Los servicios de inteligencia durante el gobierno de Macri (1 de 2)

Especial para Contrahegemonía

Cada cierto tiempo, al descubrirse algún nuevo caso de espionaje político, se activan todas las curiosidades propias de un submundo tan desconocido como relevante para las estructuras institucionales del Estado argentino. Al aparecer por ejemplo una “escucha” telefónica o una cámara oculta, las noticias tienden a tocarnos el costado más morboso. Más aún si esos materiales desnudan aspectos del restringido mundillo de las élites y los pasillos palaciegos.

Cuando ocurren este tipo de filtraciones las noticias toman un cariz de dramaturgia, el tema de “los servicios” se pone en el tapete y se iluminan vínculos entre jueces, policías, políticos, periodistas, algún obispo cada tanto, y las redes de inteligencia más gravitantes de otros países, como la CIA y el Mossad israelí. Es allí cuando en los titulares de la prensa aparecen las metáforas entorno a “los sótanos de la democracia”, tal como lo mencionó el presidente Fernández en su discurso de asunción a fines de 2019. Un periodista que ha olfateado bastante ese mundillo juega con la metáfora, precisando: “más que sótanos, son las cloacas de la democracia” (R. Ragendorfer). Y Miriam Bregman complementa: “más que sótanos, son los cimientos”.

Vamos a tomar como puerta de entrada al tema una pieza de lujo en el espionaje político reciente: las conversaciones telefónicas entre Cristina Fernández de Kirchner y Oscar Parrilli, difundidas durante los años 2017 y 2018, que fueron conformando toda una saga de canalladas con fines extorsivos y de hostigamiento político.

No cualquiera puede intervenir una comunicación importante entre una ex presidenta y alguien de su mayor confianza; el mérito se incrementa si además esa otra persona había estado a cargo de la secretaria de inteligencia hasta poco antes.

La primera “escucha” fue puesta en circulación en enero de 2017, y es recordada como el audio del “Soy yo, Cristina, Pelotudo”. Es interesante reconstruir el contexto de aquella conversación. Había sido registrada seis meses antes, el domingo 11 de julio de 2016, en un momento particular: esa misma mañana el diario La Nación había publicado la primera entrevista a Stiuso luego de su conflictivo desplazamiento al mando de la SIDE, un año y medio antes. En esa aparición pública, disfrazada de encuentro casual en un restaurante, el agente disparó algunos dardos envenenados contra CFK, quien se encontraba por entonces en una situación política bastante crítica, ya que hacía menos de un mes había sucedido el insólito episodio de José López escondiendo los bolsos llenos de dólares malhabidos por encima del muro de un convento, tras una intempestiva y misteriosa huida desde su casa en plena madrugada con el material delicado, que incluía además un arma de guerra de grueso calibre. Se trataba de un alto funcionario del gobierno saliente vinculado al tema de la obra pública, que al caer en desgracia salpicaba fuerte en la estampida. Las causas en torno a la “corrupción” se consolidaban así durante el primer año de gobierno de la alianza Cambiemos como un eje de intervención sistemática por parte del establishment para perseguir a la oposición política, utilizando las operaciones de inteligencia como uno de sus resortes preferidos.

En cuanto a las detenciones por razones políticas, la seguidilla de encarcelamientos realizados por el gobierno de cambiemos comenzó tempranamente con el encierro de Milagro Sala en Jujuy, ya en enero de 2016, injusticia que sigue vigente en la actualidad, luego de un mandato completo de Gerardo Morales en la gobernación, y transcurrido el primer año de Alberto Fernández en el gobierno nacional. A partir de allí seguirían otros casos, apuntando generalmente a funcionarios involucrados en casos de corrupción reales, y que por lo tanto deben ser juzgados y condenados; sobre estos “carpetazos” se buscó montar una serie de operaciones políticas para otros fines.

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Mientras los servicios de inteligencia brasileños escuchaban las conversaciones de Lula con sus abogados para adelantarse a la estrategia de defensa, la dupla Bonadío-Stornelli amenazaba acá con lo que el juez Moro estaba haciendo allá. El tridente compuesto por servicios, periodistas y jueces empezaba a apretar las tuercas con la amenaza carcelaria. Los Majul y los Lanata se constituyen luego en “perejiles funcionales”, mientras otrxs simulan ecuanimidad y se ubican en una imaginaria “Corea del Centro” como forma de llegar así a una franja del público a la que los Majul no pueden.

