“El presidente Chávez sigue siendo el presidente de la república”: en un nuevo aniversario del golpe de Estado de 2002, Isaías Rodríguez relata su intervención clave para la retoma de Miraflores.

Especial para Contrahegemonía.

A las 8 de la mañana del sábado 16 de febrero de 2019, y gracias a su apoyo, mediación y compañerismo que se extendió por toda mi estadía en Venezuela, arribamos junto al sociólogo y ex ministro Reinaldo Iturriza López al departamento de Isaías Rodríguez. Nos recibió cálidamente y, café mediante como todo sucede en el Caribe, conversamos por casi tres horas junto a un ventanal que asaltaba la vista con los hermosos cerros de Caracas: la Cordillera de la Costa con el Ávila y el Naiguatá a la cabeza, imponentes barreras que separan el mar del valle que alberga a la enorme metrópolis.

Julián Isaías Rodríguez es abogado de profesión, con un profundo conocimiento del derecho que quedó plasmado en la entrevista en la que expuso sobre cuestionaos laborales, constitucionales, electorales, de derecho internacional y muchos otros aspectos. Pero es además un histórico luchador con una vasta trayectoria militante, habiendo sido miembro de Acción Democrática en su juventud, y luego del Movimiento Electoral del Pueblo. Fue el propio Chávez quien se conectó con él al salir de la cárcel, cuando se encontraba en Maracay trabajando políticamente con el sindicato textil y otras estructuras gremiales como abogado. Tras la victoria de Chávez, Isaías fue electo senador por el Estado Aragua para incorporarse luego, con todo su conocimiento técnico, al proceso constituyente de 1999. Una vez aprobada, sería distinguido como el primer vicepresidente de Venezuela bajo la nueva constitución.

Finalmente, en lo que aquí tratamos pues su carrera continuaría más adelante como embajador en Italia, y nuevamente como constituyente en la asamblea de 2017, el 9 de enero del año 2001 fue designado como Fiscal General de la Nación, y desde allí tendría una actuación clave en la derrota del golpe de Estado de 2002 contra Hugo Chávez.

El Golpe

Como más adelante sucedería con Chile, Venezuela fue presentada durante décadas como la democracia ejemplar de Latinoamérica. El llamado Pacto de Punto Fijo, celebrado hacia fines de la década del 50, había aunado en un bloque de dominio a los partidos tradicionales –AD y COPEI- en alternancia de gobierno, los empresarios agrupados en FEDECÁMARAS, los sindicatos nucleados en la Confederación de Trabajadores de Venezuela, la iglesia, PDVSA como sostén económico del “Estado Mágico” (como llama Fernando Coronil a la ilusión de un petroestado que, como un prestidigitador, desarrollaría el país llevándolo al primer mundo) y las Fuerzas Armadas; claro con la venia y dirección de los Estado Unidos. Y justamente ese, sumado a la nueva potencia de los medios de comunicación, sería el bloque golpista del año 2002. El pacto, con sus perseguidos y sus excluidos, estallaría por los aires con la implementación de las medidas neoliberales que empeoraron drásticamente la situación material de una clase trabajadora ya de por sí poco integrada a un sistema petrolero al que le sobraba demasiada gente. La gran rebelión del “Caracazo”, el 27 de febrero de 1989, marcaría el fin de la posibilidad del dominio de tipo hegemónico del Pacto de Punto Fijo, e iniciaría una crisis orgánica de enorme magnitud de la que no se saldaría al menos hasta la derrota del golpe del año 2002 y el parto petrolero del 2003; es decir hasta la consolidación de un nuevo bloque hegemónico, siempre inestable como toda hegemonía, bajo el chavismo. 

Si bien desde antes de llegar al gobierno Chávez contaba ya con una fuerte oposición de prácticamente todo el sistema político en su contra, los primeros años transcurrieron sin que los opositores lograran articular y movilizar apoyos en la población; ciertamente de allí proviene el mote de “escuálidos” pues sus concentraciones eran muy flacas. Pero hubo dos hechos claves que terminaron de encender las alarmas de los Estados Unidos, de los grandes empresarios, del sector más acomodado de la población: las leyes habilitantes (que otorgaban algunos poderes legislativos a Hugo Chávez bajo los cuales se dictaron la ley de hidrocarburos y la ley de tierras, intolerables para el establishment) y la intención del gobierno de tomar el control de PDVSA, que continuaba en manos de una especie de oligarquía petrolera que había conformado un Estado dentro del Estado.

