Ramón Ayala: en su ser, canta la flor

Eran casi las dos de la madrugada del miércoles 10 de marzo, cuando Ramón Gumercindo Cidade –Ramón Ayala o El Mensú para la mayoría- decidió hacer un regalo a la humanidad, a pesar de que era él quien estaba cumpliendo años. “Queridos amigos y amigas, mi cumpleaños número 94 ha llegado con un maravilloso nuevo disco: Monte Adentro, la primera parte de esta antología de grabaciones recuperadas desde 1955 en Argentina y el mundo”.

Con este anuncio, el emblemático artista misionero lanzaba en todas las plataformas Monte adentro, un disco de 14 canciones que, por su calidad artística, su innegable carga emocional y el valor cultural de las composiciones, probable e inesperadamente, esté destinado a sobrevolar las altas cumbres del legado musical de Ramón.

“La voz del monte” es la canción que abre el álbum, introduciendo la escucha en un laberinto de colores, lenguajes y sonidos amalgamados en una apasionada narrativa. Al servicio del gualambao (género del cual Ayala es creador), el chamamé y otras rítimicas que desconocen geografías establecidas por circunstancias geopolíticas, resignifica el concepto de lo regional, como un territorio poético abrazado por determinados rasgos unificantes.

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Esa voz del monte, claro está, es la de El Mensú, quien deja demostrado en este disco que el tiempo, a veces tan vano e inescrutable, ha sido buen aliado de su canto.

“Es mejor vivir en la pasión que ser un pobre huérfano de amor”, canta Ayala en “Mujer y amante“ (dedicada a su compañera María Teresa) y, de pronto, en “Corochiré”, se mimetiza con el pájaro que en Paraguay anuncia la llegada de la primavera… y ya que está en Paraguay, se va hacia Santa Librada para cantarle versos en un par de temas. Aunque escrita en 1980, el canto a Paraguay cobra un sentido de actualidad absoluto en “Mi Paraguay” (“de los campesinos, del poeta errante, del lejano exilio, del sufrido pueblo, del brazo tendido, al amor / de trabajo y de pasión tu vuelo, es de horizonte tu mirar de luz, construyendo la paz, levantando la voz, del que emuña el derecho de ser y luchar”).

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Tras cada canción, asoma una historia. “Tu guria”, por ejemplo, es una composición del acordeonista, autor y compositor brasileño Gilberto Monteiro, con letra de Ramón Ayala y el acordeón sagrado del mítico Chaloy Jara.

La lírica metafísica, habitual en cierta parte de la cuentística de El Mensú, se hace presente en todo su esplendor con “Ser”, una suerte de oda que remite al carácter libertario (nada que ver con Javier Milei) del poema “Canto a mí mismo” del poeta y periodista neoyorquino Walt Withman. Canta Ayala en esa pieza: “Mira la luz, goza la vida y el acontecimiento de existir, milenios de sombras transcurrieron antes, mucho tiempo antes que ti”.

Es pertinente mencionar también el rescate histórico que significa “El Gualambao” en una grabación original de 1959. La grabación, de hecho, implica una recuperación del catálogo de Music Hall que hizo el Instituto Nacional de la Música (INAMU).

Entre tanto vuelo, emerge en su limbo el poeta y el cantor, el cronista de las picadas en la selva, convocado a transformar sus paisajes y sentires en canciones.

Enraizado a su tierra amplia a través del canto, sumido en alto embrujo y embebido en su arte, Ramón Ayala es partícipe de un evento colectivo parido codo a codo junto a músicos y técnicos que supieron, además, sacar a flote una producción impecable en torno a una obra fundamental que, un día, fue el regalo de cumpleaños inverso perfecto que un artista le hizo a su gente.

A continuación, habla Ramón Ayala: “Gracias al equipo de trabajo que hizo posible este disco. Producción general: Naty Zonis. Diseño gráfico: Santi Pozzi. Grabación y mezcla de Corochiré, El Adiós, Chaco Arisco, Panambí Hove: Martín Cristtini. Re-Mastering: Sebastián Andreatta. ‘La voz del monte’, arreglo orquestal Polo Martí. Grupo Maíz. Toyo, Sicus, Tarkas, Pusijpiaj y silbatos: Luis Rigou. Guitarra, percusión y arreglos: Polo Martí, Violines: Fabrizio Zanella, Viola: Daniel Tetelbaum, Cello: Víctor Aepli, Contrabajo: Pastor Mora, Flautas: Beti Plana”.

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Fuente: La Tinta

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