal que Marx puso en relieve si se quiere tomar en serio la idea de que el proyecto socialista puede ofrecer una solución para las contradicciones de nuestros sistemas reproductivos contemporáneos”, afirma Mészáros. Los principios orientadores cuando se aspira a una vida digna, equitativa, justa, honesta, inducen hacia el Sistema Comunal como una forma idónea de organizar la reproducción socioeconómica. El producto es general desde el momento mismo de la elaboración, no requiere del dinero como mediación para adquirir cierta generalidad; cada uno/a de los miembros de la comunidad adquiere con su trabajo una cuota del producto social; la sociedad se torna absolutamente democrática, ya que colectivamente se organiza el uso del tiempo y se planifica lo que se va a producir teniendo como guía las necesidades humanas crecientes a satisfacer; es condición imperativa el eliminar la división jerárquica social del trabajo.

Los principios orientadores señalados por Marx-Mészáros requieren de una “traducción” a la situación concreta, coyuntural, a estrategias mediadoras, históricamente específicas y por ende cambiantes. El camino hacia la sociedad propuesta puede requerir en su andadura un tiempo muy largo o unas pocas décadas. Se trata de una tarea ciclópea que se debe llevar a cabo en un período de transición bajo la hegemonía de la producción capitalista, y en la cual el Estado va cediendo facultades, pero a la vez la comuna debe lidiar con las resistencias que alza el sistema. El Estado dirigido adecuadamente cumple su función “positiva” (desplazar los residuales del antiguo régimen). 

Los principios orientadores no solo se deben proclamar, no solo deben enumerar las condiciones futuras de la producción y el consumo comunal, deben demostrar la esencia positiva de la propuesta mediante la puesta en práctica de mediaciones materiales concretas y adaptables para ser utilizadas por las agencias emancipatorias para la elaboración de sus programas de acción, en la práctica demostrar la superioridad de la nueva forma de organización social. 

Las características del Sistema Comunal, citadas por Mészáros en su obra, son: 

* La determinación de la actividad de vida de los sujetos que trabajan como un vínculo necesario e individualistamente significativo con la producción directamente general, y de la correspondiente participación directa de ellos en el mundo de los productos asequibles. 

* La determinación del producto social mismo como un producto general, de partida inherentemente comunal, en relación con las necesidades y propósitos comunales. No se requiere del dinero para darle cierta generalidad al producto. 

* La plena participación de los miembros de la sociedad en el consumo comunal propiamente dicho: una circunstancia que resulta tener extrema importancia en vista de la interrelación dialéctica entre la producción y el consumo, sobre cuya base este último es caracterizado legítimamente bajo el sistema comunal como positivamente `consumo productivo´. 

* La organización planificada del trabajo (en lugar de su alienante división, determinada por los imperativos autoafirmadores del valor de cambio en la sociedad mercantil), de manera tal que la actividad productiva de los sujetos particulares que trabajan es mediada no en una forma cosificada/objetivada, a través del intercambio de mercancías, sino a través de las condiciones intrínsecamente sociales del propio modo de producción establecido dentro del cual los individuos están en actividad. 

Un punto de suma importancia es el establecimiento de un modo históricamente nuevo de mediar el intercambio metabólico de la humanidad con la naturaleza y las actividades productivas; no se trata de proyectar sobre la sociedad un conjunto de imperativos morales, lo que se requiere es la articulación de prácticas materiales y formas institucionales bien tangibles, la viabilidad de la propuesta urge ser expresada en tareas concretas e instrumentos que le puedan servir. 

El aspecto más importante concierne a la naturaleza del intercambio en el sistema comunal de producción y consumo. La relación de intercambio comunal implica intercambio de actividades determinadas por las necesidades comunales y los propósitos comunales, lo cual requiere de una democratización radical de la sociedad en todos los aspectos. Las actividades genuinamente planificadas desde abajo no son factibles sin una democratización profunda del modo de tomar decisiones. 