Las acciones se sucedieron rápidamente. Sin demasiado disimulo, la convocatoria llevada adelante por los mismos actores del bloque que mencionamos, con FEDECÁMARAS a la cabeza, se producía bajo el bien neoliberal significante de “Plaza de la meritocracia”: había que frenar al cimarronaje Caribe-llanero, la barbarie que buscaba apropiarse de PDVSA, de lo que siempre había sido de ellos, como ya lo habían hecho nada más y nada menos que con el gobierno. Las manifestaciones masivas a favor y en contra se sucedieron por varios días, hasta que los golpistas llevaron adelante la estocada final: dirigir la concentración hacia Miraflores para tomar el gobierno con el apoyo de los medios de comunicación, que montaron imágenes falsas que invertían los hechos. La más conocida, de la que hoy contamos con excelentes documentales como “La revolución no será trasmitida”, fue la de Puente Llaguno en la que se juntaron vía edición dos manifestaciones que habían ocurrido a distintas horas, lo que colocaba en pantalla a manifestantes chavistas disparando sobre opositores que no estaban allí, si no en edificios con franco tiradores que dejaron decenas de muertos con disparos certeros en la cabeza. Para la noche del 11 de abril, el alto mando militar desconocía al presidente Hugo Chávez, mientras el palacio era rodeado por tanques de guerra. El General en Jefe Lucas Rincón (mencionado en la entrevista) declaró incluso que habían solicitado la renuncia del presidente ante estos hechos. A las 4 de la mañana ya del día 12, Chávez es secuestrado y llevado a Fuerte Tiuna, mientras se anuncia por televisión que el presidente había renunciado y que sería reemplazado, nuevamente sin disimulo alguno, por el líder de FEDECÁMARAS Pedro Carmona Estanga.

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Es difícil imaginar desde aquí aquellas jornadas, aquella sensación de derrota transformada tan vertiginosamente en victoria apabullante, aquel pueblo bajando de los cerros ante el llamado de las “turbas” motorizadas, pintándose la cara con líneas rojas para distinguirse de los golpistas si había enfrentamientos, aquellos militares leales que retomaron el palacio y alzaron la bandera venezolana en los techos de Miraflores, aquel Chávez volviendo en multitud. Pero para el mediodía del 12 de abril nada de esto se vislumbraba en el horizonte, el golpe parecía consolidarse mientras se sucedían las “renuncias” de funcionarios, la suspensión de garantías y del funcionamiento institucional, el asalto a la embajada de Cuba, las persecuciones, el fin. Fue allí cuando el Fiscal General de la Nación, Isaías Rodríguez, apareció en todas las televisoras golpistas por unos minutos y, como fichas de dominó, comenzó a caerse la mentira.

Cada 11 tiene su 13: el relato

Mauro Berengan: ¿cómo continuó el proceso después de la constituyente?

Isaías Rodríguez: yo estuve, después de la constituyente, al frente de la Fiscalía General de la República. Fui fiscal durante siete años. Fue un proceso en donde había que garantizar la estabilidad del país, y especialmente la estabilidad de la presidencia de la república. La cantidad de acciones que se emprendieron contra el presidente fueron agresivas, beligerantes, con mucho poder comunicacional. Y había que manejar el tema con cierto academicismo, pero con cierto sentido político de la estabilidad. No nos prestamos a ninguna de esas jugadas. No recibí instrucciones tampoco en ningún momento para que jugara un papel determinante para controlar las acciones, si no que se fueron procesando jurídicamente. Durante ese tiempo estuvimos más pendientes de la estabilidad política del país desde la Fiscalía, hasta el punto de que el golpe de Estado que se da en el 2002 se logra quebrar desde la Fiscalía. Me refiero quebrar en el mejor sentido de la expresión, quien lo quiebra es el pueblo en definitiva y quien toma la decisión es el pueblo, pero se le informa al pueblo lo que está pasando.

Reinaldo Iturriza: ¿es cierto que tú convocas la rueda de prensa para anunciar que vas a renunciar, o se corrió ese rumor?