¿Cómo acceder al conocimiento sobre el conjunto de estas tramas clandestinas, más allá de sus “eslabones de superficie”? ¿Cómo saber cuál es el brazo y cuál la cabeza del pulpo difuso y amorfo de “los servicios”? ¿Cuántas cabezas diferentes hay, cuáles son las principales, y cómo se relacionan entre sí? ¿Cómo operan, qué efectos políticos producen, para qué intereses? Preguntas difíciles de responder.

Para abordar en pinceladas gruesas al enigmático sujeto llamado “servicios de inteligencia” partimos de conceptualizarlo como un eslabón (orgánico o inorgánico) del aparato represivo del Estado argentino, y entendiéndolo a su vez como un componente dentro de la constelación más amplia del Sistema Político del país en su doble escala local-global.

En términos de la institucionalidad formal, es decir, en el país legal, la actividad de inteligencia y contrainteligencia del Estado argentino está concebida como un único Sistema Nacional en el que cada parte se integra a un mismo vértice orgánico. Por un lado, están las Inteligencias militares (del Ejército, de la Marina y de la Fuerza Aérea), que dependen de la Dirección Nacional de Inteligencia Estratégica Militar (DINIEM), cuyo vínculo institucional con el Poder Ejecutivo Nacional se da a través del Ministerio de Defensa. Por otro lado, las Inteligencias de las fuerzas dependientes del Ministerio de Seguridad, pertenecientes a la Dirección Nacional de Inteligencia Criminal (DNIC). Bajo esta órbita se encuadran la Gendarmería, la Prefectura naval, la Policía de Seguridad Aeroportuaria, la Policía Federal y las policías provinciales.

En teoría, por encima de estas estructuras se encontraría la AFI (ex SIDE), concebida como vértice orgánico del Sistema Nacional de Inteligencia, representado en el siguiente esquema de origen anglosajón:

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/en/0/07/Argentine_Intelligence_Structure.png

Ahora bien. Lo primero a señalar en este tema es el carácter vidrioso de la información, que obliga a una precaución extrema a la hora de distinguir entre una certeza y una hipótesis. En ese sentido, no sería apropiado cartografiar el mapa de “los servicios” sólo desde lo que dice el papel legal, esto es, como una única estructura piramidal en donde se respetan las cadenas de mando correspondientes. Por el contrario, habría que pensar más bien en una multiplicidad de organismos diferentes, coexistentes y mutuamente recelosos, quienes no necesariamente se transmiten entre sí toda la información disponible por los canales formalmente estipulados.

A modo de ejemplo, si se piensa en la relevancia política que tuvo Patria Bullrich durante el gobierno de Macri, mirando el organigrama institucional podría suponerse que la DNIC (dependiente del Ministerio de Seguridad) habría visto incrementar su poder interno. Sin embargo, al parecer ocurrió lo contrario, siendo esa instancia en realidad disminuida en sus atribuciones y vaciada contenido político, al mismo tiempo que se consolidaban otros ámbitos, como la Dirección Administrativa de Asuntos Jurídicos (DAAJ) en el marco de la AFI, de la que hablaremos más adelante.

La limitación que implicaría cartografiar las estructuras de inteligencia sólo desde los casilleros de los organigramas formales puede ilustrarse también con el siguiente ejemplo que da cuenta de dicha complejidad.[1] Se trata de un diálogo en el marco de una indagatoria de principios de julio de 2020 en el juzgado de Lomas de Zamora. El interrogado es Facundo Melo, un abogado de la AFI que tuvo roles importantes integrando el “Proyecto AMBA” y el “grupo Súper Mario Bross”. Su abogado defensor[2] le preguntó si había ido a la Escuela Nacional de Inteligencia, Melo respondió lo siguiente:

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—Me mandaron a hacer un curso sobre Recursos Humanos, para ver cómo cobrar y tramitar las vacaciones –ilustró el agente.

Algunos peldaños más abajo en el escalafón, uno de los muchachos destinados a espiar al Instituto Patria ante la misma pregunta respondió que había hecho “un curso de cuatro horas”.