Sostiene Mészáros: “ninguna sociedad puede funcionar sin concederle la debida atención a la “economía del tiempo”, sin embargo se debe hacer una distinción: a) puede ser impuesta a la sociedad y a espaldas de los trabajadores, estableciéndola de acuerdo a los imperativos objetivos de la relación de intercambio capitalista o pos capitalista. b) puede ser determinada por los individuos sociales distribuyendo el tiempo disponible total de su sociedad en cumplimiento de sus propias necesidades y aspiraciones, tal lo que ocurre en el sistema comunal. “En las que el principio operativo es una “organización del trabajo planificada” (planificada según las necesidades y aspiraciones de los sujetos que trabajan), “en lugar de una división del trabajo” (que debe ser determinada tiránicamente por las metas materiales proyectadas) y sólo puede provenir de los individuos implicados. Porque les corresponde a ellos producir y ejercitar sus propias destrezas para el trabajo, a la plenitud de sus habilidades, dentro del escenario de una autogestión societaria apropiadamente medida y coordinada. 

Marta Harnecker da su concepto de lo que ella entiende por comuna: “La comuna es un territorio poblado en el que coexisten varias comunidades que comparten tradiciones histórico-culturales, problemas, aspiraciones y vocación económica comunes, que usan los mismos servicios, que tiene condiciones de auto sustentabilidad y auto gobernabilidad y cuyas comunidades están dispuestas a articularse en un proyecto común construido en forma participativa y constantemente evaluado y readecuado a las nuevas circunstancias que se van creando.” 

No se debe cometer el error de fijar los límites del territorio comunal en base al número de habitantes, o tomando en consideración la afinidad entre dirigentes, o las meras buenas relaciones, y mucho menos aún establecerlos de forma arbitraria. Los límites se deben fijar en base a criterios objetivos: 

a) Tradiciones histórico-culturales comunes 

b) Problemas y aspiraciones compartidas. 

c) Uso de los mismos servicios (escuelas, universidades, centro de atención médica, instalaciones deportivas, centros culturales, mercados, cines, etc.) 

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d) Condiciones de auto sustentabilidad. 

e) Condiciones para avanzar hacia el autogobierno. 

f) Disposición de las comunidades a articularse en un proyecto común. 

Preocupación central de los integrantes de la comuna debe ser la auto sustentabilidad, lograr disponer de fondos propios para ir prescindiendo cada vez más de las ayudas externas, satisfacer sus propias necesidades y sufragar sus gastos. 

Es imperioso elaborar un plan de desarrollo comunal mediante un proceso de planificación participativa. Para el trazado del plan se debe tener en consideración las características, necesidades e intereses de la comunidad; además, se debe contemplar la articulación entre actividades del sector primario.  

“En cada comuna debería constituirse un parlamento comunal o poder legislativo comunal, que sería la instancia de toma de decisiones de los habitantes de la comuna, quienes podrían llamarse comuneras y comuneros. Este parlamento estaría compuesto por las voceras y voceros de los diferentes consejos comunales, de los consejos de los trabajadores y de los consejos temáticos situados en su territorio y dispuestos a participar en la construcción de la comuna y no sería otra cosa que la asamblea del poder popular de la comuna,” afirma Harnecker. 

Por su parte el municipio va transfiriendo a las comunas una parte importante de sus funciones: cobro de impuestos, aseo comunal, mantenimiento del servicio eléctrico, mantenimiento de los locales públicos comunales. Progresivamente la asamblea del poder popular de la comuna deberá ir ejerciendo el gobierno comunal, los servidores públicos que integran el gobierno podrán ser revocados. 

Es importante la tarea de apoyo que puede y debe realizar una entidad financiera de la comuna; desde el Estado Nacional se establece un fondo de sostenimiento de la comuna hasta que esta concrete su despegue. 

Institucionalizar los órganos y prácticas del poder popular conlleva una prédica y acción constante. En la elaboración de la ley de los Consejos Locales de Planificación Pública, se requiere que el sector comunitario sea un actor excluyente, aquí no debe participar ninguna organización civil de fines capitalistas. La participación debe ser por las áreas de trabajo social comunitarios. Ejemplo: Comité de Educación, Salud, Ambiente, Deporte, Tierra, Cultura, Transporte, Infraestructura, Agua potable, Energía, Seguridad Integral, Alimentación, Economía social, Comunicación y todos los que trabajen en un área Social, que a nivel nacional tenga un Ministerio, por ejemplo, el Ministerio del poder popular de Educación. Igualmente se debe trabajar en la elaboración de la ley de Participación Ciudadana y la ley de Contraloría Social. 