Isaías Rodríguez: en honor a la verdad, no fue así como lo cuenta la mitología. Yo tenía mucho, mucho contacto con los periodistas. Era una de las fuentes importantes para los periodistas, entre otras cosas porque los convocaba semanalmente. Cuando se produce el golpe de Estado el presidente del Tribunal Supremo renuncia y se había dicho que también había renunciado el Defensor del Pueblo, cosa que no fue cierta. Y entonces ellos acuden a la Fiscalía, después de esas dos informaciones, porque les han dicho que yo también renuncié, o que voy a renunciar. Y entonces ellos piden una entrevista conmigo, piden una entrevista para saber si voy a renunciar. Ellos llegaron a la Fiscalía como a eso de las 10 de la mañana, todos los periodistas, 70, 80, 90 periodistas nacionales e internacionales. Ya el golpe de Estado estaba prácticamente consumado. Chávez se había entregado, en la noche anterior habían salido las declaraciones de Lucas, se estaban reuniendo en Miraflores, ya habían tomado las instalaciones militares, ya incluso habían decidido despedir, destituir a los poderes que existían, incluso los diputados y los alcaldes, o sea dar por terminado totalmente el proceso constitucional del país, desmontado totalmente las instituciones. Y bueno ellos llegan sobre la base de que si renunció el presidente del Tribunal Supremo, si renunció el Defensor, también se corre el rumor de que iba a renunciar el Fiscal. Me informa mi jefe de prensa de que están allí y que están preguntando por mi renuncia y me pregunta si yo le voy a dar declaraciones o no. Yo le digo a mi jefe de prensa que espere y me pongo a pensar si eso puede ser útil o no puede ser útil, dar una declaración sobre el tema, no sobre mi renuncia, yo estoy claro, sobre lo que voy a hablar que no tenía nada que ver con la renuncia. Pero están todos allí, y cualquier declaración que dé puede ayudar a informar al país de lo que está sucediendo. Y estoy manejando unos contactos con mis fiscales sobre el presidente Chávez que estaba detenido en Fuerte Tiuna, había mandado unos fiscales para que hablaran con él. Los fiscales no pueden entrar, no los dejan entrar, ellos me están informando, me dicen que no encuentran qué hacer, que hay una gente con unas armas largas que no los dejan pasar, que no los reconocen como institución, etc. Entonces a mí se me ocurre decirles a ellos que hagan un contacto con la Fiscalía Militar que estaba adentro, a ver si era posible que a través de la Fiscalía Militar se pudieran poner en contacto con Chávez. Efectivamente ellos logran hacer el contacto con una Fiscal militar que me imagino que estaba identificada con el proceso, o que en todo caso era una persona muy institucional que podía dar una información certera. Ella logra hablar con el presidente Chávez que estaba con un mono de hacer ejercicio, tenía una colchoneta y tenía un televisor, y ella le pregunta “yo vengo en representación de la Fiscalía para preguntarle si usted ha renunciado” que era lo que me importaba. Y bueno a través de este correo yo me entero directamente, incluso por información de Chávez, de que él no ha renunciado. Ya cuando hablo con la prensa estoy hablando con una información precisa, concreta. Entonces cuanto tengo ya ésta información le digo al jefe de prensa que sí voy a hablar con ellos. La gente de prensa me dice “si usted va a hablar con ellos le voy a dar unos recursos técnicos, primero no deje que le pregunten, empiece usted a hablar, si ellos le preguntan ellos le van a inducir agenda, empiece usted y después le da el derecho de pregunta, y dirija usted el debate, no deje que lo dirijan ellos, usted lo dirige, contesta lo que usted crea que deba contestar y responda las preguntas en función de la orientación que usted tenga, no de la orientación que tengan ellos”; unos recursos técnicos muy válidos y que me fueron muy útiles.