Entonces, si lo que hay en realidad son varios aparatos clandestinos de inteligencia orgánicos e inorgánicos superpuestos operando sobre un mismo territorio, cada uno con sus propios reclutamientos, muchos de los cuales juegan a varias bandas y sirven simultáneamente a distintas terminales informativas, y todos ellos reacios a brindar información fidedigna, ¿cómo saber cuántos son, qué características tienen y cuáles son sus dimensiones aproximadas? Difícil. Una pregunta derivada, ¿cuáles son los sujetos que tienen más recursos y un mejor mapa global del huidizo submundo de los servicios? ¿Quiénes son los que disponen de una lectura más cercana a la realidad respecto de los jugadores reales, sus instrumentos y las estrategias en danza? La complejidad de aproximarse a la respuesta se debe a que los “jugadores” más inteligentes y aventajados en el arte de la contrainteligencia y la manipulación de la información buscarán mantener en secreto buena parte de sus tentáculos, porque allí radicará justamente su mayor efectividad. El secreto es la religión en esta iglesia. No siempre se logra.

La oficina de escuchas de la AFI: de la “Ojota” a la DaJuDeco

Tomando como punta del ovillo a las escuchas difundidas por los peones mediáticos, buscaremos sintetizar a continuación una genealogía referida a ese rubro técnico, consistente en el arte de interceptar y grabar comunicaciones privadas con valor político, para luego filtrar una parte y negociar con el resto.

Hasta principios de los ´90 la oficina encargada de la intercepción de comunicaciones telefónicas había estado camuflada dentro de una dirección de ENTEL. Tras su privatización en 1992, el gobierno de Menem blanqueó el lugar de la SIDE en ese rol poniendo la dependencia directamente bajo su organigrama, y gestionando desde allí la transferencia de datos con las empresas transnacionales de telecomunicaciones. Durante el período de Hugo Anzorreguy (1990-1999) al frente de la Secretaría se decidió la mudanza de la “Ojota” (Dirección de Observaciones Judiciales, encargada de las escuchas), a cargo de Carlos Lavié, a un edificio de 7 pisos en la Avenida Los Incas al 3834 en el barrio de Belgrano, donde funciona actualmente (ahora con el nombre de DaJuDeCo).

Edificio de Av. Los Incas al 3834 (Belgrano), sede de la oficina de escuchas de la AFI.

Luego de la caída del gobierno de Fernando De la Rúa en el 2001, y declinado el predominio al interior de la SIDE del grupo de agentes conocido como “Sala Patria”, el clan Stiuso (con base en la Dirección Operacional de Contrainteligencia) habría ido ganando hegemonía en el control de la estructura orgánica de la inteligencia estatal, siendo el manejo de las escuchas uno de los instrumentos importantes para el armado de las carpetas utilizadas para asesoramientos, negocios y extorsiones de diverso tipo.

Por su parte, desde el año 2003 Héctor Icazuriaga y Franciso “Paco” Larcher fueron los hombres del kirchnerismo puestos al frente del organismo a lo largo de los tres periodos presidenciales. No es tema de este trabajo analizar la relación entre los servicios de inteligencia y el gobierno durante ese período. Cabe mencionar no obstante el caso del llamado “Proyecto X” y las bases de datos en el ámbito de la Gendarmería, que tomó estado público hacia fines del 2011 y principios del 2012.[3]

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Hacia el final del último mandato de Cristina Fernández se detona el conflicto tras la firma del “memorandum con Irán”, que agitó el avispero en torno a los intereses del Mossad y desembocó en el desplazamiento de Stiuso a fines del 2014. En enero se suicida Nisman, un día antes de tener que ir al congreso a mostrar las escuchas que había prometido y no tenía. Todo el arco político de centro-derecha tomó el caso para golpear al gobierno instalando la versión del asesinato, dándole de ese modo mayor entidad a una denuncia que de otro modo se hubiera desgranado más rápidamente.