Es constante el llamado a enriquecer el proceso democrático con el involucramiento popular en la toma de decisiones. “Debemos incrementar nuestra participación democrática, pero con sentido revolucionario, donde los encuentros de Consejos Comunales se conviertan en el pan de cada día, encuentros para revolucionar ideas y propuestas, que nos conduzcan a la creación de proyectos productivos, sociales y políticos”, afirman voceros comunitarios. 

Otras definiciones: 

Consejos Comunales: conjunto de familias que viven en un espacio geográfico específico, que se conocen entre sí y pueden relacionarse fácilmente, que pueden reunirse sin depender del transporte y que, por supuesto, comparten una historia común, usan los mismos servicios públicos y comparten problemas similares tanto económicos como sociales y urbanísticos. 

Consejo de Trabajadores: para hacer oír su voz y participar en la toma de decisiones en sus centros de trabajo, los trabajadores deben organizarse no sólo para defender sus intereses más inmediatos en sus respectivas empresas, función fundamental de los sindicatos, sino para elevar su condición de simple asalariado a la condición de “productor”. Como asalariados su objetivo es negociar mejores precios para la mercancía que ellos pueden vender que es su fuerza de trabajo. Como “productores” los trabajadores deben poder opinar y sugerir ideas acerca de la forma en que debe llevarse adelante, de una manera más eficiente y útil a la sociedad, la marcha de la fábrica o del servicio donde trabajan; pero no sólo eso, deben interesarse también en discutir y tener iniciativas para que los productos o servicios que ellos generen respondan a las necesidades de las personas a los que están destinados y, por lo tanto, será muy importante que su voz esté presente en las discusiones acerca de los planes locales o nacionales más generales en relación con su área de trabajo. 

Consejos Temáticos: llamamos Consejos Temáticos a las voceras y voceros de las organizaciones que se agrupan en torno a una línea de interés o temática. Por ejemplo, organizaciones de mujeres, de estudiantes, de la juventud, de la tercera edad, de las personas con discapacidad, grupos en defensa del medio ambiente, contra la discriminación racial; organizaciones que agrupan a personas en torno a temas como: salud, educación, deportes, cultura. 

Voceras, voceros: se diferencian de los clásicos representantes en el sistema representativo. Se diferencian en que son representaciones generalmente no rentadas, por lo que continúan ejerciendo sus tareas habituales. 

En estos días de amenaza imperial de invadir la tierra de Bolívar y Chávez, el proceso bolivariano encuentra sus raíces más sólidas en las comunas y el poder popular que de ellas emanan.

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El proceso comunal en la actualidad

Marco Teruggi relata que a mediados de marzo del 2020 nació la Unión Comunera, un espacio de reunión de comunas de áreas rurales y urbanas. Buscan mantener en alto lo que consideran el legado estratégico central dejado por Hugo Chávez: la construcción de comunas. “Creemos que la Unión Comunera es un paso hacia lo estratégico, para no aislarnos, no estar solos, creemos en la necesidad histórica de unirnos y este es el horizonte más cercano que tenemos”, dice Ana Marín, integrante de la Comuna Panal 2021 y de las Fuerzas Patrióticas Alexis Vive.

 Al encuentro en Caracas concurrieron dieciocho comunas, la mayoría ubicadas en las zonas cercanas a la capital. Es parte de un trabajo de organización entre las comunas que comenzó hace varios meses y se encuentra en proceso de consolidación. Una de sus reivindicaciones principales es sostener la consigna estratégica que dejó Chávez antes de morir: comuna o nada.

“El proceso de construcción comunal tuvo un avance notable durante mucho tiempo, hablamos de un período de más de diez años”, dice Reinaldo Iturriza, sociólogo, quien estuvo a la cabeza del Ministerio del Poder Popular para las Comunas entre el 2013 y 2014. Iturriza participa del encuentro de la Unión Comunera que se realiza en el Panal 2021. El avance comunal comenzó a experimentar, a partir del año 2015, el inicio de una pérdida de fuerza.