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Entonces bueno yo comienzo contando la historia, contando qué es lo que ha pasado, sin llegar todavía a la conclusión de que el presidente no ha renunciado, y trabajo sobre la tesis de ellos, la tesis de ellos es que el presidente renunció, entonces empiezo a trabajar esa tesis: bueno si el presidente renunció él tiene que renunciar ante el parlamento, él no puede renunciar ni en Fuerte Tiuna, ni pude renunciar en FEDECÁMARAS, ni puede renunciar en la Conferencia Episcopal, renuncia en el parlamento. Si renuncia en el parlamento el parlamento tiene que darle una respuesta, una respuesta del parlamento a su renuncia, entonces voy enfocándolo didácticamente como si estuviera en una clase, yo era profesor de derecho, como si estuviera exactamente en una clase. Entonces voy manejando el tema de modo también que me sirva para ir pensando, porque en honor a la verdad yo no tenía organizado el discurso, la decisión era al final informar que no había renunciado, pero no podía abordarlo de manera inmediata porque no me iban a creer, entonces organizo el discurso de esta manera y bueno va tomando confianza el discurso, tan tomando confianza que no me sacan del aire las televisoras de oposición, yo estoy en el aire, incluso en las más agresivas, estoy tres minutos veinte segundos, en las menos agresivas estuve casi seis minutos. Y concluyo que, en el supuesto caso de que haya renunciado, la renuncia no tiene ningún efecto porque no ha sido tramitada por el parlamento. Por lo demás entonces empiezo el orden constitucional: supongamos que si la renuncia tiene efecto, qué es lo que pasaría, quién lo sustituye, no lo puede sustituir una junta de gobierno, y menos gente que no tiene ningún nivel institucional, que no forma parte de las instituciones. Entonces ahí es donde llego a la conclusión de que si el presidente está detenido, si no dejan que la Fiscalía lo entreviste, si lo detuvieron los militares en Fuerte Tiuna, si están tomando las decisiones que se están tomando desconociendo la constitución en Miraflores, esto es un golpe de Estado. Y después entonces ya informo, digo “pero no solamente esto, yo tengo la información exacta de que el presidente no ha renunciado, y si el presidente no ha renunciado no solamente por las razones anteriores es un golpe de Estado, sino que efectivamente no hay voluntad de dejar el poder”; entonces entra en el vacío de poder. Este orden de ideas es armado en ese momento, pero evidentemente con un sentido pedagógico de que la información llegue.

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Ahí hubo dos hechos importantes que a posteriori, cuando me entero de la importancia de esos hechos, no tanto de que la gente se sorprenda de que alguien, y un funcionario que encabeza una institución, diga que el presidente no ha renunciado y que esos son los hechos que pudieran constitucionalmente producirse en el supuesto caso de que la renuncia haya sido cierta o haya sido aceptada; pero hay dos hechos muy importantes: uno es que me cortan, cuando me cortan efectivamente la gente concluye “lo que está diciendo es verdad”. Me cortan y especialmente me cortan los medios de comunicación que estaban detrás del golpe, entonces si lo cortaron es verdad lo que está diciendo, eso juega un papel determinante. Y el otro elemento importante que me lo confirmó uno de los miembros del alto mando militar, a posteriori, es que dice “nosotros no sabíamos que estaba pasando”, porque con las declaraciones de Lucas la gente se confunde. Por cierto que Lucas declara bien, yo lo explico posteriormente en un libro que todavía está por publicarse, pero no entremos ahí todavía, la gente está confundido por lo que dijo Lucas, Lucas ha dicho que sí hubo la renuncia, y que la renuncia fue aceptada por el presidente; para los militares, Lucas que es el funcionario de más alto rango militar de ese momento, bueno, es una verdad, absolutamente es una verdad. Cuando yo declaro y ordeno las ideas, me dice este representante del alto mando militar a posteriori, cuatro cinco días después, “es que tú no te imaginas la importancia que tuvo tu declaración para nosotros los militares, porque nosotros no estábamos claro de lo que estaba pasando, para nosotros había una verdad militar de nuestro mayor representante, y tú logras tumbar esa verdad”, entonces inmediatamente se produjo, textualmente me lo dijo él, la “revolución de los celulares”, o sea se cuadraron de una vez los que estaban con el proceso y los que estaban contra el proceso, y entonces ya se arma un aparato militar para resistir. Esos son los dos efectos, bueno y la información al país, que el país sintió en ese momento que había oxígeno. Pero bueno, nada fue planificado ni organizado ni yo convoqué a nadie para decir que iba a renunciar ni los engañé, no es cierto eso.

Fragmento posterior de la conferencia de prensa con preguntas.

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