En ese marco asume Parrilli al frente de la Secretaría de Inteligencia (SI, nombre que reemplazó al de SIDE desde el año 2005) en relevo de Icazuriaga, y se impulsó una reforma orgánica de la cual deriva el nuevo nombre de AFI (Agencia Federal de Inteligencia), durante los primeros meses del 2015. Al frente de la Escuela Nacional de Inteligencia quedó Marcelo Sain, uno de los redactores de la reforma[4]. Con respecto a la oficina de escuchas, ésta fue rebautizada como Dirección de Intercepción y Captación de Comunicaciones (DICOM) y transferida al Ministerio Público Fiscal, cuya procuradora general era en ese momento Alejandra Gils Carbó (2012-2017). La persona a cargo de la nueva DICOM fue Cristina Caamaño, quien al llegar al organismo colgó tres fotos en su despacho: una de Raúl Zafaroni, otra de Salvador Allende y otra de Fidel Castro.[5]

Según el informe de la funcionaria, al momento de asumir su gestión al frente de la oficina existían un total de 3621 línea telefónicas intervenidas en ese mes, la mayoría de las cuales responderían supuestamente a causas por narcotráfico. El plantel de trabajadores ascendía a unos 200, siendo lxs “escuchadores” en su mayoría personal de la Policía Federal, Gendarmería y Prefectura.

La existencia de la DICOM fue sin embargo efímera, ya que ese mismo año 2015 ganaba Macri las elecciones presidenciales, quien a través de un acuerdo con Ricardo Lorenzetti decide en su primer decreto (DNU 256/2015) traspasar la oficina al ámbito de la Corte Suprema para sacársela al Ministerio Público Fiscal. El directorio quedaría conformado ahora por Martín Irurzun y Javier Leal de Ibarra, con Juan Rodríguez Ponte (cercano a Ariel Lijo) como director Ejecutivo. Su nuevo nombre: la DaJuDeCo (Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos y Crimen Organizado, nombre que se mantiene hasta el momento).

Será desde esta oficina desde donde se filtrarán las escuchas a CFK y Oscar Parrilli que difundieron Infobae, La Nación, Clarín y sus ramificaciones a través de los Majul y los Lanata de turno. El mecanismo consiste en difundir una parte “para la gilada” mostrando la vulnerabilidad de las comunicaciones más íntimas (en este caso de CFK y su círculo de confianza), y luego extorsionar amenazando con mostrar las que supuestamente tienen y no publicaron… ¿Quiénes? ¿Cuál es el vértice orgánico que tomó las decisiones políticas respecto de los llamados “carpetazos” de inteligencia?

Según las investigaciones judiciales y periodísticas en curso[6], una de las cabezas políticas de esta ofensiva durante el gobierno de Macri fue la llamada “Mesa Judicial”, sobre la que hablaremos en la siguiente parte del trabajo.

[Continua en la segunda parte]


[1] Bertoia, Luciana; “La escuelita de arribas” – 5 de julio de 2020

[2] Fernando Sicilia.

[3] Sobre este tema se pueden consultar los siguientes materiales: 1) intervención de María del Carmen Verdú (CORREPI) en conferencia de prensa, febrero de 2012, https://www.youtube.com/watch?v=U9Ip_P36gKY&ab_channel=PTS%3APartidodelosTrabajadoresSocialistas ; 2) Entrevista a Miriam Bregman en TN (que incluye un video de dos infiltrados que buscaron pasar desapercibidos en una asamblea de trabajadores en la Panamericana pero fueron descubiertos y protegidos por la misma gendarmería), febrero de 2012, https://www.youtube.com/watch?v=JlYqxhkmKtI&ab_channel=PTS%3APartidodelosTrabajadoresSocialistas; 3) artículo de Horacio Verbitsky en Página 12, febrero de 2012, https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-187923-2012-02-19.html ; 4) artículo de María del Carmen Verdú en octubre de 2014 sobre el lento avance de la causa judicial, http://www.laizquierdadiario.com/El-merito-del-Proyecto-X-2767, entre otros.

[4] Luciana Bertoia; La escuela de Arribas – 5 de julio 2020.

[5] Hauser, Irina; “Cómo es la nueva Ojota” – 13 de septiembre de 2015.

[6]Ver por ejemplo en: Dandán, Alejandra; “Las rutinas de la Mesa Judicial”; – 6 de diciembre de 2020; portal El cohete a la luna.

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