“A partir de algún momento, creo que coincide con la crisis económica de 2015 en adelante, hay una suerte de fenómeno de repliegue popular muy importante y, de manera esquemática, se puede resumir explicándolo por la necesidad de resolver la cotidianeidad, lo económico doméstico”, analiza Iturriza. La situación económica en esos años estuvo marcada por el desabastecimiento de productos esenciales, una inflación que mutó en hiperinflación —ahora nuevamente en niveles de inflación— entre otros fenómenos desatados por ataques económicos internos y externos, dificultad para contenerlos y errores.

Esa situación hizo que “muchísima gente que estaba protagonizando los procesos de organización popular en los territorios tuvo que ocuparse de cosas urgentes”. El Gobierno, en ese contexto, volcó sus esfuerzos en impulsar los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), nacidos en el 2016, para garantizar la distribución de alimentos subsidiados. Los mayores impactos de la crisis económica recayeron sobre los sectores populares, es decir sobre la base social del chavismo, protagonista de la organización en sus territorios, como las comunas.

Así, el proceso sostenido de avance —con sus dificultades y tropiezos— fue deteniéndose y, en muchos casos, las comunas perdieron fuerza. Eso no solamente sucedió por las dificultades para enfrentar el día a día, sino porque existió, explica Iturriza, “una suerte de retirada estatal de los territorios comunales”.

“Sigue habiendo experimentos muy cualificados políticamente, y en algunos casos redoblando la apuesta, este esfuerzo por crear este espacio de articulación que es la Unión Comunera habla sobre la conciencia de articular experiencias para revertir ese proceso de repliegue y debilitamiento general de la experiencia comunal”, analiza el sociólogo, autor del libro El chavismo salvaje.

Al referirse a “cualificados políticamente”, Iturriza se refiere a dos elementos centrales. En primer lugar, la existencia real de la comuna como ensayo de autogobierno en su territorio, es decir, con órganos de gobierno, como un parlamento comunal, y el desarrollo de una economía comunal.

En segundo lugar, “la importancia de no quedarse en el territorio sino salir y establecer alianzas políticas; una comuna o un grupo pequeño de comunas peleando solo, aislado, las posibilidades que tiene de avanzar políticamente son prácticamente nulas”.

Esas experiencias con fortalezas son quienes protagonizan lo que denomina “una recomposición de una parte del movimiento comunero”. Se trata de un proceso conducido por comunas tanto de áreas rurales como urbanas, como en el caso de la Comuna Panal 2021, o la Comuna Socialista Altos de Lídice, que asiste al encuentro regional de la Unión Comunera.

La Unión Comunera surge entonces de la necesidad de organizarse, recorrer el territorio para agruparse, ver cómo resolver los problemas y poner en pie una unidad comunera. “Al momento de relacionarte con las instituciones del Estado los problemas son siempre los mismos”, afirma Iturriza.

Las comunas ocuparon progresivamente un lugar central en la estrategia diseñada por Chávez. Se trataba, a través del desarrollo de esas formas de organización, de impulsar un proceso ascendente de empoderamiento de las comunidades, que comenzaba con solucionar problemas inmediatos, e iba hasta aprender a construir un gobierno local y una nueva institucionalidad. “Estamos haciendo este esfuerzo en la necesidad de interrelacionarnos, intercambiar, crear metodología de trabajo, una nueva forma para decir que Chávez no aró en el mar y que el ‘comuna o nada’ de Chávez fue su testamento, su último aliento”, afirma Ana Marín.

Entre esos esfuerzos mencionados por Ana Marín se inscriben los Corredores Territoriales Comunales. Transcribimos el texto elaborado desde las comunas al respecto.

“En el contexto continental, Venezuela parece ser epicentro de grandes batallas entre poderes fácticos que disputan territorios, recursos y sentidos de vida. Por ello consideramos pertinente construir otras narrativas que hablen del país profundo, del tejido (in)visible y enraizado, de vivencias colectivas situadas que encarnan cotidianamente el horizonte del proyecto del socialismo comunal. Estas narrativas hablan -también- de tensiones y desafíos, así como de las relaciones, alianzas y disputas que se dan con el Estado burocrático y el mercado para el despliegue de la potencia contenida en la articulación organizada de estos territorios.

El proceso de investigación y documentación participativa se ha centrado en dos Corredores Territoriales Comunales del estado Lara y parte del estado Portuguesa1, el “Argimiro Gabaldón” y el “Fabricio Ojeda”, quienes sostienen un esfuerzo de construcción de lógicas y estrategias de articulación para avanzar en sistemas de agregación más amplios que aporten mayor densidad al poder comunal.

Los Corredores Territoriales Comunales son un tejido de articulación territorial, política, cultural y productiva entre comunas, movimientos sociales y organizaciones populares basado en el reconocimiento de trayectorias identitarias e históricas compartidas, en condiciones geográficas y ambientales complementarias, en procesos de lucha y en prácticas de autogobierno para el ejercicio de un poder colectivo en la administración de lo común en los territorios, que replantea las divisiones político territoriales del Estado Nación al mismo tiempo que trazan una nueva geometría del poder que aspira avanzar hacia el Estado Comunal.

El trabajo articulado entre las comunas que hacen parte de los Corredores Territoriales Comunales da cuenta de las diversas escalas de la construcción política comunal. La agregación comienza por los Consejos Comunales como células constitutivas que, agrupadas, conforman Comunas y éstas, a su vez, constituyen escalas más amplias de agregación como Corredores, hasta llegar a las Ciudades Comunales. Estas redes de articulación estratégica están en una permanente revisión y creación de estrategias para disputar no solo territorios sino poder comunal real en ellos, sin embargo, los poderes fácticos, las mafias de contrabando y extorsión, las amenazas y el socavamiento de los proyectos y planes productivos configuran un escenario adverso para la emergencia y despliegue de experiencias comunales sustentables en términos políticos, económicos y ecológicos.

Aunque las figuras organizativas de los Corredores Territoriales Comunales no están presentes en la Ley Orgánica de Comunas, éstos representan, ahora y en proyección, mayor capacidad política de autogobierno con expansión territorial. Voceros de experiencias comunales plantean que estas instancias de trabajo en red son un “proceso de vinculación, de cuidado, de querencia como hermanos comuneros, donde imperan principios como la solidaridad y la hermandad”. Los estados Lara y Portuguesa están ubicados en la zona centroccidental del país.

Según la Ley Orgánica de Comunas, en su artículo 5, son: “Un espacio socialista que, como entidad local, es definida por la integración de comunidades vecinas con una memoria histórica compartida, rasgos culturales, usos y costumbres, que se reconocen en el territorio que ocupan y en las actividades productivas que le sirven de sustento, y sobre el cual ejercen los principios de soberanía y participación protagónica como expresión del Poder Popular, en concordancia con un régimen de producción social y el modelo de desarrollo endógeno y sustentable, contemplado en el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación.”

Según la Ley Orgánica de Consejos Comunales, en su artículo 2, plantea que éstos son “instancias de participación, articulación e integración entre los ciudadanos, ciudadanas y las diversas organizaciones comunitarias, movimientos sociales y populares, que permiten al pueblo organizado ejercer el gobierno comunitario y la gestión directa de las políticas públicas y proyectos orientados a responder a las necesidades, potencialidades y aspiraciones de las comunidades, en la construcción del nuevo modelo de sociedad socialista de igualdad, equidad y justicia social.” Significa “romper con la concepción del municipio y conectarse en un solo territorio, sobre un punto y círculo, donde exista un gobierno popular que no sea limitado por ninguna forma preexistente”.

A través de las resistencias y luchas colectivas se habilita y sostiene la articulación entre organizaciones comunales que buscan concebir un sistema económico comunal, autónomo y sustentable, donde cobran gran relevancia los flujos de relación e intercambio entre autogobiernos.

Desde este amplio contexto, conviene indicar que la investigación y documentación participativa realizada con los Corredores, solo da cuenta con especificidad de algunas de las comunas que los constituyen, buscando reconstruir una caracterización que visibilice las singularidades de estas experiencias de agregación toda vez que también favorezca la comprensión de sus lógicas de reproducción en un contexto más amplio que el ofrecido en esta cartografía”. 

Hugo Chávez, con satisfacción les diría: Comuna o Nada.

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(*) Andrés Cañas es sociólogo y magíster en Ciencias Sociales. Universidad de Villa María, Córdoba (Argentina). Email: canemo13@hotmail.com

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